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lunes, octubre 04, 2010

Ignacio García: Dualidad Infinita


Dualidad Infinita
(Libro de Carolina Valerio Mateos)
Ignacio García

Texto leído en la presentación del libro DUALIDAD INFINITA, en las instalaciones del IVEC el día 30 de septiembre de 2010.

Conocí a Carolina Valerio Mateos de una forma que no acostumbro. Se me dirá antiguo, anacrónico, old fashion; pero a pesar de que mi especialidad es estar pegado casi 12 horas diarias en la computadora, rechazo el obtener conocimiento de una persona a través de las redes sociales, messenger u otro medio impersonal. Para mi fortuna, Carolina no fue sólo una persona más detrás del messenger, sino compañera mía en un Diplomado de Creación Literaria virtual, ofrecido por la UV, UNAM y el propio IVEC. Bajo este ambiente cibernético, fue inevitable comenzar a conocer de las inquietudes literarias de ella e iniciar la lectura de alguno de sus poemas y demás textos Confieso: lo hice más por profesionalismo que por atracción a los primeras de sus letras llegadas a mí como tarea asignada. No obstante, poco a poco la gruesa cuerda entre uno y otro extremo se rompió, y comenzamos a intercambiar algunos textos que nos permitieron conocer un poco más de nuestras personas.

Al leer el libro que esta noche ella presenta y cuyo título es DUALIDAD INFINITA*, éste (el título) me pareció un nombre más científico que poético; a la vez que pensé (paradójicamente) en el mucho tino de lo hermoso de esas dos palabras al parecer contradictorias ¿Dos Infinitos bajo una sola Dualidad, o una Dualidad con un solo infinito? Quizá los modernos científicos como Roger Penrose y Stephen Hawking pudieran explicarnos más de esto con su teoría de los mundos paralelos, el principio de incertidumbre y los nuevos avances de la física quántica.

No sé, pero la lectura de este poemario y su título, trajo también a mi memoria el poema de un amigo mío de nombre Giacomo Leopardi, titulado EL INFINITO (broma); se trata de un poema así, Infinito, que nos deja con ese sabor que sólo lo imposible puede otorgar...En uno de sus párrafos Leopardi dice:

Y como el viento, cuyo tráfago escucho entre las hojas, a este silencio sin fin, esta voz, voy comparando, y pienso en lo eterno, y en las muertas estaciones y en la vida presente y sus sonidos. Así, a través de esta inmensidad se anega el pensamiento mío, y naufragar en este mar, me es más que deleitable.

Me fue imposible no traer a la mente a Leopardi cuando leí algunas partes gemelas del libro de Carolina.

Pero esta noche estamos aquí para, una vez digerido el título que la autora ha impuesto a su libro, adentrarnos y conocer un poco del alcance de estos poemas por ella escritos.

El libro está dividido en (ya dije) dos infinitos. En el primero de ellos, llama la atención la forma en que, como si fuera un soliloquio, Carolina Valerio va diseñando sus poemas en frases muy cortas pero llenas de sentencias que azuzan la imaginación del lector. Nos atrae asimismo, que el instrumento que a ella le sirve de herramienta para sus poemas –es decir, el verbo, el Logos, la Palabra— ella lo considere: Muerte más que vida, Silencio en la vida o, Lo que la muerte habla. Este periplo semántico de Carolina es admirable; digno de levantarse e ir a los Evangelios para leer que allí existe una filosofía similar a estas estrofas…Me llevaría mucho tiempo explicar esto y prefiero que ustedes lo profundicen.

Sentencia Octavio Paz que la poesía dice lo que otros y nosotros mismos no podemos decir: una misma realidad pero vista desde polos opuestos; así, los poemas de Carolina se encargan de ponernos en la misma dimensión cuando nos dice que ella habla: Desde la realidad profunda, Que subyace a su poesía. En otras palabras, la tesis de ella es: “mi poesía habla; hagan ustedes de mis poemas sus propios poemas y descubran (si es posible) la realidad que esconden las raíces de mi texto”.

Por otro lado, esta misma palabra, transfigura, marca, recoge las miserias y contradicciones que permiten a Carolina –en este mundo absurdo--, convertirse en un ser humano que se distancias del hombre y el objeto: la poesía como un poder que evita la fusión en la que el ser humano ha llegado a materializarse en un número, una barra de letras, un nick, un avatar, un desperdicio. Aquí la poesía habla –y quienes dicen que ésta no sirve para nada—se dan cuenta de la bazuka que significa tener una pluma a la mano como la que utiliza esta poeta llamada Carolina Valerio, cuando se muestra contestataria ante una cultura y un país que a ella le duelen por ser parte de sí misma.

