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martes, septiembre 11, 2012


 
ARENAS DEL TIEMPO: Poesía de María Luz Olivares
Ivonne Moreno Uscanga
 
 Arenas del tiempo… Arenas del tiempo… libro, desde su título sugerente. Es difícil no pensar en el color de la arena cuando nos referimos a él: Arenas del tiempo. De repente, tras tenerlo entre mis manos,  a mi mente viene el desierto de Sahara y su color amarillo oro, inigualable y para subrayarlo como soporte, el tiempo,  espejismo crucial en la vida del hombre o debiéramos decir del poeta…ese ser en espera de milagros…. como bien lo señala Jaime Velázquez en el exordio del libro de María Luz Olivares “…todos podemos ser poetas, por medio  de un acto de fe,  pues colgamos un ex voto al santo de nuestra devoción, pues ahí esta el deseo, el anhelo, pilar de una poesía…”

Como los versos contenidos en el libro en cuestión:
Impasibles
Y anhelantes esperan
Las ideas hoy secas
Y marchitas
Como arena del desierto
Que añorara el perfume
Suave que emana
De las ausentes montañas
 Y entonces comienza la travesía, la nueva travesía de una mujer insistente en envolvernos entre versos para mostrarse…para redimirse, pero al unísono cuestionarse el porqué de esto….el porqué de aquello:
¿Acaso has olvidado
El aroma de las flores
Y no disfrutas la brisa
Que emana del mar?

  En Arenas del tiempo, nos  preguntarnos ¿y la poesía? Tiene mencionados alcances,  hayrelación  con la duda y la fe….desde luego, si hablamos de esperanza, de taumaturgia , allí hay poesía…
La poesía es creación (poeyessis) y  develación de  misterios según, la pera del olmo, Octavio Paz y de nuestra cuenta agregaríamos: la poesía es también bifurcación  de  senderos,  y los hay anímicos y también estéticos, ontológicos ,  metafísicos,  pues de ellos está constituido   el corazón, según la metáfora de Shakesperare…ser o no ser… la existencia bien vale actos poéticos o tal vez actos de fe…
 En tal entorno, María Luz se abraza de sus pasiones y deseos inconclusos
Soy amante de la noche
La siento, la acaricio
A través de los cristales
En un éxtasis de estrellas
Y sus dudas:
Algún día
El niño vivirá tranquilo
El joven, el anciano
Y todos los hombres
De todos los credos, vivirán como hermanos
Tomando como estandarte el trabajo de los versos…María Luz dibuja en  un reloj de arena su sed de fe, de la creer en la alteridad,   en el amor, en sí misma,  ellos son el equivalente a la tarea de escribir, todos los días como un pliego petitorio a la vida: cúmpleme mis sueños.

Tal vez por ello, en el nacimiento de cada libro de poesía, todos vamos a pedir, con cilicio gráfico, la realización de  lo deseado.
María Luz Olivares discurre en Las Arenas del Tiempo, lo ya previamente descrito en su primera colección de versos, su silencio estridente ante el pasar de los días:
Y es que el tiempo
Sin más tiempo
Me deja flotando arrastrando, gimiendo. 
 

 A guisa de voyeristas, seguimos el  decurso y los deslices de tu pluma, saboreamos tus anécdotas en una vida dedicada a la salud y el bienestar de los demás, y manipulamos las manecillas de reloj o sacamos la arena del instrumento romano, para seguir persiguiendo el abecedario de tus recuerdos.

Hindra Ceballos López: La Vidriera


LA VIDRIERA

Hindra Ceballos López



Todos los días, a la misma hora, después de disponer algunas cosas en el negocio y antes que llegue mi empleado,  abro la cortina  que permite exhibir algunos libros de los que hay en mi modesta librería.  La vidriera es amplia, los ejemplares dispuestos de tal forma que se pueden  ver desde dentro posibles compradores,   transeúntes que se detienen a leer títulos, gente que pasa.

Por esos espacios entre libros, casi inmediatamente después de abrir, de un tiempo para acá  diariamente veía a ese muchacho de buen vestir y rostro adusto, pasar por enfrente del escaparate;  se paraba,  miraba con atención  de arriba abajo, para todos lados,  tocaba la vidriera, acercaba su cuerpo un poco al cristal, lo alejaba,  hacía pantalla con sus manos como para ver dentro, volvía a su posición vertical,  se ponía ya de un lado, ya del otro. Después, ensimismado, seguía su camino.  Me producía curiosidad;  algunas veces pensaba con cierto escozor: ¿Qué busca, estará demente?  otras: ¡Qué vanidad!  algunas más:  ¿Será ladrón?.

