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domingo, mayo 17, 2009

Nancy Alejandra Ortiz Ochoa: JOVENES, BELLAS Y DELGADAS



















JOVENES, BELLAS Y DELGADAS:
La Belleza Femenina en la Cultura Posmoderna
Por Nancy Alejandra Ortiz Ochoa, educadora y socióloga

Las imágenes lo muestran, los comportamientos lo aprueban, las expectativas lo confirman. La belleza no tiene el mismo valor en el hombre que en la mujer.”
Gilles Lipovetsky

Las mujeres no siempre fuimos las bellas de la humanidad, no siempre se nos hicieron poemas, ni se nos cantaron canciones, ni se nos tomo de musas en pinturas por idolatría, así como no siempre se nos sometió a tal presión de ser jóvenes, bellas y delgadas.
En las sociedades primitivas hasta las culturas campesinas estábamos emparentadas a la fecundidad, a la perpetuación de la especie, al poder divino de dar la vida y la muerte, pues éramos capaces de otorgar vida, pero también de ser carnada de Satán. La belleza femenina hasta ese entonces era temida por los hombres, en algunas culturas la coquetería era denigrada y la posición de la mujer siempre era de inferioridad ante la presencia del hombre.
En el Renacimiento surge la idolatría a la belleza femenina, pero es hasta en el siglo XV y XVI cuando la mujer empieza asumir el papel de bella.
La idolatría de la belleza femenina surge con la división social entre ricos y pobres, nobles y plebeyos, etc. Las clases privilegiadas son las que tienen la oportunidad de abandonarse a los cuidados de la belleza “La cultura del bello sexo ha requerido la desigualdad social, el lujo y el desprecio del trabajo productivo de las leisured classes”.
En los albores del siglo XX, en plena era moderna, con la entrada al juego de los mass media y la reproducción en serie de estereotipos se comenzó a difundir las imágenes ideales de lo femenino, la belleza femenina a gran escala. Lipovetsky en su libro “La tercera mujer” nos habla de cómo la mujer se fue volviendo “bella” con el paso del tiempo, los medios de comunicación homologaron la belleza femenina difundiendo imágenes de bellas actrices y modelos. Diferentes fueron las cuestiones que se han derivado de ello.
En la era posmoderna, donde tenemos a Narciso como la gran figura mitológica que nos representa como sociedad “Hoy Narciso es, a los ojos de un importante número de investigadores, en especial americanos, el símbolo de nuestros tiempo” en la misma era donde los mass media controlan la información, donde prevalecen grandes estrategias mercadológicas, donde hay un gran vacío existencial, las mujeres nos hemos abandonado al constante esfuerzo de homologar nuestra belleza por citar sólo un rasgo de lo hoy llamado “femenino”.
La belleza femenina puede no ser nata, que más da, cuando hay miles de cremas para corregir los pequeños o grandes defectos de las mujeres, hay miles de productos para el cabello, miles de artilugios para que la mujer parezca más bella de lo que es, y por si esto no fuera suficiente, la cirugía entra al quite.
La cirugía estética se instala en las calles, los implantes, la silicona, el botox y lo artificioso ya no son recursos exclusivos de las vedettes o gente rica. Las mujeres comunes y corrientes hemos entrado en esa competencia desmedida por tratar de ser las más bellas. Ahora puedes tener otra nariz con una sola inyección y $ 4000 pesos, puedes ser lampiña en sólo tres sesiones , y claro, con $6000 pesos en la bolsa, puedes tener otro tipo de cabello con $3000, puedes tener cutis de bebé pagando la irrisoria cantidad de $600 pesos semanales, unos pechos o glúteos sensacionales desde $50000, hacerte la liposucción por $30000 o si no tienes tanto dinero pagar el gimnasio por $500 al mes o volverte macrobiótica. Aunque siempre queda el recurso de la bulimia y anorexia. Sin añadir la infinidad de prendas que existen en el mercado para exaltar tu belleza.
Las mujeres hoy en día la tenemos difícil. No basta ser capaces de dar y cuidar la vida, hay que ser bellas, jóvenes y delgadas, esas características debe poseer toda "mujer exitosa", aunque muramos en el intento, aunque dañemos nuestro cuerpo, aunque nos cause angustia y depresión, aunque perdamos la confianza en nosotras mismas y sólo algunas sean capaces o puedan acceder con facilidad a ese mundo de belleza y glamour.
