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viernes, marzo 07, 2014

Gabriel García Márquez: La polémica de la ortografía

LA POLÉMICA DE LA ORTOGRAFíA


Gabriel García Márquez 

A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: ¡Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: ¿Ya vio lo que es el poder de la palabra? Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor, que tenían un dios especial para las palabras. Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. 
No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. 
No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber como se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global. 
La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la república del Ecuador tienen ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aun no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo: "Parece un faro''. Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que Don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso? 
Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempos no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo veintiuno como Pedro por su casa. 
En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una? 
Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que les lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años. 
Tomado de La Jornada, México, 8 de abril de 1997 

Gabriel García Márquez


Algo muy grave va a suceder en este pueblo
Gabriel García Márquez
(En su cumpleaños 87)


Nota: En un congreso de escritores, al hablar sobre la diferencia entre contar un cuento o escribirlo, García Márquez contó lo que sigue, "Para que vean después cómo cambia cuando lo escriba".

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
-Te apuesto un peso a que no la haces.
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:
-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:
-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
-¿Y por qué es un tonto?
-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Entonces le dice su madre:

-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:
-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:
-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.
Entonces la vieja responde:
-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.
Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:
-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)
-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.
-Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
-Hay un pajarito en la plaza.
Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.
-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
-Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:
-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:

-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.

lunes, enero 20, 2014

Raúl Arteaga: POLILLA




POLILLA

Raúl Arteaga

Seguro de su vocación, Víctor de María cursa estudios de actuación. Su entrega es absoluta; devora la teoría, estudia y lee cuanto texto le recomiendan, busca bibliografía nacional y extranjera, elabora fichas, resúmenes de libros, ensayos, entrevistas de actores, guionistas y escenógrafos. Le animan ciertos maestros que él ha marcado como excelentes y sabios ordenados en el trabajo; curtidos por la experiencia de su camino por los escenarios, por las tablas de pequeños y grandes teatros. Otros maestros y sus compañeros lo catalogan como ratón empanzonado por comer hojas y hojas que después caga sin digerir.
Víctor María ejerce dos cualidades: una voluntad férrea; una vez tomada una decisión, no escatima en tiempo, trabajo, dedicación, sin importar sacrificios él logra, casi invariablemente, su objetivo. La otra, fundamental, consiste en olvidar malos recuerdos, experiencias desagradables, menospreciar (olvidar) sus limitaciones, carencias y miedos. Su grado de autoestima es infinito y su vida será trascendental basada en la idea del hombre libre, purificado, sin prejuicios, culpas, remordimientos, exento de miedos. ¡Sí! Los miedos son el peor lastre de la humanidad. Miedo a la vida, al éxito, a la muerte. Los miedos, se decía, son habitaciones malignas, sin salida; en ellos el hombre se esconde justificando sus derrotas, sus odios contra los otros y contra sí mismo, por el simple error de vivir. Odio a la riqueza, a la pobreza. El odio es natural en el ser humano. Por ello Víctor de María se amaba. Él encarna la perfección intelectual, su espíritu superior lo protege e impulsa, lo hace diferente. Tampoco descuida su cuerpo, se mantiene en forma cargando pesas, corre diez kilómetros diarios y su alimentación es nutritiva y natural. Desde luego no toma alcohol, ni fuma, la masturbación es aberrante, habita en las mentes viciosas y holgazanas; mentes mediocres esclavas del deseo.
Una tarde, antes del crepúsculo impreciso, entre primavera y verano, de cielo estrecho devorado por nubes grises, sin lluvia y un sol opaco y perezoso que avienta sombras lentas, Víctor María se concentra para su ejercicio de introspección y meditación profunda. Desnudo entra al enorme ropero, herencia de generaciones. Deberá permanecer de pie, realizar ejercicios respiratorios hasta alcanzar el desprenderse de su cuerpo y poner la mente en blanco. Con los ojos cerrados olfatea perfumes rancios. De pie, con los brazos cruzados, se ajusta al estrecho espacio. La respiración es sorda. Por segundos se impone el silencio. Oye ruidos pequeñitos, casi mudos. Primero arriba, luego a los lados. Los ruidos crecen, se concentra más; de su mente sale la voz “Estás castigado, reza, arrepiéntete, eres malo, por eso te metemos aquí para que las polillas te coman vivo si no pides perdón a tus padres”. Comienza a rezar en voz baja, luego más fuerte, a gritos --¡Por favor perdónenme, ya no, por favor, por piedad sáquenme…perdón!—Siente un polvillo fino sobre su cabeza, las polillas vienen por él. La puerta del ropero se abre. Su padre lo saca de los cabellos. “Eres un cobarde chillón” Su madre lo abraza. Él toma las tijeras y las entierra en el cuello del hombre. De inmediato ataca a la mujer: “No volverá a suceder; arderán junto con las polillas. Prendió fuego a su casa y se marchó a su clase.



lunes, enero 13, 2014

Alicia Dorantes: LOS DONES


ALICIA DORANTES

Los Dones

«Que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero, es una paradoja evidente. Ejecutar con despreocupación esa paradoja,
es la inocente voluntad de toda biografía.»
J.L.Borges

Leo y releo… Es este un magnífico poema que cala hasta el alma más endurecida. Lo escribió un hombre; un genio de la literatura universal: me refiero a Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, que, nacido en Buenos Aires, Argentina, el día 24 de agosto de 1899, falleció en Ginebra, Suiza, el 14 de junio de 1986: tenía al morir, 87 años. Es, sin lugar a dudas, uno de los autores más brillantes de la literatura española del siglo XX. Sí. En sus textos Borges ofrece la exquisitez y finura de su lenguaje, sus vastos conocimientos, el universo inagotable de ideas, y/o de la belleza de su poesía. Su obra honra a la lengua española.
         Sin duda alguna, fue en su momento un personaje por demás polémico, cuyas posturas políticas le impidieron recibir el Premio Nobel de Literatura, aunque fue merecedor de él, durante casi treinta años… Este hombre de letras perdió a los 55 años de edad, uno de los dones más preciados con que cuenta el ser humano: la vista. Queda ciego. A partir de entonces, sólo escribe con los ojos del corazón. He aquí fragmentos de una poesía que él titulara “Los dones”, lo escribió siendo director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires y siendo ya invidente; he aquí unos fragmentos:

Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños / a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños / los insensatos párrafos que ceden
De hambre y de sed (narra una historia griega) / muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines / de esta alta y honda biblioteca ciega.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca / exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso / bajo la especie de una biblioteca.

