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jueves, febrero 16, 2012

Emilio Romero: Viajeros sin rumbo


(Damos la bienvenida a Emilio,  quien desde Brasil, nos hace llegar este texto. Del lector es la última palabra)

Viajeros sin rumbo fijo
Emilio Romero


A pesar de estar cerca del fin  siempre navegamos con un rumbo incierto.
No importa si el  fin está en el  próximo puerto siempre navegamos con rumbo incierto.

Somos viajeros sin rumbo fijo... No importa si nuestra carta de navegación  indique el próximo puerto, Génova o Valparaíso. El lecho del ser amado o el bar de la próxima esquina.
Avistamos  un horizonte entre nubes y árboles; entre colinas y abismos, acreditamos que vamos rumbo al hogar de nuestra infancia, ese que amparó nuestra inocencia, mas ele siempre permanece equidistante de los primeros pasos y del último instante.
Viajeros sin rumbo fijo somos.
No importa si delante nuestro las luces de una ciudad  indiquen la llegada a un puerto, Barcelona o Santos son apenas lugares de paso.
En eses lugares tal vez encontremos una mano y una voz amiga, para la inmensa mayoría seremos un desconocido, un ente anónimo en la multitud. 
La casa de Maritza, Cecilia o Beatriz  tal vez aún nos espera, mas otras tierras y otros mares nos llaman desde esos lugares inciertos.
¿Hijos? Tal vez encontremos en algún rincón del  camino.
¿Amigos? Aparecen y desaparecen según las circunstancias. Meras referencias de nuestra errancia.
Pocos son los testimonios fieles a nuestra memoria. El olvido apaga los pasos en la arena y en las calles asfaltadas.
Apenas permanecen momentos fugitivos de ternura y esos paisajes que bordean el camino.
Todo sigue la línea de la fuga, no importa si permanecemos en el mismo lugar.
A pesar del fin siempre estar cerca, siempre navegamos con  un rumbo incierto,
los otros fines  dependen de la Suerte
y  de los mensajes de un remoto Oriente.
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Cuidado, un día el grito irrumpirá de su propio abismo
 Yo le digo: cuidado. Él está ahí, acechando, esperando que usted se adormezca para saltar sobre su cuello y apretar, apretar hasta arrancar su último suspiro.
Cuidado, esté atento; él está en este momento observando sus gestos, adivinando sus intenciones. Está onde menos usted imagina.
Está allá encima, en la pared, en su retrato infancia, cuando era niño sin fronteras, en la mirada triste, vagamente ausente de sus 7 años, allí está. Está en la voz calmada y bien modulada del locutor  en la TV, leyendo las noticias del día.
Él apenas finge un acento metálico como un castor que se desliza hacia el fondo del agua. Finge una sonrisa neutra propia para los días de otoño y para los lunes.

Cuidado, repito. No finja usted mismo
 una calma que es sólo un momento
 de sol en la ventana de su infancia...
Mire bien, a su derecha crece
un vago rumor de hojas secas.
A su  izquierda un perro acaricia
un hueso como si estuviese
 besando el rostro de su vieja madre.
Y atrás, bien atrás de sus primeros pasos,
allá donde el camino parece hundirse
 en la tierra, allá, un enorme grito
 le busca.
 Cuidado, un día ese grito pasará
 por su cabeza como un águila
en busca de su  presa.
 ¿Y entonces, qué será de usted?
¿Qué será de usted?
Hasta su perro guardián quedará
temblando en su rincón. 

 ¿No cree? ¿Piensa que estoy delirando, que el miedo obnubila mi visión de las cosas?  Que de tanto buscar las estrellas en lo alto acabé tropezando en los duros adoquines de las calles, eso es lo   que cree?

Espere un poco para ver,
luego sentirá que algo se está
desmoronando en las entrañas de su ser,
lentamente, sin hacer ninguna concesión,
implacable, hasta reducirlo
a simple polvo.

 Espere un poco ahí sentado, como el vagabundo inconsciente que siempre ha sido. Puede continuar contando los días que faltan para la próxima Navidad; sé que aún cree en papá Noel y en sus regalos para un nuevo año.

 Mas tal vez este año el padre de las nieves
 le traiga un regalo muy diferente.
No descenderá por la abertura
de la chimenea, golpeará sin consideración
 en la puerta que hasta ahora
nunca abrió.
 ¿Sabe cuál es la puerta que permaneció
cerrada? ¿No sabe? Examine su casa interior
y  la encontrará...



                                           

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