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miércoles, noviembre 07, 2007

Rainer Maria Rilke: Cartas a un joven poeta



Introducción

Era en 1902, a fines de otoño. Estaba yo sentado en el parque de la Academia Militar de Wiener Neustadt, bajo unos viejísimos castaños, y leía en un libro. Profundamente sumido en la lectura, noté apenas cómo se llegó junto a mí Horacek, el sabio y bondadoso capellán de la Academia, el único entre nuestros profesores que no fuera militar. Me tomó el libro de las manos, contempló la cubierta y movió la cabeza. "¿Poemas de Rainer María Rilke?", preguntó pensativo. Y, hojeando luego al azar, recorrió algunos versos con la vista, miró meditabundo a lo lejos, e inclinó por fin la frente, musitando: "Así, pues, el cadete Renato Rilke nos ha salido poeta..."
De este modo supe yo algo del niño delgado y pulido, entregado por sus padres más de quince años atrás a la Escuela Militar Elemental de Sankt Poelten, para que algún día llegase a oficial. Horacek había estado de capellán en aquel establecimiento y aun recordaba muy bien al antiguo alumno. El retrato que de él me hizo fue el de un joven callado, serio y dotado de altas cualidades, que gustoso manteníase retraído y soportaba con paciencia la disciplina del internado. Al terminar el cuarto curso, pasó junto con los demás alumnos a la Escuela Militar Superior de Weisskirchen, en Moravia. Allí, por cierto, echose de ver que su constitución no era bastante recia, y así sus padres tuvieron que retirarlo del establecimiento, haciéndole proseguir estudios en Praga, cerca del hogar. De cómo siguió desarrollándose luego el camino externo de su vida, ya nada supo referirme Horacek.



Por todo ello, será fácil comprender que yo, en aquel mismo instante, decidiera enviar mis ensayos poéticos a Rainer Maria Rilke y solicitar su dictamen. No cumplidos aún los veinte años, y hallándome apenas en el umbral de una carrera, que en mi íntimo sentir era del todo contraria a mis inclinaciones, creía que si acaso podía esperar comprensión de alguien, había de encontrarla en el autor de "Para mi propio festejo". Y sin que lo hubiese premeditado, tomó cuerpo y juntose a mis versos una carta, en la cual me confiaba tan francamente al poeta como jamás me confié, ni antes ni después, a ningún otro ser.



Muchas semanas pasaron hasta que llegó la respuesta. La carta, sellada con lacre azul, pesaba mucho en la mano, y, en el sobre, que llevaba la estampilla de París, veíanse los mismos trazos claros, bellos y seguros, con que iba escrito el texto, desde la primera línea hasta la última. Iniciada de esta manera mi asidua correspondencia con Rilke, prosiguió hasta el año 1908, y fue luego enriqueciéndose poco a poco, porque la vida me desvió hacia unos derroteros de los que precisamente había querido preservarme el cálido, delicado y conmovedor desvelo del poeta.
Pero esto no tiene importancia. Lo único importante son las diez cartas que siguen. Importante para saber del mundo en que vivió y creó Rainer Maria Rilke. Importante también para muchos que se desenvuelvan y se formen hoy y mañana. Y ahí donde habla uno que es grande y único, deben callarse los pequeños. 1


Franz Xaver KappusBerlín, junio de 1929

París, a 17 de febrero de 1903
Muy distinguido señor:
Hace sólo pocos días que me alcanzó su carta, por cuya grande y afectuosa confianza quiero darle las gracias. Sabré apenas hacer algo más. No puedo entrar en minuciosas consideraciones sobre la índole de sus versos, porque me es del todo ajena cualquier intención de crítica. Y es que, para tomar contacto con una obra de arte, nada, en efecto, resulta menos acertado que el lenguaje crítico, en el cual todo se reduce siempre a unos equívocos más o menos felices.
Las cosas no son todas tan comprensibles ni tan fáciles de expresar como generalmente se nos quisiera hacer creer. La mayor parte de los acontecimientos son inexpresables; suceden dentro de un recinto que nunca holló palabra alguna. Y más inexpresables que cualquier otra cosa son las obras de arte: seres llenos de misterio, cuya vida, junto a la nuestra que pasa y muere, perdura.
Dicho esto, sólo queda por añadir que sus versos no tienen aún carácter propio, pero sí unos brotes quedos y recatados que despuntan ya, iniciando algo personal. Donde más claramente lo percibo es en el último poema: "Mi alma". Ahí hay algo propio que ansía manifestarse; anhelando cobrar voz y forma y melodía. Y en los bellos versos "A Leopardi" parece brotar cierta afinidad con ese hombre tan grande, tan solitario. Aun así, sus poemas no son todavía nada original, nada independiente. No lo es tampoco el último, ni el que dedica a Leopardi. La bondadosa carta que los acompaña no deja de explicarme algunas deficiencias que percibí al leer sus versos, sin que, con todo, pudiera señalarlas, dando a cada una el nombre que le corresponda.
Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.
Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese camarín que guarda los tesoros del recuerdo? Vuelva su atención hacia ella. Intente hacer resurgir las inmersas sensaciones de ese vasto pasado. Así verá cómo su personalidad se afirma, cómo se ensancha su soledad convirtiéndose en penumbrosa morada, mientras discurre muy lejos el estrépito de los demás. Y si de este volverse hacia dentro, si de este sumergirse en su propio mundo, brotan luego unos versos, entonces ya no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos. Tampoco procurará que las revistas se interesen por sus trabajos. Pues verá en ellos su más preciada y natural riqueza: trozo y voz de su propia vida.
Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en este su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida. En su venero hallará la respuesta cuando se pregunte si debe crear. Acéptela tal como suene. Sin tratar de buscarle varias y sutiles interpretaciones. Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que pueda venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido.
Pero tal vez, aun después de haberse sumergido en sí mismo y en su soledad, tenga usted que renunciar a ser poeta. (Basta, como ya queda dicho, sentir que se podría seguir viviendo sin escribir, para no permitirse el intentarlo siquiera.) Mas, aun así, este recogimiento que yo le pido no habrá sido inútil : en todo caso, su vida encontrará de ahí en adelante caminos propios. Que éstos sean buenos, ricos, amplios, es lo que yo le deseo más de cuanto puedan expresar mis palabras.
¿Qué más he de decirle? Me parece que ya todo queda debidamente recalcado. Al fin y al cabo, yo sólo he querido aconsejarle que se desenvuelva y se forme al impulso de su propio desarrollo. Al cual, por cierto, no podría causarle perturbación más violenta que la que sufriría si usted se empeñase en mirar hacia fuera, esperando que del exterior llegue la respuesta a unas preguntas que sólo su más íntimo sentir, en la más callada de sus horas, acierte quizás a contestar.
Fue para mí una gran alegría el hallar en su carta el nombre del profesor Horacek. Sigo guardando a este amable sabio una profunda veneración y una gratitud que perdurará por muchos años. Hágame el favor de expresarle estos sentimientos míos. Es prueba de gran bondad el que aun se acuerde de mí, y yo lo sé apreciar.
Le devuelvo los adjuntos versos, que usted me confió tan amablemente. Una vez más le doy las gracias por la magnitud y la cordialidad de su confianza. Mediante esta respuesta sincera y concienzuda, he intentado hacerme digno de ella: al menos un poco más digno de cuanto, como extraño, lo soy en realidad.
Con todo afecto y simpatía,
Rainer Maria Rilke

II
Viareggio, cerca de Pisa (Italia), a 5 de abril de 1903
Ha de perdonarme, distinguido y estimado señor, que haya tardado hasta hoy para recordar con gratitud su carta del 24 de febrero. Durante todo este tiempo me encontré bastante mal. No precisamente enfermo, pero sí abatido y presa de una postración de carácter gripal, que me inhabilitaba para todo. Finalmente, al ver que ni por asomo llegaba a operarse ningún cambio en mi estado, acabé por acudir a orillas de este mar meridional, cuya acción bienhechora ya me fue de algún alivio en otra ocasión. Pero aun no estoy restablecido. Todavía me cuesta escribir. Así, pues, tendrá usted que acoger estas pocas líneas en lugar de muchas más.
Sepa, desde luego, que me causará siempre alegría con cada una de sus cartas. Sólo habrá de ser indulgente con mis respuestas, que quizás lo dejen a menudo sin nada entre las manos. Y es que en realidad, sobre todo ante las cosas más hondas y más importantes, nos hallamos en medio de una soledad sin nombre. Para poder aconsejar y, más aun, para poder ayudar a otro ser, deben ocurrir y lograrse muchas cosas. Y para que se llegue a acertar una sola vez, debe darse toda una constelación de circunstancias propicias.
Sólo dos cosas más querría decirle hoy:
En primer lugar, algo acerca de la ironía. No se deje dominar por ella, y menos que en cualquier otra ocasión, en los momentos de esterilidad. En los que sean fecundos, procure aprovecharla como un medio más para comprender la vida. Empleada con pureza, también la ironía es pura, y no hay por qué avergonzarse de ella. Pero si usted siente que le es ya demasiado familiar y teme su creciente intimidad, vuélvase entonces hacia grandes y serios asuntos, ante los cuales ella quedará siempre pequeña y desamparada. Busque la profundidad de las cosas: hasta allí nunca logra descender la ironía... Y cuando la haya llevado así al borde de lo sublime, averigüe al mismo tiempo si ese modo de entender la vida brota de una necesidad propia y esencial. Pues entonces, bajo el influjo de las cosas serias, acabará por desprenderse de usted -si es algo meramente accidental-; o bien -si es que realmente le pertenece como algo innato- cobrará fuerza, y se convertirá en un instrumento serio para incluirse entre los medios con que usted habrá de plasmar su arte.
Lo otro que yo quería decirle es esto: De todos mis libros, muy pocos me son imprescindibles. En rigor, sólo dos están siempre entre mis cosas, dondequiera que yo me halle. También aquí los tengo conmigo: la Biblia y las obras del poeta danés Jens Peter Jacobsen. Se me ocurre pensar si usted las conoce. Puede adquirirlas fácilmente, ya que algunas de ellas han sido publicadas -muy bien traducidas por cierto- en la "Biblioteca Universal" de las "Ediciones Reclam". Procúrese los Seis cuentos de J. P. Jacobsen así como su novela Niels Lyhne, y empiece por leer, en el primer librito, el primer cuento, que lleva por título "Mogens": Le sobrecogerá un mundo; la dicha, la riqueza, la inconcebible grandiosidad de todo un mundo. Permanezca y viva por algún tiempo en estos libros, y aprenda de ellos cuanto le parezca digno de ser aprendido. Ante todo, ámelos: su cariño le será pagado miles y miles de veces. Y, cualquiera que pueda llegar a ser más adelante el rumbo de su vida, estoy seguro de que ese amor cruzará siempre la urdimbre de su existencia, como uno de los hilos más importantes en la trama de sus experiencias, de sus desengaños y de sus alegrías.
Si yo he de decirle quien me enseñó algo acerca del crear, de su esencia, de su profundidad y de cuanto en él hay de eterno, sólo puedo citar dos nombres: el del grande, muy grande Jacobsen 2 y el de Auguste Rodin 3, el escultor sin par entre todos los artistas que viven en la actualidad.
¡Que siempre le salga todo bien en sus caminos!
Su
Rainer Maria Rilke

III
Viareggio, cerca de Pisa (Italia), a 23 de abril de 1903
Me ha causado gran alegría, estimado y distinguido señor, con su carta de Pascua, que me revela lo mucho de bueno que tiene usted. La forma en que me habla del grande y dilecto arte de Jacobsen me demuestra que no estuve desacertado al querer encaminar su vida, con sus múltiples problemas, hacia esa fuente de riqueza y plenitud.
Ante usted abrirase ahora Niels Lyhne, libro lleno de maravillas y de honduras. Cuanto más se lee, más parece que todo está contenido en él: desde el perfume más sutil de la vida, hasta el rico e intenso sabor de sus frutos más grávidos. Ahí no hay nada que no haya sido captado, comprendido, sentido. Nada que no haya sido descubierto y reconocido entre las trémulas resonancias del recuerdo. Ningún suceso vivido, por insignificante que parezca, es tenido en poco. El más pequeño lance, el episodio más nimio, se desarrolla cual si fuese todo un destino. Y hasta el destino mismo es como un tejido amplio y maravilloso, en cuya trama cada hilo es guiado con infinita ternura por una mano cariñosa, y colocado a la vera de otro hilo, para ser sostenido y conllevado por otros mil.
Usted sentirá la dicha de leer este libro por primera vez, e irá adelantándose por entre sus innumerables sorpresas como en un sueño jamás soñado antes. Mas yo puedo asegurarle que siempre se vuelve a pasar con igual asombro a través de tales libros, sin que nunca lleguen a desprenderse de su poder prodigioso, ni pierdan nada del mágico encanto en que por primera vez envolvieron al lector. Es cada vez más intenso el deleite que nos brindan y más honda nuestra gratitud hacia ellos. De algún modo nos volvemos mejores y más sencillos en el mirar; se hace también más profunda nuestra fe en la vida, y en la vida misma llegamos a ser más venturosos, más nobles.
Luego debe leer usted el admirable libro que nos cuenta el destino y los anhelos de María Grubbe, así como las cartas de Jacobsen, las hojas de su diario, los fragmentos. Y, por último, sus versos, que aunque no muy bien traducidos, viven y vibran con resonancias infinitas. Le aconsejaría que cuando usted tuviera alguna oportunidad para ello, comprara la bella edición de las obras completas de Jacobsen, que contiene todo eso. Ha sido publicada una buena traducción en tres tomos por el editor Eugen Diederichs de Leipzig; creo que su precio es de cinco o seis marcos por cada tomo.
Desde luego, con su parecer acerca de Aquí deben florecer rosas, esa obra de incomparable finura y forma, tiene usted sin duda toda la razón contra quien escribió el prólogo. Deseo que desde ahora y aquí mismo quede formulado este ruego: lea lo menos posible trabajos de carácter estético-crítico: o son dictámenes de bandería, que por su rigidez y su falta de vida han llegado a petrificarse y a perder todo sentido, o bien tan sólo hábiles juegos de palabras, en que prevalece hoy una opinión y mañana la contraria. Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas. Dese siempre la razón a sí mismo y a su propio sentir, frente a todas esas discusiones, glosas o introducciones. Si luego resulta que no está en lo cierto, ya se encargará el natural desarrollo de su vida interna de llevarle paulatinamente y con el tiempo hacia otros criterios. Deje que sus juicios tengan quedamente y sin estorbo alguno su propio desenvolvimiento. Como todo progreso, éste ha de surgir desde dentro, desde lo más profundo, sin ser apremiado ni acelerado por nada. Todo está en llevar algo dentro hasta su conclusión, y luego darlo a luz; dejar que cualquier impresión, cualquier sentimiento en germen, madure por entero en sí mismo, en la oscuridad, en lo indecible, inconsciente e inaccesible al propio entendimiento: hasta quedar perfectamente acabado, esperando con paciencia y profunda humildad la hora del alumbramiento, en que nazca una nueva claridad. Este y no otro es el vivir del artista: lo mismo en el entender que en el crear.
Ahí no cabe medir por el tiempo. Un año no tiene valor y diez años nada son. Ser artista es: no calcular, no contar, sino madurar como el árbol que no apremia su savia, mas permanece tranquilo y confiado bajo las tormentas de la primavera, sin temor a que tras ella tal vez nunca pueda llegar otro verano. A pesar de todo, el verano llega. Pero sólo para quienes sepan tener paciencia, y vivir con ánimo tan tranquilo, sereno, anchuroso, como si ante ellos se extendiera la eternidad. Esto lo aprendo yo cada día. Lo aprendo entre sufrimientos, a los que, por ello, quedo agradecido. ¡La paciencia lo es todo!
Richard Dehmel 4: Con sus libros -dicho sea de paso, también con el hombre- me ocurre esto: En cuanto doy con una de sus bellas páginas, siento siempre temor ante la próxima, que tal vez pueda destruirlo todo y trastrocar lo que es digno de aprecio en algo indigno. Lo ha caracterizado usted muy bien con las palabras "vivir y crear como en celo". Así es: el vivir las cosas como las vive el artista se halla tan increíblemente cerca del mundo sexual, del sufrimiento y del goce que éste entraña, que ambos fenómenos no son, bien mirados, sino distintas formas de un mismo anhelo, de una misma bienandanza. Y si en lugar de celo se pudiera decir "sexo", en el sentido elevado, amplio y puro de este concepto, libre y por encima de todas las sospechas con que haya podido enturbiarlo algún error o prejuicio dogmático, entonces el arte de Dehmel sería grandioso y de infinito valor. Grande es su fuerza poética y tan impetuosa como un impulso instintivo. Lleva en sí ritmos propios, libres de prejuicios y miramientos, y sale brotando de él cual de montañas en erupción.
Sin embargo, no parece que esta fuerza sea siempre del todo sincera, ni esté desprendida de toda afectación. (Pero en ello, por cierto, está una de las pruebas más duras, impuestas al genio creador, que debe permanecer siempre inconsciente de su propia valía, sin sospechar siquiera sus mejores virtudes, so pena de hacerles perder su candor y su pureza). Además, cuando esa fuerza del poeta, atravesando tumultuosamente todo su ser, alcanza los dominios del sexo, ya no encuentra al hombre tan puro como ella lo necesitaría. Pues ahí no hay un mundo sexual del todo maduro, puro, sino un mundo que no es bastante humano, que solo es masculino; que es celo, ebriedad, juicios y orgullos, con que el hombre ha desfigurado y gravado el amor. Por amar meramente como hombre y no como humano, hay en su modo de sentir el sexo algo estrecho, salvaje en apariencia, lleno de rencor y malquerer; algo meramente transitorio y falto de contenido eterno, que rebaja su arte, volviéndolo ambiguo y dudoso. De este arte, que no está sin mácula y lleva marcado el estigma del tiempo y de la pasión, poca cosa podrá subsistir y perdurar. (Esto mismo ocurre con casi todo arte). No obstante, podemos complacernos hondamente en cuanto ahí hay de grande. Sólo hay que procurar no perderse ni volverse partidario de ese mundo dehmeliano, tan lleno de angustias infinitas, confusión y desorden, que dista mucho de los destinos verdaderos. Estos hacen sufrir más que esas tribulaciones pasajeras; en cambio, dan mayor oportunidad para llegar a lo sublime y más valor para alcanzar lo eterno.
En cuanto a mis propios libros, mi mayor gusto sería enviarle todos los que pudieran causarle alguna alegría. Pero soy muy pobre, y mis libros, una vez publicados, ya no me pertenecen. Ni siquiera los puedo comprar para darlos, como a menudo sería mi deseo, a quienes sabrían acogerlos con amor. Por esto le indico en una cuartilla los títulos y los editores de mis libros últimamente publicados -de los más recientes, se entiende, pues entre todos son ya unos doce o trece los que he dado a la imprenta-, y debo, estimado señor, dejar a su voluntad el encargar alguno de ellos, cuando se le presente la ocasión.
Me es grato saber que mis libros están con usted. Adiós.
Su
Rainer Maria Rilke