Los textos, la poesía y la tragedia de Jorge Luis Borges, me recuerdan dos tragedias igualmente intensas; dolorosas: una, la de un coloso de la música; la de Ludwig von Beethoven, quien naciera en Bonn, Alemania, en el año de 1770, en el seno de una familia de origen flamenco, y que murió en Viena, en 1827. A pesar de mis escasos conocimientos musicales, pienso que Beethoven fue y es el mayor titán del romanticismo musical.
Su padre, alcohólico empedernido, ante las evidentes cualidades para la música que demostraba el pequeño, intentó hacer de él un segundo Mozart, aunque con escaso éxito ya que, la verdadera vocación musical del genio de Bonn, comenzó a manifestarse en realidad a los nueve años de edad, cuando conoció y entró en contacto con el organista Christian Gottlob Neefe, que se convirtió en su maestro y guía. Él fue, quien le introdujo en al conocimiento y estudio de Juan Sebastián Bach, músico al que Beethoven siempre profesaría una honda devoción.
De muy joven Ludwig ingresa en 1783 como miembro de la orquesta de la corte de Bonn. En 1787, realizó su primer viaje a Viena con el propósito de recibir clases de Mozart. Sin embargo, la enfermedad y el posterior deceso de su madre, le obligaron a regresar a su ciudad natal pocas semanas después. En 1792 Beethoven viaja otra vez a la capital austriaca para trabajar con Haydn y Antonio Salieri, dándose a conocer con gran éxito, como compositor y pianista en 1795.
Sin embargo, su carrera como intérprete quedó bruscamente interrumpida a consecuencia de la sordera que comenzó a aquejarlo desde los 26 años de edad y que a partir de 1815 le privó por completo de la audición. A pesar de que los últimos años de la vida de Beethoven estuvieron marcados por la soledad, su bien conocido mal humor, y una creciente depresión emocional, continuó su labor de composición, e incluso fue la época en que escribió sus obras más impresionantes.
La Sinfonía nº 9 Op. 125 en re menor es la última sinfonía completa escrita por él y una de las obras más trascendentales en la música clásica. Su último movimiento es un final coral poco usual en su época, convertido hoy, en símbolo de libertad. La adaptación de la sinfonía, realizada por el también músico alemán, Herbert von Karajan en 1972, se toma como el himno de la Unión Europea. Es la única composición musical de la historia, que ha sido declarada “Patrimonio de la humanidad” por la Unesco. En el cuarto y último movimiento, el poema escrito por su amigo Friedrich Schiller, en noviembre de 1785, conocido hasta nuestros días como “Oda a la alegría”, se adueña de escenarios, públicos y corazones, alrededor del mundo. Es este sólo un breve fragmento del coro:

¡Abrazaos millones de seres! / ¡Este beso al mundo entero!
 Hermanos, sobre la bóveda estrellada /  Debe habitar un Padre amante.
¿Mundo presientes al Creador? / Búscalo por encima de las estrellas!
 ¡Allí debe estar su morada!

Y la tragedia de Beethoven y el anterior poema  me llevan a otra tragedia más: a la de Pierre Auguste Renoir, nacido en Limoges, Francia, el 25 de febrero de 1841. Fue uno de los más célebres pintores franceses. Los que de esto saben, dicen que resulta complicado clasificar su estilo: inicialmente perteneció a la escuela impresionista, pero se separó de ella rápidamente por su interés en la pintura de cuerpos femeninos, más que los paisajes en sí. Vale la pena recordar que: «el impresionismo fue un movimiento pictórico que surge en Barbizón, Francia a finales del siglo XIX, en contra de las fórmulas artísticas, rígidas, impuestas por la Academia Francesa de Bellas Artes, que fijaba los modelos a seguir y patrocinaba sólo a las exposiciones oficiales  en el Salón parisino.»
La paleta de Renoir ostentó una vibrante y luminosa gama de colores, que hicieron de él un impresionista muy especial. Algunas de sus obras, como: "El palco", "El columpio", "El Moulin de la Galette", y "Bañistas", son las más representativas. Pierre-Auguste Renoir pintó a lo largo de más de sesenta años. Fue un artista prolífico que deja una obra considerable de más de 4.000 pinturas, siendo éste, un número superior a las obras de Manet, Cézanne y Degas… juntas.
Sin embargo, a partir de 1900, Renoir sufrió crisis graves y repetitivas de reumatismo articular deformante. Con el nacimiento de su tercer hijo en 1901 su pintura toma un nuevo matiz. En ocasiones pinta en compañía de la niñera, quien luego se convertirá en modelo para sus obras.
Al morir su esposa Aline en 1915, Renoir, ya en silla de ruedas, continúa pintando para ahogar su pena. Es tan grande el dolor de sus alteradas manos, y tan grande la deformidad de las mismas, que tienen que amarrarle los pinceles a esas manos marchitas, casi sin vida, que a pesar de todo, aún plasman vida en cada lienzo que tocan. Pierre-Auguste Renoir moriría el 3 de diciembre de 1919, luego de visitar por última vez el Museo de Louvre donde se exponían sus pinturas. Fue una pulmonía fulminante, quien le robó su frágil y deteriorada existencia. Tres días más tarde yacía en Essoyes junto a Aline, su amada esposa.
He aquí tres historias. Tres ironías crueles de la vida: Borges, escritor… queda ciego. Beethoven, músico y compositor… pierde la capacidad de escuchar. A Renoir, pintor excelso, el reumatismo le roba el movimiento de sus manos, creadoras de arte…Si; la vida es paradójica.  O quizá, profundamente envidiosa y cruel.
Alicia Dorantes

