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viernes, abril 11, 2008

Ignacio Garcìa: El Estratega declina



Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes / es que mueras por mí...
Joaquín Sabina


I
¿Qué va a hacer uno sin el sol de la mañana siguiente?
No tengo capacidad para olvidar
que todo fue una fiesta dentro de mi mente,
una, que confunde el clavo y el anís, el amor y la indiferencia;
y aún el latido del corazón ya convertido en jirones

¿Quién podrá desprender de mí ese perfume, esa presencia
ese trillo de hermosura aún oculto en mi palabra?
Y ¿quién me arrebatará lo abstracto de la promesa
de quien iba a descorchar el vino tinto,
y (al movimiento del agua en el río y un saxofón antiguo)
iba a permitir que uno deletreara
la nota que siempre faltó en lo ardiente de su cuerpo?

II
Tengo miedo de abrir los ojos y hallarme solo:
Miedo a esa soledad lejana

hecha bajo una tienda sin estrellas
Temor a no estar
y que tu cuerpo sea sólo una idea de la alquimia,
y tus ojos una luz apagada
Sé que puedo dormir para siempre,
levantar la aldaba,
poner la espada a un lado, y la pluma en su tintero
Pero cuando la noche retorne con sus aromas más sobrios,
tengo miedo de abrir los ojos y hallarme solo…

Prefiero entonces que las lágrimas resbalen
hasta la comisura de los labios:
sólo para no apurar el trago tan de prisa, y darme tiempo
a que sal y tizne me hagan saber si mañana
aún vivo o muero…

III
¿Qué poema de todos debo quemar primero?
¿La espada que tocó tu boca
y luego se hizo a un lado para no infectar con su herrumbre
la hermosura de tus labios?
O el fuego hecho de cardo y lejía
Con esa llama que jamás quiso entrar a la cresta
y quedó peregrina y a expensas de un fósforo antiguo:
creyendo que lumbre inmortal no requiere de amarre para la llama

O quizás ¿por qué no? la Lieder
Cantos que carecen de importancia y bien puede uno prenderles fuego,
medio-quemar sus hojas y arrojar sus restos a la marea
Así, quien pase y entre-lea (a luz de crepúsculos y lluvia)
sepa de la forma en que uno
puede disponer de la memoria…

Pero, no sé. No sé qué poema hacer arder primero
Las manos me tiemblan; no pretendo ni la agonía ni la esperanza

Dejaré que el destino y tu indiferencia,
se hagan cargo de decir, qué tanta soledad, a mar soplando,
qué tanta hermosura en la mujer única de este mundo
me hacía escribir tan torpemente,
que no tuve valor de incendiar lo deleznable


IV
Hoy, me deshago de la armadura de Estratega,
del belfo en el poema y la escritura en la espada:

Los verdaderos estrategas no escriben de abajo para arriba,
ni flechan corazones ya ocupados antes
No confunden el canto del pájaro con el rumor del viento
o siguen amores equivocados:
eso que los sabios llaman prohibidos
y los guerreros le nombran "arrojo"

El Estratega genuino, va por lo que ama y lo conquista
Sea poeta o no, deja a uno y le entrega al otro
el placer de amar sin que días y circunstancias importen

Leal y solitario, tal y como fue creado, sabe que
cualquier resolución que tome, irá siempre a perderse
en el torrente de las aguas que vienen de sitios muy distantes
y se reúnen en el gran desagüe de las alcantarillas
para confundirse en la vasta extensión del océano…

Por eso, hoy, este Estratega
hace entrega de estrellas ganadas en batalla,
sin merecer siquiera metal ni punta de una de ellas

Se quita el pectoral, pone a un lado su coraza,
se deshace de puñal y daga
y sólo (sin dejar de mirar al cielo),
se ciñe esta camisa de Comandante:
una, que habrá de serle útil,
en el último de sus estertores…

V
Resta decir, que,
si algún mendigo, algún monje tibetano,
un acarreador de estrellas viejas, un evangelista errante
o el pico de la carroña y el desperdicio,
hallan, a la vera del camino
el cuerpo grávido y descompuesto de este hombre,
no se vaya a creer que se trató
(por esa palidez que precede a la muerte en las soledades)
de un simple hombre sin destino

Sí tuvo destino:

Se lo otorgó la irremplazable y lejana belleza
de Ana Laura Alesi:


Flor intocable, paraíso ajeno, belleza hasta la vehemencia:
Mujer sin igual,
ùnica entre todas las mujeres...


[Goce el lector este sax de cuyo cuerpo largo y dorado,

surgiría el compás para abrazar lo deseado... Vale si en

vez de una mujer, lo que tiene entre sus brazos es el viento

helado del Adiós]


2 comentarios:

Anónimo dijo...

7980p8ñp9p9

Anónimo dijo...

SIEMPRE BRILLANTE NACHO

GRACIAS POR ENSEÑARME EL CENTRO JAROCHO EN MI JUVENTUD, GRACIAS POR HACER EZRA MICHELET Y SEGUIR CON ELLA

ALI