Un día, decidí enfrentarle, tal vez necesitaba ayuda  o en el peor de los casos podía ser alguien con intenciones  aviesas. ¡Debía saberlo!  Con mi teléfono en una mano y un pesado candado en la otra, abrí la puerta también de cristal y le abordé. Un poco tensa pero con atención le pregunté: 

-Buen día, ¿Busca algún título? - Le dije directa, mirándole de frente con  acopio de seguridad.

-¿Título? Tengo muchos – Respondió sin voltear a verme,  ocupado en su manía con la vidriera.

-¿Puedo ayudarle? - Volví a instarle un poco inquieta.

-No creo…- Dijo

-¿Qué busca? - Insistí

-Mi reflejo – Respondió mirando  hacia su rostro en la  vidriera.

Extrañada por su respuesta,  de inmediato miré la vidriera y luego a él,  otra vez a la vidriera.  Él estaba allí, yo estaba hablándole… sin embargo  en la vidriera, sólo se veía mi reflejo y la de un encorvado anciano.

 

 

Rafael Efrén Hernández Tejeda: Estanzuela


El servicio social una lección de vida.
Reseña: Estanzuela. Lecciones de vida de una comunidad

Por Rafael Efrén Hernández Tejeda
 
 
             La vocación médica enunciada en el libro Estanzuela. Lecciones de vida de una comunidad, de la Doctora Alicia Dorantes Cuéllar es un legado para las generaciones venideras en el ámbito de la medicina y por supuesto para otras disciplinas. Al mismo tiempo que destaca la importancia del servicio social previo al ejercicio profesional, transforma con la magia de la palabra y los consejos desinteresados esta responsabilidad establecida en la normatividad educativa en una actividad rica de aprendizaje, de crecimiento personal y profesional de los jóvenes egresados.
         Con un lenguaje anecdótico la autora narra historias sustraídas de su memoria, que parecen vigentes por la fidelidad y la claridad con la que contextualiza la región de la Estanzuela y sus alrededores como Chavarrillo, el Chico, Pacho Nuevo y Coatepec. Así mismo describe la naturaleza propia del lugar, las fincas de café, las huertas de naranja, los manantiales, las brechas, los largos caminos y senderos entre los cafetales, los olores; la imagen de los hombres, las mujeres y los niños de doce años en el corte de café, de las mujeres y los niños enfermos en las galeras, de las jovencitas parturientas, y de muchos de los habitantes que llevaban una vida precaria. Todas estas imágenes que forman parte de la memoria colectiva, estarán más fijas en los lectores de este libro.
         El servicio tiene muchos matices pero el que se realiza con vocación es aquel que se otorga con el fin de ayudar al prójimo de manera espontánea y desinteresada considerando hasta los detalles más pequeños, refleja un alto sentido de colaboración para transformar la difícil vida de los demás en una vida cotidiana más ligera. Los seres humanos serviciales viven atentos, tienen capacidad de observación, buscan y esperan siempre el momento oportuno para ayudar a alguien. La doctora Alicia Dorantes Cuéllar a partir de la experiencia que narra en Estanzuela. Lecciones de vida posee estas características a pesar de su juventud. No es débil, es incapaz de levantar la voz para negarse y da muestras de que el estudio y la rectitud de sus intenciones aunadas a esa vocación de servicio brindada de manera decidida, forjan verdaderos profesionales. En estas historias se denotan los rasgos humanísticos de la autora, como el respeto a la dignidad de las personas, así como el respeto a las creencias, supersticiones y el sincretismo de las tradiciones de los pobladores de la Estanzuela.
         Es un libro cuyo contenido resulta curioso e interesante. Destacaremos lo siguiente: la autora consigue contextualizar el ambiente y el colorido de esa región veracruzana; también logra describir emotivamente su convivencia y la comunicación establecida entre los personajes del lugar con un lenguaje coloquial sobre hechos, unos felices y otros no tanto, relacionados con la salud, propios de su profesión. Acude a un lenguaje que rescata formas orales, actitudes y costumbres de la gente del campo.
         No olvida en ningún momento, a pesar de lo conmovedor de sus narraciones, hacer acotaciones médicas, logrando combinar adecuadamente la riqueza de su escritura con su aportación sobre conocimientos básicos de medicina; sin cansar o dificultar la lectura en terminología científica o técnica, explica muy claramente aspectos médicos para los lectores no especializados.
         El libro cuenta con un magnífico prólogo de José Luis Martínez Suaréz; cuenta con una justificación sobre la escritura de los relatos y con un preámbulo; el cuerpo principal del texto lo integran dieciocho episodios de sus encuentros con los personajes más representativos del lugar, ya que es de suponer que pudieron haber más en ese largo año de servicio social; se integra un epílogo, el cual es un documento valioso por la referencia histórica que rescata del servicio social en las instituciones y su origen en el sistema educativo nacional.      Así mismo se incorporan ocho anexos, siete de los cuales son ensayos reflexivos con aportaciones sobre conocimientos médicos y de la salud: Las vacunas, Ese antibiótico llamado penicilina, El maltrato al menor, La tisis o muerte blanca, La lactancia materna, Diabetes mellitus, la pandemia del siglo XXI, Las muertes maternas: cuando la salud deja de ser un derecho. Dichos anexos contienen datos, cifras y otros referentes obtenidos por la doctora Dorantes, y sirven para ilustrar su preocupación por la salud y por la vida de los seres humanos.
         El octavo anexo, es un apartado importante en la estructura de este libro. En él se presenta una corta semblanza del doctor Miguel Dorantes Mesa, padre de la autora de este libro, de quien recibe ese bagaje de vocación de servicio en el área médica; hombre trabajador en beneficio de la salud en el estado de Veracruz, y quien dignificara el servicio del Sanatorio Macuiltépetl, ubicado en las faldas del cerro del mismo nombre en Xalapa, que inicialmente recibía a los enfermos de tuberculosis y que actualmente brinda la atención en Oncología. Con este último anexo concluye el libro.
         La lectura de Estanzuela. Lecciones de vida de una comunidad, permite observar que adosado a ese lenguaje literario con que se describe la cotidianidad de un pueblo y sus costumbres, hay un cúmulo de experiencia médica, producto del trabajo constante y de la herencia vocacional de la autora, quien fue egresada y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Veracruzana.

