He vuelto al mar
En cada murmullo de sirenas que se acercan a mi oreja
viene tu voz desde una caracola vacía.
En el rumor de cada ola,
entre los camiones que pasan junto al muelle
no estará la estela fulgurante de tu nombre.
El olor de las mujeres y soles nuevos
de riberas en donde las gaviotas están a la caza de las
estrellas
son lágrimas en ojos de los muertos
Esta carta es el pretexto
para sacar todo el dolor del mundo,
qué lindo sería ahora que no estás
amputar un brazo a una rosa,
llorar los reclamos
y las ansias
Qué fácil resulta quedarse callado,
este dolor es más silencio,
punto final
reloj de arena donde el último grano ha caído.
Se nos acabó el tiempo
la satisfacción es una embustera
y la nostalgia es esa vieja apostadora de caballos
(siempre siendo tu recuerdo el primero en llegar
y el último en irse),
pero he de mentir si no declaro
que este amor fue el más dulce y tormentoso
hijo parido del ímpetu y las ganas,
que este amor fue párpado que
nos cristalizó para convertirnos
en lágrimas perpetuas.
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