martes, diciembre 10, 2013

Alicia Dorantes: Madiba





Madiba

Aprendí que el valor no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él.
Un hombre  valiente no es aquel que  no siente miedo,
sino aquel que se sobrepone a él.

Nunca, nunca, nunca más, debería ocurrir que en esta tierra hermosa
experimente la opresión de una persona por otra.

Nelson Mandela

Escuché hablar de Nelson Mandela hace muchos, muchos años… tal vez gracias a las lecturas que los domingos, al caer la tarde, nos hacía mi madre… allá, en el espacioso corredor de la vieja casona que cobijó mi infancia xalapeña, en la paz y el silencio de esos años, silencio apenas roto por el trino de las aves que anidaban en las copas altas de los árboles del Parque de los Berros. Así nació mi afición por la lectura. Cuando ella, terminaba sus muchas labores domésticas autoimpuestas, seleccionaba una obra y nos la leía.

Así también conocí a Sir Arthur Conan Doyle, escritor y médico, quien por poco tiempo ejerció la medicina. Su primer trabajo destacado  ̶ literario, no científico ̶  fue “Un estudio en escarlata”, en donde aparece por primera vez su personaje mas conocido: Sherlok Holmes, héroe basado en uno de sus profesores de la universidad, quien tenía la habilidad para el razonamiento deductivo: el Dr. Joseph Bell. Entonces, decidió dedicarle más tiempo a cosas más “importantes”, como eran sus cuentos y novelas, dejando prácticamente la medicina a un lado. En 1900, escribió un artículo: “La guerra en el sur de África: causas y desarrollo”, en el que “justifica” la participación de Inglaterra en aquel territorio. Artículo que agradó a la corona británica, no así a los países amantes de la libertad. Quizá fue este hecho, lo que le ganó el nombramiento de Caballero del Imperio Británico, otorgándole en 1902, el título de Sir… Pero como bien dice Eduardo Galeano en su libro “El derecho de soñar”: “Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos”.

En el año 2009, se estrenó una excelente película llamada: Invictus, donde se narra el drama deportivo durante la Copa Mundial de Rugby de 1995, en Sudáfrica. Estuvo dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman, en el papel de Mandela y Matt Damon, en el de Francois Pienaar, el capitán de los Springboks. La historia se basa en el libro de John Carlin: “Nelson Mandela y el juego que cambió a una nación”. La cinta trata sobre los acontecimientos luego del desmantelamiento del sistema segregacionista del apartheid. El nombre Invictus deriva del latín: invicto o invencible, y es el título de un poema del inglés William Ernest Henley.

Para quienes nacieron en las últimas décadas del siglo XX, diré dos palabras acerca de lo que fue “el apartheid” una vergüenza más, para los seres pensantes del planeta Tierra, resultado de un fenómeno de segregación racial en Sudáfrica implantado por colonizadores holandeses, los bóers. Símbolo de discriminación política, económica, social y racial, llamado así porque “apartheid” significa “segregación”. El sistema de esta brutal represión se basaba en la división de los diferentes grupos raciales para promover el desarrollo. Las cabezas del movimiento fueron obviamente blancas, e implantaron leyes que cubrían, en general, todos los aspectos sociales, luego de hacer una clasificación racial de acuerdo a la apariencia, a la aceptación social o a la ascendencia de las personas. Este sistema produjo revoluciones y resistencias por parte de los ciudadanos negros del país: los dueños originales del continente ¿Por qué la rebeldía del pueblo?

Expongo algunos aspectos de tan crueles leyes: 1. Los negros no podían ocupar posiciones en el gobierno y no podían votar excepto en algunas elecciones aisladas para instituciones segregadas. 2. No podían habilitar negocios o ejercer prácticas profesionales en las áreas asignadas específicamente para los blancos. 3. El transporte público era totalmente segregado. 4. No les estaba permitido entrar en zonas asignadas para población blanca, a menos que tuvieran un pase. Los blancos también tenían que portar un pase para entrar en las zonas asignadas a los negros. 5. Edificios públicos tales como juzgados u oficinas de correos, disponían de accesos diferentes para blancos y negros. 6. Las áreas establecidas para los negros raramente tenían electricidad o agua. 7. Los hospitales también eran diferentes: bien equipados los de los blancos, carentes de todo, los de los negros. 8. En 1970, la educación de un niño negro costaba el 10% de la correspondiente a un blanco. La educación superior era prohibitiva para los negros. 9. El ingreso mínimo para el pago de impuestos era de 360 rands –moneda local ̶  para los negros y mucho más alto para los blancos: unos 750 rand. Y había muchas más… En este estado de cosas, surge Rolihlahla, “Nelson Mandela” o, Madiba, sobrenombre que le ponen los ancianos de su tribu; algunos otros lo llaman “mkhulu”, “abuelo”.