IV
Worpswede5, cerca de Bremen, a 16 de julio de 1903
He abandonado París hace unos días, por cierto bastante enfermo y cansado, para acogerme a esta gran llanura norteña, que con su amplitud, su calma y su cielo, ha de devolverme la salud. Pero aquí he venido a caer bajo una lluvia persistente hasta hoy, que es cuando empieza a escampar un poco sobre esta comarca, sin sosiego azotada por los vientos. Aprovecho, estimado señor, este primer momento de claridad, para saludarle.
Mi querido señor Kappus: he dejado mucho tiempo sin respuesta una carta suya. No porque la hubiese olvidado. Al contrario: es una de esas cartas que nos agrada releer cuando volvemos a encontrarlas entre otras, y en ella le reconocí a usted como desde muy cerca. Me refiero a su carta del 2 de mayo, que seguramente recordará. Cuando la leo, como ahora, en medio del gran silencio de estas lejanías, su bella inquietud por la vida me causa una emoción aun más intensa que la que sentí ya en París, donde todo suena de otro modo y acaba por perderse, desvaneciéndose entre el enorme estruendo que allí hace retemblar todas las cosas. Aquí, rodeado de un imponente paisaje batido por los vientos que los mares le envían, siento que a esas preguntas e inquietudes, que por sí mismas y allá en sus profundidades tienen vida propia, nadie puede contestarle. Pues aún los mejores yerran con sus palabras, cuando éstas han de expresar algo en extremo sutil y casi inefable.
Creo, sin embargo, que usted no ha de quedar sin solución si sabe atenerse a unas cosas que se parezcan a éstas en que ahora se recrean mis ojos. Si se atiene a la naturaleza, a lo que hay de sencillo en ella; a lo pequeño que apenas se ve y que tan improvisadamente puede llegar a ser grande, inmenso; si siente este cariño hacia las cosas ínfimas y, con toda sencillez, como quien presta un servicio, trata de ganar la confianza de lo que parece pobre, entonces todo se tornará más fácil, más armonioso, de algún modo más avenible. Tal vez no en el ámbito de la razón, que, asombrada, se queda atrás, pero sí en lo más hondo de su conocimiento, en el constante velar de su alma, en su más íntimo saber.
Por ser usted tan joven, estimado señor, y por hallarse tan lejos aún de todo comienzo, yo querría rogarle, como mejor sepa hacerlo, que tenga paciencia frente a todo cuanto en su corazón no esté todavía resuelto. Y procure encariñarse con las preguntas mismas, como si fuesen habitaciones cerradas o libros escritos en un idioma muy extraño. No busque de momento las respuestas que necesita. No le pueden ser dadas, porque usted no sabría vivirlas aún -y se trata precisamente de vivirlo todo. Viva usted ahora sus preguntas. 6 Tal vez, sin advertirlo siquiera, llegue así a internarse poco a poco en la respuesta anhelada y, en algún día lejano, se encuentre con que ya la está viviendo también. Quizás lleve usted en sí la facultad de crear y de plasmar, que es un modo de vivir privilegiadamente feliz y puro. Edúquese a sí mismo para esto, pero acoja cuanto venga luego, con suma confianza. Y siempre que ello proceda de su propia voluntad o de algún hondo menester, écheselo a cuestas sin renegar de nada.
El sexo es una dura y difícil carga, sí, pero es precisamente duro y difícil 7 cuanto nos ha sido encomendado. Casi todo lo que es serio es también arduo, y todo es serio... Con tal que usted reconozca esto y, por sí mismo, conforme a su peculiar modo de ser y a sus aptitudes, merced a su infancia, a su experiencia y a sus propias fuerzas, llegue a conseguir y a mantener con el sexo una relación del todo propia y personal, libre de la influencia que por lo común ejercen convencionalismos y costumbres, ya no debe temer entonces ni el perderse a sí mismo, ni el hacerse indigno de su más preciado bien.
El goce propio del sexo es una emoción sensual como el simple mirar. O como la mera sensación que colma la lengua mientras saborea una hermosa fruta. Es una experiencia grande, infinita, que nos es regalada. Un conocer del mundo, la plenitud y el esplendor de todo saber... Y lo malo no está en vivir esta experiencia, sino en que casi todos abusen de ella y la malgasten. Empleándola como incentivo y esparcimiento en los momentos de mayor lasitud, en vez de vivirla con recogimiento para alcanzar sublimes culminaciones. También del comer, por cierto, han hecho los hombres otra cosa. Por un lado la miseria, por otro la opulencia excesiva, han empañado la nitidez de este menester. De modo parecido se enturbiaron también los profundos y sencillos menesteres. en virtud de los cuales la vida se renueva. Pero cada individuo, para sí mismo, puede tratar de devolverles su pureza, viviéndolos con límpida sencillez. Si esto no está al alcance de cualquier individuo -porque cada cual depende demasiado de otros-, sí está al alcance del hombre solitario. Puede éste recordar que tanto en las plantas como en los animales, toda belleza es una callada y persistente forma de amor y anhelo. Puede también ver a los animales como ve a las plantas: uniéndose, multiplicándose y creciendo, no por ningún placer ni por ningún sufrimiento físico, sino doblegándose ante necesidades más grandes que el goce y el dolor, más poderosas que toda voluntad y que toda resistencia. ¡Oh, si el hombre pudiese acoger con ánimo más humilde y llevar con mayor seriedad este misterio, del que está llena la tierra hasta en sus cosas más pequeñas! ¡Y lo soportara, sintiendo cuán terrible y agobiante es su peso, en vez de tomarlo a la ligera! ¡Y se inclinara con profunda veneración ante su propia fecundidad, que es una sola! ¡Tanto si parece espiritual como si parece material! Pues también el crear del espíritu arranca del mundo físico. Es de su misma esencia y como una reproducción más sutil, más arrobadora y más perenne del goce carnal.
"La idea de ser creador, de engendrar, de dar forma y vida" nada es sin su amplia, perpetua confirmación y realización en el universo. Nada sin el ascenso que, de mil modos repetido, emana de los animales y de las cosas. Y si su disfrute resulta indeciblemente bello y rico, es sólo porque está pleno de recuerdos heredados de los engendramientos y partos de millones de seres que nos precedieron... En un pensamiento creador reviven miles y miles de noches de amor olvidadas, que lo llenan de nobleza y celsitud. Y los que en las noches se juntan, entrelazados y voluptuosamente mecidos en su amor, llevan a cabo una empresa muy seria, y atesoran dulzuras, hondura y fuerza para el himno de algún poeta venidero, que un día se alzará para cantar inefables delicias. Así llaman al porvenir. Y aun cuando yerren, aun cuando sean ciegos sus abrazos, el porvenir llega. Surge un nuevo ser, y en el ámbito del acaso que ahí parece haberse consumado, despierta la ley en virtud de la cual un germen de vida vigoroso y resistente irrumpe con ímpetu, haciéndose paso hacia el óvulo que, abierto, sale a su encuentro. No se deje engañar por lo que aparezca en la superficie. En las profundidades es donde todo se vuelve ley. Y aquellos que vivan falsa y torpemente ese misterio -son muchísimos-, sólo para sí mismos lo pierden. Pues, con todo, lo retransmiten como un mensaje cerrado, sin llegar a conocerlo. Tampoco debe desconcertarse ante la multiplicidad de los nombres, ni ante la complejidad de las cosas. Quizás haya por encima de todo una gran maternidad como anhelo común... La hermosura de una virgen, es decir, de un ser que -como usted lo define con tan bellas palabras- "no ha dado aún nada de sí", es maternidad que se presiente a sí misma, y se prepara temerosa y anhelante: Y la belleza de la madre es maternidad empeñada en su servidumbre: Y en la mujer anciana perdura una gran remembranza.
Yo creo que también en el hombre hay maternidad. Tanto en su espíritu como en su cuerpo. Pues su modo de engendrar es así mismo una especie de parto. También es parto cuando crea al impulso de una íntima plenitud. Acaso haya entre los sexos mayor grado de parentesco y afinidad que el que se supone comúnmente. Y la gran Renovación del mundo consistirá quizás en que el hombre y la mujer, una vez libres de todo falso sentir y de todo hastío, ya no se buscarán mutuamente como seres opuestos y contrarios, sino como hermanos y allegados. Uniéndose como humanos, para sobrellevar juntos, con seriedad, sencillez y paciencia, el arduo sexo que les ha sido impuesto.
Pero todo cuanto tal vez algún día llegue a ser asequible para muchos, lo puede aprestar ya desde ahora el hombre solitario, edificándolo con sus manos que yerran menos. Por eso, estimado señor, ame su soledad y soporte el sufrimiento que le causa, profiriendo su queja con acentos armoniosos. Si, como dice, siente que están lejos de usted los seres más allegados, es señal de que ya comienza a ensancharse el ámbito en derredor suyo. Y si lo cercano se halla tan lejos, es que la amplitud de su vida ha crecido mucho y alcanza ya las estrellas. Alégrese de su propio crecimiento, en el cual, por cierto, a nadie puede llevarse consigo. Y sea bueno con cuantos se queden rezagados, permaneciendo seguro y tranquilo ante ellos, sin atormentarlos con sus dudas ni asombrarles con su firme confianza en sí mismo, o con su alegría, que ellos no sabrían comprender. Trate de conseguir algún modo de convivencia con ellos. Un algo común, que sea sencillo, modesto, sincero, que no tenga necesidad de alterarse, aunque usted siga transformándose más y más cada día. Ame la vida que en ellos se manifiesta en forma extraña a la suya propia. Y sea indulgente con aquellos que van envejeciendo, y temen la soledad en que usted tanto confía. Evite enconar con nuevos motivos el drama siempre tenso entre padres e hijos, que en los jóvenes consume muchas fuerzas, y en los ancianos corroe ese cariño que siempre obra y da su calor, aun cuando no comprenda... No les pida consejo, ni cuente con su comprensión. Pero tenga fe en un amor que le queda reservado como una herencia, y abrigue la certeza de que hay en este amor una fuerza y también una bendición, de cuyo ámbito no necesita usted salirse para llegar muy lejos. *
Está bien que, por de pronto, desemboque en una carrera que le vuelva independiente y le confiera completa autonomía en todos los sentidos. Aguarde con paciencia hasta poder averiguar si su vida íntima se siente limitada y cohibida por las formas propias de esta profesión. 8 Yo la tengo por muy difícil y llena de exigencias, porque está gravada de muchos y grandes convencionalismos. Y porque en ella hay apenas cabida para una concepción personal de sus cometidos. Pero su soledad, aun en medio de circunstancias extrañas a su modo de ser, le servirá de sostén y de hogar. Y desde ahí podrá usted descubrir todos sus caminos.
Mis mejores votos se hallan prontos a acompañarle, y mi confianza está con usted.
Su
Rainer María Rilke

V
Roma, 29 de octubre de 1903
Estimado señor :
Su carta del 29 de agosto la recibí ya en Florencia, y apenas ahora, después de dos meses, le hablo de ella. Le ruego me perdone esta demora, pero es que cuando estoy de viaje no me agrada escribir cartas. Para ello necesito algo más que los avíos imprescindibles: un poco de calma y de soledad, y también alguna hora que no sea demasiado extraña a mi íntimo sentir.
Llegamos a Roma hace unas seis semanas, en época en que aun era la Roma desierta, calurosa y malfamada por sus fiebres. Esta circunstancia, junto con otras dificultades de orden práctico, relativos a nuestra instalación, contribuyó a que nuestro desasosiego pareciera no querer acabar nunca, y nos agobiara la estancia en país extraño, haciéndonos sentir el peso del vivir sin hogar, como en destierro. A esto hay que añadir que Roma, en los primeros días -cuando no se conoce aún-, infunde en los ánimos una melancolía que abruma por ese ambiente de museo, exánime y triste, que aquí se respira. Por la profusión de glorias pasadas que se sacan a relucir y a duras penas se mantienen en pie, mientras de ellas se nutre un presente mezquino. Y también por esa desmedida valoración -que fomentan eruditos y filólogos y remedan los rutinarios visitantes de Italia- de tantas cosas desfiguradas y gastadas, que, en realidad, no son sino restos casuales de otra época y de una vida que ni es ni ha de ser la nuestra.
Por fin, tras varias semanas de brega diaria en actitud defensiva, vuelve uno, si bien algo aturdido aún, a encontrarse a sí mismo, y piensa: No, aquí no hay más belleza que en cualquier otro sitio. Y todas estas cosas que generaciones tras generaciones han seguido admirando, y que torpes manos de peones han ido rehaciendo y completando, nada significan, nada son, no tienen alma ni valor alguno. Sin embargo, hay aquí mucha belleza, porque en todas partes la hay. Aguas rebosantes de vida infinita vienen afluyendo por los antiguos acueductos a la gran urbe y, en múltiples plazas, saltan y bailan en conchas de piedra blanca, para derramarse y esparcirse luego en anchos y espaciosos estanques, musitando de día y alzando su murmullo en la noche, que aquí es grandiosa y estrellada, y suave por el hálito de los vientos que la orean.
"Aquí hay también jardines, inolvidables alamedas y escalinatas, ideadas éstas por Miguel Ángel a semejanza de las aguas que se deslizan y caen en cascadas de amplio declive, naciendo cada grada de otra grada, como una onda nace de otra onda. Merced a tales impresiones, logramos recogernos y recobrarnos, librándonos de lo mucho que aquí hay de presuntuoso y hablador; ¡y cuánto había!... De este modo aprendemos despacio a discernir las muy pocas cosas en que perdura algo eterno, digno de nuestro amor, y alguna soledad, de la cual podemos participar quedamente.
Aun habito en la ciudad, junto al Capitolio, no muy lejos de la más bella estatua ecuestre que nos haya quedado bien conservada del arte romano: la de Marco Aurelio. Pero dentro de pocas semanas me alojaré en un cuarto silencioso y sencillo, antigua galería perdida en lo más recóndito de un gran parque y oculta a la ciudad, a su bullicio y a sus azares. Ahí permaneceré durante todo el invierno, gozando de esa gran quietud, de la cual espero el regalo de algunas horas buenas y fecundas.
Desde allí, donde me será ya más fácil sentirme como en mi propia casa, le escribiré una carta más extensa, y en ella volveré aún a hablarle de la suya. Hoy sólo he de decirle -y quizás sea un error el no haberlo hecho antes- que no ha llegado aquí el libro anunciado en su carta, en el cual habían de venir insertos algunos trabajos suyos. ¿Le habrá sido devuelto desde Worpswede, ya que no está permitido reexpedir paquetes al exterior? Esta probabilidad sería sin duda la más favorable, y me agradaría saberla confirmada. ¡Ojalá no se trate de una pérdida, que, desafortunadamente, lo sería por cierto nada excepcional, dadas las condiciones que imperan en el servicio de correos italiano!
También ese libro, como todo cuanto me dé alguna señal de usted, lo habría recibido con agrado; y los versos que hayan surgido entretanto, los leeré. siempre, si usted me los confía, y volveré a leerlos, a sentirlos, a vivirlos, tan bien y tan entrañablemente como yo sepa hacerlo.
Con mis mejores deseos y saludos,
Su
Rainer María Rilke

VI
Roma, 23 de diciembre de 1903
Estimado señor Kappus:
No ha de quedar sin mi saludo, ahora que llegan las Navidades, y que en medio de tantas fiestas debe pesarle su soledad más aún que de costumbre. Pero si siente que esta soledad es grande, alégrese. Pues -así ha de preguntárselo a sí mismo- ¿que sería una soledad que no tuviera su grandeza? Sólo hay una soledad. Es grande y difícil de soportar. Y casi a todos nos llegan horas en que de buen grado la cederíamos a trueque de cualquier convivencia. Por muy trivial y mezquina que fuere. Hasta por la mera ilusión de una ínfima coincidencia con cualquier otro ser. Con el primero que se presente, aunque resulte tal vez el menos digno. Mas acaso sean éstas, precisamente, las horas en que la soledad crece, pues su desarrollo es doloroso como el crecimiento de los niños y triste como el comienzo de la primavera. Ello, sin embargo, no debe desconcertarle, pues lo único que por cierto hace falta es esto: Soledad, grande, íntima soledad. Adentrarse en sí mismo, y, durante horas y horas, no encontrar a nadie... Esto es lo que importa saber conseguir. Estar solos como estuvimos solos cuando niños, mientras en derredor nuestro iban los mayores de un lado para otro, enredados en cosas que parecían importantes y grandes, sólo porque ellos se mostraban atareados, y porque nosotros nada entendíamos de sus quehaceres.
Ahora bien: si un día se acaba por descubrir cuán pobres son sus ocupaciones, y se echa de ver que sus profesiones están yertas y faltas ya de todo nexo con la vida, ¿por qué no seguir entonces mirando todo eso con los ojos de la infancia, como si fuese algo extraño? ¿Por qué no mirarlo todo desde la profundidad de nuestro propio mundo, desde las extensas regiones de nuestra propia soledad, que es también trabajo y dignidad y oficio? ¿Por qué empeñarse en querer cambiar el sabio no-entender del niño por un espíritu constantemente en guardia y lleno de desprecio frente a los demás, ya que no comprender es estar solo, mientras defenderse y despreciar equivale a tomar parte en aquello de lo cual uno quiere precisamente desligarse por tales medios?
Piense, muy estimado señor, en el mundo que lleva en sí mismo, y dé a este pensar el nombre que guste. Así sea recuerdo de la propia infancia, o anhelo del propio porvenir. Sobre todo, permanezca siempre atento a cuanto se alce en su alma, y póngalo por encima de todo lo que perciba en torno suyo. Siempre ha de merecer todo su amor cuanto acontezca en lo más íntimo de su ser. En ello debe usted laborar de algún modo, y no perder demasiado tiempo ni demasiado ánimo en esclarecer su posición frente a sus semejantes. ¿Hay acaso quien pueda asegurarle que usted tiene siquiera posición alguna?
Ya sé, su carrera 9 es para usted dura y llena de cosas que se hallan en contradicción con su modo de ser. Yo preveía su queja y sabía que no dejaría de llegar. Ahora que ha llegado, no sé cómo aquietarla. Sólo puedo aconsejarle que considere si todas las profesiones no son también así: llenas de exigencias y de hostilidad para cada individuo y, en cierto modo, saturadas del odio de cuantos se han conformado, mudos y huraños en su sordo rencor, con el cumplimiento de un deber insulso y gris, falto de toda ilusión... 10 La posición en que ha de vivir ahora no se halla más gravada de convencionalismos, prejuicios y errores, que cualquier otro estado. Si bien hay algunos que hacen alarde de mayor libertad, no existe de veras ninguno que por dentro sea desahogado y amplio, y tenga relación con las grandes cosas en que consiste la verdadera vida. Únicamente el hombre solitario está sometido, cual una cosa, a las leyes profundas de la naturaleza. Y cuando uno sale al encuentro de la naciente mañana, o con su mirada penetra en la noche preñada de aconteceres, sintiendo cuanto ahí acaece, entonces despréndese de él, cual de un muerto, toda condición, aunque él se halle en medio del más puro vivir.
Lo que usted, muy estimado señor Kappus, ha de sentir ahora como militar, lo habría sentido de modo parecido en cualquier otra carrera. Y aun cuando, fuera de todo cargo y empleo, hubiese procurado mantener con la sociedad tan sólo una tenue forma de contacto, que dejase a salvo su independencia, no por eso le habría sido ahorrado el sentirse cohibido. En todas partes ocurre lo mismo, pero esto no ha de ser motivo para sentir angustia ni tristeza. Si no hay nada de común entre usted y los hombres, procure vivir cerca de las cosas. Ellas no le abandonarán. Aun hay noches y vientos que van por entre los árboles y por encima de muchas tierras. Aun, en cosas y animales, está todo lleno de acaeceres que usted puede compartir. Y también los niños siguen siendo todavía como usted fue de niño: tan tristes y tan felices. En cuanto usted piense en su propia infancia, volverá a vivir entre ellos, entre los niños solitarios. Y entonces las personas mayores ya no significarán nada, ni tendrá valor alguno toda su dignidad.
Si le angustia y le tortura el pensar en la infancia, en la sencillez y quietud que con ella van enlazadas -porque usted ya no sabe creer en Dios, que está presente en todo ello-, pregúntese entonces a sí mismo, querido amigo, si es que de veras ha perdido a Dios. ¿No será más cierto que nunca lo ha poseído aún? Pues ¿cuándo habría podido ser? ¿Cree usted que un niño pueda tenerle a Él, a quien sólo con gran esfuerzo logran llevar los que ya son hombres, y cuyo peso doblega a los ancianos? ¿Cree usted que si alguien lo poseyera de verdad, podría jamás perderle como se pierde una piedrecita? ¿No le parece mas bien, como a mí, que quien lo poseyese, ya sólo podría ser perdido por Él?... Ahora bien: si usted reconoce que Él nunca se halló en su infancia, y que antes tampoco fue; si llega a sospechar que Cristo fue deslumbrado por su inmenso anhelo, y Mahoma engañado por su gran orgullo; si con espanto siente que tampoco ahora está presente, en este mismo instante en que de Él estamos hablando, ¿con qué derecho pretende entonces echarlo de menos, a Él que nunca fue, como a un ser que hubiese pasado y desaparecido? ¿Y qué le autoriza a buscarlo como si se hubiera perdido? ¿Por qué no piensa más bien que Él es Aquél que aun ha de venir, el que desde hace una eternidad está por llegar: El Venidero 11, fruto supremo de un árbol cuyas hojas somos nosotros? ¿Qué le impide proyectar Su nacimiento hacia los tiempos por venir? Y ¿qué le priva de vivir su propia vida, como se vive un día doloroso y bello en la larga historia de una magna preñez? ¿No ve cómo todo cuanto acontece es siempre un comienzo? Y ¿no podría ser esto el principio de Él, ya que todo comenzar es en sí tan bello? Si Él es El Más Perfecto, ¿no ha de precederle forzosamente algo menos grande, para que Él pueda elegir su propio ser de entre la plenitud y la abundancia? ¿No debe Él ser El Último, para poder abarcarlo todo en sí mismo? ¿Qué sentido tendría nuestra existencia si Aquél a quien anhelamos hubiera sido ya?...
Así como las abejas liban y juntan la miel también nosotros extraemos de todo lo más dulce para edificarlo a Él. Podemos iniciarlo también con lo ínfimo. Con lo que menos presencia tenga: siempre que suceda por amor. Con el trabajo y luego con el reposo. Con un silencio. Con una pequeña y solitaria alegría. Con todo cuanto realicemos solos, sin partícipes ni seguidores, iniciamos a Aquél que no alcanzaremos a conocer, como tampoco nuestros antepasados pudieron conocernos a nosotros. Sin embargo, esos que hace tanto tiempo pasaron, están aún dentro de nosotros. Como depósito, herencia y fundamento. Como carga que pesa sobre nuestro destino. Como sangre que bulle, y como ademán que se alza desde las profundidades del tiempo. ¿Hay algo que logre arrebatarle la esperanza de llegar algún día a estar del mismo modo en Él, que es El Más Lejano, El Supremo?...
Celebre, estimado señor Kappus, las Navidades con el piadoso sentimiento de que Él, para poder empezar, necesite tal vez de esta misma angustia que usted abriga frente a la vida. Precisamente estos días de transición son quizás la época en que todo en usted labora para moldearle a Él, como también antes, cuando niño, trabajó ya, anhelante, en darle forma. Tenga paciencia y serenidad. Y piense que lo menos que podemos hacer es no ponerle nosotros más trabas a su desarrollo que la tierra a la primavera, cuando ésta quiere llegar. ¡Quede contento y confiado!
Su
Rainer Maria Rilke

