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jueves, octubre 06, 2011

TOMAS TRANSTRÖMER: Un premio a la Poesía



TOMAS TRANSTRÖMER: Un premio a la Poesía
Ignacio García
 El poeta sueco Tomas Tranströmer, de 80 años, psicólogo de formación, fue galardonado este jueves con el premio Nobel de Literatura "porque mediante imágenes densas, límpidas, nos da un nuevo acceso a la realidad", anunció la academia sueca. Tranströmer estaba nominado desde 1973 y que hacía 40 años que ningún escritor sueco obtenía el premio. A través de su obra, Tranströmer sugiere que el examen poético de la naturaleza permite sumergirse en las profundidades de la identidad humana y en su dimensión espiritual.
Tranströmer es una de las grandes placas tectónicas de la poesía mundial. Un gran poeta del amor, un poeta erótico con velocidad y elegancia. También es participe del amor espiritual, una poesía del momento como una oración secular. No es raro que Tranströmer tenga influencias místicas, sobre todo naturaleza mística. La esencia de la poesía sueca, la mejor poesía sueca, es la poesía mística. Esa visión no ha trascendido a todo al mundo, por el dominio que tuvo la poesía descreída e irónica, la poesía concretista y coloquial y política de los años 60 y 70 en Suecia -como en todo el mundo. Pero, al final, ha resurgido triunfante la mejor poesía sueca, una poesía compacta como un diamante, y Tranströmer se levanta como un ejemplo inimitable. "La existencia de un ser humano no acaba allí donde acaban sus dedos", declaró un crítico sueco sobre los poemas de Tranströmer, las que considera "oraciones laicas". Otro crítico más, habría observado:  "Se trata de la muerte, la historia y la memoria, que nos observan, nos crean, y que nos hacen ser importantes porque los seres humanos estamos en una suerte de cárcel donde todas estas grandes entidades se encuentran".
Su estilo introspectivo, descrito como "místico, versátil y triste", desentona con la vida misma del poeta comprometido en la lucha por un mundo mejor y no únicamente a través de sus poemas. Este sentir lo ha hecho, --en paralelo a su creación poética-- trabajar con jóvenes delincuentes y con discapacitados.
Tranströmer  sufrió en 1990, después de publicar decenas de antologías, una apoplejía que le dejó parcialmente paralizado y afásico y que le obligó a reducir sus actividades. Su primera antología la publicó con 23 años, cuando era todavía estudiante en psicología, titulada "17 poemas", en una de las mayores editoriales suecas, Bonniers, con la que siguió a lo largo de toda su carrera. Seis años después del ataque volvió a la literatura con la antología titulada "Góndola fúnebre", de la que se han vendido 30.000 ejemplares, una buena cifra para el género de la poesía. Su última publicación se remonta al año 2004, con "El gran enigma", una antología de 45 haikus. Desde entonces se centra en su otra pasión, la música, y toca a diario el piano, aunque solo con la mano izquierda, debido a la parálisis.
LOS ELEMENTOS DEL REINO, publican aquí un paquete-poético, representante de la obra de este gran poeta, con la promesa de, en próximos números, hacer un análisis más amplio de Tranströme.

APUNTES DE FUEGO 

Durante los meses tristes, centelleó mi vida sólo cuando hice el amor contigo. 
Como la luciérnaga se enciende y se apaga, se enciende y se apaga- a medias puede uno seguir su camino
 
en la noche oscura del olivar.
 
Durante los meses tristes, estaba el alma desesperada y sin vida
 
pero el cuerpo caminó directo hacia ti.
 
El cielo de la noche rugió.
 
Sigilosamente ordeñábamos cosmos y sobrevivimos.


C-MAYOR
 Cuando él bajó a la calle tras la cita de amor 
Soplaba la nieve en el aire. 
El invierno había llegado 
Mientras ellos hacían el amor. 
La noche brilló blanca. 
Él caminó rápido y alegre. 
Toda la ciudad inclinada. 
Transeúntes sonrientes- 
Todos reían bajo sus cuellos alzados. 
¡¡Era libre!! 
Y todos los signos de interrogación cantaron la existencia de Dios 
Eso creía él. 
Una música estalló 
Y cruzó en la nieve arremolinada 
Con largos pasos. 
Todo en camino del tono C 
Un tembloroso compás dirigido a C. 
Una hora sobre las heridas. 
¡Era fácil! 
Todos reían bajos sus cuellos alzados.
 

TORMENTA
De pronto el viajero halla el viejo 
gran roble, como un alce de piedra, 
ancha copa en el cenizo fortín del
                          
mar de septiembre. 

Tormenta del norte. Tiempo de serbas
Maduras. Despierto en la noche oye
Las constelaciones estampadas 
                         
sobre el roble 

LOS RECUERDOS ME MIRAN

Una mañana de junio es muy temprano 
Para despertar, mas tarde para dormir de nuevo.

Debo ir a la hierba que está llena 
De recuerdos, que me siguen con la mirada.

No se ven, se mezclan plenamente 
Con el fondo, camaleones perfectos.
Tan cerca, que los escucho respirar 
A pesar que el trino de las aves es estridente. 