Nelson Mandela nació el 18 de julio de 1918 en Qunu, poblado de apenas 300 habitantes. Renunciando a su derecho hereditario a ser jefe de una tribu xosa, Mandela estudió y se tituló como abogado, en 1942. En 1994 se convirtió en el primer presidente de Sudáfrica elegido dentro de la democracia. Suena fácil para quienes desconocen esta historia de heroísmo y dignidad. En sus años mozos, fue un importante activista en contra del apartheid, por lo que se le encarceló en la prisión de Robben Island, en una celda estrecha y oscura, durante 27 años, siendo liberado hasta 1990. Profundamente pacifista, admirador de Gandhi, recurrió inicialmente a la resistencia armada como una “última alternativa”. En 1993 a Mandela y al presidente De Klerk se les concedió justificadamente, el premio Nobel de la Paz.

El excelente actor y ahora magnífico director de cine Clint Eastwood, dice: “Pensé que era una historia perfecta para el mundo de hoy. Necesitamos que se difunda la creatividad de este hombre. Ojalá que nuestro presidente, cualquiera que sea, pudiera ser tan creativo y tan capaz de pensar fuera de lo establecido.” La película gira alrededor de Mandela y de cómo el día 24 de junio de 1995 pasó a la historia como “el año en que Sudáfrica obtuvo el título de rugby”, trofeo que terminaría por unir en una sola voz una nación multicultural, por siempre dividida.

De acuerdo con Jhon Carlin, cineasta, actor, productor, y escritor de la novela que dio pie a la película Invictus, entiende que no se trata sencillamente de una cuestión moral, ya que “Madiba, hizo de la generosidad y el perdón, sus armas políticas para alcanzar los objetivos a los que había dedicado su vida: la liberación de su pueblo, la democracia y la paz en Sudáfrica. Hubiera sido muy fácil optar por el otro camino: matarlos a todos, acabar con ellos, pero tuvo una visión global de un pueblo viviendo en una especie de armonía, ¡y es asombroso!: lo logró”. Agrega Eastwood, a quien se considera como “el último clásico del cine norteamericano”: “Si alguien nació para interpretar a Nelson Mandela se llama Morgan Freeman. Tiene la misma aura cuando entra en una habitación. Seduce de la misma forma a la gente. Y es difícil estar a la altura de Nelson Mandela. No se puede recurrir a un actor normal y corriente. Freeman sabe cómo decir la verdad. Tiene una voz magnífica y una presencia grandiosa”. El otro actor que eligió Eastwood para Invictus, fue Matt Damon, quien encarnara a la estrella sudafricana de rugby Francois Pienaar. Mandela se apoya en Pienaar para que, a través de ese deporte se logre la reconciliación entre blancos y negros. En una parte de la película, poco antes de celebrarse el campeonato, Pienaar, capitán del equipo de rugby es invitado a visitar la prisión de Robben Island. Pide ver la celda “del presidente”; estando dentro, cierra la puerta… Lo imagina preso, repitiendo una a una de las palabras de su poema favorito, escrito por: William Ernest Henley, que dice:

En medio de la noche que me cubre, /  Negra como el abismo de polo a polo, / Agradezco a cualquier dios que pudiera existir / Por mi alma inconquistable./ En las feroces garras de las circunstancias / No me he lamentado ni he llorado./ Bajo los golpes del azar / Mi cabeza sangra, pero no se doblega. / Más allá de este lugar de ira y lágrimas. / Se acerca inminente el Horror de la sombra, / Y aun así la amenaza de los años / Me encuentra y me encontrará sin miedo. / No importa cuán estrecha sea la puerta, / Cuán cargada de castigos la sentencia. / Soy el amo de mi destino: / Soy el capitán de mi alma.

Pienaar  ̶ Matt Damon  ̶  conmovido, expresa: “Sigue pareciéndome asombroso. Todavía no me hago a la idea. No parece posible dentro de la naturaleza humana. No parece posible que uno esté encerrado en la cárcel 27 años y salga y no diga: “¡al diablo con todo el mundo! Voy a hacerlo. Tengo el poder”. Pero él, sale dispuesto a perdonar… En ese 2009, a título personal a Clint Eastwood, el director, a Morgan Freeman, actor principal y a Matt Damon, actor de reparto, les concedí la estatuilla dorada: el Óscar.

¿Y el verdadero Mandela? Después de haber recibido una centena de premios, Mandela, el prisionero número 466/64, se convirtió en un símbolo de la lucha contra el apartheid dentro y fuera de su país, una figura legendaria que representó la falta de libertad no sólo de todos los hombres negros sudafricanos, sino del mundo entero. Luego de dejar la presidencia, se retiró de la actividad política, pero permaneció en la escena pública y defendía causas como los derechos humanos, la paz mundial y la lucha contra el sida. La decisión surgió de su tragedia vivida: el único hijo que sobrevivió, Makgatho Mandela, murió de sida a los 55 años, en 2005. Fue en la prisión donde contrajo la tuberculosis. El día 8 de junio, cayó con una neumonía que a sus 95 años, habría de ponerlo al borde de la muerte.

Días atrás, Makaziwe, la hija mayor de Mandela, dijo en una entrevista concedida a una cadena de televisión pública: “Tata (“papá”, en zulú) todavía está con nosotros. Muy fuerte, muy valiente incluso, a falta de una palabra mejor, en su lecho de muerte. Creo que todavía nos está dando lecciones. Lecciones de paciencia, de amor, de tolerancia”. Pero días más tarde, el 5 de diciembre  “mkhulu”, “el abuelo”, como solían llamarle sus allegados, nos ha dejado. Ha marchado hacia un mundo mejor, donde no existen ni apartheid, ni horrendas cárceles como la el Robben Island. Un mundo maravilloso en donde se encontrará a gusto con un Gandhi, con Teresa de Calcuta y otros muchos héroes del pensamiento y del humanismo. Descansa “Mkhulu”, “Madiba”, y gracias por todo lo que en vida hiciste por tu gente… y por la gente del mundo entero.