VII
Roma, 14 de mayo de 1904
Muy estimado señor Kappus:
Ha pasado mucho tiempo desde que recibí su última carta. No me lo tome a mal: primero el trabajo, luego los contratiempos, y por último mis dolencias estuvieron retrayéndome una vez y otra de darle esta respuesta, que -tal era mi deseo- había de llegarle como fruto de unos días apacibles y buenos. Ahora vuelvo a encontrarme un tanto mejor: también aquí se hizo sentir duramente el comienzo de la primavera con sus malignas y caprichosas variaciones. Así llego por fin a saludarle, estimado señor Kappus, y a decirle con sumo gusto, de todo corazón y como yo mejor sepa, esto y aquello en contestación a su carta. Ya ve: he copiado su soneto por hallarlo bello y sencillo, y porque está compuesto con tan recatado primor. Son éstos los mejores versos suyos que me ha sido dado leer. Ahora le entrego la copia que de ellos hice, porque sé cuánta importancia tiene y qué caudal de nuevas experiencias nos descubre el volver a encontrar un trabajo propio, escrito con letra ajena. Lea estos versos como si fueran de otro, y sentirá en lo más hondo del alma cuán suyos son. 12
Ha sido para mí una gran alegría el leer a menudo su soneto y su carta. Por ambas cosas le doy las gracias. No debe dejarse desviar en su soledad porque haya en usted algo que ansíe evadirse de ella. Precisamente este deseo, si usted sabe aprovecharlo con serenidad y dominio, sirviéndose de él como de un instrumento, le ayudará a ensanchar su soledad en dilatado campo. La gente, valiéndose de criterios convencionales, lo tiene todo resuelto, inclinándose siempre hacia lo más fácil, y buscando aún el lado más fácil de lo fácil. Pero está claro que nuestro deber es atenernos a lo que es arduo y difícil. Todo cuanto vive se atiene a ello. Todo en la naturaleza crece y lucha a su manera y constituye por sí mismo algo propio, procurando serlo a toda costa y en contra de todo lo que se le oponga. Poca cosa sabemos. Pero que siempre debemos atenernos a lo difícil es una certeza que nunca nos abandonará. Es bueno estar solo, porque también la soledad resulta difícil. Y el que algo sea difícil debe ser para nosotros un motivo más para hacerlo.
También es bueno amar, pues el amor es cosa difícil. El amor de un ser humano hacia otro: esto es quizás lo más difícil que nos haya sido encomendado. Lo último, la prueba suprema, la tarea final, ante la cual todas las demás tareas no son sino preparación. Por eso no saben ni pueden amar aún los jóvenes, que en todo son principiantes. Han de aprenderlo. Con todo su ser, con todas sus fuerzas reunidas en torno a su corazón solitario y angustiado, que palpita alborotadamente, deben aprender a amar. Pero todo aprendizaje es siempre un largo período de retiro y clausura. Así, el amor es por mucho tiempo y hasta muy lejos dentro de la vida, soledad, aislamiento crecido y ahondado para el que ama. Amar no es, en un principio, nada que pueda significar absorberse en otro ser, ni entregarse y unirse a él. Pues, ¿qué sería una unión entre seres inacabados, faltos de luz y de libertad? Amar es más bien una oportunidad, un motivo sublime, que se ofrece a cada individuo para madurar y llegar a ser algo en sí mismo; para volverse mundo, todo un mundo, por amor a otro. Es una gran exigencia, un reto, una demanda ambiciosa, que se le presenta y le requiere; algo que lo elige y lo llama para cumplir con un amplio y trascendental cometido. Sólo en este sentido, es decir, tomándolo como deber y tarea para forjarse a sí mismo "escuchando y martilleando día y noche", es como los jóvenes deberían valerse del amor que les es dado. Ni el absorberse mutuamente, ni el entregarse, ni cualquier otra forma de unión, son cosas hechas para ellos, que por mucho tiempo aún, han de acopiar y ahorrar. Pues todo eso es la meta final. Lo último que se pueda alcanzar. Es tal vez aquello para lo cual, por ahora, resulta apenas suficiente la vida de los hombres.
Pero en esto yerran los jóvenes tan a menudo y tan gravemente. Ellos, en cuya naturaleza está el no tener paciencia, se arrojan y se entregan, unos en brazos de otros, cuando les sobrecoge el amor. Se prodigan y desparraman tal como son, aun sin desbrozar, con todo su desorden y su confusión... Mas ¿qué ha de suceder luego? Qué ha de hacer la vida con ese montón de afanes truncos, que ellos llaman su convivir, su unión, y que, de ser posible, desearían poder llamar su felicidad, y aún más: ¡su porvenir! Ahí se pierde cada cual a sí mismo por amor al otro. Pierde igualmente al otro, y a muchos más que aun habían de llegar. Pierde también un sin fin de horizontes y de posibilidades, trocando el flujo y reflujo de posibilidades de sutil presentimiento por un estéril desconcierto, del cual ya nada puede brotar. Nada sino un poco de hastío, desencanto y miseria, y el buscar tal vez la salvación en alguno de los múltiples convencionalismos que, cual refugios abiertos a todo el mundo, dispuestos están en gran número al borde de este peligrosísimo camino. Ninguna región del humano sentir se halla tan provista de convencionalismos como ésta. Ahí hay salvavidas de variadísima invención: botes, vejigas, flotadores... Recursos y medios de escape de toda laya supo crear la sociedad, ya que por hallarse predispuesta a tomar la vida amorosa como mero placer, tuvo también que hacerla fácil, barata, segura y sin riesgos, como suelen ser las diversiones públicas.
Por cierto, muchos jóvenes que aman de un modo falso, es decir, haciendo del amor una simple entrega y rehuyendo la soledad -nunca llegará a más el promedio de los hombres-, sienten el peso de su falta, y también a este trance en que han venido a encontrarse, quieren infundirle vida y fecundidad de una manera propia y personal. Pues su naturaleza les revela que las cuestiones de amor, menos aun que cualquier otra cosa de importancia, jamás pueden ser dirimidas por algún procedimiento de carácter público, de conformidad con tal o cual convenio. Que son asuntos privativos de cada cual y deben resolverse de modo individual, de ser a ser, precisándose en cada caso de una solución exclusivamente personal. Pero ¿cómo ha de ser posible que ellos, quienes al juntarse se han despeñado y hundido en una misma confusión, dejando de deslindarse y de distinguirse el uno del otro, y no poseyendo, por tanto, nada propio ya, acierten a dar con alguna salida, por sí mismos, desde el abismo de su derrumbada soledad?
Obran en virtud de un común desamparo y, cuando luego quieren, con la mejor voluntad, rehuir algún convencionalismo notorio -por ejemplo el matrimonio-, caen en las tenazas de otra solución convencional, tal vez menos manifiesta, pero igualmente mortal. Pues ahí -dentro de un amplio ámbito en derredor suyo- todo es convención. Allí donde se obre al impulso de una confluencia prematura y de un turbio convivir, cualquier lazo que derive de tal desorden tiene su convencionalismo, por muy insólito que parezca; es decir: aunque resulte "inmoral" en el sentido corriente de la palabra. Hasta la separación viene a ser un paso convencional, una decisión nacida del azar, impersonal y sin fuerza ni fruto.
Quien seriamente repare en ello, descubre que, como para la muerte, que es cosa difícil, tampoco para el arduo cometido del amor se han hallado aún ni luz ni solución, ni señal ni camino. Para esas dos tareas -amor y muerte, que veladas y ocultas llevamos dentro, y que retransmitimos a otros sin descorrer el velo que las recubre- no se podrá dar con ninguna regla común que se funde en algún convenio. Pero en la misma medida en que iniciemos nuestros intentos de vivir cada cual como un ser independiente, esos magnos asuntos nos encontrarán, a cada uno de nosotros, más próximos a ellos. Las exigencias que la difícil tarea del amor presenta a nuestro desarrollo, son de inmensa magnitud. Nosotros, como principiantes, no estamos a su altura. Pero si a pesar de todo sabemos perseverar y llevamos este amor a cuestas, como carga y aprendizaje, en lugar de perdernos en ese juego fácil y frívolo, tras del cual los hombres se han escondido para eludir cuanto hay de más serio y de más grave en su existencia, entonces, un pequeño progreso y algún alivio serán tal vez perceptibles para aquellos que lleguen largo tiempo después de nosotros. Y esto ya sería mucho...
Es que apenas ahora empezamos a considerar las relaciones entre un individuo y otro, sin prejuicios y de manera objetiva. Los intentos que vamos realizando a fin de vivir tales relaciones nada tienen ante sí que les pueda servir de ejemplo. Sin embargo, se dan ya en el correr y mudar del tiempo muchas cosas que quieren acudir en auxilio de nuestro tímido principiar.
La mujer, en su propio desenvolvimiento más reciente, sólo por algún tiempo y de modo pasajero imitará los hábitos y modales masculinos, buenos y malos, ejerciendo a su vez las profesiones generalmente reservadas al hombre. Tras la incertidumbre de tales etapas transitorias, quedará de manifiesto que si las mujeres han pasado por la gran variedad y la continua mudanza de esos disfraces a menudo risibles, fue tan sólo para poder depurar su modo de ser peculiarísimo, y limpiarlo de las influencias deformadoras del otro sexo. Por cierto, las mujeres, en quienes la vida se detiene, permanece y mora de una manera más inmediata, más fecunda, más confiada, deben de haberse hecho seres más maduros y más humanos que el hombre. Éste, además de liviano -por no obligarlo el peso de ningún fruto de sus entrañas a descender bajo la superficie de la vida- es también engreído, presuroso, atropellado, y menosprecia en realidad lo que cree amar... Esta más honda humanidad de la mujer, consumada entre sufrimientos y humillaciones, saldrá a la luz y llegará a resplandecer cuando en las mudanzas y transformaciones de su condición externa se haya desprendido y librado de los convencionalismos añejos a lo meramente femenino. Los hombres, que no presienten aún su advenimiento, quedarán sorprendidos y vencidos. Llegará un día que indudables signos precursores anuncian ya de modo elocuente y brillante, sobre todo en los países nórdicos, en que aparecerá la mujer cuyo nombre ya no significará sólo algo opuesto al hombre, sino algo propio, independiente. Nada que haga pensar en complemento ni en límite, sino tan sólo en vida y en ser: el Humano femenino...
Tal progreso -al principio muy en contra de la voluntad de los hombres, que se verán rebasados y superados- transformará de modo radical la vida amorosa, ahora llena de errores, y la convertirá en una relación tal, que se entenderá de ser humano a ser humano y ya no de varón a hembra. Este amor más humano, que se consumará con delicadeza y dulzura infinitas -imperando luz y bondad, así en el unirse como en el desligarse- se asemejará al que vamos preparando entre luchas y penosos esfuerzos: el amor que consista en que dos soledades se protejan, se deslinden y se saluden mutuamente...
Además, esto: no crea que se haya perdido aquel gran amor que le fue encomendado antaño, cuando aun era niño. ¿Acaso puede afirmar usted que no maduraron entonces en su corazón, grandes y buenos anhelos, y propósitos de los que aun hoy sigue viviendo? Yo creo que ese amor perdura tan fuerte y poderoso en su recuerdo, porque fue su primer aislamiento profundo. Y también la primera labor que realizó en aras de su vida. ¡Todos mis buenos deseos para usted, querido señor Kappus!
Su
Rainer Maria Rilke

VIII
Borgeby Gard, Fladie (Suecia), 12 de agosto de 1904
Quiero volver a hablarle un rato, querido señor Kappus, aunque yo casi nada sepa decirle que pueda procurarle algún alivio. Ni siquiera algo que alcance a serle útil. Usted ha tenido muchas y grandes tristezas, que ya pasaron, y me dice que incluso el paso de esas tristezas fue para usted duro y motivo de desazón. Pero yo le ruego que considere si ellas no han pasado más bien por en medio de su vida misma. Si en usted no se transformaron muchas cosas. Y si, mientras estaba triste, no cambió en alguna parte -en cualquier parte- de su ser. Malas y peligrosas son tan sólo aquellas tristezas que uno lleva entre la gente para sofocarlas. Cual enfermedades tratadas de manera superficial y torpe suelen eclipsarse para reaparecer tras breve pausa, y hacen erupción con mayor violencia. Se acumulan dentro del alma y son vida. Pero vida no vivida, despreciada, perdida, por cuya causa se puede llegar a morir.
Si nos fuese posible ver más allá de cuanto alcanza y abarca nuestro saber, y hasta un poco más allá de las avanzadillas de nuestro sentir, tal vez sobrellevaríamos entonces nuestras tristezas más confiadamente que nuestras alegrías. Pues son ésos los momentos en que algo nuevo, algo desconocido, entra en nosotros. Nuestros sentidos enmudecen, encogidos, espantados. Todo en nosotros se repliega. Surge una pausa llena de silencio, y lo nuevo, que nadie conoce, se alza en medio de todo ello y calla...
Yo creo que casi todas nuestras tristezas son momentos de tensión que experimentamos como si se tratara de una parálisis. Porque ya no percibimos el vivir de nuestros sentidos enajenados, y nos encontramos solos con lo extraño que ha penetrado en nosotros. Porque se nos arrebata por un instante todo cuanto nos es familiar, habitual. Y porque nos hallamos en medio de una transición, en la cual no podemos detenernos.
Por eso pasa la tristeza. Lo nuevo que está en nosotros, lo recién llegado, se nos entra en el corazón, se desliza en su cámara más recóndita, y ya tampoco está allí: está en la sangre. Y no alcanzamos a saber lo que fue... Sería fácil hacernos creer que no sucedió nada. Sin embargo nos transformamos como se transforma una casa en la que ha entrado un huésped. No podemos decir quién ha llegado. Quizás nunca logremos saberlo. Pero muchos indicios nos revelan que el porvenir entra de ese modo en nuestra vida para transformarse en nosotros mucho antes de acontecer. Por esto es tan importante permanecer solitario y alerta cuando se está triste. Pues el instante aparentemente yerto y sin suceso en que el porvenir nos penetra, se halla mucho más cerca de la vida que aquel otro momento, ruidoso y accidental, en que el futuro nos acaece como si proviniese de fuera.
Cuanto más callados, cuanto más pacientes y sinceros sepamos ser en nuestras tristezas, tanto más profunda y resueltamente se adentra lo nuevo en nosotros. Tanto mejor lo hacemos nuestro, y con tanto mayor intensidad se convierte en nuestro propio destino. Así, cuando más tarde surge el día en que lo futuro "acontece" -es decir: cuando al brotar de dentro de nosotros pasa a los demás-, nos sentimos íntimamente más afines, más allegados a él. ¡Esto es lo que hace falta! Hace falta -y a eso ha de tender paulatinamente nuestro desarrollo- que no nos suceda nada extraño, sino tan sólo aquello que desde mucho tiempo atrás nos pertenezca. ¡Se ha tenido que revisar y rectificar ya tantos antiguos conceptos acerca de las leyes que rigen el movimiento! Se aprenderá también a reconocer poco a poco que lo que llamamos destino pasa de dentro de los hombres a fuera, y no desde fuera hacia dentro. Sólo porque tantos hombres no supieron asimilar y transformar en su interior, cada cual su propio destino, mientras éste vivía en ellos, no alcanzaron tampoco a conocer lo que de ellos salía. Les era tan ajeno, tan extraño, que ellos, llenos de pavor y de confusión, creían que debía de habérseles entrado en aquel mismo instante en que se percataban de su presencia. Pues hasta juraban que jamás antes habían descubierto nada parecido en sí mismos. Así como durante mucho tiempo hubo error acerca del movimiento del sol, sigue aún el engaño sobre el movimiento de lo venidero. El porvenir está ya fijo, querido señor Kappus, mas nosotros nos movemos en el espacio infinito. ¡Cómo no habría de resultarnos todo muy difícil...!
Volviendo a hablar de la soledad, aparece cada vez más claramente que ella no es en rigor, nada que se pueda tomar o dejar. Y es que somos solitarios. Uno puede querer engañarse a este respecto y obrar como si no fuese así; esto es todo. ¡Pero cuánto más vale reconocer que somos efectivamente solitarios, y hasta partir de esta base! Así, por cierto, ocurrirá que sintamos vértigo, pues nos vemos privados de todos los puntos de referencia en que solía descansar nuestra vista. Ya no hay nada cercano. Y todo lo que es lejano está infinitamente lejos. Quien fuera llevado, casi sin preparación ni transición alguna, desde su aposento a la cúspide de una gran montaña, tendría que experimentar algo semejante. Se sentiría casi anonadado por una inseguridad sin igual y por el verse abandonado al capricho de algo que no tiene nombre. Le parecería estar cayendo, o se creería lanzado al espacio, o bien estallando en mil pedazos. ¡Qué enorme mentira debería inventar entonces su cerebro para alcanzar a recuperar el anterior estado de sus sentidos y devolverles su serenidad! Así se transforman, para quien se vuelva solitario, todas las distancias, todas las medidas. Muchos de estos cambios se producen de un modo repentino, brusco. Y, al igual que en aquel hombre transportado a la cima de una montaña, surgen entonces aprensiones insólitas, sensaciones extrañas, que parecen rebasar todo lo humanamente soportable. Pero es necesario que también esto lo vivamos. Debemos aceptar y asumir nuestra existencia del modo más amplio posible. Todo, incluso lo inaudito, ha de ser viable en ella. Este es, en realidad, el único valor que se nos pide y exige: tener ánimo ante las cosas más extrañas, más portentosas y más inexplicables, que nos puedan acaecer.
El que los hombres hayan sido cobardes en este terreno ha causado infinito daño a la vida. Los sucesos a los que se da el nombre de "fenómenos" o de "apariciones", el llamado "mundo espectral" 13, la muerte, todas esas cosas que nos son tan afines, han sido de tal modo desalojadas de la vida por el diario afán de defenderse de ellas, que los sentidos con que podríamos aprehenderlas se han atrofiado -¡y de Dios, ni hablar! Mas el miedo ante lo inexplicable no sólo ha empobrecido la existencia del individuo. También las relaciones de ser a ser han quedado cercenadas por él. Valga el símil, han sido descuajadas del cauce de un río caudaloso en posibilidades infinitas, para ser llevadas a un lugar yermo de la ribera, donde nada sucede. Pues no sólo por desidia se repiten las relaciones humanas con tan indecible monotonía y sin renovación alguna de un caso a otro, sino también por temor y recelo ante cualquier vivencia nueva y de imprevisible trascendencia, que uno cree superior a sus fuerzas. Pero sólo quien esté apercibido para todo, sólo quien no excluya nada de su existencia -ni siquiera lo que sea enigmático y misterioso- logrará sentir hondamente sus relaciones con otro ser como algo vivo. Sólo él estará en condiciones de apurar por sí mismo su propia vida. Pues en cuanto consideramos la existencia de cada individuo como una habitación mayor o menor, queda de manifiesto que los más sólo llegan a conocer apenas un rincón de su aposento. Un sitio junto a la ventana. O bien alguna estrecha faja del entarimado, que van y vienen recorriendo de un lado para otro. Así disfrutan de alguna seguridad...
Sin embargo, ¡cuánto más humana es aquella inseguridad llena de peligros, que, en los cuentos de Poe, impulsa a los cautivos a palpar las formas de sus horribles mazmorras y a familiarizarse con los indecibles terrores de su estancia! Pero nosotros no somos presos. Ni trampas, ni redes, ni lazos, se hallan aparejados en torno nuestro. Ni hay nada que deba causarnos angustia o darnos tormento. Si hemos sido puestos en medio de la vida, es por ser éste el elemento al que mejor correspondemos, al que somos más adecuados. Además, por obra de una adaptación milenaria, nos hemos vuelto tan semejantes a esa vida, que cuando permanecemos inmóviles, apenas si -merced a un feliz mimetismo- se nos puede distinguir de cuanto nos rodea. Ninguna razón tenemos para recelar y desconfiar del mundo en que vivimos. Si entraña terrores, son nuestros terrores. Si contiene abismos, estos abismos nos pertenecen. Y si en él hay peligros, debemos procurar amarlos. Con tal que cuidemos de ordenar y ajustar nuestra vida conforme a ese principio que nos aconseja atenernos siempre a lo difícil, cuanto ahora nos parece ser lo más extraño acabara por sernos lo más familiar, lo mas fiel. ¿Cómo podríamos olvidarnos de aquellos mitos antiguos que presiden el origen de todos los pueblos, esos mitos de los dragones que en el momento supremo se transforman en princesas? Quizá sean todos los dragones de nuestra vida, princesas que sólo esperan vernos alguna vez resplandecientes de belleza y valor. Quizá todo lo terrible no sea, en realidad, nada sino algo indefenso y desvalido, que nos pide auxilio y amparo...
No debe, pues, azorarse, querido señor Kappus, cuando una tristeza se alce ante usted, tan grande como nunca vista. Ni cuando alguna inquietud pase cual reflejo de luz, o como sombra de nubes sobre sus manos y por sobre todo su proceder. Ha de pensar más bien que algo acontece en usted. Que la vida no le ha olvidado. Que ella le tiene entre sus manos y no lo dejará caer. ¿Por qué quiere excluir de su vida toda inquietud, toda pena, toda tristeza, ignorando -como lo ignora- cuánto laboran y obtan en usted tales estados de ánimo? ¿Por qué quiere perseguirse a sí mismo, preguntándose de dónde podrá venir todo eso y a dónde irá a parar? ¡Bien sabe usted que se halla en continua transición y que nada desearía tanto como transformarse! Si algo de lo que en usted sucede es enfermizo, tenga en cuenta que la enfermedad es el medio por el cual un organismo se libra de algo extraño. En tal caso, no hay más que ayudarle a estar enfermo. A poseer y dominar toda su enfermedad, facilitando su erupción, pues en ello consiste su progreso. ¡En usted, querido señor Kappus, suceden ahora tantas cosas!... Debe tener paciencia como un enfermo y confianza como un convaleciente. Pues quizá sea usted lo uno y lo otro a la vez. Aun más: es usted también el médico que ha de vigilarse a sí mismo. Pero hay en toda enfermedad muchos días en que el médico nada puede hacer sino esperar. Esto, sobre todo, es lo que usted debe hacer ahora, mientras actúe como su propio médico.
No se observe demasiado a sí mismo. Ni saque prematuras conclusiones de cuanto le suceda. Deje simplemente que todo acontezca como quiera. De otra suerte, harto fácilmente incurriría en considerar con ánimo lleno de reproches a su propio pasado; que, desde luego, tiene su parte en todo cuanto ahora le ocurra. Pero lo que sigue obrando en usted como herencia de los errores y anhelos de su mocedad, no es lo que ahora recuerda y condena. Las circunstancias anormales de una infancia solitaria y desamparada son tan difíciles, tan complejas, se hallan expuestas y abandonadas a tantas influencias y, al mismo tiempo, tan desprendidas de todos los verdaderos vínculos vitales, que cuando en tales condiciones se desliza un vicio, no se le debe llamar vicio sin más ni más. 13 ¡Hay que ser de todos modos tan cauto, tan prudente, con los nombres! ¡Es tan frecuente que toda una vida se quiebre y quede rota por el mero nombre de un crimen! No por la acción misma, personal y sin nombre, que acaso respondiere a un determinado menester de esa vida, y hubiera podido ser admitida y absorbida por ella sin esfuerzo alguno. Si el consumir tantas energías le parece grande a usted, es sólo porque exagera el valor de la victoria. No está en ella lo grande que usted cree haber realizado, si bien tiene razón en su sentir. Lo grande está en que ahí ya existió algo que usted pudo poner en lugar de aquel artificioso fraude, algo real y verdadero. Sin esto, su victoria sólo habría resultado ser una reacción moral, sin importancia ni sentido, mientras que así ha llegado a formar parte de su vida. (De una vida, querido señor Kappus, a la que yo dedico tantos pensamientos y buenos deseos). ¿Recuerda usted cómo esta vida, ya desde la misma infancia, suspiró por los "grandes"? Yo veo cómo ahora, partiendo de los grandes, anhela poder alcanzar a los más grandes. Precisamente por eso no cesa su vida de ser difícil. Pero por esta misma razón no cesará de crecer.
Si he de decirle algo más, es esto: no crea que quien ahora está tratando de aliviarlo viva descansado, sin trabajo ni pena, entre las palabras llanas y calmosas que a veces lo confortan a usted. También él tiene una vida llena de fatigas y de tristezas, que se queda muy por debajo de esas palabras. De no ser así, no habría podido hallarlas nunca...
Su
Rainer Maria Rilke