Poco a poco, el primer Infinito de Carolina, va siendo más terso y amplio en sus frases; dice ella: “todo se va armando entre la luz y la paz”. Y es que esta armazón apacible, tiene que ver con el respirar existencial de la poeta, tanto como los lugares y detalles que ella añora: es así como: “ama esta tierra de flores / y manzanillas entre el semáforo en rojo”. O bien, deja que un pueblo la cubra con su cielo, y le parece a ella, ese conjunto de gente y caseríos: “un sarape de caricias sutiles que la transporta entre sus ritos y sus mágicas bendiciones”. He aquí a la poeta, entonces, en su tarea de definir para el lector los alcances de su(s) Infinito(s); un “nunca acabar” que está a la mano de todos nosotros cuando nos acercamos a la poesía, y ésta, la Poesía (con mayúscula) que sí es Infinita ciertamente, se deja acariciar y dona partes de sus alas eternas para que el lector se encuentren cualquier mañana, convertido en un “percibidor de lo abstracto”, como lo asegura haber sido el gran Jorge Luis Borges.

Por otro lado, finita y mortal que es, Carolina no tiene más remedio que suplicar a sus propias visiones poéticas…entonces exclama: “no se vayan de mi mente nunca / Y pídanle a sus dioses que me dejen volver”. La poeta no espera respuesta alguna: si bien el infinito es dualidad para ella, por su condición de escriba que ve más allá (Rimbaud, dixit), no deja de percibir que “Nos cobijamos bajo mantos sagrados, Sobrevivimos al caos, Brutalmente infestado, en la que sólo el alma me permite Disolverme en un todo.

En su segundo Infinito, Carolina Valerio se desplaza por las parcelas del amor lejano, imposible-posible, desgajado y efímero, a la vez uno que es sueño eterno y despertar súbito sin condición alguna: “Escribo otras palabras necesarias en mí ahora / Sin querer percibir la distancia / / Esta necia y ridícula distancia /Que me obliga a imaginarte / A pensarte, lenta y callada, en este cierre del día / Voy trastabillando sin luces encendidas / Te guardo entre mis ropas / Te siento entre mi alma.

Como se puede escuchar-leer, la Dualidad de Carolina tiene una fuente, un origen; ese manantial es el corazón sin el cual casi ningún poeta es capaz de percibir los dilemas de la vida, amar descarnadamente y asesinar a punta de poemas algunos de sus más absurdos y anhelados instintos.

Diré finalmente que si bien ninguno de nosotros ha visto (ni creo que verá) al Infinito, sí puede saborear uno de sus holanes. Carolina nos lo ofrece en un instante. Lo palpa cuando dice: Esperando la madrugada / Tu boca junto a mi vientre / Mi cabeza entre tu cuerpo / Solitariamente juntos. Si Carolina puede imaginar y dejarnos esto en las páginas de un libro... entonces el Infinito se encuentra a la vuelta de la esquina. Estos versos valen toda la teoría sobre ese misterio que jamás acaba. Y no termina, porque tal vez para la autora el Infinito no sea un imposible, sino tan sólo un ala de mariposa donde su lápiz puede rasgar versos como los que el lector hallará en este cuaderno:

Mis dedos aun dormidos / Crujen entre el aire que apenas llega / Voy despacio buscando un camino / Esa mirada que soñé siempre / Ese silencio que reclamo / Y esa caricia que hoy falta

Y también:

Quédate esta noche / Enseñémosle a la vida / Nuestro instinto animal / Ocultándonos juntos

Me resta agradecer a Carolina su fe en la humildad de mi pluma, que apenas si ha podido despojarse de un poco de su tinta. Gracias, Carolina, por permitir el acercarme a los límites de lo que conocía sólo de “orillas”. A conocer más hondamente de este tu Infinito Dual, en donde (si puede haber un término) nos dices:

Y al final, una tonada completa / Entre mis labios que gritan/ Y mi alma que canta.

Estoy seguro que seguirás cantando cada día mejor, y algún día, hombro con hombro a los grandes poetas visionarios, en vez de Infinito nos propongas, como ya lo ha hecho aquella canción popular: "Que se quede el Infinito sin estrellas"; nos bajes al Infinito sólo y nos lo entregues convertido en poesía pura.

* Carolina Valerio Mateos, DUALIDAD INFINITA, Conaculta-IVEC, Serie Bicentenario- Centenario, 2010

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿donde encontrar ese libro?

Anónimo dijo...

podre contactar a la autora, es mexicana. lei los poemas aqui publicados, son muy buenos.
luis
colombia.

Carolina Valmat dijo...

Hola ...Gracias por sus comentarios, soy la autora, dejame tu correo y con gusto te mando el libros

abrazos desde Veracruz México