jueves, agosto 30, 2012

Julio Cortázar: Hay que ser realmente un idiota


 
Hay que ser realmente idiota para
Julio Cortázar

El pasado 26 de agosto, Julio cumpliría 98 años de edad. Dicen que los homenajes se guardan para fechas con números cerrados, excepto para rememorar a los grandes que, como Cortázar, nos deleita con esta suerte de ensayo-reflexión, en donde se permite desafiar toda regla impuesta por la Real Academia de la Lengua Española (a veces tan anacrónica y caduca).
Vaya de paso, una exhortación para traer al autor de Rayuela nuevamente a nosotros ¿Cómo? Leyendo o re-pasando las páginas de ese libro genial. Vaya un abrazo para, no sólo un gran escritor, sino para el ser humano solidario y fraternal que fue Julio, para con todas las causas justas que se dieron y siguen dando en nuestra América Latina. (I.G.)

Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone. Puede que la palabra idiota sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como tonto, lelo o retardado y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto. En realidad no pasa nada grave pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va benissimo. Lo triste es que todo va malissimo cuando uno es idiota, por ejemplo en el teatro, yo voy al teatro con mi mujer y algún amigo, hay un espectáculo de mimos checos o de bailarines tailandeses y es seguro que apenas empiece la función voy a encontrar que todo es una maravilla. Me divierto o me conmuevo enormemente, los diálogos o los gestos o las danzas me llegan como visiones sobrenaturales, aplaudo hasta romperme las manos y a veces me lloran los ojos o me río hasta el borde del pis, y en todo caso me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa noche al teatro o al cine o a una exposición de cuadros, a cualquier sitio donde gentes extraordinarias están haciendo o mostrando cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que lava de los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo.
Y así estoy deslumbrado y tan contento que cuando llega el intervalo me levanto entusiasmado y sigo aplaudiendo a los actores, y le digo a mi mujer que los mimos checos son una maravilla y que la escena en que el pescador echa el anzuelo y se ve avanzar un pez fosforescente a media altura es absolutamente inaudita. Mi mujer también se ha divertido y ha aplaudido, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su diversión y sus aplausos no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también se ha divertido y ha aplaudido pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que el espectáculo es bonito y que los actores no son malos, pero que desde luego no hay gran originalidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi mujer o mi amigo dicen eso --lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad-- yo comprendo que soy idiota, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa, de modo que la caída repentina en la idiotez le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es mas que corcho. Me gustaría defender a los mimos checos o a los bailarines tailandeses, porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi mujer me duelen como por debajo de las uñas, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el espectáculo no ha de ser tan bueno como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como idiota que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco). Y jamás se me ocurriría discutir con mi mujer o con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el entusiasmo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa, basarse como dijo Epicteto en lo que ya se conoce para juzgar lo que se acaba de conocer, pues eso y no otra cosa es la cultura y la sofrosine. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas imágenes del pez fosforescente que flotaba en mitad del escenario, aunque ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la mediocridad de lo que he visto y que sólo me ha entusiasmado porque acepto cualquier cosa que tenga colores y formas un poco diferentes. Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con lo que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta "L'année dernière à Marienbad", ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.