IX
Furugorg Jonsered, en Suecia, a 4 de noviembre de 1904
Mi querido señor Kappus:
Durante todo este tiempo que ha transcurrido sin que usted recibiera ninguna carta mía estuve unas veces de viaje, y otras tan atareado, que no pude escribir. También hoy me cuesta hacerlo, porque he tenido que escribir ya varias cartas, y mi mano está cansada. Si yo pudiese dictar, le diría muchas cosas, pero así le ruego que reciba tan sólo unas pocas palabras a cambio de su extensa carta.
En usted, querido señor Kappus, pienso a menudo, y con votos tan densos, que ello habría de ayudarle de algún modo. Con frecuencia dudo que mis cartas puedan ser realmente un auxilio. No diga usted: Sí, lo son". Acójalas con serenidad, sin prodigar su gratitud, y aguardemos lo que quiera venir.
Tal vez no resulte nada provechoso el que ahora me ponga a considerar con toda minucia cuanto usted me refiere. Pues lo que yo pueda decirle acerca de su propensión a la duda, o sobre su impotencia para armonizar la vida externa con la vida interna, o respecto de todas las demás cosas que le agobian... , siempre será lo mismo que ya le tengo dicho: siempre el deseo de que usted halle en sí bastante paciencia para sufrir, bastante sencillez y candor para creer, llegando a intimar y a familiarizarse cada vez más con lo que es difícil. Y también con su soledad en medio de los otros. En cuanto a lo demás deje que la vida obre a su antojo. Créame: tiene razón la vida. Siempre y en cualquier caso.
Con respecto a los sentimientos, esto: son puros todos los sentimientos que le abarquen totalmente y le eleven. Es impuro aquel sentimiento que prenda en un solo lado de su ser, y llegue por ello a torcerlo, a deformarlo. Todo cuanto pueda pensar de cara a su infancia, es bueno. Todo cuanto le eleve aun por encima de lo que hasta aquí haya logrado ser en sus horas mejores, está bien. Cualquier superación es buena si está en toda su sangre, siempre que no sea tan sólo un momento de ebriedad. Ni algún turbio afán, sino alegría clara, gozo diáfano, que se deja calar y trasver hasta el fondo. ¿Comprende usted lo que yo quiero decir?
Su duda puede tornarse una virtud, si usted la educa. Debe convertirse en saber y en crítica. Pregúntele, cada vez que ella quiera echarle algo por tierra, por qué ese algo está mal. Exíjale pruebas. Sométala a un examen. Acaso la encuentre entonces perpleja, confundida. O quizás rebelde, levantisca. Pero no ceda usted. Exija argumentos y obre así, alerta y consecuente, siempre y cada vez que sea preciso. Ya vendrá luego el día en que el dudar deje de ser destructor, para convertirse en uno de sus mejores obreros, el más inteligente, tal vez, entre todos los que van edificando la vida de usted.
Esto, querido señor Kappus, es todo cuanto yo pueda decirle hoy. Pero al mismo tiempo le envío un ejemplar, en tirada aparte, de un pequeño poema que acaba de ser publicado en la revista "Deutsche Arbeit", de Praga. Ahí sigo hablándole a usted de la vida, de la muerte, y de lo grandes y magníficas que ambas son.
Su
Rainer Maria Rilke

X
París, al día siguiente de Navidad de 1908
Ha de saber usted, querido señor Kappus, cuánto me alegra tener esa hermosa carta suya. Las noticias que me da, reales y francas, como ahora vuelven a serlo, me parecen buenas. Y cuanto más lo pienso, más se afianza en mí la sensación de que son buenas de verdad. Esto, por cierto, quería yo decírselo en ocasión de Nochebuena. Pero por causa del múltiple y continuo trabajo en que vivo envuelto este invierno, me sorprendió la antigua fiesta, llegando tan pronto que apenas tuve tiempo para los recados más urgentes y mucho menos para escribirle. Pero a menudo he pensado en usted durante estos días festivos, imaginando cuán tranquilo debe de estar en su solitario fortín, perdido entre esas montañas desiertas, sobre las que se precipitan los poderosos vientos del sur, como si quisieran engullirlas a grandes trozos.
Debe de ser inmenso el silencio en que hay cabida para tales ruidos y movimientos. Cuando se piensa que por añadidura se agrega a todo eso la presencia del mar lejano, con su propio sonido, constituyendo tal vez el tono más íntimo y entrañable en esa armonía de prehistórica magnitud, entonces ya sólo resta por desearle a usted que, lleno de confianza y de paciencia, deje obrar en su ánimo la grandiosa soledad, que ya nunca podrá ser borrada de su vida, y que en todo cuanto le queda por vivir y hacer, actuará cual anónimo influjo, de un modo continuo y decisivo. Algo así como en nosotros fluye sin cesar la sangre de nuestros antepasados, mezclándose con nuestra propia sangre para formar el ser único, singular e irreproducible que somos, cada cual de nosotros, en cada recodo de nuestra vida.
Sí: me alegro de que usted cuente ahora en su haber esa existencia firme y determinada. Ese título. Ese uniforme. Ese servicio. Todo ese conjunto de cosas tangibles y concretas, que en tales parajes, como los que ahí le rodean, con una guarnición poco numerosa e igualmente aislada, no deja de adquirir un sello de gravedad y urgencia, y que, por encima de cuanto en la carrera militar hay de juego frívolo y pasatiempo, significa servicio siempre alerta, y no sólo admite la observación individual y autónoma, sino que hasta la fomenta y educa precisamente. El hallarnos en circunstancias que nos formen y labren, colocándonos de vez en cuando ante cosas grandes y naturales, es todo cuanto nos hace falta.
También el arte es sólo un modo de vivir. Aun viviendo de cualquier manera, puede uno prepararse para el arte, sin saberlo. En cualquier realidad se está más cerca de él que en las carreras irreales, artísticas a medias, que, aparentando cierto allegamiento al arte, en la práctica niegan y socavan la existencia de todo arte. Como lo hacen, por ejemplo, el periodismo en su totalidad, casi toda la crítica profesional, y las tres cuartas partes de lo que se llama y quiere llamarse literatura.
En pocas palabras: me alegro de que usted se haya salvado del peligro que representa el caer en todo ello 14 y ahora viva, en un lugar cualquiera, solitario y valiente en medio de una ruda realidad. ¡Ojalá pueda el año que está por llegar, mantener y afirmarlo en ella!
Siempre,
Su
Rainer Maria Rilke


Notas



(1) Como entre los más pequeños se hallan generalmente los traductores, no osamos anteponer al presente trabajo ningún prólogo propio, a pesar de ser muchas las cosas que quisiéramos decir sobre Rilke, su vida, su obra y su influencia en las letras contemporáneas. Si bien aparecen a veces traductores de excepcional altura -Rilke mismo fue un traductor genial, y pudimos oír un día en Hamburgo, de labios de Paul Valéry, que cierta versión alemana hecha por el poeta praguense supera en mucho al original francés-, la inmensa mayoría, entre cuyas últimas filas nos encontramos, no pasa de desempeñar un modestísimo papel, aun cuando alguna que otra traducción logre no ser del todo una traición. Justo es, por tanto, que se evite añadir a las ya numerosas deficiencias de una versión, consideraciones más o menos acertadas acerca de un autor, sobre todo cuando éste es Rainer María Rilke, el mayor poeta de nuestro siglo.
(2) JENS PETER JACOBSEN (1847-1885) ejerció una gran influencia en los países nórdicos y en Alemania. No es desconocido en España, donde existen excelentes versiones de la novela "MARIA GRUBBE" y de los cuentos "MOGENS" y "UN TIRO EN LA NIEBLA", hechas, las tres, por don Manuel de Montoliu para Editorial "Cervantes" de Barcelona. En cuanto a la célebre novela "NIELS LYHNE", se publicaron dos versiones: una del señor Insúa, editada hace años en Madrid con el título de "REALIDAD Y ENSUEÑO" y con prólogo de Edmond Jaloux; y otra, más reciente, que lleva su verdadero nombre y fue encargada por Ediciones "Nausica" de Barcelona al señor Bofill i Ferro. De los "SEIS CUENTOS" han sido vertidos al castellano, aparte de los dos ya citados, tres cuentos más, publicados juntos en la colección "Euro" del Editor J. Janés de Barcelona; figuran entre ellos "AQUÍ DEBERÍAN FLORECER ROSAS" y "LA SEÑORA FONS". Falta aún por traducir "LA PESTE EN BERGAMO" -el más impresionante de los "Seis Cuentos"- y falta sobre todo una traducción directa de las obras completas del gran poeta y novelista danés, a quien Rilke debe tanto.
(3) Más aún que Jacobsen, más que nadie, influyó Rodin sobre Rilke. Entre el insigne escultor francés y el joven poeta pensador nacieron a principios de siglo unas relaciones que se volvieron cada vez más estrechas, convirtiéndose bien pronto en amistad perdurable, que dio magníficos frutos. Rilke vivió largas temporadas en París y llegó a ser, por algún tiempo, secretario de Rodin, sobre quien escribió el mejor libro existente acerca del maestro. Esta obra, que lleva por título "RODIN", tiene también su versión castellana, publicada no hace mucho en Buenos Aires.
(4) RICHARD DEHMEL (1863-1920), poeta lírico alemán, a quien Rilke admiró en cierta época, muy breve, escapando pronto a su influjo, para seguir caminos enteramente distintos y hasta opuestos.
(5) Worpswede es una colonia de artistas cerca de Bremen a cuyo círculo pertenecieron, entre otros, Heinrich Vogeler, la gran pintora Paula Becker-Modersohn y Clara Westhoff escultora que fue alumna de Rodin y con quien Rilke se casó en 1902. (A este matrimonio, del que nació una hija, siguió pronto la separación.)
(6) El vocablo alemán "Fragé' encierra varios significados: puede traducirse por "pregunta" y también por cuestión", asunto", "problema". Si bien en esta cuarta carta se dan algunos casos en que tal vez sería preferible traducir "Fragen", por "problemas", hemos optado por "preguntas", porque nos parece corresponder mejor a la palabra "respuesta" que casi siempre le sigue en el texto. De emplearse la palabra "problema" habría que sustituir "respuesta" por "solución", y esto nos apartaría más aún del original. Además, es posible que Rilke haya querido valerse simultáneamente de ambos significados "pregunta" y "problema", y acaso no sería desacertado ponerlos así, juntos, en algunos pasajes de la versión castellana.
(7) También el vocablo "schwer", que abunda en casi todas las cartas de Rilke, entraña grandes dificultades para su exacta traducción ya que puede significar "difícil", "penoso" "duro", "arduo", "pesado", "grávido". De ahí que constituya a veces un problema el tener que decidirse por un vocablo u otro, sobre todo cuando se tiene la impresión de que Rilke quiere precisamente sacar provecho de esta riqueza de matices contenida en una sola palabra.
(8) Se refiere a la carrera militar.
(9) "Insulso, gris y falto de toda ilusión" es lo mejor que se nos ocurre para traducir la palabra "nüchtern" que, en el presente caso, significa todo eso; también podríase traducir por "frío y sin entusiasmó".
(10) Este singular misticismo mesiánico es muy propio de Rilke. Para conocer mejor su concepto de Dios y su sentir religioso, véase, entre otras obras suyas, las "HISTORIAS DEL BUEN DIOS" (versión castellana de Marcos Altama en la Colección "Selene" de Barcelona) y "EL LIBRO DE HORAS", que contiene los tres libros de la vida monacal, del peregrinar, de la pobreza y de la muerte. De esta última obra aparecieron traducidos varios trozos en distintas antologías españolas y sudamericanas de las que sólo conocemos la de la Colección "Quintaesencia" Ediciones de "La Gacela", Barcelona. (De año en año aumenta en todas partes el interés por Rilke y su obra; además en España, donde a las muchas versiones ya existentes se agregan ahora las que hemos visto anunciadas del "REQUIEM" y de "LAS ELEGIAS DE DUINO", varios países americanos, entre los que descuellan Argentina, Uruguay, Chile y México, ven multiplicarse las traducciones de los libros del gran poeta.)
(11) En la edición alemana del "Insel-Verlag" de Lerpzig que hemos utilizado para esta versión, viene inserto, después de la séptima carta, el soneto de Franz Xaver Kappus, al que se refiere Rilke; he aquí su traducción literal, sin rima ni métrica :
"Temblando surca mi vida, sin queja ni suspiro, una honda y oscura congoja. La nieve pura y florida de mis ensueños es unción de mis días más quedos. Pero a menudo cruza la gran pregunta mi senda. Me siento pequeño y paso ante ella, transido de frío, como a orillas de un lago cuyo flujo no me atrevo a medir. Y luego me sobrecoge una pena tan turbia como el gris de las noches de estío sin brío, que rielando, atraviesa una estrella de cuando en cuando. Entonces tientan mis manos el espacio, en busca de amor, porque yo quisiera rezar con palabras que mi boca ardiente no sabe encontrar...
(Franz Kappus)
(12) La afición de Rilke por lo sobrenatural y "el mundo de los espíritus", favorecida y animada en sus frecuentes viajes por los países nórdicos, se halla particularmente ilustrada en su libro "LOS CUADERNOS DE MALTE LAURIDS BRIGGE" (versión castellana de Francisco Ayala, Editorial Losada, S. A., Buenos Aires).
(13) Aquí parece referirse Rilke a unas confidencias contenidas en una carta de Kappus, que no conocemos; por eso resultan algo imprecisas las alusiones del poeta al "vicio".
(14) Kappus volvió sin embargo a la literatura, haciéndose un nombre como novelista, si bien está lejos de figurar entre los de primera fila. Su "Género" en nada se parece a lo que su correspondencia con Rilke pudiera hacer esperar.

martes, noviembre 06, 2007

Jesús Garrido: Ricochet o los derechos de autor,



Texto que el autor ha preparado para la presentación del libro de Luis Arturo Ramos, Ricochet o los derechos de autor, y que tendrá lugar el próximo día 16 de Noviembre, 2007 a las 19:30 horas en CEVART, Independencia esq. Emparan, Centro Histórico.

Los derechos de autor se pagan de múltiples formas, ya sea en efectivo o en especie.
A veces, semejan más bien un derecho de piso, cuota de peaje o de libre tránsito. En otras, como si se tratara de una ficción policiaca, la vida es el pago apenas justo para quien se empecina en contar vidas ajenas como la propia o en hacer pasar la propia por ajena.