Julio Cortázar: HAY QUE SER MUY IDIOTA PARA

JULIO CORTÁZAR
HAY QUE SER MUY IDIOTA PARA

Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone.

Puede que la palabra idiota sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como tonto, lelo o retardado y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto. En realidad no pasa nada grave pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va benissimo. Lo triste es que todo va malissimo cuando uno es idiota, por ejemplo en el teatro, yo voy al teatro con mi mujer y algún amigo, hay un espectáculo de mimos checos o de bailarines tailandeses y es seguro que apenas empiece la función voy a encontrar que todo es una maravilla. Me divierto o me conmuevo enormemente, los diálogos o los gestos o las danzas me llegan como visiones sobrenaturales, aplaudo hasta romperme las manos y a veces me lloran los ojos o me río hasta el borde del pis, y en todo caso me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa noche al teatro o al cine o a una exposición de cuadros, a cualquier sitio donde gentes extraordinarias están haciendo o mostrando cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que lava de los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el
tiempo.

Y así estoy deslumbrado y tan contento que cuando llega el intervalo me levanto entusiasmado y sigo aplaudiendo a los actores, y le digo a mi mujer que los mimos checos son una maravilla y que la escena en que el pescador echa el anzuelo y se ve avanzar un pez fosforescente a media altura es absolutamente inaudita. Mi mujer también se ha divertido y ha aplaudido, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su diversión y sus aplausos no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también se ha divertido y ha aplaudido pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que el espectáculo es bonito y que los actores no son malos, pero que desde luego no hay gran originalidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi mujer o mi amigo dicen eso —lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad— yo comprendo que soy idiota, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa, de modo que la caída repentina en la idiotez le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es más que corcho. Me gustaría defender a los mimos checos o a los bailarines tailandeses, porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi mujer me duelen como por debajo de las uñas, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el espectáculo no ha de ser tan bueno como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como idiota que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco). Y jamás se me ocurriría discutir con mi mujer o con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el entusiasmo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa, basarse como dijo Epícteto en lo que ya se conoce para juzgar lo que se acaba de conocer, pues eso y no otra cosa es la cultura y la sofrosine. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas imágenes del pez fosforescente que flotaba en mitad del escenario, aunque ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la mediocridad de lo que he visto y que sólo me ha entusiasmado porque acepto cualquier cosa que tenga colores y formas un poco diferentes. Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con lo que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta “L’année dernière à Marienbad”, ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.