Alicia Dorantes adorantesc@hotmail.com.

viernes, noviembre 08, 2013

Albert Camus - Centenario de su nacimiento


El mito de Sísifo
Albert Camus
13 Nov. 1913 - 13-Nov-2013


Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.
Si se ha de creer a Homero, Sísifo era el más sabio y prudente de los mortales. No obstante, según otra tradición, se inclinaba al oficio de bandido. No veo en ello contradicción. Difieren las opiniones sobre los motivos que le convirtieron en un trabajador inútil en los infiernos. Se le reprocha, ante todo, alguna ligereza con los dioses. Reveló sus secretos. Egina, hija de Asopo, fue raptada por Júpiter. Al padre le asombró esa desaparición y se quejó a Sísifo. Éste, que conocía el rapto, se ofreció a informar sobre él a Asopo con la condición de que diese agua a la ciudadela de Corinto. Prefirió la bendición del agua a los rayos celestes.
Por ello le castigaron enviándole al infierno. Homero nos cuenta también que Sísifo había encadenado a la Muerte. Plutón no pudo soportar el espectáculo de su imperio desierto y silencioso. Envió al dios de la guerra, quien liberó a la Muerte de manos de su vencedor. Se dice también que Sísifo, cuando estaba a punto de morir, quiso imprudentemente poner a prueba el amor de su esposa. le ordenó que arrojara su cuerpo sin sepultura en medio de la plaza pública. Sísifo se encontró en los infiernos y allí irritado por una obediencia tan contraria al amor humano, obtuvo de Plutón el permiso para volver a la tierra con objeto de castigar a su esposa. Pero cuando volvió a ver este mundo, a gustar del agua y el sol, de las piedras cálidas y el mar, ya no quiso volver a la sombra infernal.
Los llamamientos, las iras y las advertencias no sirvieron para nada. Vivió muchos años más ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la tierra. Fue necesario un decreto de los dioses. Mercurio bajó a la tierra a coger al audaz por la fuerza, le apartó de sus goces y le llevó por la fuerza a los infiernos, donde estaba ya preparada su roca. Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es en tanto por sus pasiones como por su tormento. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser dedica a no acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra. no se nos dice nada sobre Sísifo en los infiernos. los mitos están hechos para que la imaginación los anime. Con respecto a éste, lo único que se ve es todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad enteramente humana de dos manos llenas de tierra. Al final de ese largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza la meta. Sísifo ve entonces como la piedra desciende en algunos instantes hacia ese mundo inferior desde el que habrá de volverla a subir hacia las cimas, y baja de nuevo a la llanura. Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa. Un rostro que sufre tan cerca de las piedras es ya él mismo piedra.
Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento pero igual hacia el tormento cuyo fin no conocerá. Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan seguramente como su desdicha, es la hora de la conciencia. En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca. Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia.
¿En qué consistiría, en efecto, su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito?. El obrero actual trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo.
Pero no es trágico sino en los raros momentos en se hace consciente. Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde conoce toda la magnitud de su condición miserable: en ella piensa durante su descenso. La clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria. No hay destino que no venza con el desprecio.
Por lo tanto, si el descenso se hace algunos días con dolor, puede hacerse también con alegría. Esta palabra no está de mas. Sigo imaginándome a Sísifo volviendo hacia su roca, y el dolor estaba al comienzo. Cuando las imágenes de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el llamamiento de la dicha se hace demasiado apremiante, sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La inmensa angustia es demasiado pesada para poderla sobrellevar. Son nuestras noches de Getsemaní.
Sin embargo, las verdades aplastantes perecen al ser reconocidas. Así, Edipo obedece primeramente al destino sin saberlo, pero su tragedia comienza en el momento en que sabe. Pero en el mismo instante, ciego y desesperado, reconoce que el único vínculo que le une al mundo es la mano fresca de una muchacha. Entonces resuena una frase desesperada: «A pesar de tantas pruebas, mi edad avanzada y la grandeza de mi alma me hacen juzgar que todo está bien». El Edipo de Sófocles, como el Kirilov de Dostoievsky, da así la fórmula de la victoria absurda. La sabiduría antigua coincide con el heroismo moderno. No se descubre lo absurdo sin sentirse tentado a escribir algún manual de la dicha. «¿Cómo? ¿Por caminos tan estrechos...?». Pero no hay más que un mundo. La dicha y lo absurdo son dos hijos de la misma tierra. Son inseparables. Sería un error decir que la dicha nace forzosamente del descubrimiento absurdo. Sucede también que la sensación de lo absurdo nace de la dicha. «Juzgo que todo está bien», dice Edipo, y esta palabra es sagrada. Resuena en el universo y limitado del hombre. Enseña que todo no es ni ha sido agotado. Expulsa de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción y afición a los dolores inútiles. Hace del destino un asunto humano, que debe ser arreglado entre los hombres. Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos.
En el universo vuelto de pronto a su silencio se alzan las mil vocecitas maravillosas de la tierra. Lamamientos inconscientes y secretos, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice que sí y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierten en su destino, creado por el, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando.
Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. Él también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada trozo mineral de esta montaña llena de oscuridad forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre.

Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.

martes, octubre 29, 2013

PASCAL QUIGNARD: DE LOS LAZOS ENTRE EL SONIDO Y LA NOCHE


PASCAL QUIGNARD

DE LOS LAZOS ENTRE EL SONIDO Y LA NOCHE

Ocurre que se dude de la audición sombría. Ocurre que las quimeras de un mundo amniótico, acuático, ensordecido, alejado, nos parezcan antecedentes litigiosos. Ocurre también que tengamos la viva sensación de recordarlos. Pero la remembranza es una narración, como el relato que trae el sueño: aquella narración o este relato aportan de tal modo consigo que con fundamento recelamos de nosotros mismos. Solo somos un conflicto de relatos, respaldado por un nombre.

