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lunes, marzo 22, 2010

Cristina Caballero: DOS POEMAS


DOS POEMAS
Cristina Caballero


COMO ESAS DULCES CANCIONES…

…que oía cuando afuera
aullaba el temporal

mareas de letras se acompasan
veo el jardín intacto
los árboles
que ya no existen
y caen aún
sobre su cuerpo

ahí estuvo
ahí estuvimos

cuánto mirar de sombra
cuánta luz tan cegadora

nos atrapan paredes enmohecidas
pero nadie oculta la verdad
del Paraíso ya perdido

ahí cayó el viejo roble
sin traicionar la esencia de arce
de álamo
de espino
y de castaño

y no habría manos suficientes
que golpearan piedras
hechas de agua
y los pies
jamás descansarían
si lo que ahí quedó
ya nunca vuelve


ARCO IRIS
PARA UNA SOLITARIA ESPADA

Sencilla claridad de sábado
el sonido de esa escoba
hecha con las ramas secas
de un espino
el flautín en la garganta de las aves

todo emerge con sus sombras
con la luz
entre otras manos prodigiosas

como un teatro de mentira verdadera
vaga el mundo
ofreciéndome migajas
sensaciones

¿qué hay detrás de ello?
si la Tierra se estremece
si la Muerte
anda por ahí
guadaña en mano

no lo entiendo
no lo entiendo

todo grita su silencio
con los brazos hechos sangre
la boca sin respiro
el corazón
que ya no duele
que no siente

no quiero nada de esto

soy un caminante entre el polvo
de senderos invisibles

apenas miro a los demás
quién soy
desaparece

y no quiero
no quiero sólo eso...

Odín Peredo: IVEC - La tristeza de algo tan sencillo



IVEC - LA TRISTEZA DE ALGO TAN SENCILLO

Odín Peredo


Hola, Nacho me da gusto que algunas personas se interesen en la cultura y además la promuevan como tú lo haces. Te envío este escrito para que lo dirijas a la parte donde la educación y la cultura deben converger.

Resulta que el pasado domingo 21 de marzo --Natalicio del Benemérito de la Américas, un hombre culto y lleno valores-- me aconteció algo que ya parece demasiado común en algunas dependencias públicas; que si Don Benito Juárez estuviese leyendo estas letras añoraría el valor de nuestra gente.

En el IVEC (Instituto Veracruzano de la Cultura) se programó en este día, a las 12:00 horas, un filme titulado "El Principito", una novela que está por demásr decir: joya de la literatura, escrita por un piloto. Al evento mi familia y tu servidor estuvimos a la hora y fecha indicada. Yo con la ilusión de que mis hijos se deleitaran con el filme, y ellos emocionados y casi con las palomitas en la mano... craso error, la persona responsable de proyectar la película jamás llegó; estuvimos esperando más de 40 minutos, y nada. Finalmente tuvimos que irnos todos desilusionados.

Antes de ello, pregunté, a una de las personas encargadas, qué había pasado. Me comentó: " es que así somos los mexicanos". Esto me indignó mucho, de tal forma que tuve que responder: "Espero que no creas que es el estándar de los mexicanos es ser como la persona que falta a un trabajo, donde por pura dignidad y profesionalismo debe presentarse y cumplir, además de la convicción de lo que debe ser un servidor público: uno que realmente debe dar algo más allá del un sueldo que emana de la misma comunidad a la que pretende "servir".

Le dije por último: "Yo soy mexicano y mis hijos también, y no creo que el 'así somos los mexicanos' me impida inculcarles valores de los que creo tú mismo adoleces".
El mexicano es una mezcla de razas, donde se anteponen dos grandes culturas que sincretizadas nos dan la fortaleza de saber lo que somos; esto no da derecho a considerar a un mexicano ni mediocre, ni ratero u otorgarle otra calificación peyorativa; porque si así fuera, el mexicano se convierte entonces en una persona que nació en un pueblo sin esperanza y sin fe y, mucho menos, con lealtad a su casa, patria y responsabilidad a su oficio.

Ojala Nacho se pueda extender este escrito para que las personas que deseen ser mexicanos comprometidos cooperen con nuestro IVEC; que hagamos cumplir o seleccionar mejor a las personas que están en un espacio que se precia de traer hasta nosotros eso: Educación y Cultura.
Atte. Odin

martes, marzo 16, 2010

ULLTIMOS APORTES - 16-03-2010




LOS ELEMENTOS DEL REINO


ÚLTIMOS APORTES


EN ESTE NÚMERO



Roberto Blaga






Ernesto Che Guevara





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Roberto Blaga: CHE, 50 años de una fotografía perdurable







50 años de una fotografía perdurable
Roberto Blaga

A las tres de la tarde del día 4 de marzo de 1960, se hizo la toma uno de los retratos más famosos de la historia. El fotógrafo fue el cubano Alberto Korda, el retratado, el revolucionario Ernesto Che Guevara. Un retrato natural y espontáneo durante un acto conmemorativo en La Habana. Fidel Castro pronunciaba un discurso rodeado de varios líderes cubanos, entre ellos el comandante Guevara. Korda manifestó sentirse fascinado por la intensa mirada del Che. Unos ojos que denotaban sensibilidad, determinación, fuerza de voluntad y una gran dignidad. Nadie sospechó en ese momento que esta fotografía se convertiría años más tarde en icono mundial de la protesta contra el capitalismo, la galopante globalización, la lucha contra los depredaores de ecológicos y el sistema económico que ha abierto una brecha (al parecer infranqueable) entre ricos y miserables.

La foto fue tomada cuando Guevara tenía 31 años. El sitio: un entierro por la víctimas de la explosión de la embarcación cubana La Coubre. La foto no fue publicada sino hasta siete años después de la muerte del Che en Bolivia, cuando un editor italiano de nombre, Giangiacomo Feltrinelli se hizo de los derechos para publicar el Diario del Che en Bolivia e imprimió la imagen en un gran póster. Feltrinelli había conseguido de Korda imágenes del Che unos meses antes de su muerte, las que fueron usadas para imprimir gran cantidad de posters en octubre de 1967. La foto del Che fue aislada del resto que la rodeaba originalmente.


Muy aparte de los carteles que comenzaron a salir con la imagen del Che, el afiche fue utilizado también por vodka Smirnoff. Korda nunca exigió derechos de autor por la foto, debido a que compartía los ideales de Guevara. Sin embargo en aquella ocasión sí reclamó los reclamó para evitar que la imagen fuese usada en un anuncio de bebida alcohólica. Korda era un convencido comunista y no permitió que se comercializase con la imagen; en aquel momento dijo a los periodistas:



"Como defensor de los ideales por los que el Che Guevara murió, no me opongo a la reproducción de la imagen para la difusión de su memoria y de la causa de la justicia social en el mundo; pero no para promocionar ese tipo de bebidas".


La foto de Korda fue editada para generar una igualmente famosa imagen en dos colores, generalmente en blanco y negro, en la que se contrastan los rasgos de su rostro. Esta imagen fue creada por el artista irlandés Jim Fitzpatrick.

Los gráficos de Fitzpatrick fueron usados en una pintura de Andy Warhol con el mismo proceso gráfico éste último ya había empleado en unos retratos de Marilyn Monroe. Sin embargo esta imagen resultó en realidad una falsificación hecha por Gerard Malanga; cuando Warhol se enteró del fraude, muy astutamente autentificó la copia y con ello se embolsó todos los derechos de su uso. Desde entonces la imagen ha aparecido en incontables pósters, camisetas, tazas, pegatines, plumas; sin contar que no parece existir manifestación social en el mundo (incluso en la férrea mano del gobierno estadunidense) en que no aparezca una pacarta con la imagen del revolucionario Che Guevara: éste se ha convertido en un icono de una nueva generación de jóvenes que creen en una cultura alternativa. No en vano la fotografía del Che, ha sido considerada la más reproducida del siglo XX, e incluso, en la historia de la fotografía.


Los hechos


El vapor cubano La Coubre estaba anclado en la bahía de La Habana. En sus bodegas traía 44 toneladas de granadas y 31 de municiones. Romualdo Díaz, en la bodega uno, estibaba cajas. José Antonio Díaz comentaba lo lindo que estaba el día. La temperatura era más bien fresca, agradable. Sonó el timbre para el cambio de turno y Manuel La O se dirigió al buque para ocupar su puesto de custodio. José Antonio fue hacia la puerta del muelle a merendar. Romualdo se quedó unos minutos conversando con los estibadores que le sustituían. Alrededor de las 3:10 p.m., desembarcó y dio unos pasos por el muelle...
De pronto, una explosión estremeció la tierra. Los postes del tendido eléctrico temblaron y un hongo de ribetes negros se elevó sobre el muelle. Romualdo se vio lanzado por el aire. Al volver en sí, vio que el paisaje había cambiado: los almacenes no tenían techo y La Coubre, destrozado de proa, se había desatracado. José Antonio despertó en el piso, con la cabeza y la pierna sangrantes. Manuel quedó inconsciente y al recobrar el conocimiento, le acometió un acceso de tos por el denso humo negro.
Soldados rebeldes, policías, bomberos, pueblo en general, acudieron a prestar ayuda. Empezó el rescate de heridos y de cadáveres. Una segunda explosión barrió con quienes, desafiando el peligro, habían tenido ese gesto de solidaridad humana. Nunca se sabrá cuántos muertos hubo en realidad. Se rescataron los restos de 101 personas (solo 95 fueron identificadas). El saldo de heridos sobrepasó los 200.
Semanas antes, el cónsul yanqui en Bruselas y un agregado militar de su embajada habían presionado a los fabricantes y a la cancillería belgas para que no se le vendieran esas armas a Cuba. Peritos de Europa occidental que investigaron el siniestro afirmaron que no hubo negligencia alguna en el descargue. El pueblo cubano nunca tuvo dudas de que el barco había sido saboteado. Aún tiene la plena convicción de que todo fue obra de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA)”.
Al día siguiente, en el entierro de todos los muertos que se habían producido el día anterior Fidel Castro pronunció su famoso discurso con la consigna de “Patria o Muerte” de la que también se cumplen 50 años:


“Y no solo que sabremos resistir cualquier agresión, sino que sabremos vencer cualquier agresión, y que nuevamente no tendríamos otra disyuntiva que aquella con que iniciamos la lucha revolucionaria: la de la libertad o la muerte. Solo que ahora libertad quiere decir algo más todavía: libertad quiere decir patria. Y la disyuntiva nuestra sería Patria o Muerte”.