Ivonne Moreno Uscanga: Manuel Salinas - Fotógrafo


IMAGEN, TESTIMONIO, TIEMPO: TRANSCURSO
MANUEL SALINAS
(FOTÓGRAFO)
EXPOSICIÓN EN EL TEATRO REFORMA
Ivonne Moreno Uscanga 

Desde su ingreso a la historia, el trabajo de descripción por medio de la luz, en el siglo XIX  ( no obstante de existir antecedentes de impresiones con sombras y el aprovechamiento del sol, entre la cultura árabe y en Renacimiento con Da Vinci)  es decir, la fotografía ,cambió la mentalidad y la percepción humanas.
Algunos estudiosos la identifican con los Anales, otros con el prodigio y el artilugio y  otros con el arte, pues lo ligan  con  el terreno plástico, por la belleza de su composición ya sea impresa o en movimiento.
El cine, fue el factor unificador del trabajo del fotógrafo con la Estética, sin embargo en los archivos internacionales y afortunadamente en los  mexicanos existen un sinnúmero de registros donde la fijación de imágenes es un compendio artístico: Weston, Cartier Bresson, Modotti, Hermanos Cassasola, Manuel y Dolores Álvarez Bravo, Nacho López, Rodrigo Moya, Héctor García, Pedro Valtierra, Pedro Meyer,  Graciela Iturbide, Lourdes Almeyda,  por citar algunos.
Veracruz no es ajeno a estos menesteres, en el estado hemos gozado de la Fotografía como una línea connotada y prestigiada en los espacios visuales.
A la memoria vienen nombres como Carlos Jurado, Carlos Lamothe,   Miguel Fematt, Carlos Cano, Héctor Montes de Oca y en el puerto,  Javier Casco, Raúl Méndez, Arturo Talvera, Arissa Huerta, Salvador Flores, Anny Fernández, Lili Flores, Daniel Padilla y sin duda el formador de varios de ellos: MANUEL SALINAS.
 
Disfrutar del discurso fotográfico de Manuel Salinas, implica algunas constantes, pero todas en su mayoría se relacionan con Veracruz.
Es decir podríamos catalogar el trabajo de Manuel Salinas, como el mismo lo ha calificado: documentalista. Y así en una lectura cronológica develamos con sus fotografías,  al puerto de Veracruz, su gente, sus calles y  sus rincones como  el destino perenne del costeño regocijado en sus alegrías,  para menoscabar sus penas.
  Por otro lado, el registro de Manuel Salinas oscila entre los carnavales, los amaneceres y  atardeceres de habitantes trasnochados y  la presencia casi anímica de las casitas de maderas o accesorias, resistentes a los aires del Sotavento.
Pero no todo es así en el trabajo de del fotógrafo veracruzano, hay otro decurso,  el suceso de  la yuxtaposición de imágenes, entonces, fotógrafo y espectador, giramos  hacia el sentido plástico, donde la imaginación se confabula con los  ojo de ambos obturados por  la cámara de un artista.
Manuel Álvarez Bravo decía: No tengo memoria, estoy enfocado hacia el futuro no al pasado. En Salinas lo plástico va en esta dirección, la prospectiva, sin embargo, su  hechura de académico y documentalista lo ubica en los planos de coleccionista de recuerdos, de los momentos aferrados al subconsciente, donde el cuerpo y la mente, desean permanecer atados a los sueños y a los imposibles.
Su obra es como la de otros fotógrafos veracruzanos encadenados al ayer en la aprehensión de sus imágenes y trascedentes por los perfiles de luces echados  al vuelo en el horizonte.
 Tenemos en la mira  de apreciadores ambas sentencias, me parece dependerá del gusto o de la personalidad de es otro, como se distinga el trabajo fotográfico de Manuel, a veces atado también a las ecos narrativos del Veracruz de Juan Vicente Melo, con sus veranos de mariposas y  los paseos por tranvía o los de Luis Arturo Ramos con la ciudad de arena, donde el puerto sigue siendo un sitio entre muros, donde nadie quiere salir para no arriesgar a perderse en probables infortunios.
TRANSCURSO, la más reciente exposición de Manuel Salinas es este menú óptico amplio y variado para satisfacer a cualquier gourmet plástico, desde luego le sugerimos, degustar sus entremeses y platillos fuertes con un  buen vino  a la altura de corpus fotográfico.