¿Puédese hallar en la historia una prueba que confirme este tormento de la audiencia oscura y que al mismo tiempo esté libre de toda presuposición?

Esa prueba existe.

Carece de sentido. Es la más insólita de las pruebas, la de extensión más inaprehensible, y se sitúa precisamente en la fuente temporal de la especificación de la especie: en la lenta desincronización que ocurrió en la prehistoria.

*

Hace veinte mil años ocurrió el milenio en que los hombres, provistos de antorchas poco humosas (elaboradas a partir de la grasa de las presas muertas, y desolladas antes de curtir sus pieles), penetraron espacios completamente entenebrecidos dispersos en los flancos de acantilados y en cavernas de las montañas. Valiéndose de esas antorchas decoraron, con grandes figuras animales monocromas o bicolores, vastas salas condenadas hasta entonces a la noche perpetua.

*

¿Por qué el nacimiento del arte está enlazado a una expedición subterránea?

¿Por qué el arte fue y es una aventura sombría?

¿Por qué el arte visual (al menos el arte visible en la oscuridad a la luz temblorosa de una antorcha de grasa) presenta un vínculo con los sueños, que también son visiones nocturnae?

Transcurrieron veintiún mil años: a fines del siglo diecinueve la humanidad acudió en masa a sepultarse y apretujarse en las oscuras salas de cinematografía.

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¿Por qué numerosos muertos, hasta del Mesolítico, fueron hallados con los miembros recogidos sobre sí mismos, ligados con nervios de renos muertos, en posición fetal, con la cabeza entre las rodillas, en forma de huevos cubiertos de ocre rojo envueltos en los cueros de animales decapitados y cosidos? ¿Por qué las primeras representaciones humanas son quiméricas{1}, y mezclan animalidad y humanidad, hombres-bisontes, chamanes cantores con cabezas de animal?

¿Por qué esos ciervos con sus cornamentas, representados mientras braman? ¿Por qué esos machos cabríos representados al momento del celo y del temblor vocal? (Tragódia, en griego, y de manera todavía explícita para un griego moderno, dice el canto del macho cabrío). ¿Por qué esos leones con las fauces abiertas y rugientes?

¿Acaso aquellas primeras imágenes figuran la música?

¿Estaban aquellos "visionarios" -chamanes y soñadores de noche cavernosa, primeros pintores a fresca- particularmente interesados en el cambio de voz de los animales de cuernos y voces mudadizas? Más precisamente: ¿en la muda de los jóvenes en la edad del cambio de su cuerpo y de su voz, en la edad del mudarse el niño en hombre, es decir en la edad de su iniciación en los arcanos de los cazadores (es decir en los secretos de los hombres-animales) y en el lenguaje secreto de las fieras que perseguían, de las que se alimentaban y con cuya piel se vestían?

El cuerno del íbice, el del toro, el del reno ¿permiten vislumbrar el instrumento que sirve para beber su sangre y repartida luego de la muerte sacrificial, el licor fermentado que inspira visión y danza mimética, el sonido de su llamada?

¿Cantaban aquellos hombres al pintar, como hacen los Bushmen de Australia? (Del mismo modo, en las leyendas acerca del gran pintor griego Parrhasios{2} éste aparece cantando.)

¿Por qué todos los santuarios inventariados empiezan donde la luz del día y la claridad astral cesan de ser perceptibles, donde las tinieblas y la profundidad recóndita de la tierra reinan sin reservas?

¿Por qué había que ocultar las imágenes (que no son imágenes, que cada vez fueron visiones, phantasmata que sólo se entreveían gracias a la luz temblorosa que reposaba en la grasa del animal abatido) en lo oculto de la tierra? ¿Por qué escariar luego lo mostrado? ¿Por qué horadar con flechas lo representado, igual que en los juegos de pelota o de dardos de las fiestas tradicionales y feriantes? ¿Como otros tantos San Sebastián?

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André Leroi-Gourhan, en Prehistoria del arte, reunió la interrogante en una sola fórmula: ¿por qué el pensamiento de los cazadores de bisontes y caballos se "enterró" cuando se retiraron los glaciares?

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Presento la conjetura propia de este breve tratado en la forma siguiente: esas cavernas no son santuarios de imágenes.

Sostengo que las grutas paleolíticas son instrumentos de música cuyas paredes fueron decoradas.

Son resonadores nocturnos que fueron pintados de un modo nada panorámico: se los pintó en lo invisible. Son cámaras de eco, y el eco determinó la elección de las paredes decoradas. El eco es el lugar del doble sonoro (del mismo modo que la máscara es el lugar del doble visible: máscaras de bisonte, máscaras de ciervo, máscaras de ave de presa de pico curvo, maniquí del hombre-bisonte). El hombre-ciervo representado al fondo del agujero sin salida de la gruta de Trois-Fréres sostiene un arco. No distinguiré el arma de caza de la primera lira, así como tampoco distinguí a Apolo arquero de Apolo citarista.

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Las pinturas rupestres empiezan donde se dej a de ver la mano desplegada delante del rostro.

Donde se ve el color negro.

El eco es el guía y el referente en la oscuridad silenciosa donde penetran y donde buscan imágenes.

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El eco es la voz de lo invisible. Durante el día los vivos no ven a los muertos. Pero los ven en la noche, en los sueños. En el eco el emisor es inhallable. Lo visible y lo audible juegan a las escondidas.