 En La vuelta al día en ochenta mundos (1967)
Imagen: Odille Montserrat

miércoles, octubre 05, 2011

Gabriel Fuster: Última aparición en público

ÚLTIMA APARICIÓN EN PÚBLICO
 Gabriel Fuster


ULTIMA APARICION EN PUBLICO


Gracias por detenerse a contemplar mi cuerpo tirado a mitad de la calle.
Cubierto por una grotesca narcomanta, tú me has hallado justo encima de una pila de cadáveres frescos. Los muertos no hablan, pero sí que saben hacerse entender para asestar miedo. Al mismo tiempo, estoy seguro que de encontrarme en tu lugar, de igual manera me habría acercado a revisar los bolsillos del occiso en busca de una identificación, pero no comparto ese primer impulso de apoderarte los billetes en la cartera ni leer mis papeles doblados en sus divisiones. Nada en el aire invita al vuelo circular de rapiña ni son asuntos que te deban importar, además que existe una línea famosa sobre lo que has convenido poner tu mano. Recuerda esto, aunque deba parecer un maniquí que no vale una estatuilla del arte huasteco, puedo poner una maldición sobre ti y tus descendientes hasta la quinta generación.
Si acaso estoy cubierto por una capucha negra, por favor aflójala y revela mi cara. No se te ocurra ponértela, en un afán de extraño experimento de goce Emo, porque puedes entrar en sofocación. Por otro lado, si estoy desnudo, desata tu paliacate rojo y cubre mis partes nobles con la tela local. No te preocupes, se te regresará en menos de treinta días. En caso de no ser así, los rufianes que firman la narcomanta se pondrán en contacto contigo y te darán instrucciones. Si tengo los pies al aire, mira a la gente alrededor y cerciórate quién deba estar vistiendo los zapatos que no le corresponden. Probablemente, conservan jirones de la cinta canela con la que fui inmovilizado. Acércate a esa persona y solicítale de manera amable que devuelva el calzado sin armar un escándalo. Si este individuo insiste en negar su culpabilidad, dile que se prepare para tropezar con los cabos sueltos. Quizás sea por la mala publicidad, pero los carteles mexicanos pueden llegar a enormes bajezas para lucir como machos, hasta aguantarse las ganas de chillar cuando encuentran la horma de su zapato. La sabiduría popular refiere que el delatado, junto al sauce, es llorón y el zapato consuela, aunque llegado el momento de desenfundar la pieza izquierda o la ultraderecha, se desprenderá un vaho terrible que ahoga a todo ser vivo en un radio de diez metros. Los periodistas implicarán la broma mayor de la resistencia zapatista, pero siempre timoratos.
La ciudad es paranoica de las ambulancias y patrullas que pasan ululando. Por otro lado, debe tratarse del ringtone de mi celular, una vez activado por estos curiosos animados a tocar mi costado con una larga vara seca. Si éste suena, contéstalo. En el caso de que sea una mujer llamada Ivana, simula que soy yo y dile que das por terminada la relación que tenemos. Hay una Colt 38 Special y un tiro útil entre los pantalones manchados en la parte visible para exprimir el agua de antaño y mis orines. Sin prejuicio alguno, toma el arma y guárdala. Si las autoridades preguntan por ella, responde que es tuya con su tiro útil y que eres un ávido jugador de la ruleta rusa, porque una verdadera inclinación al suicidio es salir de tu domicilio todos los días. Mientras mi otro yo se deshace de mi yo con demonios propios, los japoneses recurren al harakiri, los americanos al daiquiri. No obstante, los servicios periciales de la Procuraduría del Estado son capaces de llevar adelante sus eficaces métodos de prueba y sofisticación a puertas cerradas, simplemente para transformar a cualquier incauto en un inimaginado chivo expiatorio de extensos antecedentes penales y vínculos comprobados con la mafia, en lugar del payaso con una pistola de agua o el rival cuya gracia acabó por equis o por zeta. Aquí, dícese también del apelativo para dirigirse a toda aquella persona calentando la plaza entre luto y circunstancia, por la cuestión que los carteles se pegan con engrudo bien duro. Por lo demás, el auge de la soledad, lo mismo que la ejecución de un hoyo en uno dentro del juego del Golf, se deben a la circunstancia de que exige mucho terreno y una forma de recuperar la economía del país es invariablemente ostensible, los políticos mandan a matar a cualquiera y le echan la culpa al narcotráfico.
El pánico está instalado: odio, crimen, pestes, desastres, maldad, profecías sobre el inminente final de los tiempos. Los animales huelen el miedo en los humanos, pero los calzones cagados aclaran la crecida del susto para el resto del mundo. En la terrible peste de descomposición, me dignifica la penetrante loción para después de afeitar, aunque el abdomen distendido sirve de aeropuerto a las moscas. Si me hallo a pleno sol, disuade a los niños exploradores de provocarme quemaduras con sus lupas superpuestas. Si estoy a la sombra y desmembrado, detenga esos bríos del cocinero japonés por incluirme en un teppanyaki. En todo momento, prohíba a esta clase decadente de fotógrafos accidentales de convertir mi rigor mortis en poses ridículas de Lady Gaga y subirlas a las redes sociales. Por último, si no eres una persona físicamente bonita al gusto renacentista, procura alejarte un poco, procurando que no sea la primera cosa que vea si llego a resucitar, a cambio de alguna ofrenda vudú, bajo la luna de sangre.  

Gracias por detenerse a contemplar mi cuerpo tirado a mitad de la calle. El olor de muerte puede poblar una pesadilla tan plural como el genocidio nazi o los campos camboyanos o la sala común de un hospital del ISSSTE. Todo en nombre del trasiego de las drogas, que los despliegues militares apenas consiguen hostigar, pero Némesis es generosa y una venturosa horda de zombies puede ganar terreno y dar término al preponderante lugar en la rígida pirámide de los sacrificios, que gozan los traficantes con sus escoltas sanguinarios. Otra vez, el sicario se propuso la excursión deliberadamente inexplicable que fuera un símbolo cabal de este mundo también inexplicable, pero la camioneta con su macabra carga es detenida por tener una calavera rota, luego su metralleta quiere crear una nueva posibilidad de zozobra en la huída, pero tristemente el conteo de bajas entre sobrenaturales es cosa de videojuego y tiene claro que tal equivocación le hará perder la cabeza. El que desespera, el que se arrastra baldado por los reglones de la ley penal, suda perplejo ante la multitud ascendente de figuras malditas y hambrientas detrás mío, durante mi última aparición en público, y de un modo indirecto declara que es del todo inexplicable. El día Z, inicial de corto sueño. Llamémosle justicia poética. 

martes, octubre 04, 2011

Ignacio García: Eduardo Sansores y el arte como amistad


EDUARDO SANSORES Y EL ARTE COMO AMISTAD
Ignacio García



Conocí a Eduardo Sansores en 1980. Con el ánimo de que aquí en el puerto alguien pudiera compartir conmigo el arte de la poesía y dictaminara si mis garabatos (que siguen siendo) valían o no la pena, me di a la tarea de buscar entre los poquísimos y casi herméticos sitios donde artistas y escritores pudieran reunirse. Fue entonces que, en aquel año, vi un anuncio que invitaba a una serie de lecturas literarias en el Salón Azul del Casino Naval. Entre los poetas que leerían estaban Eduardo, junto con Miguel Molina y el mismo Juan Vicente Melo en una disertación sobre Virginia Woolf. Cuando Eduardo terminó de leer una docena de poesías breves, bien estructuradas y con un estilo singular al componer palabras como "Bule-Bar" y otras más, me acerqué a él para saludarle y hablarle (era mi oportunidad) de mi gusto por escribir poesía.