Esas fueron las palabras de Fidel.
Ese 5 de marzo, Fidel hablaba y junto a él estaban los comandantes de la revolución, entre ellos el Che Guevara. Junto al Che estaban Jean Paul Sartre y Simone de Bouvier. Era en la habanera calle 23.
El fotógrafo del diario “Revolución”, Alberto Díaz Gutiérrez, Korda, cubría el acto, y en su tiro de ángulo no aparecía el Che. Él mismo lo contó:


"Estaba a unos 8 ó 10 metros de la tribuna donde hablaba Fidel y tenía una cámara de lente semi-telefoto cuando me percato que el Che se acerca a la baranda, donde estaban Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. El Che se había mantenido en un segundo plano. Se acerca a mirar el río de gente. Lo tengo en el objetivo, tiro uno y luego otro negativo, y en ese momento el Che se retira. Todo ocurrió en medio minuto.”



Luego escucharía a Fidel decir: “Patria ó Muerte”.


“Después que revelo y hago los contactos me digo 'Carajo, qué clase de expresión tiene este hombre aquí', hago una ampliación y la pongo en mi estudio. Yo tenía que llevar esa noche el trabajo del entierro de las víctimas de La Coubre a Revolución. Mi foto de Fidel hablando en la tribuna con las granadas de mano que habían quedado de la explosión es primera plana al otro día en el periódico, sin embargo la foto del Che no se publicó. No se publica hasta el 15 de abril de 1961, en una nota de prensa que anuncia una conferencia del Che como Ministro de Industrias...eso lo pude comprobar después. Muchas veces me han preguntado si el Che conocía mi foto; que me conste a mí, no. Me imagino que como él leía el periódico rigurosamente debe haber visto la foto, pero nunca lo hablamos”.
“En Cuba se utiliza por primera vez en el acto funeral por la muerte del Che (1967). La dibujaron a tamaño gigante y la colocaron a todo lo alto del edificio del Ministerio del Interior. Ahí se levantó la tribuna y al otro día todos los diarios sacaron en portadas a Fidel, con la bandera a media asta y de fondo mi foto del Che. No he sabido nunca quién rescató esa foto ni cómo se hizo ese rescate. Quizás Celia o Haydée. Ese día yo tenía una pierna enyesada y me costó mucho trabajo llegar de la Biblioteca Nacional a la tribuna para tomar fotos. Fue una de las concentraciones más grandes que yo haya visto y había un silencio impresionante en la plaza. Llegar con mi pata coja a la tribuna fue tan difícil que realmente no recuerdo si sentí algo especial al ver aquella foto prácticamente olvidada.
Pero la foto ya era conocida en el mundo.
“Cuatro o cinco meses antes de octubre de 1967, fecha en que muere el Che, llega un hombre, desconocido para mí, buscando una foto del Che y con la recomendación de Haydée Santamaría. Yo le muestro la foto de mi estudio. El me dice "¿Usted puede hacerme dos copias?" Al día siguiente viene a recoger sus copias de 11 x 14 "¿Cuánto le debo?" Es un obsequio, le digo, pues usted viene enviado por una persona que yo admiro mucho. Y el hombre se va. Era Giangiacomo Feltrinelli, que venía de Bolivia, de tratar de intervenir con el gobierno de ese país por la libertad de Regis Debray. Me imagino que de algún modo Feltrinelli tuvo información de que el Che estaba en Bolivia, cosa que sabían muy pocas personas en el mundo. Esta imagen se hizo famosa por el afiche de Feltrinelli que yo ni sospechaba que iba a reproducir".



“No soy conocido en el mundo ni después de los afiches de Feltrinelli. El copyright no incluía mi nombre. Es una periodista italiana, Giuliana Scimé, a la que yo le presto el negativo en México para su taller de fotografía, la que publica un artículo en la revista italiana Progresso Fotográfico (junio, 1983) donde cuenta cómo sus alumnos al ver el negativo lloraban de emoción. La foto era famosa y nadie se había ocupado de quién era su autor".


Alberto Korda, que así se hacía llamar, tuvo un estudio fotográfico, que se mantuvo incluso después del triunfo de la Revolución: “Estudio Korda”, y su socio, Luís Pierce, llamado Luís Korda haría la famosa foto de Fidel entrando a La Habana teniendo a Camilo Cienfuegos a un lado.
La famosa fotografía El Guerrillero Heroico, hecha por Alberto Korda es, a consideración de grandes críticos, es uno de los diez mejores retratos fotográficos de todos los tiempos y constituye la más reproducida de la historia de la fotografía en todo el mundo.


El encuentro de Korda y el Che


“Muchas veces me han preguntado si el Che conocía mi foto; que me conste a mí, no. Me imagino que como él leía el periódico rigurosamente debe haber visto la foto, pero nunca lo hablamos.
El Che no era muy afín a que le hicieran propaganda gráfica. El periódico Revolución me mandó una vez a cubrir un trabajo del Che por la zona de Morón, donde él estaba ensayando el primer prototipo de máquina cortadora de caña. Me mandan a mí y a un periodista. El día que llegamos no lo encontramos y esperamos en la casa de visita del central. Llegó en la noche todo lleno de tierra y entonces muy ufano me le acerco: "Al fin lo encontramos, Comandante; nos mandó el periódico a hacer un trabajo sobre la prueba de la cortadora de caña". Y entonces con esa ironía típica de los argentinos me dice: "¿Y tú, Korda, de dónde eres?" "¿Cómo que de dónde? Yo nací en La Habana" "¿En la misma capital?" "Sí" "¿Y tú has cortado caña alguna vez?" "Yo, Comandante, nunca" Llama a uno de sus escoltas y le dice: "Por favor, consíguele a los compañeros periodistas de La Habana unas buenas mochas para que colaboren con la zafra del pueblo; cuando hayan trabajado un poco en eso, hacemos el reportaje de la cortadora". Estuvimos una semana cortando caña para tirarle la foto en la máquina
".



Alberto Díaz Gutiérrez, Korda, nació en La Habana el 14 de septiembre de 1928 y falleció en París el 25 de mayo de 2001. Tenía 72 años.
Justo un año antes se le reconocieron internacionalmente por primera vez, los derechos de autor sobre la fotografía tras un largo litigio en los tribunales londinenses contra dos agencias publicitarias que la habían utilizado para una campaña comercial. El dinero que obtuvo, 50.000 dólares, lo donó al gobierno cubano para adquirir medicamentos para niños, algo que según Korda “es lo que hubiera hecho Ernesto Che Guevara”. Entonces el fotógrafo declaró: “Como seguidor de los ideales por los que murió el Che no estoy en contra de la reproducción masiva que su imagen ha tenido porque eso significa extender su memoria y la causa de justicia social por todo el mundo, pero sí estoy sumamente en contra del uso de la imagen del Che para promocionar productos que menoscaben su reputación”.


En Cuba y los pueblos de Nuestra América se sigue rindiendo honores de conciencia a Ernesto Guevara, lejos aún como estamos algunos pueblos de encarnar al Hombre Nuevo que prefiguró y por el que tanto luchó.


“Porque esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente.”, diría el comandante Ernesto Che Guevara

Ernesto Che Guevara: De viva voz



En diversos discursos, entrevistas periodísticas, misivas y apuntes personales, el Che Guevaera plasmó algunos pensamientos memorables que hoy trazan muy bien el perfil de un revolucionario de congruencia fuera de toda duda. Aquí presentamos algunas de esas frases contundentes; su hechos y acciones hasta el fin de su vida, no sólo hablan por ellas: su amor y lucha por sus semejantes demostraron que las propias palabras pueden ser superadas.
(I.G.)


DE VIVA VOZ
Ernesto Che Guevara


Todos los días hay que luchar porque ese amor viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.

Aquí lo que hace falta no son homenajes sino trabajo. En cuanto a los honores, se los agradezco, pero les voy a responder en francés, que es más delicado…para no ofenderlos: Les henneurs cam’ emmerede.

De verdad no sé de qué parte es mi familia…No creo que seamos parientes cercanos; pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante.

(Contestación a una mujer marroquí que le preguntaba si acaso fueran parientes)

No se trata de cuántos kilogramos de carne se come, o cuantas veces al año se puede ir a la playa, ni cuántas bellezas del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata precisamente de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad.

Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrifico, consciente de recibir el premio de la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el Hombre Nuevo que se vislumbra en el horizonte.

Un pueblo en el que hace poco los marinos norteamericanos hacían sus necesidades en la cabeza de nuestro apóstol Martí, hoy es un pueblo completamente erguido ante el imperialismo norteamericano.

Lo que nosotros debemos practicar hoy es la solidaridad. Nos debemos de acercar al pueblo para decir: “aquí estamos, venimos a darte el amor de nuestra presencia, a enseñarte con nuestra presencia, a enseñarte con nuestra ciencia (…) Debemos ir con afán investigativo y, con espíritu humilde, aprender de la gran sabiduría del pueblo.

El revolucionario verdadero está guiado por verdaderos sentimientos de amor.

La moderación es otra palabra que gusta a los grandes agentes de la colonia. Son moderados todos los que tienen miedo o piensan traiconar de alguna forma. El pueblo no es de ninguna forma moderado.

Donde quiera que la muerte nos sorprenda, será bien recibida mientras nuestro grito de guerra sea bien escuchado.

La revolución se lleva en el corazón, no los labios para vivir de ella.

Ha pasado un camión del ejército, el mismo de ayer, en la parte de atrás dos soldaditos envueltos en una manta. No he tenido el valor de dispararles ni he tenido suficientes reflejos para capturarlos.

Muchos me dirán aventurero, y lo soy. Sólo que de un tipo diferente y de los que exponen el pellejo para demostrar sus verdades.

El pasado sigue pesando en nosotros porque la liberación de la mujer no está completo. Y una de nuestras tareas debe ser lograr su libertad, su liberación interna, porque no se trata de una obligación física que se imponga a las mujeres para retotraerse en determinadas acciones; es también el peso de una tradición anterior.

Porque esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente.

Nuestra libertad y su sostén cotidiano tienen color de sangre y están henchidos de sacrificio.

Me siento patriota de América Latina, de cualquier país de América Latina, en el modo más absoluto, y tal vez, si fuera necesario, estaría dispuesto a dar mi vida por la liberación de cualquier país latinoamericano, sin pedir nada a nadie. Sin explorar a nadie.

Todos los días la gente se arregla el cabello ¿por qué no el corazón?


Endurecerse sin perder la ternura jamás.