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Los primeros hombres pintaron sus visiones nocturnae siguiendo las propiedades acústicas de algunas paredes. En las grutas de Ariége los pintores chamanes paleolíticos representan los rugidos justo delante de las fauces o el morro de las fieras, en forma de trazos agrupados. Aquellas marcas, incluso incisiones, son su rugido. Pintaron también a los chamanes enmascarados, con sus señuelos o sus arcos. La resonancia, en el gran santuario resonador, se vinculó con las apariciones tras los cortinajes de estalagmitas.

A la luz de la antorcha de grasa, que descubría una por una las epifanías bestiales rodeadas de penumbra, respondían las músicas de los litófonos de calcita.

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En Malta, en la gruta de Hipogeo{3}, hay una cavidad resonante tallada por mano de hombre. Tiene una frecuencia de noventa hertz, cuya amplificación resulta aterradora si las voces emitidas son graves.

R. Murray Shafer recensó en sus libros todos los zigurats, templos, criptas y catedrales con eco, con reverberación, con laberinto polifónico.

El eco engendra el misterio del mundo alter ego.

Lucrecio decía sencillamente que todo espacio de ecos es un templo.

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En mil setecientos setenta y seis, Vivant Denon visita el antro de ecos de la Sibila y anota en su diario de viaje: "No hay resonancia más delicada. Quizás es el objeto sonoro más bello que existe".

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En la gruta de Trois- Fréres, el chamán con cuernos de reno, con orejas de reno, con cola de caballo y patas de león, tiene ojos de búho: son los ojos de los predadores de oído. De los cavernícolas.

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Los Aranda dicen alkneraka para el verbo nacer: hacerse-ojos.

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País-sin-retorno era el nombre que daban los antiguos habitantes de Sumeria al lugar donde van los muertos.

Los textos sumerios describen así el País-sin-retorno: los alientos de los muertos sobreviven difícilmente, dormidos, terrosos, cubiertos de plumas, tan desdichados como los "pájaros nocturnos que habitan las cavernas".

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Isis, cuando regaló a los primeros egipcios el modelo del lamento, dice en su lamentación que cuando los ojos no ven los ojos desean.

El cántico puntualiza, en detrimento del lenguaje, que la voz que llama a los muertos no logra hacerse oír por ellos. La voz sólo los nombra. Sólo puede llamar al dolor a aquellas que están privadas del que amaron.

El mito dice que cuando Isis comenzó su primer lamento -la lamentación sobre el cadáver de Osiris castrado y cuyo sexo se había perdido-, en ese preciso instante, murió el hijo de la reina de Byblos.

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La primera narración figurativa fue pintada al fondo de un pozo situado al fondo de una caverna completamente oscura. Es un hombre itifálico muriendo de espaldas, un bisonte que lo ataca, destripado por un venablo, un cayado coronado por una cabeza de pájaro de pico curvo.

La última religión que persiste en el espacio donde vivo representa a un hombre que muere.

Está dicho en el Nuevo Testamento que Cristo recibió la palmada con los ojos vendados. Todo Dios sangra en la sombra.

Dios sólo sangra en la audición y en la noche. Fuera de la noche o de las grutas, resplandece.

Isaac ya no puede ver. Está en su noche. Jacob dice: "No te traje un cordero desgarrado por las fieras".

Jacob no trajo un cordero desgarrado por los animales feroces, pero con él cubrió sus brazos.

Isaac lo palpa y dice: "La voz es de Jacob, pero los brazos son de Esaú", y lo bendice.

Piensa: "La voz todavía no muda y sin embargo el cuerpo es velludo".

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De niño, cantaba. Adolescente, igual que todo adolescente, mi voz se quebró. Pero pervivió, sofocada y perdida. Me sumergí apasionadamente en la música instrumental. Hay un lazo directo entre la música y el cambio de voz. Las mujeres nacen y mueren en un soprano que parece indestructible. Su voz es un reino. Los hombres pierden sus voces de niño. A los trece años enronquecen, cacarean, balan. Es curioso que nuestro idioma diga todavía que cacarean o balan. Los hombres se incluyen entre los animales cuya voz se quiebra. En la especie, conforman la especie de los cantos a dos voces.

Es posible definidos desde la pubertad: humanos a quienes la voz abandonó cual una muda.

Para la voz masculina, la niñez, el no-lenguaje, la relación con la madre y con su agua oscura con tabique del amnios, luego la obediente elaboración de las primeras emociones y finalmente la voz infantil que atrae al lenguaje materno, son la piel de una serpiente.

Entonces o bien los hombres cercenan las bolsas testiculares e interrumpen la muda: es la voz infantil para siempre. Son los castrados.

O bien los hombres componen con la voz perdida. Son los compositores. Recomponen como pueden un territorio sonoro que no muda, inmóvil.

O también los humanos suplen con instrumentos el desmayo corporal y el abandono sonoro en que los hundió su voz enronquecida.

Recobran así los registros agudos, a la vez pueriles y maternales, de la emoción naciente, de la patria sonora.

Se los llama virtuosos.

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Se puede definir la castración humana como la domesticación neolítica de la voz. Domesticación intraespecífica, en boga desde la época neolítica hasta fines del siglo dieciocho europeo. Remite a los subterráneos de circuncisión de las grutas chamánicas donde morir a la infancia y renacer mudado en hombre-animal, en cazador, eran una sola y pareja metamorfosis.

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En la gruta de Hipogeo, las voces de las mujeres y los niños no consiguen que retumbe el instrumento de piedra, pues la frecuencia aguda de sus voces no estremece la resonancia rocosa.

Sólo los jóvenes que mudaron hacen retumbar la gruta de Hipogeo.

Cambiar de voz, morir y renacer: el viaje funerario o nocturnal y la iniciación juvenil son indisociables. Propp decía que todos los relatos maravillosos del mundo narraban ese viaje de iniciación: regresar barbudo y ronco.