Ese encuentro fue vital en mi entrada al mundo de las letras. En primer lugar me presentó, allí mismo, a Carlos Torres, un escritor de lo más lúcido y lector de los grandes ensayistas y novelistas (poetas, claro) que, en esos instantes,  sonaban ajenos a mis oídos; fue por ejemplo la primera vez que oí de Stakura y su poema "Que devore la langosta el jardín". El otro encuentro afortunado en esa noche lo fue la figura de Marcela Prado, que en esos días era la cabeza visible del grupo RAC (Realizadores de Arte y Cultura), y que más bien aglutinaba a artistas plásticos, sin que aún hubiese un grupo literario en sus filas.

El caso es que Eduardo se congratuló de mi presencia porque --me dijo-- él y Carlos estaban a punto de abrir un Taller de Literatura en un local del antiguo Hotel Diligencias. Ni tardo ni perezoso me persenté al siguiente sábado al mencionado "taller", cuyo costo eran algo así como 100 pesos al mes. Si mal no recuerdo fuimos sólo dos los asistentes a esa primera y única sesión del mencionado talla-lápiz. Los 200 pesos de inscripción y mensualidad, se acabaron allí mismo en ese hotel entre cerveza y cerveza. Ya jamás volvió a haber otra reunión.
Pero fue lo de menos. Nuestra amistad continúo, y más tarde Calos Torres me invitaria a fomar parte del consejo editorial de un suplemento cultural dominical en El Dictamen (bajo la dirección entonces de Jorge Malpica). En dicho suplemento de nombre "Esquife", no faltaron las colaboraciones de Eduardo; lo mismo que cuando Carolina Cruz se hizo cargo del suplemento de El Universal y de nombre "Azul Marino".

Fue a través de uno de sus textos que supe de la pasión de Eduardo por la música clásica. Se decía --sin que él jamás lo desmintiera-- que a su casa, el padre de él, hacía traer a músicos de México y Xalapa, así como que el mismísimo chellista Pablo Casals fue huésped e intérprete en algunas de aquellas sesiones. De ahí que no fuera raro que, en los tiempos en que la Sinfónica de Xalapa nos deleitara semanalmente en el Teatro Clavijero, una estación de radio porteña transmitiera los conciertos y fuera el propio Eduardo el reseñista de esas veladas que hoy duermen ya el sueño de los justos. Oír (en vivo o por aparato) esos conciertos, y luego la sesuda reseña de Sansores, era de verdad un deleite.

Colaborador y empresario  de cuanta revista o suplemento literario se le presentara, Eduardo jamás perdió la vertical en cuanto su amor a arte, la cual (por lo menos para éste que escribe) jamás violentó ni trató de abusar de ella; muy por el contrario, siempre estuvo dispuesto a poner de lo suyo sin pedir nada a cambio. Al abrir el IVEC sus puertas, Eduardo fue uno de los primeros en sobresalir como promotor de la cultura en este puerto, con los medios que esa institución le proporcionaba. Esto, y su incursión en la radio, también como impulsor de la cultura en varios programas (a últimas fechas dirigió   "Los rollos del sábado"), le valieron, con toda justicia, el premio de la Institución a la Superación Ciudadana.

Cuando este blog de LOS ELEMENTOS DEL REINO abrió, Eduardo no dejó de enviar sus colaboraciones, las que, ya se sabe, dan la vuelta al mundo y jamás se conoce en ojos de quien caenLos blogs tiene la magia de llegar a los sitios y personas menos imaginables. El año pasado este editor recibió un correo electrónico de una investigadora argentina de nombre Silvana López, quien a través de LOS ELEMENTOS DEL REINO trataba de localizar a nuestro muy querido amigo, el poeta Eduardo Sansores. Entre uno y otro intento por localizar a Eduardo, tanto de mi parte como de Silvana, por fin pudieron ellos entablecer contacto. Todo el asunto se concretaba a un poema de Sansores de título Ahi viene la A, y publicado por primera vez en 1980, en la revista Vuelta que dirigía Octavio Paz; en aquella ocasión el poema se publicó acompañado de un comentario, también excelente, de Carlos Torres. El tiempo siguió su curso y unos 25 años después el escritor Héctor Libertella toma el poema de Sansores como centro de un libro propio de nombre El lugar que no está ahí; y lo hace a manera de una reescritura de la crónica de Antonio Pigafetta, La primera vuelta al mundo. Presentamos aquí el poema completo de Libertella, enseguida --con la intención de llenar el contexto-- el correo que Silvana López envía a Sansores; finalmente aislamos el poema de Eduardo y así lo exhibimos.





EL LUGAR QUE NO ESTÁ AHÍ
Por Héctor Libertella




Siempre al amanecer, en días de cielo ce-
leste, vuelvo y vuelvo a escuchar el laúd de
aquel hombre, ¿cómo se llamaba?, ¿Sanso-
res, Eduardo Sansores?, que nos convocaba
a cubierta y nos calmaba el hastío con sus be-
llas estrofas.
Afuera, todo a mi alrededor era agua de mar;
ni un graznido de pájaro, nada. Y adentro de
esa nave de madera prodrida a la deriva, sólo
la voz de Sansores. Esto cantaba:

La A, punto de partida, diapasón. Si,
igual a B bemol
Saturno Capricornio es C
Tono de violín perfecto es Re.