…y sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.
(En Carta a sus Hijos)

Apunte y sostenga firme el arma: va a matar a un hombre
(Últimas palabras del Che, dirigidas al militar esbirro que lo asesinó en Bolivia)

miércoles, marzo 10, 2010

ÚLTIMOS APORTES - 11-03-2010




LOS ELEMENTOS DEL REINO

ÚLTIMOS APORTES

En este número


Lilia Ramírez




Alicia Dorantes





Juventino Ferreira Rosas





Elber González





EVENTOS




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Lilia Ramírez: Las azules uvas del demonio

LAS AZULES UVAS DEL DEMONIO
Lilia Ramírez

Michael, Michel, Michele, sonoras campanadas que derivan por la catedral de mi conciencia. Icono alado: Miguel, el de la refulgente espada, el combativo, el guerrero, el que vence a un demonio de retráctiles alas de murciélago, cuernos de toro, patas de macho cabrío y una barba de chivo que encona aún más su mirada. Dorados rizos y el mismo mítico nombre coronan los azules ojos del arcángel y del actor favorito de mi juventud. De maneras retorcidas, ciertos hechos me ligan con este seductor de película, el londinense Michael Caine, quien se enamoró, no de mí, sino de la sudamericana Shakira Baksh, Miss Guyana 1967. Se dice que al mirar Michael a la morena belleza en un comercial de televisión de la entonces famosa marca de café Maxwell House, solicitó a Ridley Scott (director del comercial) presentarlos, y así se casó con ella. En noviembre de 1978 (ya estaba yo prendada del desenfadado y rubio actor) otro producto de la misma firma que el revelador e internacional café, el refresco en polvo Kool-Aid (del cual yo desarrollaba entonces su fórmula) se hizo trágica y mundialmente famoso al ser usado, en la Guyana de Shakira Caine, como vehículo para que novecientos trece miembros de la secta Templo de las Personas (People´s Temple) cometieran suicidio colectivo bajo la presión del líder del grupo, Jim Jones, quien condujo al grupo a tomar cianuro de potasio mezclado con el licor sintético de uva marca Kool-Aid.

En ese mismo año, 1978, mientras Scott rodaba el famoso film: “Alien, el octavo pasajero”, yo me agotaba del laboratorio a la planta, pesando ingredientes, subiendo a las mezcladoras, tomando muestras, analizándolas, haciendo pruebas de anaquel. Un trabajo agotador para alguien con un embarazo de seis meses. La nueva formulación de Kool-Aid debía probarse y aprobarse a toda costa.

Ese día, un fino polvo se desprendía de las aspas de las mezcladoras a pesar de su cierre hermético, era una nube que impregnaba algo más que la conciencia. Por la noche de ese día, extenuada por los trabajos de la fábrica y el inmenso tráfico que provocó en la Cd. de México el estreno del thriller de Scott, al llegar a casa, el vapor caliente del cuarto de baño hizo brotar de mi cuerpo pegajosos hilos rojos, morados, verdes, amarillos. Hilillos que escurrieron por mis cabellos surcándome la espalda y el hinchado vientre; enredándose en mis tobillos, encegueciéndome con la flamígera espada de San Miguel… Michael… Alien, el octavo demonio… Pero en lo alto algo brillaba, y no era el ventanal filtrando la luna: era la rubia cabellera seduciéndome. Dorados rizos coronaban los azules ojos, ¿las agridulces uvas de los suicidas?




Alicia Dorantes: El sielncio que la voz de todos quiebra



El silencio que la voz de todos quiebra...
Por Alicia Dorantes


¡Confórmate, mujer! Hemos venido
a este valle de lágrimas que abate,
tú, como la paloma para el nido,
y yo, como león, para el combate.
Salvador Díaz Mirón

¿Qué puede decir una mujer acerca de otras mujeres, que no suene a crítica envidiosa, a pedantería, inmodestia o falso orgullo? Estoy totalmente convencida de que se puede hablar de miles de mujeres que han vivido cobijadas en el silencio o lo han traspasado rompiendo el anonimato y se han proyectado a la universalidad. Podemos hablar de mujeres mexicanas, latinas; universales, pero el sólo mencionarlas ocuparía hojas repletas de nombres y ese no es el objetivo de estas líneas.
Podríamos conversar de las heroínas que nacen, viven y mueren en la mudez de una humilde choza, tras la lumbre del fogón, o conduciendo el arado y abriendo en la tierra fértil o inhóspita, surcos profundos ávidos de recibir la semilla prometedora de sobrevivencia, en tanto ellas dan hijos a la vida: hijos que por carecer de todo, muchos ni siquiera llegan a vivir. Tal vez platiquemos de niñas que en cuanto respiran, son brutalmente asesinadas, apareciendo sus cuerpecitos inertes entre los lejanos arrozales siendo su única culpa la de haber sido mujeres. O de lo que acontece en muchos países en que el aborto es permitido o casi obligado cuando el ultrasonido diagnostica que el sexo de ese ser humano en maravilloso desarrollo, corresponde a una niña. O de aquellas naciones en que los hospicios están repletos de niñas abandonadas. O ¿por qué no, de las chiquitinas a las que en algunos países de África se les mutilan los órganos genitales de forma por demás inhumana, para que cuando sean adultas no tengan la capacidad de disfrutar las relaciones sexuales? ¿O qué de las que viven prisioneras en una cruel e injusta burka?
En otro momento de nuestra charla, podemos conversar de las mujeres que Sí rompieron el ancestral mutismo de una u otra forma y defienden con pasión y vehemencia, con verdadero temple a su género; a su raza como Indira Ghandi o Rigoberta Menchú. O sólo por citar algunas heroínas: Juana de Arco, muerta en la hoguera y después santificada, o nuestra Josefa Ortiz de Domínguez; o a algunas víctimas de la locura humana como Anna Frank, Irena Sandler, Rachel Corrie, Digna Ochoa; o bien escritoras o poetas: Sor Juana Inés de la Cruz, Josefa Murillo, George Sands, Rosario Castellanos, Violeta Parra, Chabuca Granda; o quienes lograron la máxima presea literaria: el premio nobel: Selma Lagerlöf, la primera galardonada con este premio en 1909, Pearl S. Buck, en 1938, Gabriela Mistral, en 1945, Doris Lessing, 2007 y Herta Müller en 2009, por no mencionar al grupo de las 12. O pintoras como Frieda Khalo; o mujeres que se sobrepusieron a la adversidad: Hellen Keller, Gaby Brimmer, la misma Khalo, o que han destacado en la ciencia: Mania Sklodowska, mejor conocida como Marie Curie y su hija Irene Jolliot-Curie, ambas ganadoras del Nobel por sus trascendentales investigaciones; Rachel Carson, madre de la ecología, o la doctora Rita Levy Motalcini, neurofisióloga, premio nobel de medicina 1987, la doctora Elisabeth Kübler Ross, fundadora de la tanatología, “el arte del buen morir”; o mujeres intrépidas que marcaron derroteros a seguir: Amelia Ehart o profundamente humanas como Florencia Nigtingale, madre de la enfermería moderna; o la pequeña albanesa Agnes Gonxha Bojaxhiu, a la que el mundo amó y ama como la Madre Teresa de Calcuta, o quizá de la activista Clara Zetkin...


¿Quién fue Clara Zetkin y que hizo para ser famosa? Su nombre de soltera era Clara Eissner. Nació en Alemania, precisamente en Sajonia, el día 5 de julio de 1857. Mientras estudiaba en la universidad de Leipzig se enamoró y casó con un estudiante ruso: Osip Zetkin, ingresando de esta forma al Partido Social-demócrata. En 19l0 durante la Conferencia de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague, propuso que el día 8 de marzo se designara como el Día Internacional de la Mujer.


Pero hoy no me referiré a las heroínas del pensamiento, la palabra o la acción. Este día quiero recalcar lo que sucede en una ciudad mexicana, una ciudad norteña y fronteriza: en Ciudad Juárez, Chihuahua, que se ubica en un extenso valle a las orillas del río Bravo, frente a la ciudad de El Paso, Texas; enclavada en un árido desierto, su clima resulta extremoso. A partir de 1960 se convirtió en un efervescente centro maquilador, tanto así que se calcula o calculaba que cada tres segundos se fabrica una televisión y cada siete, una computadora. Era, antes de la crisis, la ciudad con menor desempleo a nivel nacional.


Ahí: en ese emporio de la maquila, desde 1993 se sabe que han ocurrido y siguen ocurriendo, horrendos asesinatos de mujeres. Sus cuerpos inertes muestran huellas físicas de violaciones y de torturas, hasta que finalmente son asesinadas. Unos son homicidios aislados, otros, colectivos, al igual que sus entierros. Si, hablaremos de ellas y de las otras chicas a quienes sólo se les cataloga como “desaparecidas” ya que ni siquiera sus cuerpos mancillados se han podido localizar. Es posible que reposen en fosas anónimas.
Cada día los crímenes se cometen con mayor saña, con una crueldad indescriptible. No sería raro que el o los asesinos, esté o estén protegidos por la más bochornosa impunidad ¿de quién o de quiénes? Las víctimas obedecen a un perfil semejante: por lo general pertenecen a la clase social baja; son mujeres muy jóvenes, menores de veinticinco años, algunas incluso han sido niñas. Suelen laborar en las maquiladoras durante el turno nocturno, concluyendo éstos a altas horas de la noche.
En 1999 cuatro escritoras chihuahuenses: Rorhy Benítez, Adriana Candía, Guadalupe Mora y Josefina Martínez unieron sus esfuerzos y publicaron un libro: “El silencio que la voz de todos quiebra… Mujeres y víctimas de Ciudad Juárez”. En apoyo a ellas y a las víctimas, Elena Poniatowska en uno de sus relatos dice: “se les ha encontrado en el desierto, en los arenales, en los baldíos de las colonias más pobres... semidesnudas... Su boca en un grito, sus ojos desorbitados; el lenguaje corporal de las muchachas trasmiten el atroz sufrimiento al que las sometieron”...
Teorías para intentar dar una explicación a tan macabros sucesos, hay muchas. Desde la existencia de psicópatas, de ritos satánicos, de mafias organizadas que gustan de filmar las violaciones, mientras las víctimas son asesinadas. Se habla de tráfico de drogas, de pandillas, de gremios policíacos. Hay quienes en el colmo de la infamia han hecho responsables de tales crímenes a las mismas víctimas: “son culpables por salir a tan altas horas de la noche, por recorrer calles oscuras. Por vestir así... por provocar bajas pasiones... por ser mujeres”...
Sí, este día 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, unamos nuestras voces a las de los grupos de familiares de las víctimas, autonombrados “Voces sin eco” Para ellas: las jóvenes masacradas: tan sólo una plegaria, un recuerdo, una flor blanca, una lágrima... Un minuto de silencio... una vida de indignación...
No tengo más...

Juventino Ferreira Rosas: Civilización








CIVILIZACIÓN
(Desde HUMANISMO 21)
Por Juventino Ferreira Rosas

Veracruz, Ver, a 10 de marzo del 2010, al final del primer decenio, del Tercer Milenio de la Era de Cristo.

Según lo define el diccionario de la lengua española, editado por Larousse, civilización puede ser:

* Acción y efecto de civilizar, para sacar del estado salvaje; educar.
* Conjunto de caracteres propios de la vida intelectual, artística, moral, y


material de un país o de una sociedad.
* Estado de desarrollo integral, alcanzado por una sociedad o cultura.