La más reciente novela de Luis Arturo Ramos, Ricochet o los derechos de autor, nos hace testigos, a través del diario de un escritor hace tiempo entrado en la madurez de los cuarenta y tantos años, de las similitudes, reales y forzadas, entre los encuentros clandestinos de una pareja de amantes y los protagonistas de De rebote, única novela publicada por dicho personaje.
Abelardo Salgado, el protagonista en cuestión, postmoderno Abel del México del siglo XXI, atisba una traición en su contra, al tiempo que da cuenta del por qué dio la espalda por años a su antiguo oficio de escritor a fin de sumergirse en las menos prestigiadas, pero al fin remuneradas, labores de traductor literario. Y ya se sabe lo que Caín es capaz de llevar a cabo cuando se le da la espalda, poco importa si el arma es una pistola o un diccionario de antónimos y sinónimos.
Sitiado entre dos tierras no prometidas, entre dos tramas que más que escapar, parecen querer ser pastoreadas por este ¿dos veces Abel?, el protagoniza nos introduce, en diecinueve días y un colofón dividido en tres fechas distintas, en la paciente labor de un modesto detective a sueldo que lo mismo acepta una investigación de adulterio, que usurpa los deberes de un historiador de lo cotidiano. Sólo que Abelardo Salgado no es un profesional de la investigación y, al ser su propio cliente, las pesquisas son más directas, sí, pero también más dolorosas.


De tal suerte, De rebote “una severa crítica al machismo oculta tras un disfraz de misoginia” constituye no sólo el texto fundacional, unigénita obra de un truncado novelista, sino un mapa sobre el cual un lector anónimo subraya y corrige, exclama y adiciona su propio texto, su propia novela; sus guiños y contraseñas; su ruta de escenarios y refugios para el coito entre las calles del centro histórico de la ciudad de México: “el centro de una ciudad cuyo corazón late en todas las orillas del país”.


Ricochet o los derechos de autor es una novela de lectura grata, ágil y divertida, cuyo autor demuestra su dominio narrativo, entremezclando el thriller y la comedia, la propaganda amorosa con el romanticismo político.


Luis Arturo Ramos aborda el género policiaco con humor y soltura. Universal y vigente, hace que su protagonista se obsesione por conocer a su único lector no familiar o amigo, lo cual no sólo genera simpatía hacia tal gesto de heroica y neurótica autocomplacencia, sino que facilita el tono irónico y festivo con el que se aborda un asesinato y los cambios acaecidos en la fisonomía de una ciudad, capital de un país que ha sufrido los desaciertos del presidencialismo priìsta y la estulticia foxista. Y sin embargo, la vida continúa, a pesar de una modernidad la empobrece con su homogenización mediática, de los avatares del tiempo y los sismos, de la lluvia y la prueba del ácido contra el matrimonio y la desesperanzadora suerte de algunas obras literarias.
“La historia comenzada aquel domingo veintiocho de septiembre, terminaba con el cadáver exigido por el género policiaco”. ¿Son esas las premisas en las que se basa el derecho de autoría?



Ricochet o los derechos de autor

De Luis Arturo Ramos

(Cal y Arena, 2007; 243 pp)

Mercedes Virgilio: De Vírgenes Abstractas




Un pronunciamiento importante como imagen inicial en los comienzos de una vida. Vellos púbicos como símbolo de lo desconocido y atrayente: son los caramelos del “desconocido” siempre conocido, con quien has querido tirarte un polvo desde hace tiempo; de una pija que siempre será grande, -cuando una es infante todas las pijas son enormes- y no hay mayor imaginación que aquella durante los años de algodón y el desarrollo de las partes más excitantes del cuerpo femenino. Es el centro y la oportunidad para tantos chavales “adelantados” que ocasionan dormir en los brazos del padre, sobre todo cuando él está solo.

De niña, aguardando lo nocturno, emigrando de cama e invocando el ataque de cualquier ser de extracción maligna. O simplemente, no dormir para atestiguar el levantamiento del monstruo paterno. Mi mano de niño “scout”. Caricias, placer y felicidad enredados con los sueños. De quien está dormido y de quien siempre duerme despierto. Oh, el coño de Freud y Lacan y las conchas de sus madres…

Adolescente, de algún modo ya no tienes acceso a las “travesuras” infantiles; ya no puedes inventar seres nocturnos que te atacan, ya no puedes dormir al lado de una de las primeras pijass de tu vida. Aunque fue bueno comenzar a explorar el mundo; conocer otras “latitudes” por ejemplo, otros colores, otros sabores, otras formas. Follar con el vecino, el jardinero, los primitos, el mozo de servicio, al chofer de papá, los catetos de la escuela.

Y los sueños crecieron también, no los que me indicaran qué iba a SER de “grande”; sino aquellos que me decían lo que iba a HACER -con tanta puta líbido-: entre los más hermosos puedo mencionar el recurrente: Tirada en la playa y el chofer dándome por detrás, repentinamente, una parvada de pájaros verdes vuelan sobre nosotros; él huía despavorido y yo, divertida, ordenaba a las aves traerle de vuelta. Le hacía sexo oral, él eyaculaba y yo ordenaba a las aves extraerle ojos y vísceras. Al alba la perenne humedad, siempre…

Verónica Gutiérrez: Ocho Dieciseisavos




Yafeti: Melliza extrovertida
Kitzia: Melliza introvertida
Miriam: Recepcionista
Dr. Doppelganger: alpha y beta

ACTO UNICO

Unas hermanas siameses acuden a consulta con el dr Doppelganger, con idea que las opere para separarlas. La recepcionista mira llegar al par con sus ropas de tenistas y raquetas.

Kitzia: Buenas días, busco al Dr. Doppelganger
Miriam: ¿Tiene cita con él?
Kitzia: No
Miriam: ¿Cuál es su nombre? Veré si el doctor tiene un espacio
Kitzia: Kitzia
Miriam: ¿Ella viene con usted?
Kitzia: Es mi hermana melliza, duramente unida.
Yafeti: Queremos que el Dr. Doppelganger nos realice una operación para separarnos.
Kitzia: Él que ha visto desnuda a Anadíomena.
Yafeti: Y Kampaspe
Miriam: Tomen asiento un momento.

(Las hermanas se entretienen hojeando las revistas de la sala de espera)

Yafeti (lee el periódico) ¡Hermana, Enrique Iglesias regresa a cantar al WTC!
Kitzia (se distrae, agitando su raqueta en el aire) ¿Otra vez? Tiene cuatro años apenas que vino a cantar sus baladas nasales
Yafeti: ¡Oh, yo adoro a ese hombre!
Kitzia: ¡Ni me digas! Recuerdo que tuve que acompañarte y pagar un boleto de cinco mil pesos para sentarnos juntas en la zona VIP. ¡Y lo peor, tú no dejabas de hacerle ojitos y, para colmo, él captó tu atención! ¡Y después que cantó “Experiencia religiosa”, te acompañe a buscarlo a su camerino y te autografió el busto, y de ahí nos invitó juntas a subirnos a su limousine, para dirigirnos a su majestuosa suite en el fiesta americana, donde tú y él tuvieron sexo en todas las posiciones concebibles, en el piso, en el jacuzzi, en el balcón, mientras yo tocaba el saxofón para ustedes dos!
Yafeti: Ajá, por eso hacemos un equipo
Kitzia: No volvió a llamar por teléfono.
Yafeti: ¡Hey, podemos hacer las paces y conseguir dos boletos gratis para ver su concierto esta noche!
Kitzia: ¡Sueñas, linda! ¡Que chingaos se ha de acordar de nosotras!
Yafeti: Tienes razón...si en su lugar hubieras tocado el piano
Kitzia: Ajá, un pasodoble
Yafeti: Por favor, compárteme uno de esas introspecciones zen tuyas.
Kitzia: No me hagas caso, hermana. Ay, últimamente he tenido este raro sentimiento que al otro lado del mundo, una niña en un templo se sienta en las rodillas de buda y ríe sin parar. Las paredes, llenas de monos, juegan al frontón con el eco de su risa, impidiendo que el sonido escape más allá de donde su padre la puede vigilar.
Yafeti: Basta
Kitzia: Quiero atrapar al miserable mosquito
Yafeti: ¿Muerte súbita, Kournikova? Yo hago el juego en la red.
Miriam: (navegando en internet) ¡Enrique Iglesias regresa a cantar al WTC! ¡Oh, yo adoro a ese hombre! ¿Acaso no me he metido al portal de Enrique Iglesias y cuando aquello ha empezado: ¡DOWNLOADING ENRIQUE IGLESIAS! ¡DOWNLOADING ENRIQUE IGLESIAS! ¡DOWNLOADING ENRIQUE IGLESIAS!, me he sorprendido a mí misma cerrando rápidamente las piernas?
Kitzia: ¿Con quién habla? Yo no veo a nadie más en el lugar
Yafeti: Acabo de explotar en mil pedazos, y ahora somos tantas, que no las puedo controlar. Una de ellas estará reclamándole el comentario
Kitzia: Oiga, ¿Es Enrique Iglesias quién aparece en su monitor?
Yafeti (voltea a su hermana, airada) Nadie me quita a mi hombre
Miriam: Tengo fotos de otros artistas.
Yafeti: Lo único que no te perdono es que no sepas volar. Los cables del internet se han enmarañado debajo de la tierra. Ahora les ponen la zancadilla a los árboles enganchándose con sus raíces. Estos pierden el equilibrio, caen y nos desenchufan el planeta...además que yo no uso sostén
Kitzia: ¿Usted trae tanga?
Miriam: Debo estar loca, mami. También me enamoré de un hombre que ha salido en la tele. Yo estaba viendo las noticias, hablaban sobre incendios veraniegos, y de pronto un hombre parecido a Andrés García, pero más joven, ayudaba a los bomberos a apagar un fuego. Se veía que era fibroso, apiñonado, casi agitanado. El gran semental de su pueblo o a lo mejor un simple fanfarrón, secretamente tullido. Pero a mí se me ha movido algo por dentro, y he decidido buscarlo. He llamado a la emisora de televisión, he preguntado por una amiga que es secretaria de informativos, y le he pedido que me ayudara a localizar a ese hombre. Por supuesto, le he mentido. No puedo pedirle que pregunte por un hombre que me acaba de apetecer. Al cabo de unas horas descubro que es un joven chilango que vino al puerto hace un año apenas, que puedo encontrarle en un bar, en la playa, en un taxi, que vive en tal calle en una casa con entrada de rejas, e inmediatamente, sin razón alguna, he perdido completamente el interés por él.
Kitizia: El gong llama dos veces.
Miriam: Orale. Como si el mundo...de algún modo....fuera doble.
Kitzia: Todo cuesta el doble

(El Dr Doppelganger llega apurado)

Miriam: Buenos días, Doctor
Dr Doppelganger: Buenos días.
Miriam: Las mellizas lo esperan
Dr Doppelganger: Perdón por la tardanza, perdí el duplicado de mis llaves. Enseguida las atiendo, ¿Vienen juntas?
Kitzia: Mamá nos volvió inseparables por el costado...
Dr Doppelganger: Las buenas nuevas llegan en par siempre.
Kitzia: Tenemos un par de problemas
Dr Doppelganger: Diga dos
Kitzia: Yo mantengo mi doble nacionalidad, mi hermana es bisexual
Dr Doppelganger: Tómense dos aspirinas y guarden mucho reposo.
Kitzia: Es un chiste viejo
Dr Doppelganger: Entonces, Vitamina B2...doble dosis
Yafeti: Estamos desesperadas, doctor
Kitzia: Para empezar, debemos vestir iguales.
Dr Doppelganger: Ya veo. Miriam es mi asistente temporal, programen con ella una fecha para cirugía.
Yafeti: Ya nos conocimos
Dr Doppelganger: Miriam, por favor ¿Puede tomar los datos de las hermanas?
Yafeti: ¿Miriam? Cuando sale a relucir una fulana de la Biblia, siempre pienso que es puta. Me dicen Judith, Dalila, nosequién...y yo respondo, ah, sí, la que era puta, la Verónica.
Miriam: Jajajaja. No lo había pensado, pero cuando me llaman por mi nombre me vienen a la memoria los sabores de la infancia, cuando mojas la Miriam en el té y la levantas...y quedan esas gotitas...y yo decía, carajos, que poético me parece todo esto.
Dr Doppelganger: ¡Esto te lo inventaste tú, perversa! Me voy (entra a su consultorio).
Miriam: ¿Nombres de ambas?
Kitizia: Kitizia y Yafeti
Miriam: ¿Es incómodo ser mellizas?
Kitzia: No, nunca. La quiero cerca. La quiero conmigo. Si vuelvo a nacer, ¡quiero!, ¡exijo!, que mi hermana sea la misma.
Yafeti: Yo también te quiero mucho, hermana, pero no me hagas repetirlo muy seguido...y mucho menos en público.
Miriam: No sé. Cuando te acostumbras a vivir sola, haces cosas que te da la gana y que sabes que nadie va a juzgar. Como cuando me caí rodando y me hice heridas en las rodillas. Luego, luego, al llegar a casa me las embadurné de merthiolate y me dibujé la pierna entera de estrellitas, soles, lunas. No se me quitó en varios días, y recuerdo estar en el trabajo, en una reunión, yo muy seria, toda formal, pensando en el universo naranja que llevaba pintado debajo.
Kitzia: Ella quiso decir que en lo privado somos eternos por un instante
Yafeti: Al anochecer, habrá de reclamarla un espejismo
Miriam: ¿Solteras o casadas?
Yafeti: Cosidas a la cadera.
Miriam: Jajajaja. Yo oí decir que cuando te casabas, luego probabas el rollo gay a ver si te convencía o algo así...
Yafeti: La prueba de fuego, en buen plan...jajaja
Miriam: Ya en serio, mami. Yo he tenido este raro sentimiento que tengo un alma gemela...viviendo una vida gemela y separada al momento de nacer
Kitiza: Estas describiendo un doppelganger
Miriam: No sé. Imagino que tengo una alma gemela a la que jamás he visto. Pisamos las mismas calles, visitamos los mismos rincones, conocemos la misma ciudad, los mismos perros callejeros, probamos los mismos cócteles y sabemos a qué saben los mismos platos de ciertos lugares. Desde que la busco, usamos la misma ropa pero distinto color. Su cara tiene la forma de un espejo y la mía es tan pequeña que cabe en un alfiler. Mi casa está cerca de su trabajo, mi trabajo es parte del suyo, y aunque estamos tan cerca, no nos veremos jamás. Ella me invita a conciertos de Enrique Iglesias a los que no irá, y yo le ofrezco mi casa cuando me voy de viaje, y si algún día coincidimos por la calle, no me reconocerá.
Kitizia: El doppelganger es la exacta copia de una persona, pero ellos se ubican en lugar distante, por eso el término alemán que significa ‘doble caminante”...
Miriam: “Doble caminante”...já
Kitizia: O cuerpo beta es lo apropiado.
Miriam: Por otro lado, podría tratarse de mi maestro de gimnasia igual usando un vestido robado de mi closet.
Kitizia: El poeta Gustavo Becquer vio a su doble. La elegante dama Amalia Clementina, hija del Emperador Maximiliano, vio su imagen como espejo, mientras caminaba por el jardín una mañana. Un mes después murió de sarampión.
Miriam: ¡Achuuu!
Yafeti: Salud
Miriam: (limpiando sus lentes) Gracias, acabo de estornudar una nube de clarividencia. Es tan limpia y resplandeciente que duelen los ojos al mirarla, pero he descubierto un ave del paraíso flotando en la nube, que me trae mensajes imposibles de comprender. Me dice que tú eres la niña de mis ojos, el par quiero decir, pero con estas gafas de plástico me voy a quedar definitivamente ciega.
Kitizia: ¡Achuuu!
Yafeti: ¿Contagio?
Kitizia: Un acto reflejo
Miriam: (saca el espejo de su bolso de mano) Si, mira. Allí estás tú
Kitizia: (se mira al espejo) Es cierto, soy yo. Mira, hermana
Yafeti: (toma el espejo, se asoma y lo devuelve a su dueña) Yo no te veo mucho parecido con ella. Tiene más cara de estúpida.
Miriam: (guarda su espejo) Se me ocurrió el juego de intentar elegir la cara con la que más identificada me sentía y compruebo que hay gente que por mucho que adelgace, siempre le aprieta la ropa interior
Yafeti: Yo le doy una importancia igual a ocho dieciseisavos.
Miriam: ¿Actividad que desarrollan?
Kitizia: Tenistas, especialmente de juego de dobles.
Yafeti: Mi hermana y yo vamos a viajar a Inglaterra...Winbledom, para ser más precisas.
Miriam: ¿Para jugar el Torneo de Copa?
Yafeti: No precisamente, sino para que mi hermana aprenda a manejar. Es el único modo.
Miriam: Yo también he decidido olvidarme de lo que quiero conseguir, no vaya a ser que el azar se convierta en recompensa y me crea que yo tengo algo que ver con lo que pueda venir.
Kitizia: Curioso cuadro.
Miriam: El gong llama dos veces.

(las mellizas regresan a hojear las revistas en la sala de espera. El Dr Doppelganger llega apurado)

Miriam: Buenas tardes, Doctor
Dr Doppelganger: Demasiado tardes, no tuve otra alternativa que estacionarme en doble fila.
Miriam: ¿Desea que le prepare un café?
Dr Doppelganger: Por favor, Miriam.
Miriam: Doctor, cada vez que tomo un café con leche, me duele el ojo derecho
Dr Doppelganger: Quite la cucharilla de la taza, señorita Miriam.
Miriam: Gracias, Doctor. Últimamente vivo como si tuviera catarro. Escucho todo lejano, no tengo paladar, y cuando voy a dar una noticia importante, se me pierde a mitad de un síncope.
Dr Doppelganger: Por eso es mi recepcionista favorita.
Kitzia: Hey...camina, hermana
Yafeti: (es empujada) ¿Por qué? ¿A dónde?
Kitzia: (señala) Él es el Dr Doppelganger Beta
Yafeti: (lo revisa de arriba abajo) ¿En que lo notaste?
Kitzia: ¿No ves el parecido?
Yafeti: Sí, pero es una improbabilidad. Una invención. Una fata morgana
Kitzia: (golpea el hombro con la raqueta) Dr Doppelganger beta, yo presumo.
Dr Doppelganger: He llamado al banco hoy para saber si aún existo. Parece que sí, pero poco.
Kitzia: Tenemos un par de problemas
Dr Doppelganger: Diga dos
Kitizia: Dos
Dr Doppelganger: Es un chiste viejo
Yafeti: Yo soy bipolar, mi hermana es doble cara.
Dr Doppelganger: Tómense dos aspirinas y guarden mucho reposo.
Yafeti: Estamos desesperadas, doctor
Kitzia: Para empezar, debemos regresar al circo.
Dr Doppelganger: Ya veo. ¿Han probado correr en sentidos opuestos?
Yafeti: No lo habíamos considerado. ¿Tú qué dices, hermana?
Kitzia: El principio es como ir de Maratón a Atenas y que cuando llegue, estén todos muertos…y tú, dormida.
Yafeti: Claro, algo así no pasa desapercibido.
Kitizia: Locura
Yafeti: En sus marcas, listas…¡fuera!