¿Qué es un héroe? Ni un viviente ni un muerto. Es un chamán que penetra en el otro mundo y regresa.

Un mudado.

Es volver a salir de la caverna, del hocico animal que engulle, despedaza, hiende y regurgita en la luz solar.

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Desde que emergimos en la zoología, tres millones de años nos separan de las armas y los utensilios tallados en piedra. Después cuarenta mil años de prehistoria. En fin, nueve mil años de historia, que no es otra que la guerra infinita. Los hombres, al finalizar la prehistoria y nacer el neolítico, desgarraron el tiempo hasta premeditar el año y trataron a las plantas, los animales y los hombres como si fueran criadores. Sacrificaron las primicias de las plantas, los recién nacidos de los rebaños y de los suyos: castraron.

Osiris es desgarrado y emasculado. Su sexo perdido es el decimocuarto trozo de su cuerpo. Durante las procesiones en su honor, las mujeres músicas entonaban sus cánticos moviendo con hilos las marionetas obscenas del Dios. Attis arranca su pene bajo un pino y asperja la tierra con sangre. Tamborines, címbalos, flautas y cornos acompañan el ritual. Estos cánticos de los sacerdotes eunucos de Attis tuvieron inmenso renombre en todo Oriente. Marsias el músico, después de recoger la flauta desechada por Atenea, fue atado a un pino, emasculado y después desollado{3}.

En la época histórica, los griegos iban a ver su piel en Celéne, en una gruta al pie de la ciudadela. Decían que aún se estremecía, por poco que el auleta tocara bien su flauta. Orfeo es emasculado y desgarrado. Se enlazan la música, la voz maravillosa, la voz domesticada y la castración.

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La muerte tiene hambre. Pero la muerte es ciega. Caneca nox.

Noche negra quiere decir noche ciega, que no ve.

Cuando es de noche los muertos solo pueden reconocer por la voz.

En la noche la detección es acústica. Al fondo de las grutas, en el silencio absoluto y nocturno del fondo de las grutas, los cortinajes de calcita blanca y dorada están quebrados a la altura de un hombre.

En época prehistórica se transportaba fuera de las grutas las estalagmitas y las estalactitas rotas. Son fetiches.

*

El geógrafo griego Estrabón señala que al fondo de la gruta de Corycia, a doscientos pies de la entrada, bajo el surtir de las estalactitas, allí donde brota el manantial subterráneo para desaparecer enseguida por la fisura, rugiendo en la oscuridad más completa, los hombres piadosos de Grecia escuchaban címbalos que tocaban las manos de Zeus.

Estrabón agrega que otros griegos, en el primer siglo antes de Cristo, aseveraban que se trataba del entrechocar de las mandíbulas de Tifón, ladrón de nervios de oso.

*

En el decimoctavo siglo de nuestra era, Jan de l'Ors (Juan del Oso) ata sólidamente la soga bajo sus brazos. Baja al fondo del pozo. El agujero se hunde verticalmente en la tierra; él no percibe el fondo. Las paredes son viscosas y algunos murciélagos huyen sigilosamente en la oscuridad. El descenso dura tres días plenos.

Al cabo del tercer día, su báculo de cuarenta quintales topa el fondo de la tierra. Jan de l'Ors se libera de la soga. Da algunos pasos en la inmensa caverna donde acaba de llegar.

Una gran pila de huesos cubre el suelo. Camina en medio de los cráneos.

Entra en un castillo en medio de la gruta. Camina, pero sus pasos ya no resuenan.

Jan arroja su cayado de cuarenta quintales en el suelo de mármol: el ruido es de pluma de pájaro que cae en la nieve.

Jan de l'Ors comprende enseguida que este castillo es la morada donde los sonidos no pueden nacer.

Alza la mirada hacia un gato gigantesco tallado en calcita, en vidrio luminoso, en cristal. En la frente del gato inmenso un carbunclo resplandece en la oscuridad. Por doquier hay árboles cargados de manzanas de oro que rodean una fontana muda: el agua brota y cae sin que nadie lo escuche.

Sentada en el borde de la fontana, una joven, bella como la aurora, peina su cabellera con un creciente de luna.

Jan de l'Ors se aproxima pero ella no lo ve. Los ojos de la joven maravillosa siguen irresistiblemente clavados en los fuegos del carbunclo que hechiza el lugar.

Jan quiere hablarle: plantea su pregunta. Pero su pregunta no resuena.

"La mujer está embrujada -piensa Jan de l'Ors- y voy a enloquecer es este silencio de muerte."

Entonces Jan alza su cayado de cuarenta quintales, lo blande y asesta un fuerte golpe en la cabeza del gran gato de cristal. Todas las estalactitas se quiebran y emiten el canto más bello del mundo. La fontana murmura. Las losas resuenan. Las hojas susurran en los ramajes de los árboles. Las voces hablan.


Notas

[1] Quimera quiere decir "cabra". Según Hornero, la Quimera era un animal solemne, con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente; echaba fuego por la boca y la mató Belerofonte, hijo de Glauco, cumpliendo el presagio de los dioses. La Teogonia de Hesíodo la describe con tres cabezas, y así está figurada en el famoso bronce de Arezzo, que data del siglo V. Se halló una Quimera grabada en las paredes de un templo hitita de Carquemis. (N. del T.)

[2] Los antiguos decían que el pintor Parrhasios de Efesos había inventado la pornographia alrededor de -410, en Atenas. Pornographia dice literalmente pintura-de-prostituida. (N. del T.)

[3] Hipogeo es una bóveda subterránea donde los antiguos depositaban los cadáveres. (N. del T.)



El odio a la música, diez pequeños tratados, Cuarto tratado
Traducción:  Pierre Jacomet
Imagen: © Marianne Rosenstiehl/Sygma/Corbis