Para los humildes propósitos de éste, su espacio de las reflexiones y las propuestas, todos esos conceptos valen y sirven, como hacer común y propósitos compartidos.

Anteriormente, en Humanismo 21, estuvimos compartiendo ideas, conceptos y redes del pensamiento que pudieran ayudarnos a encontrar los ejes de razonamiento para comprender la actual matriz de circunstancias y el completísimo catálogo de crisis que estamos viviendo.

Ahora bien, ya las condiciones críticas se presentaron, y en su momento comentamos que en el debilitamiento de los modelos de desarrollo económico, están las raíces de las múltiples crisis, y que en síntesis se reduce a una: el agotamiento de los ahorros depositados en el Banco de los Recursos Naturales, que hemos usado para financiar el desarrollo de la humanidad; pero sin tasa de reoposición, quedando pendientes además los mínimos rendimientos del capital tomado. Es la hora de empezar a reponer lo que tomamos, bajo un criterio sencillo de plantear, restablecer el equilibrio total del planeta y de cada región.

Más de uno, entre los muchos y muy agudos analistas, de lo que este humilde espacio comparte con todos ellos y con los millones de nuestros lectores, pueden razonar y decir, “de lo dicho al hecho, hay enorme trecho”, y la razón les asiste totalmente y sin la menor duda.

Y entonces puede surgir la inevitable pregunta, ¿Cómo vamos a cambiar hacia un modelo de desarrollo que aparenta ser opuesto a las prácticas conocidas?

En la más elemental de las lógicas estructuras, la respuesta es el cambio, cambio con rumbo, hacia la sustentabilidad, modificaciones esenciales en los actores y factores de participación social y gubernamental, y una reingeniería total del hacer empresarial. Conciencia social, equidad y apoyo irrestricto a la vida, pueden ser algunas de líneas de acción para esa magna empresa social para la continuidad vital.

En función de los supremos intereses comunitarios, y no en los términos de los objetivos personales, este espacio de divulgación conceptual y nodo de la red del pensamiento del siglo XXI, pasa a ocuparse en esta nueva etapa, de los temas relativos a la CIVILIZACIÓN.

Suplico a todos y cada uno de los muchísimos lectores, reciban un abrazo fraternal, y les ruego tengan la gentileza de aceptar las disculpas a que la ausencia temporal anterior obliga; fue un simple tiempo de espera, observando, como todos, los rumbos y decisiones de hombres e instituciones, que cada día, construyen culturas y Civilizaciones.

Como siempre a sus respetables órdenes, en espera de sus comentarios, preguntas, sugerencias e instrucciones, que nos permiten, buscar juntos, las piedras angulares de las nuevas civilizaciones; ustedes plantean, este humilde servidor, intenta redactar.

Les ruego enviar sus correos, como siempre, a

ferreiraconsultor@gmail.com




Gracias totales y hasta muy pronto.

Elber González: Así aprenden los muchachos de hoy: en silencio



Así aprenden los muchachos de hoy: en silencio

Elber González


En el transcurso de esta semana que pasó, miércoles, llegó a mi oficina un grupo de tres muchachos enviados por una de las dependencias que controla la conectividad dentro de la Universidad a la que pertenezco.

El objetivo de esa visita… sacar el IP (Internet protocol) (1) y la MAC (Media Access Control o control de acceso al medio (2)

Tarea fácil para aquellos que vivimos día a día con el quehacer informático.

Al cabo de unos 10 minutos, comencé a charlar con uno de los muchachos, quien, por cierto, es egresado de un tecnológico en Ingeniería de Sistemas, acerca de cuáles eran sus funciones dentro de la dependencia que controla toda la informática y servidores en el campus universitario. Poco pude obtener como respuesta positiva acerca de una medida de aprendizaje real del muchacho. El motivo: bloqueo total del talento, habilidades y conocimiento juvenil del egresado.

Le comenté que porqué dejaba que sus superiores le pusieran actividades que cualquier persona sin conocimientos y estudios en informática puede realizar sin la menor fatiga intelectual. Su respuesta: silencio total (esto durante los primeros minutos de la charla).
Posterior a esta introducción con el joven, llegó el segundo (aclaro que el tercer chico nunca regresó a concluir la tarea encomendada y era el verdadero encargado de ella).
Este segundo chico es egresado de la carrera de Licenciatura en Sistemas Administrativos (igualmente informática) dentro de la misma Universidad donde laboro: Igualmente inicié la charla, tocándole también el tema del aprendizaje que había obtenido durante ya varios meses en la dependencia. Sorprendente respuesta: Silencio total.

Comencé a hacer reflexiones de estas dos personalidades (ya profesionistas) acerca de cuál era su intención al entrar a laborar a esta Universidad, Cualquiera imaginaría, sin muvho buscarle, que se trata del aplicar sus conocimientos y acrecentarlo rápidamente con experiencias vividas, mismas que le irían dando mayor experiencia en el quehacer de la computación.

-Chicos, comenté, ¿no creen ustedes que deben enfrentar y hacerse oír con sus superiores acerca del “desperdicio de talento” que cada uno de ustedes posee y que puede ser enfocado, encauzado, dirigido, explotado, etc., etc.?

Mientras yo hablava, ambos intercambiaban miradas, en actitud de afirmación.

Y poco a poco le fui relatando mi vivir por el campo de la computación, cómo se hace la experiencia, como se viven los altibajos de trabajar en la iniciativa privada, el valor que tiene cada gente que labora para la realización de un producto o servicio dentro de la organización en la que se contrata.

Les comenté:

-Chicos, no es justo que se hayan esforzados durante más de 4 años de estudios, como para que vengan a realizar el laborioso trabajo de hacer una “lista de IP y MAC”. ¿Es esto lo que realmente esperaban cuando iniciaron sus estudios?... ¿Es este el futuro que anhelan tener?... ¿Es así como van a ser competitivos en este mundo global?

Al paso de los minutos, ambos chicos, abrieron su sentir y comencé a recibir la información real de su situación laboral.

Los jefes no desean que ellos apliquen sus conocimientos para mejorar la red universitaria, sus jefes no desean que ellos RAZONEN por sí mismos, sus jefes no son líderes sino personas que alguien colocó en un lugar arriba de mucha gente, sus jefes JAMÁS han trabajado en la iniciativa privada (es decir, no tienen una experiencia real – en otro lugar ya los hubiesen corrido a la semana de su contratación).

En todo el mundo se habla de conectividad, de compartir recursos, de intercambiar información, de crear alianzas. Sus jefes no piensan igual (informo que sus dos jefes superiores tienen el grado de maestría, lo cual es muy triste y será tema de otra plática).

La red universitaria en la que nos encontramos en este campus, es CERRADA, nada se comparte por temor a que nos “entre” un virus. Válgame Dios…

Cuando el Corporativo Telmex (que vende Prodigy e Infinitum) y MEGARED, están anunciando día a día por televisión que con ellos bajes toda la música que desees y de manera rápida, que utilices el Twitter, que aproveches la red social FaceBook, etc., aquí en nuestra Magna Casa de Estudios. ESTO ES UN SACRILEGIO.

Ya hace tiempo (estos jefes) han comenzado a bloquear las IP y MAC con el argumento de que bajan muchos archivos de video, películas, etc., que porque se “alenta” el ancho de banda. Si esto fuera cierto, Infinitum y MegaRed no dejarían bajar música, películas, etc.

Tristes y vacíos los cerebros que controlan nuestra red institucional.
Al comentar esto a un compañero, me confirma que existe un documento escrito por Marcelino Cereijido (3) titulado “Países con investigadores pero sin Ciencia” el cual cito: “Latinoamérica tiene (un poco de) investigación, porque eso depende de unos miles de personas entrenadas y exitosas, pero así y todo no tiene Ciencia (en el moderno sentido de la palabra), porque esta requiere una cierta manera de interpretar la realidad que nuestras sociedades jamás han desarrollado. El tomar "Ciencia" como sinónimo exacto de 'investigación' y de 'conocimiento', nos lleva a confusiones que nos mantienen en la miseria. Pero hay maneras de superar esta situación, comenzando por que, aquellas personas a quienes les damos el título de 'Doctor en Ciencias', conozcan al menos su naturaleza, su historia, por qué algunos pueblos la tienen y otros en cambio no. El lema debe ser que al menos ese mundillo que hoy rodea a la investigación (técnicos, administradores, divulgadores, legisladores, empresarios) adquieran esa visión de la realidad, sin la cual la Ciencia no puede surgir ni prosperar.”


Tomando como referencia este escrito, hay investigadores pero no existe la ciencia, en nuestro caso, hay egresados con talento, con habilidades, con ideas pero no hay apoyo, no hay motivación, no existe ni la mínima intención de aprovechar estos recursos en beneficio de la Institución que nos da de comer.

Los chicos después de esta serie de reflexiones, creo y estoy seguro (si las perspectivas no cambian) irán en busca de nuevos retos, nuevos lugares donde si se les valore por su talento por el cual invirtieron dinero y esfuerzo en sus carreras.

Cerré mi charla con ambos muchachos: ¿Qué pensaría tus padres que te apoyaron para que pudieras concluir tus estudios profesionales, si para lo único que te usan es para “hacer una lista de IP y MAC”?