Bajo este cielo celestino y amoroso de Flo-
rencia, cuando regresan esos pocos momen-
tos felices me asalta de pronto un sentimien-
to que, tengo para mí, se corresponde con el
alma encantada:

Mi E quiere entonar primera linea
con sostenido Fa en llave G
un himno al sol.


CARTA DE SILVA A EDUARDO SANSORES

Hola Eduardo:

Héctor Libertella es un escritor argentino que murió en 2006. Fue docente en distintas universidades (USA). Vivió exiliado en México muchos años, fue editor de la UNAM y de otras editoriales en Argentina y Venezuela. Investigador del CONICET.
Recibió premios por sus novelas, entre ellos el Juan Rulfo en 1986por El paseo internacional del perversoEs un escritor increíble y en lector 'feroz'. Es probable que Héctor haya leído tu poema, tal vez en la revista y el gusto por él haya hecho que lo incluya en el texto.
Te agradezco muchísimo que me hayas contestado ya que tu respuesta es un hallazgo importantísimo para mi investigación porque este texto de Libertella es el reescritura de versiones anteriores, una de ellas "La leyenda de A. Pigafetta", escrita alrededor de 1980, año que me decís apareció tu poema. Lo interesante es que el poema aparece recién en la versión última y definitiva que se publica en 2006, después de la muerte de Libertella.
Del gusto y valoración de Libertella por tu poema, no tengo dudas, porque lo pone como disparador de su relato en un texto que subvierte y trastorna la poética y el discurso de las Crónicas, desde un fuerte lugar de nuevo escritor latinoamericano, el escritor caníbal, nombre con el que Libertella designa a los nuevos escritores del Continente.
No sé que más contarte porque tengo muchísimas cosas para decir... espero tus preguntas!
A mediados de marzo, me voy a Perú a participar en un Congreso de Literatura Latinoamericana, allí voy a leer mi trabajo sobre El lugar que no está ahí y por supuesto, contarles a mis colegas sobre esto. Me gustaría que me escribas algún comentario.
un cordial saludo


Silvana




AHÍ VIENE LA A
Por Eduardo Sansores




La A, punto de partida, diapasón. Si,
igual a B bemol Saturno Capricornio es C
Tono de violín perfecto es Re.


Mi quiere entonar primera linea
con sostenido Fa en llave G
un himno al sol.

Una de esas últimas muestras de amistad a través del arte de parte de Eduardo Güero Sansores, fue el aceptar, a pesar de su enfermedad ya muy quebrantada, leer parte de mi libro Los Elementos del Reino, en el recinto del IVEC, en agosto de 2010. Es decir, hasta casi sus últimos días, Eduardo no dejó de amar al arte y cultura, la poesía, la música, el cine, el folklore. 

Vaya desde aquí, enmedio de un aire enrarecido y bajo el cielo y mar que siempre te cobijaron, un abrazo fraterno, junto con este tríptico, favorito entre los tuyos y salido de mi pluma:

Eres más bien un corazón desnudo, 
un canto animal,
uno de esos himnos rabiosos:
luto de tus labios, paz de tu silencio. 

lunes, octubre 03, 2011

Lin Yutang: De flores y de mujeres

DE FLORES Y MUJERES
Lin Yutang

Uno no debería ver cómo se agostan las flores, cómo se hunde la luna bajo el horizonte, o cómo mueren en su juventud las mujeres bellas.
Debe uno ver las flores cuando están en flor, después de plantarlas; la luna cuando es llena, después de esperarla; un libro cuando está terminado, después de empezar a escribirlo, y las mujeres bellas cuando están alegres y felices. De lo contrario, nuestro propósito es fallido.
Se debe mirar a las mujeres bellas en su arreglo matinal, después de que se han empolvado.
Hay caras que son feas pero a las que se puede mirar, y otras caras que no pueden ser miradas, aunque no son feas; hay escritos que son hermosos aunque no gramaticales, y hay otros escritos que son muy gramaticales, pero repugnantes. Esto es algo que no puedo explicar a personas superficiales.
Si uno ama lis flores con el mismo corazón que ama a las mujeres bellas, siente un especial encanto en ellas; si uno ama a las mujeres bellas con el mismo corazón que ama a las flores, siente una especial ternura y un afecto protector.
Las mujeres hermosas son mejores que las flores porque comprenden el lenguaje humano, y las flores son mejores que las mujeres hermosas porque irradian fragancia; pero si no se puede tener ambas cosas a la vez, se debe renunciar a las fragantes y tomar las que hablan.
Al poner flores en jarrones de color de hígado, se las debe arreglar de modo que el tamaño y la altura del jarrón hagan juego con los de las flores, y que hagan contraste con ellas el matiz y la profundidad de su color.
Casi todas las flores seductoras y hermosas no son fragantes, y son casi siempre mal formadas las flores que tienen capa tras capa de pétalos. ¡Ay, rara es una personalidad perfecta! Sólo el loto combina ambas cosas.
La flor de ciruelo hace que el hombre se sienta inteligente, la orquídea hace que el hombre se sienta recluido, el crisantemo hace que el hombre tenga el corazón sencillo, el loto hace contento al hombre, el haifang  de primavera hace apasionado al hombre, la peonía hace caballeresco al hombre, el bambú y el bananero hacen encantador al hombre, el hait'ang de otoño hace gracioso al hombre, el pino hace que el hombre se sienta como un recluso, el wut'ung (sterculia platanifolia) hace limpio de corazón al hombre, y el sauce hace sentimental al hombre.
Si una belleza tiene cara de flor, voz de pájaro, alma de luna, expresión de sauce, encanto de un lago en otoño, huesos de jade y piel de nieve, y corazón de poesía, yo estaría perfectamente satisfecho. (¡Ya lo creo!, Lin Yutang)
Si no hay libros en este mundo, nada queda por decir, pero como los hay, es preciso leerlos; si no hay vino, nada queda por decir, pero como lo hay, es preciso beberlo; si no hay montañas famosas, nada queda por decir, pero como las hay, es preciso visitarlas; si no hay flores ni luna, nada queda por decir, pero como las hay, es preciso gozarlas y "jugarlas"; si no hay hombres de talento y mujeres hermosas, nada queda por decir, pero como los hay, es preciso amarlos y protegerlos.
La razón por la cual el espejo no llega a ser enemigo de las mujeres feas es que no tiene sentimientos; si los tuviera, se habría roto en pedazos.
Siente uno ternura hasta por una flor en maceta cuando la acaba de comprar; ¡cuánto más tierno ha de ser hacia una "flor que habla"!
Sin vino y poesía no tendría propósito la existencia de las colinas y el agua; sin la compañía de mujeres hermosas se desperdiciarían las flores y la luna. Los hombres de talento que son guapos a la vez, y las mujeres hermosas que a la vez saben escribir, no podrán vivir largo tiempo. Esto no es solamente porque los dioses tengan celos de ellos, sino porque este tipo de personas no es sólo el tesoro de una generación sino el tesoro de todas las edades, de modo que el Creador no quiere dejarlas demasiado tiempo en este mundo, por temor al sacrilegio.