Entiendo en que momento surge este ideal de belleza y porque las mujeres de la era del vació corremos a prendernos de este tipo de prácticas, sin embargo no dejo de cuestionarme ¿Por qué?, ¿Por qué entramos en el juego? ¿Por qué nos hacemos esto nosotras mismas? ¿Por qué una mujer está dispuesta a mostrarse ante otras mujeres con una imagen artificial y fingir que es real?, ¿Por qué estamos prestas a sacrificar placeres como la comodidad, el comer, descansar y la tranquilidad a costa de la belleza? ¿Por qué decidimos estar frustradas y deprimidas tratando de alcanzar esos cánones artificiosos tan elevados? Bourdieu diría que es producto de la dominación masculina, que hasta en eso nos subyugan; cuando creemos que hacemos algo porque nos agrada a nosotras resulta que lo hacemos para agradar a ellos. Sin embargo, me niego aceptar tal cual esta afirmación aunque esto signifique que nosotras somos las culpables de nuestra desgracia, pues aceptar lo otro es aceptar que no somos capaces ni de ser terroristas de nuestro propio destino. ¡Ok!, me niego aceptar ambas afirmaciones. Prefiero creer que hay una responsabilidad compartida en esta concepción. La idea de Lipovetsky no está tan alejada de la idea de Bourdieu y nos dice:
“…en un momento en que las antiguas ideologías domésticas, sexuales, religiosas pierden su capacidad de controlar socialmente a las mujeres, las conminaciones a la belleza constituirían el último recurso para recomponer la jerarquía tradicional de los sexos, para ‘poner de nuevo a las mujeres en su sitio’, reinstalarlas en una condición de seres que existen más por su apariencia que por su ‘hacer’ social. Al minar psicológica y físicamente a las mujeres, haciéndoles perder la confianza en sí mismas, al absorberlas en preocupaciones estético-narcisistas, el culto de la belleza funcionaria como una policía de lo femenino, un arma destinada a detener su progreso social. Al suceder a la prisión doméstica, la prisión estética permitiría reproducir la subordinación tradicional de las mujeres”
Es decir, cuando hemos destruido las cadenas que nos tenían atadas a las cocinas, cuando somos capaces de decidir dónde, con quien y qué queremos hacer, cuando podemos hacer lo que queramos con nuestro cuerpo, algo más se vislumbra en el horizonte, el deseo de ser jóvenes, bellas, delgadas y las consecuencias que esto significa.
Con el culto a la belleza varios llevan agua a su molino, entre ellos la industria de los productos de belleza, la industria del calzado, la ropa y accesorios, la prensa rosa, revistas de moda, los nutriólogos, los salones de belleza, los gimnasios, los cirujanos y sin lugar a duda los hombres a quién les encanta ser vistos con las mujeres más bellas y mejor vestidas, ya que les proporciona status.
Finalmente los hombres resultan ser los grandes ganones con la nueva condición de lo femenino, pues ahora no tienen que preocuparse de ser ellos los que paguen las cuentas, ser los que tomen la iniciativa, por ser proveedores, por ser los fuertes y protectores, pues ahora las mujeres podemos ser independientes económica y emocionalmente, somos liberales en el sexo, usamos lencería para complacerlos y cada día nos esforzamos por ser más “femeninas” aunque sea artificioso, total que muchos ni siquiera notan la diferencia entre unos senos falsos o reales y muchos no les importa que sean falsos mientras sean “femeninos”. Y la mayoría de los hombres estaría dispuesto a andar con alguien que su belleza es producto de la tecnología y mercadotecnia.
Como mujeres creo que deberíamos empezar a ser más plurales, a protestar contra los que intentan homologarnos en la belleza, la actitud, en la ropa y en el sexo. A reconocernos como seres únicos y auténticos, a empezar a ver más nuestras capacidades, a reconocer nuestra belleza, a quitarnos estereotipos y dejar de seguir cánones de belleza inalcanzables y finalmente ser más felices con nostras mismas.