(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Direcci%C3%B3n_MAC

(2)Es un identificador de 48 bits (6 bloques hexadecimales) que corresponde de forma única a una ethernet de red. Se conoce también como la dirección física en cuanto identificar dispositivos de red. Es individual, cada dispositivo tiene su propia dirección MAC determinada y configurada por el IEEE (los últimos 24 bits) y el fabricante (los primeros 24 bits) utilizando el OUI (Organizationally Unique Identifier (Identificador Único Organizacional).
(3) Recuperado en la Web http://www.ciencia.cl/CienciaAlDia/volumen4/numero1/articulos/articulo4.html el 6 de marzo del 2010

martes, marzo 09, 2010

ULTIMOS APORTES - 10-03-2010




LOS ELEMENTOS DEL REINO


ÚLTIMOS APORTES


En este número



Eduardo Galeano






Héctor Libertella-Eduardo Sansores





Cristina Caballero





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Eduardo Galeano: Sobre el Arte de un escritor



SOBRE EL ARTE DE UN ESCRITOR

Eduardo Galeano


El mío ha sido un largo camino hacia el desnudamiento de la palabra: desde las primeras tentativas de escribir, cuando era jovencito en una prosa abigarrada, llena de palabras que hoy me dan vergüenza, hasta llegar a un lenguaje que yo quisiera que fuera cada vez más claro, sencillo, y por lo tanto más complejo, porque la sencillez es la hija de una complejidad de creación que no se nota ni tiene que notarse.
Uno siente primero que el trabajo intelectual consiste en hacer complejo lo simple, y después uno descubre que el trabajo intelectual consiste en hacer simple lo complejo. Y un caso de simplificación no es una tarea de embobamiento, no se trata de simplificar para rebajar de nivel intelectual, ni para negar la complejidad de la vida y de la literatura como expresión de la vida. Por el contrario, se trata de lograr un lenguaje que sea capaz de transmitir electricidad de vida suprimiendo todo lo que no sea digno de existencia.
Para mí siempre ha sido fundamental la lección del maestro Juan Carlos Onetti, un gran escritor uruguayo muerto hace poco, que me guió los primeros pasos.
Siempre me decía: "Vos acordate aquello que decían los chinos (yo creo que los chinos no decían eso, pero el viejo se lo había inventado para darle prestigio a lo que decía); las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio". Entonces cuando escribo me voy preguntando: ¿estas palabras son mejores que el silencio?, ¿merecen existir realmente?
Hago una versión, dos o tres, quince, veinte versiones, cada vez más cortas, más apretadas: edición corregida y disminuida.
Inflación palabraria El problema de la inflación monetaria en América Latina es muy grave, pero la inflación palabraria es tan grave como la monetaria o peor; hay un exceso de circulante atroz. Algunos países han tenido éxito en la lucha contra la inflación monetaria pero la inflación palabraria sigue ahí, tan campante. Lo que me gustaría, modestamente, es ayudar un poquito a esa lucha contra la inflación palabraria. O sea, poder ir desnudando el lenguaje. Es el resultado de un gran esfuerzo, y no concluido, porque nace cada vez: a mí me cuesta escribir ahora tanto como cuando tenía 15 ó 16 años y lloraba ante la hoja de papel en blanco porque no podía.


¿Función social?


La literatura tiene siempre una función, aunque no sepa que la tiene, y aunque no quiera tenerla. A mí me hacen gracia los escritores que dicen que la literatura no tiene ninguna función social. A partir del momento que alguien escribe y publica está realizando una función social, porque se publica para otros. Si no, es bastante simple: yo escribo en un sobre y lo mando a mi propia casa, pongo "Cartas de amor a mí mismo" y me emociono al recibirlas. Pero es un círculo masturbatorio (no quiero hablar mal de la masturbación, tiene sus ventajas, pero el amor es mejor porque se conoce gente, como decía el viejo chiste).
Es imposible imaginar una literatura que no cumpla una función social. A veces la cumple, y es jodido, en un sentido adormecedor, a veces es una literatura del fatalismo, de la resignación, que te invita a aceptar la realidad en lugar de cambiarla, pero a veces es una literatura reveladora, reveladora de las mil y una caras escondidas de una realidad que es siempre más deslumbrante de lo que uno suponía. Por otro lado me parece que lo de la literatura social es una redundancia porque toda literatura es social. Muchas veces una buena novela de amor es más reveladora y ayuda más a la gente a saber quién es, de dónde viene y a dónde puede llegar, que una mala novela de huelgas. No comparto el criterio de una literatura política que además, en general, es aburridísima.

Cristina Caballero: DOS POEMAS



DOS POEMAS

Cristina Caballero



BASTA DE TÍ

Sembrado fue
quebró las gotas

un antiguo mar
gritó
ya nunca

¿quién boga aquellas olas inasibles?

no es por tí
nadie
nadie

se quiebra la coraza
un tejido argento
aúlla en su abismo prodigioso

¿quién crees que soy?

me avergüenzo de tus ojos gatulares

soy veneno en otras bocas
sal de hiedra
cubro cada cementerio
atisbo en cajas de agua

basta ya de lo que he sido
nada hay para mirar

esta piel de queso azul
y vino blanco

estas carnes crudas
heladas por tu fuego

se extinguen las almenas
del castillo tenebroso

ahí quedé
después de celebrar los esponsales

danzamos
nueve grullas
Piedra Negra
consumimos la distancia

un ritual para tu adiós
un rehilo
a donde inclino ahora
hormigas fumigadas

se entretejen dimensiones
cuerdas invisibles
el sonido atroz de golpes sobre el muro

estibo el último suspiro
esa isla blanca
nunca más
podrá tocarme


FLECHAS INOCENTES

I

Yo no sé
ya nada de esto
ni del frío calándome los huesos

¿acaso nunca habrán soñado?

fantasía de una vida que no existe
Realidad es esta
realidad
es Una

II

Enmedio de la Nada
un alto viento empuja los vestigios

en noches sin estrellas
han quebrado las astillas
del Cristal sin Nombre

III

Baste decirme, decirte
que mis manos
trabajaron en los huecos del petróleo
y un polvo de oro
y un aceite de colores
fueron a dar
como siempre
en sus costumbres

lunes, marzo 08, 2010

Héctor Libertella - Eduardo Sansores: El lugar que no està ahí



Los blogs tiene la magia de llegar a los sitios y personas menos imaginables. La semana pasada este editor recibió un correo electrónico de una investigadora argentina de nombre Silvana López, quien a través de LOS ELEMENTOS DEL REINO trataba de localizar a nuestro muy querido amigo, el poeta Eduardo Sansores. Entre uno y otro intento por localizar a Eduardo, tanto de mi parte como de Silvana, por fin pudieron ellos entablecer contacto. Todo el asunto se concretaba a un poema de Sansores de título Ahi viene la A, y publicado por primera vez en 1980, en la revista Vuelta que dirigía Octavio Paz; en aquella ocasión el poema se publicó acompañado de un comentario, también excelente, de Carlos Torres. El tiempo siguió su curso y unos 25 años después el escritor Héctor Libertella toma el poema de Sansores como centro de un poema propio de nombre El lugar que no está ahí; y lo hace a manera de una reescritura de la crónica de Antonio Pigafetta, La primera vuelta al mundo. Presentamos aquí el poema completo de Libertella, enseguida --con la intención de llenar el contexto-- el correo que Silvana López envía a Sansores; finalmente aislamos el poema de Eduardo y así lo exhibimos.

EL LUGAR QUE NO ESTÁ AHÍ
Por Héctor Libertella


Siempre al amanecer, en días de cielo ce-
leste, vuelvo y vuelvo a escuchar el laúd de
aquel hombre, ¿cómo se llamaba?, ¿Sanso-
res, Eduardo Sansores?, que nos convocaba
a cubierta y nos calmaba el hastío con sus be-
llas estrofas.
Afuera, todo a mi alrededor era agua de mar;
ni un graznido de pájaro, nada. Y adentro de
esa nave de madera prodrida a la deriva, sólo
la voz de Sansores. Esto cantaba:

La A, punto de partida, diapasón. Si,
igual a B bemol
Saturno Capricornio es C
Tono de violín perfecto es Re.

Bajo este cielo celestino y amoroso de Flo-
rencia, cuando regresan esos pocos momen-
tos felices me asalta de pronto un sentimien-
to que, tengo para mí, se corresponde con el
alma encantada:

Mi E quiere entonar primera linea
con sostenido Fa en llave G
un himno al sol.


CARTA DE SILVA A EDUARDO SANSORES

Hola Eduardo:

Héctor Libertella es un escritor argentino que murió en 2006. Fue docente en distintas universidades (USA). Vivió exiliado en México muchos años, fue editor de la UNAM y de otras editoriales en Argentina y Venezuela. Investigador del CONICET.
Recibió premios por sus novelas, entre ellos el Juan Rulfo en 1986 por El paseo internacional del perverso
Es un escritor increíble y en lector 'feroz'. Es probable que Héctor haya leído tu poema, tal vez en la revista y el gusto por él haya hecho que lo incluya en el texto.
Te agradezco muchísimo que me hayas contestado ya que tu respuesta es un hallazgo importantísimo para mi investigación porque este texto de Libertella es el reescritura de versiones anteriores, una de ellas "La leyenda de A. Pigafetta", escrita alrededor de 1980, año que me decís apareció tu poema. Lo interesante es que el poema aparece recién en la versión última y definitiva que se publica en 2006, después de la muerte de Libertella.
Del gusto y valoración de Libertella por tu poema, no tengo dudas, porque lo pone como disparador de su relato en un texto que subvierte y trastorna la poética y el discurso de las Crónicas, desde un fuerte lugar de nuevo escritor latinoamericano, el escritor caníbal, nombre con el que Libertella designa a los nuevos escritores del Continente.
No sé que más contarte porque tengo muchísimas cosas para decir... espero tus preguntas!
A mediados de marzo, me voy a Perú a participar en un Congreso de Literatura Latinoamericana, allí voy a leer mi trabajo sobre El lugar que no está ahí y por supuesto, contarles a mis colegas sobre esto. Me gustaría que me escribas algún comentario.
un cordial saludo

Silvana


AHÍ VIENE LA A
Por Eduardo Sansores


La A, punto de partida, diapasón. Si,
igual a B bemol Saturno Capricornio es C
Tono de violín perfecto es Re.

Mi E quiere entonar primera linea
con sostenido Fa en llave G
un himno al sol.

jueves, marzo 04, 2010

ULTIMOS APORTES 04-03-2010


LOS ELEMENTOS DEL REINO
En este número
Arturo García Niño
Ernesto Cardenal
Italo Calvino


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Arturo García Niño: Carlos Montemayor, la Novela como aporte