Luz del Alba Belasko: Poesía para salvar una ciudad

 
POESÍA PARA SALVAR
UNA CIUDAD

VIERNES 31 AGOSTO 2012
7:00 PM
FORO CULTURAL "Na'Canan"
4ª avenida poniente norte #78 (entre 6ª y 7ª Nte.Pte)
Comitán, Chiapas, México



Como acontece en muchas otras partes del país, Ciudad Juárez, Chihuahua, en el norte de México, vive en medio de la violencia. El movimiento cultural Escritores por Ciudad Juárez fue creado tras la muerte de la...
poeta Susana Chávez, el 6 de enero de 2011. Desde marzo de ese mismo año, sus integrantes se organizaron para practicar la cultura de forma permanente: salen a las calles a recuperar los espacios públicos tomados por la delincuencia, utilizan las redes sociales, crean blogs, hacen lecturas en ferias de libro, cafés, autobuses públicos, bibliotecas y escuelas de todos los niveles.

La palabra y la escritura en acción son de los caminos más efectivos no sólo para combatir la violencia, sino también la indiferencia y la apatía. La cultura enriquece, sana el tejido social y lo nutre cívicamente. Que no se pierda la sensibilidad en la sociedad es uno de los propósitos que pretende este movimiento cultural.


El II Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez se efectuará del 30 de agosto al 2 de septiembre del presente año en Ciudad Juárez. En esta edición se llevará a cabo, el 1 de septiembre, una lectura simultánea y pública en 120 ciudades de veinticuatro países en cuatro continentes, precisamente bajo el lema Escritores por Ciudad Juárez.


Según cálculos de la agrupación cultural, las lecturas podrían ser escuchadas por más de un millón de personas y el evento podría hacer historia a nivel internacional, ya que, de acuerdo con sus organizadores, no existe registro de un recital simultáneo de estas proporciones.


“El español es ya la segunda lengua del mundo en cuanto a número de hablantes nativos, quinientos millones de personas lo hablan, es el segundo idioma de comunicación internacional y el tercer idioma más utilizado en internet. Es el idioma oficial de veintiún países. En 2030, el 7.5 % de la población mundial será hispanohablante. Para 2050, Estados Unidos será el primer país hispanohablante del mundo”, según indica el Instituto Cervantes de España. He ahí otro aspecto de la importancia que tiene este recital internacional, además, claro de la exposición global de una conciencia a favor de esta frontera.


En la siguiente selección de poetas de España, Honduras, Italia, Estados Unidos, República Dominicana, Perú, Portugal y México, los creadores aparecen de acuerdo con su año de nacimiento. Naturalmente, todos ellos se han solidarizado con el movimiento cultural Escritores por Ciudad Juárez.


Eduardo Estala Rojas

POESÍA
 
Strangers in the night
(Roberto Castillo (México, 1951)

Nadie sabía de sus infancias en las calles de la luz,
de sus amores y desamores en la secundaria,
de sus fiestas de cumpleaños y las primeras veces
que fumaron a escondidas en la esquina del barrio,
de cuáles eran realmente sus comidas favoritas
o dónde compraban sus ropas y sus cigarrillos;
nadie sabía de sus sueños y pesadillas de terror
ni de su gusto por divertirse bañándose en el mar,
del placer de jugar al fut o al básquet en la colonia,
de las bromas pesadas con los amigos más íntimos
y del agacharse al regaño verbal de sus madres
o su gran alegría cuando visitaban a la vieja agüela;
muy pocos imaginaban la música que escuchaban
o los libros que ya habían leído por puro gusto,
o de los insomnios eternos con la preocupación
por el padre en la cama 15 del hospital general;
nadie siquiera sospechaba que unas horas antes
habían sido secuestrados en esta ciudad iluminada y,
sin embargo, los impunes comandos del miedo
los arrojaron sin sombra en la orilla de la noche.