(las mellizas son separadas en el acto)

Kitizia: Se me ha muerto la mitad del cuerpo y la otra mitad llora desconsoladamente por recuperarlo.
Yafeti: Yo pude huir de tu carrera, buscando tus ojos en la línea de foul.
Dr Doppelganger: Asunto arreglado. Miriam es mi asistente temporal, resuelvan con ella mis honorarios.
Yafeti: Ya nos conocimos
Dr Doppelganger: Miriam, por favor ¿Puede cobrarles y darles un recibo a las hermanas?
Kitzia: ¿Podemos quedar a la mitad?
Dr Doppelganger: Ustedes son de esas personas que les gustaría vivir en un mundo gratis. Sentir que nada vale nada, que todo lo material nos diera igual a todos por igual
Yafeti: A partir de ahora he decidido no utilizar el cuello. Prescindo de él, ya no lo quiero. He decidido no girar, ni mover, ni torcer la cabeza. No mirar a nadie por encima del hombro, ni afirmar ni negar con gestos. A partir de ahora, los collares se caerán por su propio peso, las orejas me rozarán los hombros y mi cuerpo estará pegado a mi cabeza sin necesidad de mostrar esa apariencia de fenómeno genético. Ya no habrá besos por el cuello, ni estrangulamientos. Ya no habrá cuello. Si quiero mirar a la derecha tendrá que ser con el cuerpo entero. Ya luego pienso si necesito para algo el dedo índice de la mano izquierda también.
Dr Doppelganger: Me conformo con una cena.
Kitzia: ¿Qué diablos se cree? Por supuesto que no vamos a salir con un desconocido
Yafeti: Dos desconocidos, sí
Kitizia: El dúo Deno.
Dr Doppelganger: ¡Esto te lo inventaste tú, perversa! Me voy (entra a su consultorio)
Miriam: ¿Qué harán ahora que son libres?
Kitizia: Dedicarme al dolce fare niente
Yafeti: Escaparme al concierto de esta noche. ¡Enrique Iglesias viene...viene a cantar al WTC!... ¿Ya te lo habían dicho?
Miriam: Dos veces
Yafeti: ¡Oh, yo adoro a ese hombre!
Miriam: Compraría un beso de Enrique Iglesias si pudiera quedármelo y usarlo una y otra vez. Así no tendría que soñarlo. No tendría que pedirlo. Entonces sería mío, pero con el tiempo lo dejaría como una figurita más en la estantería, se llenaría de polvo, y algún día, al hacer limpieza, terminaría en una caja llena de recuerdos junto con todos los demás.
Kitizia: ¡Te lo dije, linda! ¡Qué chingaos se va a acordar el tipo de nosotras!
Yafeti: No lo creo. ¡Vayamos por tu saxofón!
Miriam (viéndolas marcharse) No quise que lo supieran, pero encontré a Enrique Iglesias hace ya muchos años, durante una clase de disección. Mientras presionaba el bisturí lenta y minuciosamente por la húmeda panza de una rana, enseguida le ví. Asomándose por el tejido viscoso, abriendo los ojos con gran dificultad después de haber vivido a oscuras durante tanto tiempo. En cuanto nos miramos a los ojos descubrí que llevaba mucho tiempo viviendo a espaldas de la alegría. Tiré de sus brazos para sacarlo de allí, y corrimos riendo a casa. Le ayudé a ducharse, mientras me abrazaba sin parar. Terminamos los dos empapados, riéndonos, estrechando lazos. Y con el tiempo nos hemos llegado a conocer de tal forma, que si algún día vuelvo a disecar una rana, prometo no mirar lo que hay dentro. (cambia la foto del monitor a Luis Miguel) Aunque si alguna vez no lo consigo, y miro, y me enamoro de otro príncipe, si alguna vez me apetece acostarme con otro cantante, prometo tragarme ese sapo, y morir hinchada en mi propia infidelidad.

TELON

domingo, noviembre 04, 2007

Lourdes Franyuti: Serrat vs Sabina




Dos pájaros de un tiro”. Bien elegido el nombre para un concierto de esta talla. Para los afortunados que asistimos y nos extasiamos con la música de estos dos cantautores, no podemos hacer otra cosa que transmitir, así sea brevemente, las emociones percibidas de tan grata experiencia.

Fecha: Miércoles 31 de octubre 2007. Lugar: Auditorio Nacional. México, D. F.
El reloj marca las veinte horas y treinta minutos. Las miles de almas que esperamos ansiosas el inicio del show, aclamamos a una vez, la presencia de estos personajes en el escenario, aplausos y silbidos, hasta que finalmente que las luces se apagan. Un estruendo en el corazón de todos los espectadores nos hace vibrar al escuchar la primera canción Hoy puede ser un gran día; se oyen los piropos, se lanzan besos de admiración y se levantan las bufandas recién adquiridas y que hacen alusión al Concierto.

El espectáculo ha comenzado, y los protagonistas se encargan de extraer desde lo más hondo de su ser, el repertorio de canciones. Los años ya han pasado por ellos; se les ve en el rostro, si bien su amor por la poesía no se arrugará, así pasen veinte años más. Después de cantar Aves de paso, Joan Manuel Serrat pregunta a su compañero:

“¿Crees que las musas tienen dueño?”.

Joaquín Sabina contesta: “No tienen dueño, nunca lo tendrán”.

Serrat le vuelve a preguntar con suma extrañeza: “¿Cómo es posible que las musas no tengan dueño si son la inspiración del poeta?”.

Sabina confirma su postura…

La discusión sigue; a Serrat no le queda más remedio que finalizar la charla enfatizándole a su gran amigo que, efectivamente, sus musas jamás tendrán dueño si toda su vida ha tenido que pagar para poder inspirarse: “El poeta les habla a las musas; tú les hablas a las putas”.

Risas y carcajadas se escuchan por doquier.

Entre verso y música, Serrat y Sabina intercambian letras y anécdotas, haciendo que el público ría, cante, baile dentro y fuera de sus asientos. Con sarcasmo, Joan Manuel Serrat comenta el sentir de Joaquín Sabina antes de hacer sus presentaciones: “Mi amigo llega hecho un guiñapo y se encierra en los camerinos. A medida que el show avanza y se va estremeciendo con los aplausos de todos ustedes, se engrandece y podemos decir que canta más o menos”.

El público lo celebra con gritos y carcajadas, haciendo que Serrat haga un alto. Continúa su plática, y ahora pide un favor a cualquiera de las parejas que allí se encuentran: “Si la noche se torna romántica y como resultado de ese romanticismo surge una semilla, y ésta a su vez germina, pasan nueve meses y de ese amor nace una nena, ¡por favor, bautícenla con el nombre de Joaquina!. Les aseguro que cantará como los mismos ángeles”.

La gente vuelve a emocionarse silbando y riendo.

Serrat espera a que se haga el silencio y sugiere: “No hagan caso, es mejor que la bauticen con el nombre de Penélope Lucía”.

A lo largo de dos horas ambos van cantando sus éxitos, entre otros Penélope, Mediterráneo, Fiesta, Contigo, Y sin embargo, A la orilla de la chimenea, Y nos dieron las diez, Pastillas para no soñar; ésta última a ritmo de bombo y platillo.

Es así como se despiden. Es sabia la frase que dice: “Por amor al arte”. No cabe duda que así pasen los años, el que hace su trabajo llevando como lema la frase citada, obtiene grandes resultados. La respuesta del público no se deja esperar: pide más, más y más. Serrat y Sabina vuelven al escenario tres veces, interpretando, por supuesto, las infalibles Cantares, La del pirata cojo y muchas más.

Una vez que las luces se encenden, los ríos de gente fluyen por todas las salidas llevando consigo el deleite de estos dos grandes poetas, confesándoles que uno se queda con la duda: Si me dan a elegir de entre todas las vidas, ¿elegiría la del pirata cojo?. Podría ser la vida más viable, ésa que nos conduce a la aventura. Pero, haciendo una buena conciencia y analizando lo que nos resta por vivir, podemos concluir que no hay camino, se hace camino al andar.

“Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar…”.

Serrat y el vino: Una entrevista



El vino le canta a Serrat.

Colgado de un barranco / duerme mi vino blanco… no es exactamente lo que dice el verso de Joan Manuel Serrat, pero podría… Desde 1998, el cantautor catalán se dedica también a la vitivinicultura en un área con cañadas de vértigo.

El accidentado paisaje de Priorato (Tarragona, España) exige carreteras torcidas complicadas de recorrer. Una región hasta hace poco remota, la comarca ya cuenta con dos prestigiosas denominaciones de origen vinícola: la DO Calificada y la DO Montsant.
Ambas denominaciones se encuentran dentro de Mas Perineo, la finca de Joan Manuel Serrat que abarca cerca de trescientas hectáreas. Serrat nos recibe espontáneo, como si ya nos conociéramos desde antes. Claro, nosotros conocíamos algo de él gracias a las letras de sus canciones. Tiene un aire entre socarrón y serio. El perfil mediterráneo de su rostro evoca a esos despeñaderos de la finca. El cantautor me invita a pasar a una sala para conversar. Su voz es serena y amistosa. Es un hombre sabio que ha recorrido un sinnúmero de caminos de la tierra, del mar, del aire y del alma. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, Serrat es consecuente con sus palabras. A sus 63 años –y recién superada una grave enfermedad- es como la cepa antigua que ofrece el mejor vino; como el suyo llamado Gotia (que significa Cataluña”, según los antiguos godos), elaborado con las cepas más viejas de la finca.

¿Alguna canción dedicada al vino?
Monográficamente no; pero el vino está presente en muchas canciones mías. Y el agua también; incluso más. No, no he escrito ninguna canción específica dedicada al vino. En temáticas como Mediterráneo, lo he usado para redondear muchas canciones, porque el vino ha sido un compañero a lo largo de mi vida; mucho antes de tener una bodega y producir vino.

¿Miente el vino?
Cuando canto “miente como el vino”, no significa que el vino sea mentiroso, sino que el vino es propenso a la fantasía y a la imaginación. Por otra parte, es obvio que a la persona embustera el vino le facilita el embuste.

¿Es musa el vino?
No lo aconsejaría como estimulante de creatividad, sino de sensaciones. En el proceso creativo hay que partir de un estado físico asentado. Yo no formo parte de los artistas del siglo XIX y principios del XX, que utilizaban absenta para despertar a la imaginación. Sobrio he escrito mejores cosas que bajo efectos estimulantes. En cambio –con su justa medida-, creo en todo aquello que contribuya a la agudización de las sensaciones, los estímulos y la sensibilidad. El vino es buen compañero siempre y cuando se tome de manera juiciosa y ordenada. Es muy agradable y muy agradecido si a uno no se le va la mano.

¿Hace giras para promover sus vinos?
No. Atiendo a la gente que se interesa por el vino. Yo no hago giras vinateras, solo giras musicales.

¿Cuántas botellas produce Mas Perineo al año?
El último año producimos alrededor de doscientas mil botellas de vino entre nuestras cuatro marcas: Mas Perineo, Mas Perineo Plus, Clos María –un blanco- y Gotia.

¿Cuántas canciones compone al año?
Componer es muy diferente a producir vino, por supuesto. La producción de vino es controlable dentro de lo que cabe. Nunca produces lo mismo ni en cantidad ni en calidad: cada año el brote de la planta y el producto son distintos; pero es previsible casi todo lo que pueda ocurrir. Esto no sucede al escribir. Componer canciones jamás me dio otro apuro más que mi propio compromiso de trabajo, y esto no siempre da resultado. Soy un hombre que escribe a diario en los periódicos en que se propone a hacerlo. Nunca espero a que me llegue la inspiración.

Últimamente, ciertas celebridades (Ronaldo, Butragueño, Lluis Llach) han fundado bodegas vitivinícolas. ¿A qué se debe esto?
Yo puedo hablar por mí. Algunos se involucran en hacer vino hasta las cejas. Otros sencillamente ponen la cara. Entre uno y otro existe un abanico de gente. En mi caso si te fijas, ni siquiera en la etiqueta de las botellas de mi vino se pone ninguna referencia sobre mí. No me sentiría cómodo haciendo este tipo de promoción.

¿Por qué producir vinos?
La uva es un producto agrícola especialmente artístico. La uva y el vino, igual que el olivo y el aceite, son dos productos de una gran creatividad. Esta mañana que llegué aquí, lo primero que hice fue ir a ver los racimos recién salidos. Todavía son pequeños como perdigones. Están muy tiernos, un viento fuerte los arranca. Son tan lindos.
Entrevista realizada por Alberto Manuel Sánchez y Carlos Sánchez Pereyra.
Cataluña. Revista Vuelo. Octubre 2007. pág. 51-55.

sábado, noviembre 03, 2007

NoamI Klein: La doctrina del shock




El nuevo libro de Naomi Klein
La doctrina del shock (video subtitulado)

La canadiense Naomi Klein ha editado su flamante libro, La doctrina del shock (el auge del capitalismo de desastre), que todavía no existe en castellano. The shock doctrine (su título original) surge de la relación entre las políticas de shock neoliberal de las últimas décadas, comparadas con los verdaderos shocks eléctricos aplicados a prisioneros y enfermos como modo de doblegarlos, domesticarlos, e imprimir sobre ellos una nueva personalidad. Con las sociedades está ocurriendo lo mismo, dice Klein, quien sostiene que el principal recurso contra este modo de dominación es la información. Aquí, el impresionante video que acompaña la salida del libro.




“Este libro es un desafío a la afirmación central y más valorada en la historia oficial – que el triunfo del capitalismo desregulado nació de la libertad, y que los mercados libres irrestrictos van mano en mano con la democracia. En su lugar, mostraré que esta forma fundamentalista de capitalismo ha sido consistentemente traída a la vida por las formas más brutales de coerción, infligidas al cuerpo político colectivo así como a innumerables cuerpos individuales.” Así comienza la canadiense Naomi Klein su nuevo libro, The shock doctrine (La doctrina del shock). Klein es la autora de No logo, Vallas y ventanas (y más recientemente, del prólogo de la edición norteamericana de Sin Patrón, de lavaca). Esta nueva obra plantea una recorrida por su hipótesis de que las sociedades modernas son sometidas a verdaderos electroshocks (y cabe agregar que el sistema de torturas aplicado en la Argentina por el régimen militar es tal vez la expresión más cabal al respecto) que permiten ablandarlas y someterlas a la aplicación de políticas neoliberales sin anestesia, tal cual lo pregonó el economista Milton Friedman y tal como lo aplicaron desde dictaduras latinoamericanas hasta gobiernos como el de Margaret Thatche en Inglaterra, o los de los Estados Unidos en general. La idea es que una matanza, un desastre natural, o cualquier hecho conmocionante abre paso a la posibilidad que Friedman pone como condición para que se aplique la política del shock a una sociedad domesticada por el miedo o el terror. Así, pueden formar parte de esta doctrina tanto los golpes de Estado latinoamericanos, como la guerra de Malvinas, la matanza Tiananmen en China, los atentados a las Torres Gemelas o los desastres naturales que cada vez parecen más cotidianos: herramienta de shock para justificar luego políticas económicas de privatización, depredación, concentración de la economía en pocas manos, desempleo, empobrecimiento y hambre a costa del sometimiento de sociedades enteras. Naomi Klein empieza por investigar los experimentos de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA), con la tortura por electroshock como forma de “desesquematización” de los detenidos o internados. Luego comienza la descripción sobre cómo esos tormentos, ese shock eléctrico, es comparable a las políticas de un capitalismo que de otro modo no podría generar la dosis suficiente de atontamiento, miedo y parálisis que le permite doblegar a grandes sectores de las sociedades modernas.



Pero el mensaje del libro, y del documental que presentamos aquí, no queda sólo en la denuncia y la indignación. Naomi plantea que el arma de resistencia frente a este modelo de cosas es la información. Saber lo que ocurre y cómo, para poder generar pensamiento y acción que abran espacio a la vida. Aquí publicamos además la entrevista que en Democracy Now le hiciera a Naomi Klein la periodista Amy Goodman, un modo de ir adentrándose en el contenido de La doctrina del shock.






La entrevista





Amy Goodman: Me alegra que esté con nosotros, Naomi. ¿Por qué no comienza por hablar sobre lo que considera exactamente que es la doctrina del choque?





Naomi Klein: Bueno, la doctrina del choque, como todas las doctrinas, es una filosofía de poder. Es una filosofía sobre cómo lograr sus propios objetivos políticos y económicos. Y es una filosofía que sostiene que la mejor manera, la mejor oportunidad, para imponer ideas radicales de libre-mercado es en el período subsiguiente después de un gran choque. Ahora bien, ese choque podría ser una catástrofe económica. Podría ser un desastre natural. Podría ser un ataque terrorista. Podría ser una guerra. Pero la idea, como acabáis de ver en la película, es que esas crisis, esos desastres, esos choques ablandan a sociedades enteras. Las dislocan. La gente se desorienta. Y se abre una ventana, exactamente como la ventana en la cámara de interrogatorio. Y en esa ventana, se puede introducir lo que los economistas llaman la “terapia de choque económico.” Es una especie de extrema cirugía de países enteros. Es todo de una vez. No es, sabe, una reforma por aquí, otra reforma por allá, sino el tipo de cambio radical que vimos en Rusia en los años noventa, que Paul Bremer trató de imponer en Iraq después de la invasión. De modo que eso es la doctrina del choque. Y no significa que se pretenda que los derechistas en una época contemporánea sean los únicos que han explotado alguna vez una crisis, porque esta idea de explotar una crisis no es única en cuanto a esta ideología en particular. Los fascistas los han hecho. Los comunistas estatales lo han hecho. Pero se trata de un intento de comprender mejor la ideología con la que vivimos, la ideología dominante de nuestros días, que es la economía de mercado desinhibida.






AG: Explique quién es Milton Friedman, al que arrostra enérgicamente en este libro.






NK: Bueno, arrostro a Milton Friedman porque es el símbolo de la historia que estoy tratando de cuestionar. Milton Friedman murió el año pasado. Murió en 2006. Y cuando murió, vimos como lo describieron en tributos muy pomposos como si fuera probablemente el intelectual más importante del período de la posguerra, no sólo el economista más importante, sino el intelectual más importante. Y considero que se puede construir un argumento contundente en ese sentido. Fue consejero de Thatcher, de Nixon, de Reagan, del actual gobierno de Bush. Dio clases a Donald Rumsfeld en los primeros días de su carrera. Asesoró a Pinochet en los años setenta. También asesoró al Partido Comunista de China en el período clave de reforma a fines de los años ochenta. Así que tuvo una influencia enorme. Y hablé el otro día con alguien quien lo describió como el Karl Marx del capitalismo. Y creo que no es una mala descripción, aunque estoy segura de que a Marx no le habría gustado demasiado. Pero fue realmente un popularizador de estas ideas. Tenía una visión de la sociedad, en la que el único papel aceptable para el Estado es implementar contratos y proteger fronteras. Todo lo demás debe ser abandonado por completo al mercado, sea la educación, los parques nacionales, la oficina de correos, todo lo que podría producir un beneficio. Y realmente vio, supongo, que las compras – la compra y la venta – constituyen la forma más elevada de democracia, la forma más elevada de la libertad. Y su libro más conocido fue “Capitalism and Freedom” [Capitalismo y libertad]. De modo que cuando murió el año pasado, a todos nos sirvieron un recuento de la versión oficial de cómo esas ideas radicales de libre-mercado llegaron a dominar el mundo, cómo barrieron por la antigua Unión Soviética, Latinoamérica, África, cómo esas ideas triunfaron durante los últimos treinta y cinco años. Y me impresionó tanto, porque yo estaba escribiendo este libro, que nunca habíamos oído hablar de violencia, y nunca oímos hablar de crisis, y nunca oímos hablar de choques. Quiero decir, la historia oficial es que estas ideas triunfaron porque deseábamos que así fuera, que el Muro de Berlín cayera, y la gente exigió tener sus Big Macs junto con su democracia. Y la historia oficial del auge de esta ideología pasa de Margaret Thatcher diciendo: “No hay alternativa,” a Francis Fukuyama diciendo: “La historia ha terminado. El capitalismo y la libertad van mano en mano.” Y por lo tanto, lo que trato de hacer con este libro es contar la misma historia, las coyunturas cruciales en las que esta ideología ha dado un salto adelante, pero reinserto la violencia, reinserto los choques, y digo que existe una relación entre las masacres, entre las crisis, entre los grandes choques y golpes duros contra países y la capacidad de imponer políticas que son realmente rechazadas por la vasta mayoría de la gente de este planeta.