CARLOS MONTEMAYOR: LA NOVELA COMO APORTE A LA
HISTORIOGRAFÍA DE LA GUERRILLA CHIHUAHUENSE EN LOS SESENTAS
*

ARTURO E. GARCÍA NIÑO

“No hay ficción y no ficción, hay tan sólo narrativa.”
E.L. Doctorow


Descripción del terreno

En la madrugada del 23 de septiembre de 1965 el cuartel militar de Madera, en Chihuahua, fue asaltado por un comando guerrillero cuyas cabezas visibles eran el médico Pablo Gómez y el profesor Arturo Gámiz, ambos muertos en el lugar de los hechos. La acción, ciertamente inspirada en el asalto al cuartel Moncada y en la Revolución Cubana, era el último acto de una serie iniciada con movilizaciones sociales en el campo chihuahuense y de un proceso de autodefensa campesina frente a los caciques acaparadores de bosques en contubernio con el gobierno del estado, mismos que contaron de siempre con el respaldo, o por lo menos la tolerancia cómplice, del gobierno federal. Era también, y sobre todo, la primera guerrilla de ideología socialista en el México postrevolucioanrio, la piedra de toque y evento fundacional y primigenio del movimiento guerrillero que cobraría importancia fundamental para la historia de las luchas sociales en el país durante los años setenta del siglo XX. Y más allá de las acusaciones de abigeos y gavilleros que cayeron desde el gobierno y los medios masivos de información sobre el grupo armado que llevó a cabo el ataque, Madera se incrustó en la memoria regional/nacional y se convirtió en algo incómodo tanto para las burocracias partidistas de una izquierda dogmática y prosoviética de aquellos tiempos y de los que siguieron, como para la academia. Motivo por el que la historiografía se ocupó poco, muy poco, del hecho durante los más de cuarenta años transcurridos desde que éste ocurrió,[1] quedando la entrega de las vidas de los luchadores sociales como algo aislado, descontextualizado y sin procesos vitales antecedentes ni consecuentes.
El tiempo dejó intacta la acción y los muertos pasaron a formar parte de los miles que como ellos vienen ofrendando en México sus vidas en aras de la justicia social; de la fraternidad, la libertad y la igualdad, pues. Cierto que los nombres de algunos de ellos vencieron a la anonimia, pero cierto también que todos aparecen sin historia, sin vida real antes de su muerte; más aún: menos sabemos de los sobrevivientes, de quienes lograron escapar al cerco luego de cometido el asalto. Este hueco informativo e interpretativo se vio cubierto con la aparición de Las armas del alba,[2] novela de Carlos Montemayor y un ejercicio narrativo que trasciende la novela histórica, porque aquí no existen personajes ficticios que actúan en un momento histórico determinado que sirve de espacio escénico. No. Estamos frente a la primera aproximación analítica que utiliza los recursos de la novela para dar cuenta de lo acontecido, echando mano de una sólida base informativa construida con fuentes documentales y, sobre todo, testimonios orales, producto ello de adentrarse en los terrenos cerrados de la clandestinidad, de las catacumbas que han arropado y servido de protección a los movimientos armados y a sus promotores -donde existe hoy todavía gente que a lo largo de los años ha cambiado de nombre y apellido hasta cuatro veces-; pero de igual manera obteniendo información metido en las cloacas policiales y de la inteligencia militar.
Así, no temiendo al conflicto político que en sí mismo representa el caso Madera, nuestro autor construye un texto hermanado temáticamente con su Guerra en el paraíso, novela que indaga e interpreta los procesos de existencia y lucha de la Brigada de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres, guerrilla comandada por el profesor Lucio Cabañas Barrientos en la sierra de Guerrero y heredera de Madera, que inserta la novelística en el terreno de la historiografía, ofreciendo el primer punto de vista ordenado y sistemático sobre la acción guerrillera en Madera y deviniendo ambas novelas, aunadas a La fuga del propio Montemayor, los textos -así, sólo esto, sin etiquetas de géneros o subgéneros- más importantes publicados hasta hoy sobre la guerrilla gerrerense cabañista y sobre la guerrilla chihuahuense en México.

Algunos precedentes literarios generales del tópico en cuestión

En una aproximación muy general la narrativa sobre los movimientos armados mexicanos de los setenta se detectan, desde nuestra particular perspectiva, dos vertientes más o menos claras:[3] una que bien pudiéramos llamar autobiográfica desde adentro -escrita por aquellos que fueron participantes en dichos movimientos o por quienes obtuvieron de primera mano los testimonios- y otra que vendría a ser autobiográfica desde afuera o desde la periferia -escrita por aquellos que conocieron a miembros de la guerrilla o a gente cercana a éstos o a quienes generacionalmente les marcó el movimiento armado-. En el primer caso estaría las novelas de Salvador Castañeda Por qué no dijiste todo (1980)[4] y Los diques del tiempo (diario desde la cárcel) (1991). En el segundo caso incluiríamos Al cielo por asalto, de Agustín Ramos (1979);[5] Veinte de cobre: memoria de la clandestinidad (1997),[6] novela de Fritz Glockner -hijo de Napoleón Glockner, miembro de las Fuerzas de Liberación Nacional, antecedente y origen del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y asesinado en los setenta-; La sangre vacía, de Rubén Salazar Mallén (1982);[7] Nuestra alma melancólica en conserva, de Agustín Del Moral Tejeda (1997);[8] y en cierta medida, y tangencialmente, La guerra de Galio (1990),[9] de Héctor Aguilar Camín. Vale decir que las dos novelas ya citadas de Carlos Montemayor, así como La Fuga, estarían también ubicadas en este segundo grupo, sin que por ello pierdan las características de método, estructura y óptica que les otorgan sus características específicas que las hacen diferentes y convierten a Las armas... en un aporte historiográfico específico acerca de la guerrilla chihuahuense. Estas diez obras condensan los puntos de vista conocidos hasta hoy sobre dichos movimientos en México[10] y son las muestras con que contamos y que sirven de puntos de referencia para contrastar los tres trabajos de Montemayor, autor dotado de una sensibilidad, compromiso social, perspicacia y acuciosidad demostrada no sólo en su narrativa, sino en su obra ensayística y en su trabajo como filólogo, traductor, autor de óperas y poeta.