En La importancia de vivir, Ed. Sudamericana

Alberto Laiseca - Poemas Chinos


Poemas Chinos

Alberto Laiseca 


La Gran Muralla

No es su costumbre,
pero la garza amarilla desplegó sus alas e inició anoche un vuelo nocturno.

No es frecuente en China;
pero a veces ocurre que alguien desarma la Gran Muralla
para que el corazón quede expuesto
y pueda volver a amar.

Yuan Ho. Dinastía Han.


Despedida flotante

Hace once años que partiste.
Nadie toca ese laúd pintado de rojo
pero yo todavía escucho su despedida flotante.
Los caballos pasaron ayer frente a la casa donde vivo;
sin embargo, el coral aún tintinea sobre mi mesa.
La tarde no ha terminado
y el campesino sigue empeñado en el arrozal.
Ni la más severa disciplina logró dispersar la niebla de la mañana,
que conservo en el hueco de mi mano.

Yang Ch'eng. Dinastía T'ang.


El rey Ch'in quema libros y contruye murallas

El rey Ch'in quema libros y contruye murallas;
pero la nieve de las cuatro montañas aún no se ha fundido,
pese al estío.
El rey Ch'in lleva un trozo de jade desde su nacimiento;
pero entre los cañaverales una mujer ha parido.
El rey Ch'in ha escrito la Historia, con finos caracteres,
sobre papel de arroz;
pero Confucio dijo: "Odio el color púrpura
porque se confunde con el color rojo".
Los emperadores Yao y Shun, sonríen.

Yen Ts'anglang. Dinastía Ch'i.


Ayer, no estabas

Oigo la abominable música de Cheng.
Su disonancia convierte mi alma en Reinos Combatientes.
No es música del cielo ni del mundo terrenal.
Detesto la pintura de Foh,
porque sus masas intencionalmente mal balanceadas
arrojan a un Mundo Amarillo.
Veo huecos fundidos
que con insolencia arguyen contra las formas.
Maldigo los excecrables poemas de Tut,
porque dan bríos al puñado de arena del centro del oasis;
así, la mancha en la cosecha crece
hasta tomar dimensiones gigantescas
y la pasta del fondo adquiere magisterio sobre el agua clara.
Ayer, no estabas.

Chung Tshia. Ducado de Ts'in.


Arreglos de paisajes en miniatura

Tomo un puñado de tierra y hago creer a quien mira,
que se trata de una montaña.
Ella toma una copa labrada, llena de agua,
y la convierte en un río.
Ayer la vi
y acordamos transformar algo entre los dos
para burlar a los Seis Demonios del desierto.

Ho Yuan Chen. Dinastía Legendaria.


Conociendo a una persona antes del momento adecuado

Pocas desgracias pueden ser tan formidables,
como la de estar deslizado en el tiempo.
Cinco años puede ser todo lo que hace falta
para la diferencia entre el horror y la felicidad.

Ho Yuan Chen. Dinastía Legendaria.

Alicia Dorantes: ¡Hola Mami!