Lipovetsky Gilles, La tercera mujer, Barcelona, Anagrama, 1999.
Lipovetsky Gilles, La era del vacío, Barcelona, Anagrama, 2002.
La industria de los productos de belleza es la que más ha crecido en los últimos años, según datos estadísticos del mismo autor.
Los datos presentados son verdaderos, sin embargo me reservo los nombres de las informantes por razones de ética y discreción.

Foto: Nancy Ortiz

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo Nancy.
En la actualidad es muy fácil convertirnos en bellas.
La mayoría de las veces el "vernos bien" es sinónimo de "sentirnos bien" y como consecuencia, triunfamos tanto en el ámbito profesional como en el sentimental.
Doy gracias a las empresas de cosméticos por existir, a las de depilación, al spa, a las estéticas, boutiques, nutriólogos...
Nos levantan nuestro autoestima; hacen que la belleza se integre a nuestra inteligencia, dándonos una pequeña parte del total de felicidad que toda mujer deseamos alcanzar.

Lourdes Franyuti.

Nancy Ortiz dijo...

Bueno quisiera aclarar que mi texto no tiene la intención de reivindicar la industria de la “belleza” por el contrario, me parece que cada día las mujeres se meten en terrenos más peligrosos, cada vez son más los casos de mujeres que literalmente dañan su cuerpo con el afán de ser más bellas. La idea de ser bellas se ha convertido en una obsesión. Me parece que cada mujer debe conservar cierta individualidad y de ninguna manera la belleza está relacionada con la inteligencia, son características independientes que pueden o no estar en una misma persona.
De alguna manera el texto es una protesta contra los que quieren homologar nuestra belleza, los que nos dicen cuanto debemos pesar, cuanto tenemos que medir, que ropa hay que usar, etc.
Recordemos que la belleza es un valor y por lo tanto es subjetivo, nosotros por ser un país conquistado por europeos seguimos cánones de belleza occidentales es por ello que este país es el principal consumidor de tintes para el cabello color “rubio”.
Mi intención es que las mujeres reflexionemos sobre este punto, que aprendamos a valorarnos por nuestras capacidades y no por lo que traemos puesto o como nos vemos.

Anónimo dijo...

Hola Nancy, me pareció muy interesante tu artículo y me gustaría ponerme en contacto contigo, mi correo es luz10_bs@hotmail.com, la intención es laboral, vi que te dedicas a todo lo referente a la sociología. Espero tu respuesta. Luz Valenzuela

PsIcK dijo...

Hola! Soy estudiante de cuarto medio, y en el cole estamos viendo identidad femenina.
Su ensayo apareció en una tarea, lo encontré excelente.

Felicitaciones por su trabajo

Anónimo dijo...

Lo interesante Nancy Alejandra es saber si has logrado estar por encima de toda esa mercadotecnia y sos una mujer feliz por el simple hecho de ser mujer. Quiero decir, si nunca haces un régimen alimenticio, utilizás cremas faciales, tenes depilaciones, o tenés alguna cirugía. ¿Te valoras sólo por ser mujer? El texto está lindo, nada mas creo que viene de alguien que ha fracasado en el intento de ser bella, y el recurso que queda, es la crítica. Tal vez la feminidad en vez de producirte satisfacción, te produce amargura. Liberate, podés ser bella y feliz al mismo tiempo.

Nancy Ortiz dijo...

El último recurso de quién no tiene nada que decir en un debate es atacar a la persona y si es de forma anónima mejor.