Nuestro autor y las obras de que las cuales aquí se hablará

Los temas de interés para Montemayor -miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, por cierto, así como traductor de la poesía griega latina e indígena y de la mejor Carmina Burana en nuestro idioma- presentan un hilo conductor que los hilvana: la apuesta por lo humano y por el ejercicio vital en contra de la injusticia; algunas muestras narrativas de ello son Operativo en el trópico o el árbol de la vida de Stephen Mariner (1994) -cuento ganador del Premio Internacional Juan Rulfo convocado anualmente por Radio Francia Internacional-, Mal de Piedra (1980) y Minas del retorno (1982), Los informes secretos (1999). En el terreno del ensayo podemos ejemplificar con Los pueblos indios de México (2001), y Chiapas, La Rebelión indígena de México (2000a), donde su filiación con los movimientos populares queda de manifiesto. Mención aparte debe hacerse de Rehacer la historia (2000b), ejemplo de imaginación y método para el interrogatorio de fuentes documentales, así como el ejercicio heurístico y hermenéutico más sólido que se haya llevado a efecto con los archivos sobre el Movimiento del 68.
El compromiso manifiesto y probado de Carlos Montemayor con el ser humano que lucha por una mejor vida bajo la égida de la justicia social, además de su cercanía geográfica y generacional -nació en 1947 en Parral, Chihuahua-, impulsaron, sin duda, la escritura de Las armas del alba y le dejaron marcada la impronta del autor, misma que también se manifiesta en Guerra en el paraíso y en La fuga. Los dos primeros son textos narrados a varias voces que se superponen para ir creando una expresión coral donde cada actor aporta y desde ahí, desde su expresión personal, se autodefine, se ubica y toma partido sin caer en el maniqueísmo que conduce a la mitificación de unos y a la defenestración de otros; el tercero de ellos es una suerte de periplo huyendo de las Islas Marías rumbo a tierra firme, donde la guerrilla chihuahuense es el pasado inmediato originario del andar de los dos personajes centrales -el guerrillero Ramón Mendoza, sobreviviente del asalto al cuartel de Madera y el preso común Cuauhtémoc Hernández, apodado “Mono Blanco”- que le ha definido el devenir al primero de ellos y que rampante continúa siendo su faro guía en la fuga/retorno.
Al terminar de leer Las armas del alba y La fuga uno sabe que estas novelas debió haberlas escrito y publicado Montemayor antes que Guerra en el paraíso, y no sólo porque cronológicamente los hechos narrados en las primeras preceden -y son precedente- a lo acontecido en la segunda, sino porque lo contado y sus actores le son más cercanos al autor. El porqué no ocurrió así es cosa del novelista. Sin embargo, en la obra sobre la guerrilla de Lucio Cabañas ya aparecían datos y detalles que dejaban en claro que el escritor siempre consideró a Madera como el origen de los movimientos armados de los setenta -incluso a lo largo de ella se decanta una certeza: que el propio Lucio se consideraba críticamente heredero del grupo chihuahuense y de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria de Genaro Vázquez, ya que de ambos habla con respeto siempre-; por ejemplo: de la página 166 a la 170 de Guerra..., transcurre un diálogo, fechado el 7 de noviembre de 1966, entre Lucio Cabañas mucho antes de tomar las armas y Lupita -miembro del grupo que asaltó el cuartel de Madera-, donde ésta pide el apoyo del profesor para los guerrilleros que aún están en la sierra chihuahuense y Lucio le dice que fueron infiltrados por el militar -capitán Cárdenas Barajas- que los entrenó y que aún continúa ayudándolos -incluso él aporta el dinero con el cual la mujer se traslada a Guerrero-, que por eso los estaban esperando en el amanecer del 23 de septiembre las tropas del cuartel -hecho que se comprueba en la página 139 de Las armas…y en la 108 de La fuga-; y ahí mismo, en Guerra..., deja caer Cabañas una pregunta que ha sido compartida por muchos durante los casi cuarenta años que han transcurrido: “¿Tenían tanta prisa en morir?”, dice (170). En Las armas..., un diálogo entre Javier García Travesi y Salvador del Toro, agentes del ministerio público federal enviados para conducir el caso, apuntala la tesis de la infiltración y/o la delación; del Toro pregunta:
“-¿Los esperaban?
“-Revisa los diarios. Han publicado resúmenes de los hechos de armas
de la gente de Gámiz anteriores al asalto al cuartel de Madera...
“-Los denunciaron, entonces.
“-Alguien soltó la información, podría ser. O estaban infiltrados...” (100)
En La fuga, al preguntarle “Mono Blanco” a Ramón Mendoza -apodado “El Gatillero” en la prisión a causa de haber matado a un policía- por qué habían atacado el cuartel y si había sentido miedo éste le responde que el miedo había sido un estorbo y que el ataque había fallado porque, como había sabido después, hubo una traición:
“Nos traicionó el oficial que nos daba entrenamiento militar en la ciudad de
México. Por eso más de cien soldados estaban acampados afuera. Nosotros
éramos once y podíamos haber sometido a la guarnición que estaba en el
cuartel, que no eran más de cuarenta. Los tuvimos bajo control. Pero desde
la laguna, a nuestra espalda, comenzaron a avanzar más de cien soldados.
Así fue, Cuauhtémoc.” (108)
La infiltración que produjo la delación generó, a fin de cuentas, que los guerrilleros fueran esperados por el ejército, situación que se vio agravada por el hecho de que durante tres meses el grupo armado careció de noticias acerca de los movimientos de las tropas, como se describe en escenas transcurridas durante el primer tercio del mes de septiembre (Las armas…: 179-187). Ahí mismo asistimos a la discusión sobre la decisión del asalto y cómo Salvador Gaytán y Pablo Gómez manifiestan oposición por considerar que no se tienen las condiciones para ello; sin embargo, la argumentación de Arturo Gámiz consigue el apoyo suficiente para ir en pos del cuartel:
“-¿Por qué atacaron Saúl [Gómez, sobrino de Pablo], si los grupos no habían
podido reunirse?
“-Ellos discutieron si se atacaba en esas condiciones o no. Creo que mi tío
propuso no atacar… Parece que la última decisión la tomó Arturo.[11]
“-Las acciones armadas anteriores habían sido exitosas. Arturo y Salomón
[Gaytán] se sentían seguros.
“-Sí, habían emboscado a agentes judiciales y a soldados. No habían fallado.
Tenían confianza.
(…)
“-Esa idea de que nos traicionaron surgió casi inmediatamente,
¿recuerdas?…Y no detuvieron a nadie…No catearon casas que tenían
perfectamente localizadas. Era más bien un cerco para aterrorizarnos. Pero
seguíamos pensando que sólo tú y yo podíamos actuar abiertamente.
“-Tres semanas, Saúl, luego entramos en la clandestinidad.
“-Sí, después de dos meses hablábamos ya del ‘movimiento 23 de
septiembre´, lo que se pudiera llamar la tendencia estudiantil.” (Las armas...:
137-138)
Un detalle interesante que aparece tanto en Guerra… como en Las armas… es que la izquierda partidista de su tiempo no sólo manifiesta oposición a la lucha armada como vía de acceso al poder y medio para lograr la justicia social, sino que incluso muchos de sus integrantes llegan a ser delatores. Lo anterior es, quizás, el motivo por el cual existió durante mucho tiempo -¿o existe aún?- una tendencia en los partidos de izquierda mexicanos para negar el reconocimiento del caso Madera y de otros movimientos armados subsecuentes como parte de los cimientos en la construcción de la democracia nacional. El haber salido de la lógica prosoviética dominante en los sesenta y setenta condenó a dichos movimientos armados al olvido o, en el mejor de los casos, a ser acusados de manifestar una visión estrecha, local, de muy corto plazo y espontánea, lo que se desmiente con la lectura de por lo menos dos de las obras de Montemayor -Guerra... y Las armas...-. En ellas nos percatamos de que el asalto fue la culminación de una serie de movilizaciones en demanda de justicia social, defensa de la tierra y autodefensa campesina frente a la represión y violencia de los terratenientes apoyados por los gobiernos estatal y federal; y se vuelve a manifestar como refuerzo en La fuga:
“No había confusión en nosotros. Arturo Gámiz [dice Ramón Mendoza] lo
decía muy claramente. (...) Teníamos que hacerlo en algún momento. Y
comenzaron a matar gente nuestra. Cuando Salomón Gaytán se enfrentó a
Florentino Ibarra y a buena ley se le adelantó con velocidad en el arma, ya
nada se pudo detener después, porque enviaron al ejército y a la policía
detrás de nosotros. Casi dos años antes de que nos propusiéramos atacar
el cuartel de Ciudad Madera. ¿Me entiende? La lucha ya había empezado
así, antes.” (112-113)
De ahí se proyectó un proceso de organización campesino estudiantil, principalmente normalista, que mantenía relaciones para impulsar un movimiento nacional y que derivó hacia la lucha armada por la cerrazón de las vías legales y el incremento de la violencia gubernamental (Las armas…: 58, 59, 69, 96):
“-Pensábamos que la acción tendría una gran repercusión a nivel campesino y
de escuelas normales rurales. En ese momento había una efervescencia
tremenda y mucho contacto con otras normales rurales; yo recuerdo que Pablo
y Arturo sostuvieron pláticas en el Mexe, de Hidalgo, y en San Marcos,
Zacatecas.” (137)
Respecto a la posición de la Brigada de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres acerca de los alcances y objetivos de su actuar creemos que lo expuesto en la nota 12 ilustra sobre los alcances del mismo. Asimismo, puede leerse en muchos pasajes de Guerra… que muchos miembros de organizaciones guerrilleras urbanas subieron a la sierra de Guerrero en labores pedagógicas y para recibir adiestramiento físico y militar, así como la promoción de Cabañas en torno a crear una dirigencia general del movimiento armado nacional. Es claro también que Lucio Cabañas tuvo el cuidado de no hacer tabla rasa con todos los militantes del Partido Comunista Mexicano, precisando que si bien su postura como organización era opuesta a la lucha armada, no todos sus miembros eran delatores ni colaboraban con el gobierno:
“-Por eso ustedes deben conocer nuestra organización, nuestro trabajo en los
pueblos -intervino Lucio-. También ayudarnos en el estudio. Porque aquí la
gente es campesina y a muchos hay que enseñarlos a leer y a escribir, y no
sólo a discutir por los libros que no se han leído. Nosotros ofrecemos la sierra
para una reunión de todas las organizaciones partidarias. Y también ayuda
para suministrar equipo…
“-Pero insisto en el problema del Partido Comunista -repitió el de Los Guajiros-
Muchos compañeros desconfían porque tratan de negociar entre los grupos
armados y el gobierno.
“-Hace algunos meses me reuní con ellos –aceptó Lucio-. No quieren una
lucha armada, así es. Pero no veo por qué desconfiar. Hay algunos dentro del
Partido que están de nuestra parte. Sería equivocado desconfiar de todos.”
(Guerra…: 67)
Guerra…, Las armas…y La fuga, sobre todo el segundo, son trabajos sostenidos por una acuciosa investigación documental y de campo y un acontecer histórico que los sobredeterminan; en este sentido son eminentemente textos de no ficción, realistas, productos de una inteligencia analítica e interpretativa poco común; son también obras donde el talento como narrador de su autor aporta la cuota de ficción necesaria y justa que echa a andar la imaginación sin que ésta pierda jamás el contacto con lo realmente existente, sin mentir pero sin sucumbir ante el corsé que la propia historia tiene de suyo por ser eso ya: historia.[12]
En la novela que da cuenta de la guerrilla en Guerrero durante los años setenta las temporalidades y los espacios se van sobreponiendo y las voces se expresan a la manera de un coro operístico. La narración transcurre entre noviembre de 1971 -momento del secuestro de Jaime Castrejón Díez, gerente de la Coca-Cola en Guerrero, por el grupo guerrillero de Genaro Vázquez Rojas-, con algunos flash back a 1967 -la huída del profesor Lucio cabañas a la sierra luego de la represión gubernamental a un mitin pacífico en que participaba-, y diciembre de 1974 -la muerte del propio Cabañas a manos del ejército mexicano-, con dos flash front a 1975 y 1976; es decir que existe una línea narrativa cronológica que demarcan las dos fechas y hechos señalados, misma que es rota a lo largo del relato. Podemos decir también que inicia con la muerte de Vázquez Rojas y termina con la de Lucio Cabañas, pero atravesando la obra hay un hilo conductor que tiene sus antecedentes en la tradición histórica que la sierra guerrerense manifiesta como zona de conflictos y de resistencia popular desde la guerra independentista de José María Morelos y Vicente Guerrero, pasando por el zapatismo, la lucha de los copreros y del movimiento escuderista en pos de mejores condiciones de vida. Es asimismo una casi historia de vida de Lucio Cabañas, sus circunstancias, sus relaciones inmediatas y mediatas en lo esencial geográfico; un retrato serio y con pasión sin perder el sustento crítico que lo alimenta y guía. En este sentido, la apuesta de Montemayor la guerrilla rural de Cabañas como un movimiento de fuerte arraigo social en Guerrero, bajo un programa político cuando menos clarificado a la vista de sus impulsores y de la población con ellos relacionada, lo que condujo a una crisis de gobierno que generó algo que no ha sido tomado en cuenta por la generalidad de los análisis sobre esa época de nuestra historia reciente: que en los años setenta del siglo recién concluido el estado de Guerrero fue gobernado por militares porque los poderes civiles prácticamente desaparecieron y cedieron el paso a la militarización, provocando incluso enfrentamientos entre las elites políticas, empresariales y militares -recuérdese que durante el sexenio echeverrista se habló con insistencia de un golpe militar para llevarse a efecto, precisamente, un 20 de noviembre, y que el y los terratenientes del norte del país tuvieron serias fricciones con Echeverría..
De entre las diversas propuestas de Guerra..., una se pondera sobre las otras: la guerrilla de Lucio cabañas fue el último grito armado que pudo haber llevado a “quemar el cielo”, luego de ello los movimientos armados entraron en una fase de descomposición y la represión se acentuó hasta lograr su total aniquilamiento. Pero hay más: la constatación de que en el país la tortura, la violación de los derechos humanos y la impunidad del ejército y la policía fueron recursos que se utilizaron en contra de la población civil que pudo, en algún momento, servir como base social del movimiento guerrillero; de que el terrorismo gubernamental fue decisivo en la desaparición de la insurgencia armada; de que a Genaro Vázquez lo atraparon vivo y lo asesinaron; de que los grupos guerrilleros mantuvieron nexos reales entre ellos -e incluso con los de otros países latinoamericanos-, pero jamás pudieron articular un accionar conjunto a causa de la intransigencia para con sus iguales, de la cerrazón, del matrimonio con verdades absolutas y de las formaciones marxistas elementales y ; de la participación, con aprobación y apoyo del gobierno federal, de militares estadounidenses en nuestra guerra sucia; de la manera oscura y oscurantista en que funcionan los servicios de inteligencia bajo el amparo de la Secretaría de Gobernación; del sectarismo de cierta izquierda que delató a quienes no comulgaban con su línea política; del vedettismo del gobierno de Echeverría al dar asilo político a los exiliados chilenos y romper relaciones diplomáticas con el gobierno de Augusto Pinochet luego del golpe militar en contra del gobierno legal y legítimo del presidente Salvador Allende, mientras aquí se torturaba, desaparecía y mataba diariamente a militantes de izquierda -un diálogo entre Mario Moya Palencia, a la sazón Secretario de Gobernación, y Fernando Gutiérrez Barrios, Subsecretario en aquel entonces y hombre de negro historial, ilustra bien esto cuando Rubén Figueroa, Gobernador de Guerrero, fue secuestrado por Cabañas; Moya pidió al Subsecretario los datos para traer a los chilenos, ya que urgía hacerlo porque, decía, “la represión aumenta en Chile”; de que el grupo que un 23 de septiembre de 1965 asaltó el cuartel militar de Madera., Chihuahua, no era desconocido para el Lucio preguerrillero: él conocía al profesor Arturo Gámiz.
Planteada en varios planos temporales Guerra en el paraíso está levantada sobre una paciente y bien armada base documental. Con saltos en el tiempo, que van marcando los planos y niveles narrativos y dialogales, Montemayor construye una novela sólida en sí misma por su tema, por su no ficción que da pie a la imaginación de la realidad. Lo que cuenta el autor está en el terreno de lo posible, pero no de lo probable; a fin de cuentas éste es el cometido de la narrativa de ficción: imaginar la realidad, dar entrada al “qué tal que sí”. Y esa posibilidad de acontecer la extrajo el autor de documentos, periódicos, fotografías, testimonios, cartografía, declaraciones; con todo ello construyó el relato donde la figura de Lucio Cabañas se revela en sus últimos días con la certidumbre de seguir adelante. Éste, según Montemayor, no tenía un fin en el corto tiempo y veía hacia un largo futuro de lucha luego de rearticular sus diezmadas fuerzas. El caso no fue así y asistimos a él como espectadores privilegiados gracias al novelista; asistimos al testimonio de un momento fundamental y fundador de nuestro pasado inmediato: el tiempo cuando el ejército gobernó a la par que el poder civil, cuando la fuerza de las armas se encabalgó sobre la fuerza de la palabra, cuando un puñado de hombres y mujeres se enfrentó a un aparato bélico superior a ellos en todos los terrenos y sucumbió.
En La Fuga el relato en tercera persona del singular deja los resquicios necesarios para los monólogos interiores -y de diálogos con desconocidos fuera del presente- que viven los personajes presos y escapados en/de las Islas Marías durante 1973, deja caer también la reflexión de Cuaúhtemoc/”Mono Blanco”, mientras huye de las Islas Marías acompañado por el guerrillero Ramón Mendoza, en torno a la diferencia substancial, y la capacidad humana para controlar su propio devenir, entre ese territorio del vacío que es el mar y el espacio en tierra firme cada vez más acotado por el actuar humano:
“Era posible decidir el destino y la ruta en los ríos o en el mar, porque uno se
halla únicamente a merced de la voluntad propia, del empeño personal. En la
montaña o en la selva era imposible decidir por uno mismo: había muchas
presencias, muchas voluntades de tierra, de vegetación, de animales, de
campesinos. Ninguna seguridad era posible en tierra firme.” (78)
Prueba de lo anterior era precisamente la situación, producto del azar que sustenta la vida misma, que había provocado la captura, y posterior traslado a las Islas Marías, de Ramón Mendoza:
“Otro compañero y yo [cuenta Ramón ante pregunta de “Mono Blanco]
regresábamos a la ciudad de Chihuahua después de planear el segundo
alzamiento en la sierra. Llegamos muy noche y no traíamos dinero. Así
que decidimos irnos caminando a la casa de él. Una patrulla nos detuvo
por sospechosos y nos llevó a la comandancia de policía. Allí los tomé
por sorpresa, disparé al comandante y huimos en medio de todos los
policías. Después vino el enfrentamiento con ellos, cuando nos
persiguieron.” (108-109)
En Las armas… vuelven a manifestarse la superposición de tiempos y espacios y el coro operístico, pero el relato es aquí naturalmente circular, y decimos que naturalmente porque uno como lector sigue el hilo de los acontecimientos sabiendo y esperando arribar finalmente al principio: al alba en Madera, donde dispararon las armas un puñado de sinceros luchadores sociales que optaron por quemar el cielo al toparse con la represión e injusticia cotidianas que signaron y continúan signando este México nuestro. Dejaron así una cauda retomada cíclicamente por los movimientos sociales que hasta el día de hoy bregan tozudos por construir la real democracia, que vaya más allá de lo puramente electoral y se asiente en la vida cotidiana como apuesta por el respeto a las leyes y por una justa distribución de la riqueza.