¡HOLA MAMI!
Alicia Dorantes

Cada niño al nacer, nos trae el mensaje de que Dios no ha perdido todavía la esperanza en los hombres.
Rabindranath Tagore
Querida Aimara:

Perdona que este día tome prestada una de las cartas de tu libro, pero la necesito. La necesito urgentemente para tratar de salvar las vidas de niños que por ser tan pequeños, parece que los Derechos Humanos, no se han percatado de su existencia silenciosa y mullida dentro del vientre materno. Te contaré, chiquilla, que desde que ésta tu abuela, tiene uso de razón, en casa le inculcaron el amor a la vida en cualquiera de sus formas, la obligación de defenderla y el derecho supremo a disfrutarla.
Al salir de casa, mis inolvidables maestros no hicieron otra cosa que ratificarme los valores morales con que mis padres me acunaron. Gracias a todos ellos me fue posible, llegado el momento, trasmitírselos a mis hijos. Luego de concluir las clases en las aulas de la Facultad de Medicina, siguió la vida hospitalaria; durante el internado de pregrado conocí el dolor humano cara a cara. Lidié con él y con su hermana mayor: la muerte. Fue durante el tiempo transcurrido en las salas de labor, en gineco-obstetricia, que tuve que asistir a un legrado y a otro y a otro más. Legrados mal practicados a diversas mujeres, en casas de las «comadronas» y en los que surgieron complicaciones, más de alguna, mortal. Las imágenes de los diminutos infantes en formación, masacrados de esa manera, viven en lo más profundo de mis recuerdos y sólo en ocasiones como ésta afloran, revolotean a mi alrededor y parecen decirme al oído: ¿recuerdas que prometiste defender a otros niños no deseados como nosotros? Y eso, me hace hablar en este día. 
            Andemos y desandemos el tiempo. Años atrás, durante un domingo familiar mientras perdía el tiempo en alguna vistosa tienda departamental, tuve una grata experiencia. Una amable señora me saludó y preguntó si la recordaba: olvidé su nombre, pero no su rostro, surgiendo entre ambas esa empatía que une a los seres humanos. Con pena confesé mi mala memoria. Acto seguido llamó a su hijo, un chico de quizá veinte años de edad, alto, espigado, alegre y guapo. Me lo presentó y le dijo algo así como que a mí me debía estar en ese momento, ahí… con vida. Claro que mintió. Nosotros los médicos no damos la vida. Nuestra misión es sólo cuidarla, preservarla, con amor y con ética. Al decir de la buena señora en algún momento defendí a ese niño, su hijo, ahora un joven de bien, que había sido sentenciado a muerte. A una muerte atroz e injusta: a un legrado uterino.    
Durante mi vida hospitalaria tuve la fortuna de conocer a personas de extraordinaria valía; éticas a carta cabal. Mencionarlas sería elaborar una lista interminable quizá con muchas omisiones. Hoy viene a mi memoria una trabajadora social, alegre, simpática, pero sobre todo humana: la Sra. Enedina Tejeda. Ella me obsequió una carta. Era una supuesta carta escrita por un embrioncito a su madre; él, sentenciado a morir bajo la inhumana «cucharilla». De esafortunadamente extravié esa carta y ni Enedina, ni yo, la pudimos recuperar. Ojalá a tantos años de distancia, la Sra. Tejeda, lea este escrito que en parte trata de restituir al que ella me obsequió. Esta nueva misiva me ha llegado ahora a través de Internet; desconozco su autoría. En más o menos, relata: «Carta imaginaria escrita por un embrión, a su madre:
««Hola Mami: ¿Cómo estás? // Yo, muy bien, gracias. Hace apenas unos días me concebiste y hoy, vivo feliz en tu pancita. La verdad no te puedo explicar lo contento que estoy de saber que tú vas a ser mi mamá y sentir el amor con el que fui concebido... ¡Todo me dice que voy a ser el niño más feliz del mundo! // Mami: ha pasado ya un mes desde que comencé a vivir y comienzo a ver como mi cuerpecito va tomando forma, no digo que esté tan bonito como tú, pero dame una oportunidad y me pareceré a ti o a papá. Hay algo que me tiene preocupado... últimamente me he dado cuenta de que tu corazón tiene sombras y eso no te deja dormir. Se te pasará, mami, no te preocupes. // Mami: han transcurrido dos meses y medio y ya tengo brazos y manos, piernas y pies ¿sabes? en verdad tengo ganas de utilizarlas para jugar. Mamita dime qué te pasa: ¿Por qué lloras tanto en las noches? ¿Por qué papi y tú se gritan? ¿Ya no se quieren, ya no me quieren? Te prometo hacer lo posible para ser un niño bueno. // Mami: hoy cumplo tres meses, pero a ti, te siento cada vez más triste. No entiendo que sucede. Estoy confundido. Hoy fuimos con el doctor y te hizo una cita para mañana. Yo me siento muy bien... ¿acaso tú estás mal? // Mami ¿A dónde vamos? ¿Qué pasa mami, por qué lloras? Tranquila. Oye mami, no te acuestes apenas son las dos de la tarde, es muy temprano para irse a la cama, no tengo sueño, quiero seguir jugando ¡Ay, ay! ¿Qué hace ese tubo en mi casa? ¿Es un juguete nuevo? ¡Oigan! ¿Por qué me están succionando? ¡MAMI! ¡Esperen, me lastiman! ¡Esa es mi manita! ¿Señor, por qué me la arranca? ¡Ah Mami defiéndeme! Mamá... ayúdame  ¿Qué no ves que todavía estoy muy chiquito y no lo puedo hacer solo? ¡Mami, mi pierna, me la están arrancando! Por favor diles que ya no sigan, te lo juro que ya me voy a portar bien, ya no te vuelvo a patear ¿Cómo es posible que un ser humano me pueda hacer esto? Mami, ya no puedo más... mami... mami... ayúdame... // Mami… han pasado veinte años desde aquel día... y donde estoy, observo cómo te duele la decisión que tomaste. Por favor, ya no llores, acuérdate que te quiero y aquí te espero con  abrazos y besos. // Te quiere: tu bebé.»»