Los chicos rebeldes
(Uberto Stabile (España, 1959)

Los chicos rebeldes se han vuelto tiernos con la edad
se emocionan leyendo poemas,
circulan lento frente a los escaparates del pasado
han abandonado el gusto por las citas
y envejecen con cierta elegancia,
a sus novias ya no les dicen tía
les llaman corazón,
han aprendido a lavar la ropa, a planchar y a doblar
con cuidadoso acierto
cada uno de sus errores,
a los chicos rebeldes el amor ya no les quita el sueño
pero no podrían vivir ni un sólo día sin amar,
hacen trampas con el tiempo pero tienen los días contados.
Los chicos rebeldes saben que ya no volverán a caminar
sobre ninguno de sus propios pasos
por eso ahora cada caricia es siempre la primera
cada beso el último beso,
ya no persiguen ni se dejan perseguir
son incómodos frente a la ambición
aman las causas perdidas y nadan a contracorriente.
Los chicos rebeldes con la edad toman pastillas que no les drogan
drogas que no les matan
y mueren un poquito cada día, sin perder ni ocultar
el brillo errático de sus miradas.
Los chicos rebeldes han aprendido a despedirse sin decir adiós
se van sin hacer ruido ni dejan rastro
solos, siempre solos
con el mundo dentro.

Poema
(Diana Annabell Espinal (Honduras, 1964)

1
Ardo sin consumirme
En esta hoja jade
Ardo intervalo a intervalo
Almeja y balcón

Ardo como cardo en fauces invisibles y nocturnas
Columna a columna
Ombligo y candileja

Ardo porque soy Adán y Eva
Surtidora de arcabuces y de aguas tendidas

Ardo porque como el arrebato del páramo
Me visto de escaleras y pérgolas


Bihac, Bosnia

(Francesco Tomada (Italia, 1966)

Hay una muchacha que baja hacia el río
el bolso en una mano, un largo remo en la otra
tiene poco maquillaje en los ojos
un vestido claro y estrecho hasta las rodillas
lo más fresco de una tarde de verano

toma una pequeña barca de madera y
se aleja sobre el agua

cuando aquí había guerra
tenía quizá cuatro o cinco años
me pregunto qué cosas recordará de entonces

mira como es de obstinada la belleza
se reconstruye sola
es la semilla que germina bajo el asfalto y lo rompe
es una muchacha bosnia que rema ligera sin tu ayuda
cobarde Europa

Mi bandera
(Sonia Gutiérrez (Estados Unidos, 1975)

Mi bandera es del color de la flora–
de amarillos, verdes crespos y secos,
y de rosados encendidos: son las caritas
de flores y botones por sonreír.

Mi bandera es del color de la fauna–
de matices cremosos y oscuros
y de un pecho azul verde resplandeciente:
es el galope inquieto levantando el polvo y el grito
desgarrador emplumado.

Mi bandera es del color del agua –transparente
arropándome con sus brazos sin pugnar por el color
de la piel: en ella –río, gozo, canto, lloro y vuelvo
a sentirme amada.

Mi bandera no es del color de un arroyo rojo
de la sangre derramada de mi hermano palestino,
de mi hermana africana, de mi hermano blanco,
de mi hermana y hermano dos espíritus.
de mi hermana china, y de mi hermano sediento.

Mi bandera es el vaivén de una mano
y un pañuelo como un pájaro mensajero dolido
buscando un monte de esperanza,
ofreciendo paz y libertad.

Procedimiento para cazar mariposas
(Farah Hallal (República Dominicana, 1975)

Son apenas la tarde de tres en punto,
son apenas
a falta de otro método
vago por el continente
de un camaleón que sólo lame mariposas.
Cuarenta grados palpitan sus disparos de sangre
Cuarenta grados enferman en estampida
Y después de todo
retira la monarca su vena trémula
y se ajusta la hora al punzante dolor de las agujas.
Cuál es el método
batir todas las alas para sólo aproximarnos al vacío.
Piedra es lo posible
Y orgullosa de ser piedra
bajo por los linderos de la conciencia
desciendo por el pasaje vil de un acto noble
lanzándome a la codicia de mi propia red.

Eudemonía
(Elma Murrugarra (Perú, 1974)

Alguien entra sin permiso
se lleva
ropa perfumes libros
televisores cuadros huacos
dinero comida cigarros
el papel higiénico
y tu máquina de escribir
una dos tres
cuatro veces entra
pero tú que eres la canción
de Atahualpa Yupanqui
El Aromo
te ríes
no te han robado
te ríes con ese aire burlón
mientras lloro
me abrazas y regalas
una muñeca descalza
mi novela de Ken Kesey
un poema manchado con café
mi chaufita de camarones
me abrazas y ríes
nada te han podido quitar

Más que la muerte
(Tiago Nené (Portugal, 1982)

Como una sed mayor que la propia sed,
un gesto mayor que las manos,
unos pies mayores que los pasos,
un ruido mayor que el infinito,
ella viene a decirme …
Como un miedo mayor que el miedo,
un secreto mayor que las palabras,
una amor mayor que los cuerpos,
un sino mayor que la historia del universo,
ella viene a decirme ….
Como una herida mayor que la sangre que mana,
una cámara que capta más que la imagen,
unos versos que dicen más que la poesía,
un frío que hiela más que el hielo,
ella viene a decirme:

Muere, mi amor.