A. G: Naomi, usted habla de Milton Friedman. Expándalo a la “Escuela de Chicago.”





N. K: Correcto. De modo que la influencia de Milton Friedman proviene de su papel como el popularizador real de lo que es conocido como la “Escuela de Economía de Chicago.” Enseñó en la Universidad de Chicago. Estudió, en realidad, en la Universidad de Chicago, y luego pasó a ser profesor allí mismo. Su mentor fue uno de los economistas más radicales del libre mercado de nuestra época, Friedrich von Hayek, quien también enseñó durante un tiempo en la Universidad de Chicago. Y la Escuela de Economía de Chicago realmente representa esta contrarrevolución contra el Estado de bienestar. En los años cincuenta, Harvard y Yale y las 8 escuelas más prestigiosas de EE.UU. tendían a estar dominadas por economistas keynesianos, gente como el difunto John Kenneth Galbraith, que creía enérgicamente que después de la Gran Depresión, era crucial que la economía sirviera como una fuerza moderadora del mercado, que suavizara sus aristas. Y esto fue realmente el nacimiento del Nuevo Trato, del Estado de bienestar, todas esas cosas que actualmente hacen que el mercado sea menos brutal, sea alguna especie de sistema público de salud, seguro de desempleo, asistencia social, etc. Fue realmente – el período de posguerra fue un período de tremendo crecimiento económico y prosperidad en este país y en todo el mundo, pero realmente afectó los márgenes de beneficio de la gente más acaudalada en EE.UU., porque fue el período en el que la clase media realmente creció y explotó. Así que la importancia del Departamento de Economía de la Universidad de Chicago es que realmente fue un instrumento de Wall Street, que financió muy, muy, considerablemente a la Universidad de Chicago. Walter Wriston, el jefe de Citibank, era muy amigo de Milton Friedman, y la Universidad de Chicago se convirtió en una especie de zona cero de esta contrarrevolución contra el keynesianismo y el Nuevo Trato para desmantelarlo. De modo que en los años cincuenta y sesenta, fue visto como muy, muy, marginal en EE.UU., porque el gran gobierno y el Estado de bienestar y todas esas cosas que se han convertido en algo como palabrotas en nuestro léxico gracias a la Escuela de Chicago – no tuvieron acceso a las salas del poder. Pero eso comenzó a cambiar. Comenzó a cambiar cuando Nixon fue elegido, porque Nixon siempre estuvo muy unido a Milton Friedman, aunque Nixon decidió no abrazar esas políticas en el interior, porque se dio cuenta de que perdería la próxima elección. Y creo que aquí es donde se ve por primera vez la incompatibilidad de estas políticas de libre mercado con una democracia, con la paz, porque cuando Nixon fue elegido, Friedman fue introducido como asesor – contrató a todo un grupo de economistas de la Escuela de Chicago. Y Milton Friedman escribe en sus memorias que pensó que por fin había llegado su hora. Los trajeron desde los márgenes, y esta especie de grupo revolucionario de contrarrevolucionarios iba finalmente a desmantelar el Estado de bienestar en EE.UU. Y lo que sucedió en realidad es que Nixon, miró alrededor, consideró los sondeos y se dio cuenta de que si hacía lo que aconsejaba Milton Friedman, perdería con seguridad la próxima elección. Y por lo tanto, hizo lo peor posible, según la Escuela de Chicago: imponer controles de salarios y precios. Y la ironía es que dos figuras clave de la Escuela de Chicago, Donald Rumsfeld, que había estudiado con Friedman como una especie de – supongo que en cierto modo fue como oyente a sus cursos; no estuvo matriculado como estudiante, pero describe su período como estudio a los pies de genios, y se describe como “joven cachorro” en la Universidad de Chicago – y George Shultz fueron las dos personas que impusieron controles de salarios y precios bajo Nixon y cuando Nixon declaró: “Ahora somos todos keynesianos.” Así que para Friedman esto constituyó una terrible traición, y también lo hizo pensar en que tal vez no se podía imponer esas políticas en una democracia. Y Nixon dijo genialmente: “Ahora somos todos keynesianos,” pero la pega es que no impuso esas políticas en el interior del país, porque le habrían costado la próxima elección, y Nixon fue reelegido con un margen de un 60% después de imponer controles de salarios y precios. Pero desató a la Escuela sobre Latinoamérica y convirtió a Chile, bajo Augusto Pinochet, en un laboratorio para esas ideas radicales, que no eran compatibles con la democracia en EE.UU. pero infinitamente posibles bajo una dictadura en Latinoamérica.





A. G: Explique lo que ocurrió en Chile.





N. K: Bueno, creo que los televidentes y auditores de Democracy Now! conocen ese capítulo en la historia, que fue que después de la elección de Salvador Allende, la elección de un socialista democrático, en 1970, hubo un complot para derrocarle. Nixon dijo genialmente: “Que la economía grite.” Y el complot tuvo numerosos elementos, un embargo, etc. y finalmente el apoyo para el golpe de Pinochet el 11 de septiembre de 1973. Y escuchamos hablar a menudo de los Chicago Boys en Chile, pero no escuchamos tantos detalles sobre quiénes fueron en realidad. Y por lo tanto, lo que hago en el libro es volver a contar ese capítulo de la historia, pero, para mí, la agenda económica del gobierno de Pinochet es mucho más frente y centro, porque pienso que conocemos los abusos de los derechos humanos, sabemos las redadas realizadas por Pinochet, cómo llevó a la gente a los estadios, las ejecuciones sumarias, la tortura. Sabemos algo menos sobre el programa económico que impuso en la ventana de oportunidad que le brindó el choque de ese golpe. Y es donde encaja en la tesis de la doctrina del choque. Pienso que si se observa a Chile – y por eso pasé un buen tiempo en el libro observándolo y examinándolo – vemos a Iraq. Vemos a Iraq actual. Vemos tantas similitudes entre la intersección de una crisis manufacturada y la imposición posterior inmediata de una terapia de choque económico radical. De modo que pienso en la especie de paralelos entre el período de Paul Bremer en Iraq, cuando fue a Bagdad mientras la ciudad todavía ardía y simplemente – ya sabe, llegué al programa en la época hablando de como había desgarrado toda la arquitectura económica del país y la había convertido en este laboratorio de las políticas de libre mercado más radicales posibles. Bueno, en Chile, el 11 de septiembre de 1973, mientras los tanques rodaban por las calles de Santiago, mientras el palacio presidencial ardía y Salvador Allende yacía muerto, hubo un grupo de así llamados “Chicago Boys,” que eran economistas chilenos que habían sido llevados a la Universidad de Chicago para estudiar con una beca total del gobierno de EE.UU. como parte de una estrategia deliberada para tratar de orientar hacia la derecha a Latinoamérica, después de que se había ido tan lejos hacia la izquierda. Fue un programa muy ideológico financiado por el gobierno de EE.UU., parte de lo que el ex ministro de exteriores de Chile llama “un proyecto de transferencia ideológica deliberada,” es decir, llevar a esos estudiantes a esa escuela muy extrema en la Universidad de Chicago e indoctrinarlos en un tipo de economía que era marginal en EE.UU. en la época y luego enviarlos a casa como guerreros ideológicos. De modo que este grupo de economistas, que habían fracasado en el intento de ganar a los chilenos para sus puntos de vista cuando sólo formaban parte de un debate abierto, se quedaron en vela toda esa noche, el 11 de septiembre de 1973, y fotocopiaron un documento llamado “el ladrillo.” Es conocido como “El Ladrillo.” Y lo que era, era el programa económico para el gobierno de Pinochet. Y tiene esas sorprendentes similitudes, Amy, con la estrategia electoral de George Bush en 2000 – la plataforma electoral. Habla de una sociedad de propiedad, de la privatización de la Seguridad Social, de escuelas por contrato, impuesto de tipo único. Todo esto proviene directamente del guión de Milton Friedman. El documento estuvo en el escritorio de los generales el 12 de septiembre, cuando llegaron al trabajo el día después del golpe, y fue el programa para el gobierno de Pinochet. Así que lo que hago en el libro es decir que estas dos cosas no constituyen una coincidencia. Cuando Pinochet murió – también murió – poco antes que Milton Friedman – escuchamos – o, en realidad, murió poco después de Milton Friedman – escuchamos esta narrativa en sitios como el Washington Post y el Wall Street Journal, que decía: “Por cierto, desaprobamos sus violaciones de los derechos humanos,” y hacía como si hicieran gestos de desaprobación ante las atrocidades que sabemos en Chile, “pero en la economía fue sensacional,” como si no hubiera conexión entre la revolución de libre mercado que pudo imponer y las extraordinarias violaciones de los derechos humanos que tuvieron lugar al mismo tiempo. Y lo que hago en el libro, y lo que hacen muchos latinoamericanos en su trabajo, es conectar evidentemente las dos cosas y decir que habría sido imposible imponer este programa económico sin la extraordinaria represión y la demolición de la democracia.






A. G: Hablemos del choque en el sentido de la tortura. Es donde usted comienza diciendo: “Vacío es hermoso.” Háblenos de eso.





N. K: Bueno, comienzo el libro estudiando dos laboratorios para la doctrina del choque. Como dije anteriormente, considero diferentes formas de choque. Uno es el choque económico, y el otro es el choque corporal, los choques a la gente. Y no van siempre juntos, pero lo han estado en las coyunturas cruciales. Es el choque de la tortura. Así que uno de los laboratorios para esta doctrina fue la Universidad de Chicago en los años cincuenta, cuando todos esos economistas latinoamericanos fueron entrenados para convertirse en terapeutas del choque económico. Otro – y no se trata de una especie de grandiosa conspiración, de que todo haya sido planificado, pero hubo otra escuela, que sirvió como una especie diferente de laboratorio del choque, que fue la Universidad McGill en los años cincuenta. La Universidad McGill fue el zona cero para los experimentos que la CIA financió para comprender cómo – básicamente cómo torturar. Quiero decir, fue llamado “control de la mente” en la época o “lavado de cerebros” en la época, pero ahora comprendemos, gracias al trabajo de gente como Alfred McCoy, quien ha estado invitado en su programa, que lo que investigaban realmente en los años cincuenta bajo el programa MK-ULTRA, cuando hubo esos experimentos en electrochoques extremos, LSD, PCP, extrema privación sensorial, sobrecarga sensorial, que lo que realmente se desarrollaba era el manual que ahora podemos ver utilizado en Guantánamo y Abu Ghraib. Es un manual para deshacer personalidades, para la regresión total de personalidades, y la creación de esa ventana de oportunidad en la que las personas son muy sugestionables, como vimos en la película. Así que McGill, en parte porque creo que la CIA consideraba que era más fácil realizar esos experimentos fuera de EE.UU. –





A. G: McGill en Montreal.





N.K: McGill en Montreal. En aquel entonces, el jefe de psiquiatría era un individuo llamado Ewen Cameron. En realidad se trataba de un ciudadano estadounidense. Fue anteriormente jefe de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense, lo que creo que es bastante relevante en cuanto a los debates que tienen lugar ahora mismo sobre las complicidades en la profesión psiquiátrica con las actuales técnicas de interrogatorio. Ewen Cameron era jefe de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense. Fue a McGill para ser jefe de psiquiatría y para dirigir un hospital llamado el Allan Memorial Hospital, que era un hospital psiquiátrico. Recibió financiamiento de la CIA, y convirtió el Allan Memorial Hospital en su laboratorio extraordinario para lo que ahora consideramos técnicas alternativas de interrogatorio. Dosificó a sus pacientes con esos extraños cócteles de drogas, como LSD y PCP. Los hizo dormir, en una especie de estado comatoso hasta durante un mes. Puso a algunos de sus pacientes en una privación sensorial extrema, y la intención era que perdieran la idea del tiempo y el espacio. Y lo que creía Ewen Cameron, o por lo menos lo que decía que creía, era que toda enfermedad mental es aprendida más tarde en la vida, que esos eran patrones que se establecían más adelante en la vida. Era un psicólogo conductual. Y así, en lugar de llegar a la raíz de esos problemas y de tratar de comprenderlos, creía que la manera de tratar la enfermedad mental era tomar a pacientes adultos y reducirlos a un estado infantil. Y es un hecho bien conocido – y era bien conocido en la época – que uno de los efectos colaterales de la terapia de electrochoque era la pérdida de la memoria. Y esto era algo que era considerado, realmente, como un problema por la mayoría de los doctores, porque los pacientes eran tratados, pueden haber informado sobre algunos resultados positivos, pero olvidaban toda clase de cosas sobre su vida. Ewen Cameron estudió esta investigación y pensó: “¡Ajá!, esto es bueno,” porque creía que eran los patrones que eran establecidos más adelante en la vida, que si podía hacer volver a los pacientes a un estado infantil, antes de que incluso poseyeran el lenguaje, antes de que supieran quienes eran, entonces esencialmente podía volver a criarlos, y entonces podría convertirlos en personas sanas. Así que ésta es la idea que atrajo la atención de la CIA, esta idea de inducir deliberadamente una regresión extrema.





A.G: Hable de la mujer a la que visitó en la casa de reposo, que había pasado por esto.





N.K: Sí. Comienzo el libro con el perfil de una mujer llamada Gail Kastner. Gail Kastner fue una de las pacientes de Ewen Cameron. Y leí sobre ella porque demandó con éxito al gobierno canadiense, que también financió a Ewen Cameron. Leí sobre su proceso, que acababa de lograr una importante victoria: recibió una indemnización porque había sido utilizada como conejillo de Indias en esos experimentos sin su conocimiento. Así que la llamé, en realidad obtuve su número de la guía telefónica. Y primero se mostró extremadamente reticente de hablar. Dijo que odiaba a los periodistas, y que le era muy difícil hablar al respecto, porque volvería a vivir todas esas experiencias. Y yo dije, bueno – ella dijo: “¿De qué quiere que hable?” Y yo dije: “Bueno, acabo de volver de Iraq” y fue en 2004 – “y siento como que algo le ha sido hecho a usted, la filosofía de lo que le hicieron a usted, tiene algo que ver con lo que vi en Iraq, que fue ese deseo de dejar en blanco a un país y volver a comenzar de cero. E incluso pienso que algo de lo que vemos en Guantánamo con ese intento de imponer una regresión a los prisioneros mediante la privación sensorial y rehacerlos se relaciona también con lo que le sucedió a usted.” Y hubo una larga pausa. Y dijo: “Bueno, venga a verme.” Así que volé a Montreal, y pasamos el día hablando, y compartió su historia conmigo. Habla de sus sueños eléctricos, es decir, no posee muchos recuerdos de lo que le sucedió en este período, porque sufrió un choque tan extraordinario y borró su memoria. Regresó al punto en el que chupaba su pulgar, orinaba en el suelo, no sabía quién era, y no tenía ningún recuerdo de eso, ningún recuerdo de que hubiera sido hospitalizada. Sólo se dio cuenta, creo, veinte años después, cuando leyó un artículo sobre un grupo de otros pacientes que habían demandado exitosamente a la CIA. Y extrajo unas pocas líneas en los artículos de la prensa – regresión, pérdida de lenguaje – y pensó: “Un momento, esto me suena como si fuera yo. Me suena como lo que he oído decir sobre mi persona.” Y así, fue y consultó a su familia: “¿Estuve alguna vez en el Allan Memorial Hospital?” Y primero lo negaron, y luego lo admitieron. Pidió su archivo, y leyó que, sí, había sido admitida por el doctor Ewen Cameron, y vio todos esos tratamientos extraordinarios a los que había sido sometida.





A.G: Usted habló de Chile, hablemos de Iraq, de la privatización de la guerra en Iraq. Hoy tenemos esta noticia urgente de Iraq. El gobierno iraquí dice que anula la licencia de la compañía de seguridad estadounidense Blackwater por su participación en un tiroteo fatal en Bagdad el domingo. El portavoz del Ministerio del Interior, Abdul-Karim Khalaf, dijo que ocho civiles fueron muertos y trece heridos, cuando contratistas de seguridad, que se cree trabajan para Blackwater EE.UU. abrieron fuego en un vecindario predominantemente suní en el oeste de Bagdad. Khalaf dijo: “Hemos anulado la licencia de Blackwater y les impedimos que trabajen en todo el territorio iraquí. También pasaremos a los involucrados a las autoridades judiciales iraquíes.” No quedó en claro de inmediato si la medida contra Blackwater va a ser temporal o permanente. Naomi Klein, siga de ahí.





N. K: Bueno, es una noticia extraordinaria. Quiero decir, es realmente la primera vez que una de esas firmas mercenarias puede ser realmente considerada responsable. Sabe, como ha escrito Jeremy Scahill en su increíble libro “Blackwater: The Rise of the [World's] Most Powerful Mercenary Army,” el verdadero problema es que no ha habido procesamientos. Esas compañías trabajan en esa zona absolutamente gris y, o son boy scouts y nada ha ido mal, lo que no corresponde en nada a lo que sabemos sobre la forma como se comportan en Iraq y al tipo de vídeos que hemos visto en línea sobre sus ejercicios de tiro contra civiles iraquíes, o la ilegalidad y la inmunidad con la que trabajan las han protegido. Así que si esto significa – si el gobierno iraquí realmente va a expulsar a Blackwater de Iraq, podría ser realmente un hito en cuanto a someter a esas compañías a la ley y cuestionar toda la premisa de por qué se ha permitido que tenga lugar este nivel de privatización y de ilegalidad. Pero, sabe, mencioné que Donald Rumsfeld fue estudiante de Milton Friedman en los años sesenta, realmente, y el hecho sobre Donald Rumsfeld es que realmente fue más allá que su mentor, porque Milton Friedman, como dije anteriormente, creía que el único papel aceptable para el gobierno, era el mantenimiento del orden, eran las fuerzas armadas. Es lo único que pensaba realmente que debía hacer el gobierno; todo lo demás debía ser privatizado. Donald Rumsfeld estudió con Friedman, lo vio como un mentor, celebraba su cumpleaños con él todos los años, pero realmente llevó el asunto un paso más lejos, porque Rumsfeld creía que, realmente, el trabajo de mantenimiento del orden y del combate en la guerra también podía ser privatizado y subcontratado. Y lo dejó bien claro. Esta fue realmente su misión de transformación, que pienso que no es comprendida realmente, lo radical que fue. Sabe, escuchamos esta frase, y escuchamos a Bush elogiando a Rumsfeld por su visión radical de la transformación de las fuerzas armadas, y todo es esa especie de clichés que son difíciles de comprender, pero si miramos lo que fue el historial de Rumsfeld, fue que – sabe, escribo en el libro que lo que realmente hizo – se trata de alguien quien, después que dejó el gobierno de Ford, pasó un par de decenios trabajando en los negocios y realmente se consideraba un hombre de la nueva economía. Y, es algo en lo que pienso que la investigación que hice para “No Logo” realmente se entrecruza con esta etapa del capitalismo del desastre en el que estamos ahora mismo, porque Rumsfeld aprovechó la revolución en la percepción de marcas de los años noventa, en la proyección de marcas corporativos, en la que – y de eso es lo que escribí en “No Logo,” en la que estaban todas esas compañías que solían producir productos y anunciaron con gran fanfarria que ya no producen productos, producen marcas, producen imágenes, y pueden dejar que otros, algo como contratistas inferiores, hagan el trabajo sucio de fabricar realmente cosas. Y esa fue la especie de revolución en la subcontratación, y ése fue el paradigma de la corporación hueca. Rumsfeld proviene en mucho de esa tradición. Y cuando se estableció como Secretario de Defensa, llegó como lo hace un nuevo director general de la nueva economía que va a realizar una de esas reestructuraciones radicales. Pero lo que hizo fue tomar esa filosofía de esta revolución en el mundo corporativo y aplicarla a las fuerzas armadas. Y lo que supervisó fue el ahuecamiento de las fuerzas armadas estadounidenses, en el que esencialmente el papel del ejército es crear la percepción de marca, es mercadear, es proyectar la imagen de fuerza y dominación en el globo – pero subcontratando cada función, de la atención sanitaria – suministrando la atención sanitaria a los soldados – a la construcción de bases militares, que ya estaba ocurriendo durante el gobierno de Clinton, al papel extraordinario que Blackwater ha jugado y compañías como DynCorp, que – como sabe, como ha informado Jeremy, participan realmente en combates.





A.G: Y, en realidad, Blackwater que trabaja con soldados de Pinochet, pero en Iraq.





N. K: Sí, y quiero decir, esto es – vemos esas capas de continuidad. Quiero decir, Paul Bremer fue asesor de Kissinger durante el gobierno de Nixon cuando el apoyo para Pinochet fue tan fuerte. Así que existen todas esas capas de continuidad histórica. Y por eso, supongo, mi motivación para escribir el libro fue – no ha habido responsabilización por esos crímenes. Y en Latinoamérica, ha habido comisiones de la verdad, ha habido juicios. Los que estuvieron al centro de esta transformación muy violenta, mucho de ellos han sido realmente responsabilizados. No todos, pero muchos de ellos han sido realmente responsabilizados, si no en los tribunales, por lo menos ciertamente en una profunda e importante discusión pública de verdad y reconciliación. Pero en este país, eso nunca ocurrió, a pesar de que ha habido mucha información maravillosa de investigación. Y porque nunca ha habido alguna responsabilización, los mismos actores siguen realmente haciendo lo mismo ahora.





A. G: Hable, Naomi Klein, sobre la destrucción de Iraq. Hable sobre “Choque y Pavor,” la terapia económica de choque de Paul Bremer, el choque de la tortura, así como la fusión de todas estas cosas en Iraq.