¿Doce semanas? ¡Doce semanas! ¿Quién es el ser humano llámese médico, abogado, magistrado o juez, para saber que hasta ese momento se puede interrumpir un embarazo, sin faltar a la ética? No quiero, ni puedo, ni tengo las bases necesarias para hablar desde el punto de vista religioso. No. Los credos religiosos que hacemos nuestros, son solamente eso: nuestros. Decía mi padre que Jehová, Jesús, Alá, Mahoma su profeta, Buda, etc., eran valiosos porque todos ellos nos legaron valores morales y normas de convivencia que a menudo olvidamos. Pasamos por alto. Por eso no toco el aspecto religioso, pero sí el médico. Sí el endocrinológico.
Sólo por citar: a las doce semanas de vida intrauterina el pequeño sentenciado a muerte, tiene ya integrado gran parte de su sistema endocrinológico: la unidad hipotálamo-hipófisis comienza a trabajar y a formar hormonas que van a activar a la glándula tiroides y ésta, responde sintetizando a su vez otras hormonas que estimulan el cuerpecito en formación: al sistema nervioso central, al cerebro, viéndose esto reflejado en la vida extrauterina en el coeficiente intelectual del pequeño: ¡a las doce semanas!… No quiero limitarme a expresar mi pensar como médico. No. Quiero hablar como mujer. Como la mujer cuya hijita, la más pequeña, murió tan pronto había nacido, sin que la haya conocido, ni dicho cuánto esperé por ella... más de treinta años han pasado desde este suceso y jamás lo he olvidado, ni creo poder hacerlo.
Mohandas Karamchand, Gandhi para el mundo, señaló: «Me parece tan claro como el día, que el aborto es un crimen». La Madre Teresa de Calcuta mencionaba: «El aborto mata la paz del mundo. Es su peor enemigo, porque si una madre es capaz de destruir a su propio hijo ¿qué le impide matarme? ¿Qué le impide matarte? Ya no queda ningún impedimento». Sé, por experiencia profesional, que muchas madres que se han practicado un legrado, al correr de los años, durante la elaboración de su historia clínica, añoran al hijo exterminado. Un estudio médico con enfoque psicológico efectuado en mujeres que abortaron, menciona que entre el 75 al 85 % de ellas se arrepienten de haberlo hecho.                        
Me declaro apartidista. Me declaro profundamente feminista. A través del Amnistía internacional, he condenado el asesinato de Rachel Corrie, de las mujeres musulmanas lapidadas, ahorcadas… de las mujeres violadas, asesinadas en Juárez o en cualquier punto de Veracruz, México o el mundo. De todas las pequeñas Gabrielas Benitez Ibarra, Gaby, jalapeñas o universales… De las mujeres serranas, víctimas de hombres alcoholizados y sus hijitos hambrientos. Estoy consciente en que se debe proteger a la mujer, hoy y siempre, en cualquier etapa de su vida; de librarla de caer en manos de personas sin escrúpulos que las prostituyen, ya que por mucho tiempo esto es y ha sido un «negocio redituable». Pero no sólo proteger a la mujer, sino también al hombre, dotándolos desde pequeños de principios morales, de una educación sexual adecuada, y más tarde, de los medios que la ciencia médica pone, hoy día, a su alcance y servicio para evitar embarazos no deseados. Educación que debe iniciarse en casa, y continuar en el jardín de niños, en la primaria, y a lo largo de sus vidas. El filósofo griego, Pitágoras de Samos, dijo siglos atrás: «Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres».
Desafortunadamente en el último siglo les hemos robado la infancia e inocencia a nuestras niñas y niños, permitiéndoles que inicien su vida sexual cada vez de manera más temprana e irresponsable. Y no hablo sólo de protección contra los embarazos indeseados que interrumpen su proyecto de vida, sino de enfermedades de transmisión sexual: la sífilis, enfermedad re-emergente que va en alarmante ascenso; o de las infecciones por clamidias, o de la presencia del virus del papiloma humano primero y más tarde ¿por qué no un carcinoma cérvico-uterino? Me refiero asimismo al VIH-SIDA, a la hepatitis, entre otros muchos problemas. Pidamos, no ¡¡¡exijamos!!! a los organismos responsables prodigar y supervisar la Salud Reproductiva, que cumplan con lo estipulado. Cuidemos a nuestros pequeños, que son la esperanza única y maravillosa de que la vida continúe en el planeta Tierra.