Muere más que la muerte.



martes, agosto 28, 2012

Ivonne Moreno Uscanga: James Joyce, Ignacio García


 
 
CUMBRE DE LAS LETRAS: JAMES JOYCE
 DISERTACIÓN DE IGNACIO GARCíA EN CASA PRINCIPAL

Ivonne Moreno Uscanga

A guisa de lector, uno constantemente se pregunta la importancia capital de los ciertos escritores y de tal forma es  como nuevamente se vuelven a leer. Esto se agradece en parte a escritores como Ignacio García quien en diversas ocasiones nos remite a ellos, hoy a Joyce, ayer a Camus.
Retomando lo del punto cardinal en la narrativa del siglo XX, Joyce está en la  cuerda de la introspección. No debemos olvidar, la influencia de Freud,   en lo alusivo a los viajes hacia el interior humano, sin ellos los malabarismos psicológicos de James Joyce no se clasificarían como el paralelo del yo y sus represiones.
Escritor oscuro y de difícil lectura, Joyce, abre a sus lectores  un recorrido por Dublín, de donde aparentemente sale, pero tal como sentencia bíblica, siempre permaneció, para darnos el ingreso a la conciencia como voz interior ululante de los deseos.
Sobre el  polémico escritor dublinés, Ignacio García  analizó  facetas poco  consideradas por los lectores,  como lo fue  su vida solitaria, tunante  y enfermiza, debido al terrible padecimiento de glaucoma, cuya enfermedad acabó apartándolo del contacto social. Situación para algunos expertos en su obra, favorecedora a la novelística del siglo XX, donde Joyce fue un  hito, insistimos, gracias a su innovación técnica: el retrato descriptivo del interior de sus personajes, enmarcados en lo sórdido  de la monotonía y la frustración. Así como las características de la escritura en  Joyce únicas en su género y parte-aguas dentro  la literatura: la voz de la conciencia y  el automatismo gráfico, más tarde retomado por Bretón y  los surrealistas.
Joyce,  junto con Virginia Woolf es considerado uno de los valores universales en  la literatura del siglo pasado. Autor de innumerables relatos como Dublineses y novelas    Retrato del Artista Adolescente,  y  la controvertida  publicación de  Ulises.
A Ignacio  García se le reconoce dentro del desarrollo cultural en el puerto por ser el pionero en sitios web en abocarse a la difusión artística, de allí la hechura de la  espléndida revista  Los Elementos del Reino.
Escritor incansable, sociólogo por la Universidad Iberoamericana, prologuista, docente y  promotor - impulsor de talleres de creación literaria, Ignacio García tiene como referente a la poesía y  ella es su estandarte de libertad y estética, donde su voz se ha tornado beligerante y docta.
Es autor de títulos como El Cuaderno del  Escriba, colección IVEC- Conaculta por el Bicentenario, Poemas donde la luz alterna y una publicación homónima de Los Elementos de Reino,  así como de libros de  innovación electrónica, como el titulado, El eje de la Flama.
El público asistente a Casa Principal disfrutó de los juicios de Ignacio García, pues él citó al calce anécdotas interesantes como la existencia del primer Ulises, encuadernado en azul griego hoy propiedad del cantautor Joaquín Sabina, así como de la celebración en Irlanda del Bloom Day, en honor a Joyce, por ser este el apellido del personaje detonante del Ulises.
Provocaron las palabras de Nacho; resonancia en cuanto a la literatura como arte y sobre todo en el de poner a James Joyce como el mejor escritor del siglo XX o de la palabra universal, pues cada lector o experto tendrá sus lecturas acerca de otros grandes: Shakespeare, Woolf, Pound, Eliot.  o de otros como Conrad, Hardy, James, Green, Holding, Orwell por solo mencionar autores ingleses, pues la lista sería interminable si pensamos en  Francia, España o en la riqueza de Borges.
Ignacio García abre de nueva cuenta polémica y nos convida a una de las óptimas acciones humanas: a LEER.