N. K: Sí, bueno, como dijera, en Chile vemos esta fórmula de triple choque y de tortura como imposición de estas políticas. Y pienso que vemos la misma fórmula de triple choque en Iraq. El primero fue la invasión, la invasión militar de choque-y-pavor de Iraq. Y si se lee el manual, el manual militar que explicó la teoría de choque-y-pavor – mucha gente piensa en el tema sólo como si se tratara de un montón de bombas, un montón de misiles, pero es realmente una doctrina psicológica, que en sí es un crimen de guerra, porque dice muy brutalmente que durante la primera Guerra del Golfo el objetivo fue atacar la infraestructura militar de Sadam; pero bajo una campaña de choque-y-pavor, el objetivo es la sociedad a escala mayor. Es una cita de la doctrina de choque-y-pavor. Ahora, el ataque de sociedades a escala mayor es castigo colectivo, lo que constituye un crimen de guerra. No está permitido que los ejércitos ataquen a las sociedades a escala mayor; sólo está permitido que ataquen a los ejércitos. Así que esta fue – la doctrina es de verdad bastante sorprendente, porque habla de – habla de privación sensorial a escala masiva. Habla de cegar, de cortar los sentidos, a toda una población. Y lo vimos durante la invasión, el apagón de las luces, el corte de toda comunicación, el enmudecimiento de los teléfonos, y luego los saqueos, que no creo realmente que hayan formado parte de la estrategia, pero imagino que no hacer nada sí formó de alguna manera parte de la estrategia porque, por cierto, sabemos que hubo toda clase de advertencias de que había que proteger los museos y las bibliotecas y no se hizo nada. Y luego tenemos la famosa declaración de Donald Rumsfeld cuando fue confrontado con este hecho: “Cosas pasan.” Así que, fue, pienso – fue esta idea porque el objetivo era, usando la famosa frase del columnista del New York Times, Thomas Friedman, no construir la nación, sino “crear la nación,” que es una idea extraordinariamente violenta, si uno se detiene y piensa en lo que significa crear una nación en una nación que ya existe, algo tiene que suceder a la nación que ya estaba allí, y hablamos de una cultura tan antigua como la civilización en sí. De modo que pienso que porque esta fue su idea de que partiríamos de cero y esta idea que es a menudo descrita en los medios de EE.UU. como idealista, de querer construir una nación modelo en el corazón del mundo árabe que se extendería a los países vecinos y llevaría a una apertura, esta idea de construir una nación modelo es – tiene toda clase de ecos coloniales. Realmente no puede ser hecho sin algún tipo de limpieza. Y por lo tanto, pienso que la facilidad, el nivel de acomodamiento con los saqueos, con la borradura de la historia iraquí, tienen que ser vistos con la visión de: Bueno, recomenzamos de cero. Así que todo lo que ya está allí constituye sólo un obstáculo. Así que lo cargamos en camiones y lo vendemos en Siria y Jordania, lo que de alguna manera facilita la tarea. Y por lo tanto, creo que vimos lo mismo a muchos, muchos niveles.






A.G: Naomi Klein, ¿cómo encaja Abu Ghraib en este cuadro?





N. K: Bueno, cito a Richard Armitage en el libro, diciendo que la teoría, que la teoría operativa en Iraq fue que los iraquíes quedarían tan desorientados por la guerra y por la caída de Sadam que serían fácilmente llevados del punto A al punto B. Ahora, como sabemos, no fue así. Y cuando Paul Bremer – cuando llegó Paul Bremer e hizo su cirugía radical del país, despidió a todo el servicio público iraquí – a gran parte de la administración iraquí, así como al ejército; declaró que abría a Iraq a los negocios, las importaciones baratas inundaron el país, las empresas iraquíes no pudieron competir. Ese primer verano, hubo una inmensa protesta pacífica ante la Zona Verde, y quedó en claro que simplemente no iba a ser posible llevar a los iraquíes del punto A al punto B. Y después de eso, cuando apareció la primera resistencia armada en Iraq, la guerra fue llevada a las prisiones. Y esto también recuerda la visión de Donald Rumsfeld de ser esta especie de Secretario de Defensa director-general, porque, desde luego, como cualquier director general, escatimó personal para la guerra. Y no estaba en la posición, o la fuerza de ocupación estadounidense no estaba en posición, para encarar este dramático error de cálculo y esta especie de fantasía de que los iraquíes simplemente se comportarían y aceptarían esa terapia de choque económico y este – realmente este saqueo de su país. Así que cuando los iraquíes comenzaron a resistir, la represión de esa resistencia no pudo tener lugar en las calles, porque simplemente faltaba el poder personal. Así que hicieron redadas de personas y las llevaron a las cárceles, y utilizaron la tortura, como fue utilizada en Latinoamérica, para enviar un mensaje a todo el país. Y la tortura es siempre – es tanto privada y pública al mismo tiempo. Y esto vale no importa quién la esté utilizando, el que para que la tortura funcione como un instrumento del terror estatal, no tiene que ver sólo con lo que sucede entre un interrogador y un prisionero; se trata también de enviar un mensaje a la sociedad en general: esto es lo os sucederá si os apartáis de la línea. Y creo que la tortura fue utilizada por la ocupación de EE.UU. de esa manera, no sólo para obtener información, sino como una advertencia al país.






A. G: Naomi, Quiero terminar esta parte de nuestra conversación realizando un viaje a la inversa. El presidente Bush acaba de ir del Bayou, de Nueva Orleans, a Bagdad. Volvamos atrás. Tanto usted como yo acabamos de estar en Nueva Orleans. También la vi hace dos años en Nueva Orleans, justo después del huracán. Coloque en este marco a Katrina y la reacción de EE.UU. ante el ahogamiento de la ciudad estadounidense.





N. K: Bueno, Nueva Orleans es un ejemplo clásico de lo que llamo la doctrina del choque o capitalismo del desastre, porque hubo ese primer choque, que fue el ahogamiento de la ciudad. Y como sabe, ya que acaba de volver de Nueva Orleans, no fue – no fue un desastre natural. Y la gran ironía del caso es que realmente fue un desastre de esta misma ideología de la que estamos hablando, el abandono sistemático de la esfera pública. Y pienso, que cada vez vamos a ver esto, cuando hay veinticinco años de continuo abandono de la infraestructura pública, y el esqueleto del Estado – el sistema de transporte, las carreteras, los diques – son débiles y frágiles. Y la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles ha calculado que poner en condiciones el esqueleto del Estado costaría 1,5 billones de dólares, porque está tan debilitado: los puentes, las carreteras y los diques. Y por lo tanto, lo que tenemos es una especie de tormenta perfecta, en la que el debilitado Estado frágil se entrecruza con un clima cada vez más peor, el que diría que también forma parte de este mismo frenesí ideológico en busca de beneficios a corto plazo y crecimiento a corto plazo. Y cuando estos dos entran en colisión, viene un desastre. Y es lo que ocurrió en Nueva Orleans. Los diques frágiles se entrecruzan con el mal tiempo, aunque ni siquiera fue tan malo. El huracán de Categoría Cinco no llegó realmente al lugar. Y pienso que, haciendo una digresión, ya que estamos en Nueva York, que otro ejemplo verdaderamente poderoso de lo que pasó exactamente este verano cuando las estaciones de metro se inundaron fue – todos se horrorizaron, porque no llovió tanto. Pero la infraestructura estaba tan debilitada por el continuo abandono. Y ¿cuál fue el titular en el New York Sun? “Vendan los metros.” Primero se debilita la ideología, crea el desastre, y luego éste es utilizado como excusa para terminar la tarea, para privatizarlo todo, y es lo que sucedió en Nueva Orleans. Inmediatamente después que la ciudad se inundó, hubo esa campaña ideológica, la zona cero de la cual fue la Heritage Foundation en Washington, que siempre ha sido, supongo, el motor más poderoso por esta visión radical de libre mercado: es una tragedia, pero también es una oportunidad para rehacer por completo el Estado, es decir eliminarlo, como una explosión de escuelas por contrato – las escuelas públicas no fueron reabiertas. Fueron convertidas en escuelas por contrato. El hospital público, como el Charity Hospital, sigue cerrado con tablas. La vivienda pública – y es el ejemplo más dramático – esa horrible cita de un portavoz republicano: “No pudimos eliminar los proyectos de vivienda, pero Dios lo hizo diez días después de la ruptura de los diques.” Es lo que quiero decir con la doctrina del choque, esa idea de aprovechar un desastre para imponer una privatización radical.





A.G: Naomi, al terminar esta hora, ¿qué es lo que la horrorizó más al investigar la doctrina del choque?





N.K: Me horrorizó que hay por ahí una reserva de literatura, que yo no sabía que existía, donde los economistas la admiten. Y es lo que supongo que es lo que más me excita en el libro es la cantidad de citas que tengo de propugnadores a muy alto nivel de la economía de libre mercado, todos desde Milton Friedman a John Williamson, quien es el hombre que acuñó la frase “el Consenso de Washington,” admitiendo entre ellos, no en público, sino entre ellos, en algo como documentos tecnocráticos, que nunca han podido imponer una cirugía radical de libre mercado si no hay una crisis en gran escala, es decir que la misma gente que propugna que el mito central de nuestra época, que la democracia y el capitalismo van mano en mano, sabe que se trata de una mentira, y lo admite por escrito.



Amy Goodman. Nació el 13 de abril de 1957 en New York, Estados Unidos. Periodista y escritora. Conductora del programa Democracy Now! (Democracia Ahora!).



Naomi Klein es una de las plumas periodísticas e investigadoras más influyentes en el movimiento opositor a la globalización, nacida en Montreal (Canadá) en 1970. Es economista política, periodista y escritora. Caracterizada por su trabajo independiente en los medios periodísticos, colaboró como columnista para los periódicos como el The Guardian de Londres y The Globe and Mail de Toronto. Es la autora de No Logo: Taking Aim at the Brand Bullies.






Fuente: DemocracyNow! / Rebelión –Traducido del inglés por Germán Leyens






Genaro Aguirre Aguilar: Serrat y Sabina



Nocturno trinar de dos pájaros:
Serrat y Sabina

Si afuera un gélido viento recorría las arterias de una ciudad con corazón de neón, allá dentro y en particular esa noche, una especial emoción corría por las venas de los miles de asistentes que abarrotaban el recinto donde el histórico Joan Manuel Serrat y el irreverente Joaquín Sabina, hacían parada nocturna para dejar constancia no sólo de sus idílicos amores o travesías líricas, sino también para ser testigos (una vez más, pero ahora juntos), de la pleitesía casi espiritual que los allí reunidos profesamos a un par de cantantes que si bien separados han protagonizado historias distintas, cantando a generaciones y públicos diferentes, esta vez apostaron por presentarse juntos, sin detenerse a pensar en los caminos ya recorridos. El resultado: un agasajo musical, para que la misma historia en torno a los conciertos se escriba diferente a partir de ahora.
Y si bien las expectativas se colmaron cual espuma de cerveza desde que se planteó la posibilidad de reunir a Serrat y a Sabina en lo que terminaría por llamarse “Dos pájaros de un tiro”, lo cierto es que la imaginación no daba como para tener idea clara de por dónde se maquilaría el concepto de tal concierto. De allí que a diferencia de otras ocasiones, no acudimos a Internet para seguir la pista de una travesía que iniciaron por ahí de junio en la ciudad de Zaragoza, para –por lo menos- saber algo del repertorio. Esta vez, evitamos a toda costa cualquier contacto con esa información, buscando llegar al día marcado con más ganas y anhelos ante lo desconocido. Una suerte de sentimiento virginal de quien se sabe emocionado ante lo que representa una primera vez, por lo que conforme arribábamos al Auditorio Nacional, la carga energética presente ante la proximidad de algo inolvidable, estaba al filo del desbordamiento. Cuanto más si desde la fila que aún hacíamos para entrar, una voz que desde el fondo rasgaba la fría noche, anunciando la tercera llamada.
Como lo esperábamos, el lugar para esas horas era un territorio para la consagración del sentimiento idolatrante, de la memoria revivida, de la nostalgia enmohecida, de la melancolía revitalizante, de los recuerdos hechos presente vivo, del adjetivo hecho piel. Todo en aras de la entrega a un par caminantes, de viajeros que en la bifurcación de los destinos han posibilitado un punto de encuentro para renunciar a sus trayectorias personalísimas y hacer de la noche, una zona de encuentro entre ellos y nosotros; los mismos que nos hemos atrevido a recrear la vida junto a quienes han hecho de la canción en español, un ejercicio lírico que ha trascendido lo artesanal, para posarse en los terrenos del arte como propiedad de quienes saben que la palabra es universo revelado, tan grande y mágico como el oficio lo conciba.
Por eso los 10 mil corazones que acelerados latían la noche del sábado 27 de octubre, reventaron de júbilo cuando las lámparas descendieron de intensidad hasta dejar en penumbras un lugar que se abrió a un ceremonial con la exhibición de un video, en donde un locutor anunciaba la cancelación del concierto por el endeble estado físico de ambos cantantes. La irónica noticia no era más que una inteligente jugarreta para burlarse de ellos mismos y tender un puente lúdico con los asistentes; tanto como con la catrina que tan cerca de ellos estuviera hace unos años. Al final, el sonido de una ambulancia, cobijaba los pasos de un par de siluetas que, en medio de los primeros acordes, descendían desde lo alto del escenario. En un instante, sus voces dejaban escuchar una modificada letra de aquella canción sabiniana que dice a los asistentes “ocupen su localidad”, para completar este intro con la conseja del viejo Serrat que anuncia “hoy puede ser un gran día”. Posibilidad que –por supuesto-, no dependía de ellos sino de todos los allí reunidos, en la medida de entendernos partícipes de un verdadero festín que tendría mucho de amoroso, bastante de bohemio, con sus pizcas rocanroleras reinventadas para esa única ocasión.
Y si de reinvención se trataba, el primer acto mágico vino cuando el entrañable Serrat interpretó en su muy particular estilo, quizá la canción más querida de los seguidores de Joaquín Sabina: Y sin embargo, misma que colocaba en el imaginario de los asistentes la necesidad de estar no sólo ante una versión distinta y distante a la original, sino ante la ocasión de reconocer en un tris la dimensión artístico/conceptual de la propuesta de estos dos grandes cantautores; tan ellos, ellos, siendo otros, como otros terminaríamos por ser nosotros al final de esta noche.
La revelación que supuso la adaptación de terciopelo de quien aún con los años sigue manteniendo ese arropamiento vocal que lo ha caracterizado, sirvió para arrojar los dados y dejar sobre el escenario el primer quite de un “mano a mano” que terminó por ser una velada cuyo sentido fue recapitular trayectorias, anécdotas, memorias… reconocimientos. Incluido el que se hizo esa noche a Gabriel García Márquez y su esposa, a quienes se dedicó aquella noche.
Desbordados de emoción, el público bien pronto entendió que el gozo además de revelar lo festivo, también puede abrir paso a la purificación que representa el llanto. Por eso a cada paso que daban, a cada trino que ejecutaban, a cada broma que se hacían Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, el regocijo venía de la mano de una que otra lagrima, tan parecida a esas que suelen asomarse ante la tristeza y el dolor, pero que en esta ocasión eran mucho más cercanas a una alegría capaz de alcanzar estados de espiritualidad, propia entre una comunidad que esa noche era provocada hasta alcanzar un derrame de gozo emocional diverso, extraño.
De esto, ambos cantantes saben mucho. Por eso es comprensible el empleo de todos los recursos no sólo para estar cerca, sino también involucrar a su público: de una presentación multimedia que iba ilustrando las letras de canciones como Aves de paso, Tu nombre me sabe a hierba, No hago otra cosa que pensar en ti, Princesa, A la orilla de la chimenea, Las pequeñas cosas, hasta aquel momento cuando el tal Sabina sacó una vieja cámara fotográfica, para que fuera el maestro Serrat quien pidiera a la concurrencia posar, no sin antes aclarar que en lugar de “güisqui” dijéramos “clítoris”, pues según la experiencia del crápula de Jaen, esa palabra deja en los rostros una mejor sonrisa. Y sí, para el recuerdo los rostros de un público emocionado congelado por una cámara que tras su “click”, dejó escapar un estruendo con todo y humo, registrando apenas un instante de otros muchos que serían memorables aquella noche.
Total, que si de generosidad estaría hecho el mundo, más de estos personajes y su obra necesitaríamos para continuar en la búsqueda de la reinvención de cotidianidades; pues si con letras como Ruido, Penélope, Noche de boda, Es caprichoso el azar, el sentimiento entre dos seres que dicen quererse puede entenderse de otro forma, para esas horas los asistentes estábamos ante soplos de vida hechos canción, magistralmente interpretadas. Lo mismo fueran a través de las canciones entrañables del Serrat que en letras memorables del Sabina, (incluidos los sonetos que suelen ser un alto lúdico en sus presentaciones), lo cierto es que el deleite iba de lo terrenal a lo sublime, pues entre uno y otro, han logrado concebir un entramado melódico para recorrerse, para navegarse, para reconocerse por lo universal de su obra.
Si no fuera así, como entender el sacudimiento que provocan canciones como Esos locos bajitos, Más de cien mentiras, Lucía, Pastillas para no soñar, creaciones que obligan a quienes escuchan a volver sobre su vida o decidirse a ser diferente. Ni qué decir del auténtico himno que resulta Penélope o la sabia lección que deja en el ánimo de quien es capaz de revisitar su biografía sentimental tras escuchar una letra como la de Señora; tanto como ese tipo de eternidad amorosa a la que invita la canción Noche de bodas o la metáfora hecha exquisitez y delicia armónica de Que se llama soledad. O Mediterráneo, la canción que quiso interpretar Sabina –según dijo-, pero que Serrat aceptó que sólo cantara el estribillo final. Las carcajadas catárticas no se hicieron esperar.
Fuera Serrat o Sabina, o los dos al unísono, la verdad que el concierto Dos pájaros de un tiro, cumplió con las expectativas que pudimos tener y más; sobre todo si consideramos la retribución que hicieran estos maestros de la poesía hecha canción a un público mexicano que viajó desde distintos puntos para consagrar la noche, pues tras dos horas de concierto, hubo tres llamados más para que salieran al escenario, y en las tres ocasiones se discutieran con un racimo de canciones más. En este recuento, si hubo un momento climático, pudo ser aquel cuando no sólo cantaron sino también se vistieron de pirata y de un tipo cojo; pues fue con la canción La del pirata cojo, cuando hubo cabida a un momento de júbilo manifiesto, pues el público saltó de sus asientos para ponerse la vestimenta y enmascararse del personaje que mejor les acomodaba. A partir de aquí, lo que no hubiéramos querido: vislumbrar el puerto próximo, ese dónde tendríamos que descender tras navegar por los mares de la canción inteligente. Finalmente vendría una suerte de epílogo anticipado con las últimas estrofas de Ocupen su localidad: “que el show está a punto de terminar”, para que se coronara el cierre con Cantares, Y nos dieron las diez, La fiesta, Pastillas para no soñar.
Y sí, terminó. Pero quizá algo haya comenzado, sobre todo cuando a la salida se inició un peregrinar hasta alcanzar los puestos en donde afiches, playeras, llaveros, bufandas… recuerdos todos que servían como constancia de esa noche memorable. Por supuesto, no podíamos dejar pasar la ocasión, porque aun en medio de un intenso frío, aquella noche de calidez ante la experiencia vivida, podía ser eterna si queríamos. Un recuerdo era la resonancia del trinar de un par de pájaros que se levantaron enteros, cuando la muerte tocó a sus puertas. Por eso y más, un agradecimiento. Después de esto, todo podría estar vivido.

Carolina Cruz: Agua



AGUA

Ávida de agua como una planta
germino como una canción
comprimo piel, tejidos, fluidos y sudor.

Junto a tus hojas crezco.

El corazón canta ríos
vidas desiertas
animales míticos.

Tus pupilas duermen.
Por la noche recorro el jardín:
la humedad y las caracolas
me devuelven a la infancia.

Para no olvidar el sueño
al otro día te riego con cristalitos de luna
esperando verte florecer
y encontrar reminiscencias de ternura
que me suspendan.

No te coronas de flores
unas tímidas hojas bastan.

El amor es una compañía nítida como el agua
con montes, selvas, puentes
llanuras, valles, ríos y piedras,
en medio… el desierto individual.

Los secretos del tiempo animan,
los árboles aguardan años en silencio
sus pequeñas hojitas cuando brotan
tienen orejitas frágiles palabras para crecer

Corazón perdido en la infancia,
luego en la palabra,
oh, viejo profesor de tantas cosas.

No existen caudales posibles
para alimentar tantos cánticos de guerrillas.

Enséñame tu divino desierto
¿Por qué sendero sombrío
reemplazaste tu, ahora, alma citadina?
¿Un ángel negro se posó en tu palabra?

Carrusel del que no te bajas,
¿Qué harías parado?
Ceniciento…
¿Qué con las manos?
con la palabra
con tus pasos
con la asombrosa lucidez
de ningún Dios en tu mirada

Yo sólo tengo sed.