Recuperando provisionalmente lo andado

La historia reciente se resiente: los acontecimientos de hace algunos años se revelan, en el hoy nuestro de cada día, como circunstancias atractivas, de las cuales puede salir alguna comprensión en torno a un país en cotidiana puja para insertarse definitivamente en el ejercicio de la democracia no sólo como forma de gobierno asentada en el documento y escamoteada en la práctica, sino como forma de vida que inunde lo público desde lo privado y viceversa. En este andar en pos de la democracia ampliada, el tramo de nuestros más recientes cuarenta años definió en buena medida ciertos espacios de la cultura política nacional, pero fueron quizás las décadas de los sesenta/setenta las que le marcaron el rostro a la nación en el sentido de la apertura de espacios a la disidencia en general a pesar y en contra de la represión imperante; por ejemplo: la emergencia de un periodismo crítico y diversificado, la consolidación de sindicalismo universitario independiente, la insurgencia sindical, los movimientos estudiantiles, la salida a las calles de los movimientos en pro de los derechos de las minorías sexuales y la emergencia de los movimientos armados sintetizados en las guerrillas rural y urbana, integradas por aquellos jóvenes que apostaron a la fuerza de las armas luego de convencerse que la fuerza de la razón y de sus expresiones no tenían cabida en el México de aquellos años.
Como buen salmón Montemayor, un intelectual incómodo para diestras y siniestras por fuerza de su heterodoxia, un escritor políticamente incorrecto, apasionadamente analítico, rigurosamente sensible y solidario sin tapujos y , transita a contracorriente de la numerosa mecanografía que inunda hoy las librerías y enfrenta una temática controvertida en sí, que tiene nulo glamour y muchos anatemas a cuestas; que resulta incómoda de siempre, pues. El resultado de ello es una narrativa original que acrisola lo mejor de la tradición cultural periodística, de la narrativa de ficción y de la crónica histórica, produciendo -en el caso de Las armas…, sobre todo- algo que bien pudiéramos definir como el texto historiográfico más acabado, serio y solvente sobre la guerrilla chihuahuense, piedra de toque de lo que vendría a ser esa que acompañó a nuestro siglo XX, y continúa acompañando a nuestro siglo XXI, como recordatorio permanente de la injusticia social prevaleciente en el proyecto de nación mexicana. Y convirtiendo en tópico literario/histórico a esa expresión del descontento nacional que es la guerrilla mexicana Montemayor nos ofrece, con Guerra en el paraíso, Las armas del alba y La fuga, tres muestras portentosas de que la buena narrativa -así nomás, a secas y sin adjetivos ni apodos-, escrita por los que saben hacerlo, es aún, en este siglo XXI donde la ideología del globalismo pretende difuminar los localismos, una noble arma para recuperar las mejores herencias nacionales y mediante la imaginación de la realidad realmente existente rehacer la historia y contribuir con solvencia a la historiografía mexicana contemporánea.

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* Una primera versión de este trabajo, incluyendo sólo el análisis de las novelas Guerra en el paraíso (1991) y Las armas del alba (, 2003), fue publicado en La palabra y el hombre. Revista de la Universidad Veracruzana no. 130, abril-junio de 2004. La presente versión es parte de un libro colectivo que saldrá a la luz en unos meses editado por la Universidad de Guadalajara y la Red Iberoamericana para el Estudio de las Izquierdas en América Latina (REIAL)

[1] Recientemente, en 2006, Verónica Oikion y Martha Elena García Ugarte compilaron, bajo el título de Movimientos armados en México, siglo XX y coeditado por El Colegio de Michoacán y el CIESAS, un conjunto de textos al respecto, en cuyo segundo tomo de los tres que integran la obra Víctor Orozco da cuenta de la guerrilla que asaltó el cuartel de Madera y las secuelas del mismo, texto que fue presentado en un foro académico de discusión que bajo el nombre de “La guerrilla en las regiones de México, siglo XX”, se llevó a efecto en julio del 2002 en El Colegio de Michoacán -de tal Foro proceden los trabajos que conforman los tres tomos compilados por Oikion y García Ugarte-, y cuya primera mención fue por nosotros conocida en un texto que, a propósito de los cuarenta años del asalto a Madera, publicó la citada Verónica Oikion en La Jornada Michoacán, con el título de “Ellos sabían por qué... A cuarenta años del asalto a Madera” -24 y 25 de septiembre de 2005-. Hay también un texto de Javier Contreras Orozco, editado por el propio autor en Chihuahua, titulado La guerrilla: del asalto al cuartel Madera al EPR (1998), y otro de Florencio Lugo Hernández, El asalto al cuartel de Madera. Chihuahua, 23 de septiembre de 1965 (2003). Asimismo, hace dos años vio la luz pública un texto de Laura Castellanos, cuyo título es México armado (2007), un puntual seguimiento de la guerrilla en México de 1943 a la fecha del cierre de la obra y donde se da cuenta del asalto al cuartel de Ciudad Madera; en ese mismo año se publicó Memoria roja. Historia de la guerrilla en México 1943-1968 (2007), escrita por Fritz Glockner, quien es también autor de otro libro acerca de la guerra sucia de los setenta: Cementerio de papel. Las historias de violencia y muerte se vuelven a escuchar en el Palacio Negro de Lecumberri (2004).

[2] Montemayor informó al publicarse Las armas del alba que ésta era la primera novela de una cuatrilogía acerca de la guerrilla en su estado natal, cuya segunda parte sería La fuga -después del asalto- (2007), la tercera la visión femenina de Madera y la cuarta tratará de manera integral la guerrilla en Chihuahua. Vale aclarar que el texto de Víctor Orozco ya citado fue escrito, por lo menos, en 2002, lo que no hace desmerecer el trabajo de Montemayor, aunque sí matiza nuestra afirmación acerca de que la novela de éste sea el primer texto historiográfico al respecto del asalto al cuartel de Madera.

[3] Para el caso latinoamericano puede consultarse a Cowie, Lancelot (1996).

[4] Ganadora del Premio de Novela Grijalbo.

[5] Editada en México en 1979 por ERA.

[6] Editada en México en 1997 por Joaquín Mortíz .

[7] Editada en México en 1982 por Oasis/SEP.

[8] Editada en México en 1997 por la Universidad Veracruzana.

[9] Editada en México por Cal y Arena en 1990.

[10] Existe un trabajo alejado del escenario mexicano, poco mencionado pero que es posiblemente la primera novela en torno a un movimiento guerrillero surgido en los sesentas: Los fundadores del alba, de Renato Prada Oropeza (1969) -ganadora del Premio Casa de las Américas en ese año-, la cual se ocupa de la guerrilla del Teoponte, en Bolivia.
[11] Este diálogo es una especie de análisis crítico y autocrítico de los hechos (Las armas...: 133-141 y 153-159), llevado a cabo por Saúl Gómez y por una mujer, que puede ser Lupita -quien aparece en Guerra… (166-170) platicando el 7 de noviembre de 1966 con Lucio Cabañas-, o la profesora, actriz y compositora de música de contenido social Judith Reyes, misma que también aparece en Guerra..., hablando con Cabañas antes de que ella parta hacia Francia y Alemania en labor de contactar a los grupos armados de esos países y preparar el terreno para que vayan tres guerrilleros a ser entrenados por Henry Curiel, veterano revolucionario que había luchado en Argelia; aquí, el dirigente de la Brigada de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres manifiesta una perspectiva amplia de relacionarse con las guerrillas del continente, mencionando a los uruguayos y peruanos como ejemplos a seguir (194-195).
[12] La narrativa historiográfica da cuenta de los hechos como según las fuentes documentales varias y los testigos aún vivos de los mismos dicen que acontecieron -y desde ahí extrae sus interpretaciones-; la narrativa de ficción permite, en algunos casos, dar cuenta de los hechos, basándose en fuentes documentales varias y en los testimonios de los testigos, como pudieron o, mejor aún, debieron haber acontecido -cuestión que lleva implícito el acto de la imaginación como aporte substancial sin que por ello se mienta.