 

Leopoldo de Quevedo y Monroy: El amor es posible y no habita en una cama






EL AMOR ES POSIBLE
Y NO HABITA EN UNA CAMA
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy 

Con ligeras alas de amor franqueé estos muros
pues no hay cerca de piedra
capaz de atajar el amor…

 W. Shakespeare.

 
Haga el amor, trate con amor, cocinado con amor, se acabó el amor. Son expresiones en las que aparece camuflado de caqui y gorra uno de los sentimientos más nobles del ser humano. Se escamotea en ellas, como en una etiqueta, mito, tabú, verdad a medias o  mentira. 

El amor no es deporte, ni condecoración, ni adminículo de adorno, ni pose de melancolía o romanticismo. No es voltear los ojos cuando se besa o derretirse de zalamería cuando se abraza o se habla con la persona amada. Del amor se han montado encuentros y espectáculos pedestres, grotescos, ridículos que no tienen otra cosa que morbo, engaño y distractores. 

Del amor, cosa sorprendente, casi no se ha escrito ni se han descubierto sus secretos y encantos y poco se dicho su verdad monda y lironda. Solo quien lo ha encontrado podrá decirlo porque lo ha probado. De él muchos se han burlado, han fabulado juegos y otros han especulado, confundido con erotismo y tejido historias ociosas.  

Dios es amor, I love you, haga el amor y no la guerra, son frases cortas que se pintan en el vidrio trasero de los buses y en grafitis enormes. El amor no entra al cuerpo con flores en la solapa, con bombones ni mascando chicle, no se aprende como un juego milimetrado como el ajedrez o saltando entre los cuadros de una rayuela sin caerse para llegar al cielo.  

El amor ha existido sin esa palabra, en cualquier idioma, ha subsistido pese a la ciencia, a la tecnología y a la literatura y la psicología. Ha resistido ultrajes, banalidades, distorsiones y nimiedades. Es inmune a toda grosería o dilentantismo. Está inoculado al cuerpo humano y parece que a veces habitara en la mirada del caballo, el lamido del perro o del gato o que alzara su voz en el canto a compás del búho o de la torcaza cuando están en celo. 

Lo cantaron con lirismo en sus historias y en sus versos, sin mencionar su nombre Homero, Neruda, Quevedo, Goethe. Y también lo han manoseado y profanado otros autores en su prosa o canciones procaces. En fin de cuentas, el amor es un fenómeno humano susceptible de ser interpretado según el propio lente. 

El amor es un humor que sale aromado como en una sala de sauna por entre el calor o la caldera de los orificios de las neuronas, de los poros, de la hinchazón de las venas y arterias ante la presencia y alboroto que produce el ser amado. Es un fuego sin llama, es un hervor físico, es el paso de una lengua tibia que lame por sobre toda la piel, es el despertar de las entrañas por el gozo de experimentar respuesta del mismo color, timbre y suavidad del ser que nos mira o abraza y que amamos. 

Para que exista amor no es necesario saberse de memoria el Kamasutra ni saber besar en varios estilos, ni pedir consejo a lunáticos o monjes ni someterse a pruebas de laboratorio o ser ardiente en la cama o ser capaces de ir a duelo para tener derecho a la dama. El amor no viene de fuera. Nace un día dentro del sujeto afortunado sin pedir permiso ni que haya habido quinta noche de cita. No es como lo pintan los actores y divas del cine o las novelas rosa. 

El amor es un estado físico, medible, que se puede derramar, conservar en el frasquito del cuerpo por muchos años, que se puede evaporar si se descuida, que duele o rasca como el prurito de un exzema cuando se aleja la persona amada. El amor no es un oasis causado por una ilusión óptica ni un fuego fatuo que se mueve como una bailarina semidesnuda. Es un sentimiento humano que se alimenta de yerbas aromáticas que hace desaparecer la miopía,  alivia el peso, lava las heridas causadas en el camino y levanta el ánimo y la mirada cuando hay dificultades.  
 
El amor no tiene antídoto  ni se puede matar con un veneno. Es más fuerte que la muerte, dice un libro. Sin embargo, el amor, como expresión del sentimiento humano es posible, es alcanzable. No es mera ilusión o fetiche, o espejismo. El amor en el drama final de Julieta con Romeo pudo hacer resucitar a la envenenada y el vivo, a continuación, bebió la pócima. Julieta, entonces, se clava una daga para irse a encontrar con Romeo en su destino.  

Cuando existe el amor, es como una carta as que gana siempre, es un instrumento feliz que llena de gozo y aunque a veces causa tormento, este es delicioso remedio para desearlo con más intensidad y para que resurja más radiante.

Cali, 27-08-1                                              9:41 a.m.