
UN LATINO NO ENCUENTRO
(Sobre el "Mess del Primer Encuentro Latinoamericano de Poesía)
Ignacio García
SIN VARIABLES
El público que me conoce… Rectifico, pues no creo tener público alguno: los amigos artistas y escritores con los que más amistad sostengo, saben de mi postura en lo que se refiere a publicar o dictar alguna charla, presentar uno que otro libro, escribir en revistas o leer poesía en público: soy enemigo de hacer ante-salas, mendingar por los pasillos oficiales a ver a quien se le ocurre llamarme para algún festejo literario, andar tras los “dioses” de la literatura para ver si en una de esas se fijan en mí y deciden publicar uno de mis engendros; no vendo mi dignidad a cambio de verme mezclado entre la elite literaria, ni sólo por enterarme que ya salió mi artículo o libro que puse en manos de algún editor gubernamental hace diez años.
Podría decirse que esta actitud mía es nueva, pero quienes nos conocemos desde hace ya unos treinta años (o nos hemos ido conociendo con el tiempo) saben que ha sido toda mi vida literaria la que se ha desarrollado así.
He ofrecido lecturas, presentación de libros, prólogos, texto a presentación de obra pictórica, lecturas magistrales, exhibición de mi trabajo en multimedia, escrito en revistas suplementos culturales en el blog que edito, y he leído en público mis poemas, siempre y cuando alguien me extiende una invitación sin más trámite que una llamada telefónica o un correo electrónico. Así me evito el oficio suplicante, el trámite que en escalera va del funcionario menos importante al director de la institución; la espera angustiosa que provoca la respuesta del sí o no, las omisiones infalibles, y todo lo que envuelve ese monstruo burocrático del que Kafka huiría al primer resoplido.
Es así como casi una docena de cuadernos de poesía míos y tres producciones multimedia han sido editados en nuestra limitadísima pero llena de amor Ezra Michelet Ediciones , si bien, de forma casi artesanal. Es también así, por invitación abierta, que he podido publicar en revistas y suplementos culturales del puerto, el estado y, en general, varias partes de América Latina.
De esta forma, sin esa ansiedad literaria que llega a enfermar si no alcanza uno el éxito; sin la soberbia de presumir de la publicación de uno de mis libros, que luego podría aparecer en el miércoles de verdura al 2 x 1, o es embodegado en los bunkers literarios de las instituciones; sin más anhelo que realizar mi trabajo en el silencio y la soledad del poeta, y sin poseer más aspaviento que el que agita mi espíritu cuando escribo, he acudido al llamado de los amigos para compartir con ellos de mi literatura. Y lo he hecho (salvo raras ocasiones) en lugares no “oficiales”, sino –y no me da pena decirlo—la mayoría de las veces, en bares, cantinas y lugares de mala muerte (no lo digo por ti Talavera). Por alguna razón que parece obvia, estos sitios han estado a reventar y mis ejemplares se han acabado allí mismo. Una observación: en ninguno de estos lugares se me ha solicitado más requisito que “llegar”.
Las pruebas más recientes a esta, mi postura (tal vez equivocada pero llena de convicción) es el haber rechazado el que la Universidad Veracruzana, hace unos 15 años, me publicara, por la previsión de ver enajenada mi convicción política y tener que amoldarme, en adelante, a los lineamientos del ideal político universitario cuando se me recordara que “les debía yo un favor”. De esto son testigos mi gran amiga y maestra Ursulita Ramos y el ya adelantado Juan Vicente Melo.
En otra ocasión, dejé de acudir a la premiación de un diploma que generosamente el grupo literario El Círculo (con Jaime G. Velázquez a la cabeza) me otorgó por mi trabajo en el blog de Los Elementos del Reino. Antes de no acudir, le escribí a Jaime agradeciendo su nobleza y expliqué las razones por las cuales no me parecía era yo merecedor de tal galardón.
Finalmente, me negué a asistir a la presentación de MÁSCARAS (Antología de poetas porteños y editado por el gobierno del Estado) en donde aparecía yo, gracias a la mano de Carolina Cruz. Primero, porque me solidaricé con la misma Carolina, quien siendo la promotora de esta edición, no fue invitada a la presentación, y luego porque consideré que mis versos no eran lo suficientemente buenos, y no deseaba yo arrancar el aplauso fingido del público (Galeano dixit)
EL PRIMER ENCUENTRO LATINOAMERICANO DE POESÍA
La coyuntura volvió a presentarse este mes de mayo en el que recibí una atenta invitación de parte del IVEC para participar en el Primer Encuentro Latinoamericano de Poesía con sede en este Puerto. Entonces me dije: “Si no hice sobre-salas, no rogué, ni mandé oficios, no hice berrinches o usé de influencia política alguna ¿por qué no asistir a tan importante evento; máxime que se realiza en esta ciudad que tanto amo, además de la oportunidad de volver a ver a algunos otros grandes poetas del continente?”.
Para mí no había impedimento alguno e inmediatamente contesté que sí. Se me solicitó una ficha de mi trabajo literario, además de diez poemas que iban ir a parar a una Antología que se publicaría por razones del Encuentro. En todos estos puntos creo que cumplí con lo que se me requirió. Debo añadir que, incluso, estaba yo muy emocionado de participar; no por el hecho sólo de lo latino o mundial que pudiera ser el acto, sino porque la Poesía era la invitada de honor.
Pero…Si en las cantinas entraba uno, el público se acomodaba, se tiraba una-dos-infinitum número de “chelas” y uno comenzaba a leer bajo un silencio casi sepulcral, la organización de este Primer Encuentro que organiza el IVEC, me dejó con la idea de no volver a aceptar invitación que provenga de institución gubernamental alguna, por mucho apellido de abolengo que tenga. No sé a cuántos más participantes les ocurrió (ni es de mi incumbencia) pero en mi caso quisiera tener a un Max Brod para contarle lo sucedido.
Cuando se me hizo la invitación, incluso firmada gentilmente por el abogado Sergio Villasana director del IVEC, se me hizo creer (obvio, no me lo creí) que se me tomaba en cuenta debido a mi “trayectoria” literaria. Lo que jamás pensé es que las “trayectorias” pueden ir desde la línea recta, hasta aquellas que forman hipérboles. A la hora de ver la primera versión del Programa del Encuentro, hallé que había "poestas" porteños que sólo así-se-hacen-llamar, junto con otros que en vez de poética usan la política para formar parte del exhibicionismo.
Claro, estaban igualmente los poetas-poetas como Jesús Garrido (a quien en un principio se les había olvidado invitar) y Juan Joaquín Pérez-tejada (a quien respeto muchísimo), ganadores ambos de premios nacionales, y otros poetas importantes más que ahora se me van de la mente.
Ojalá y esto hubiera sido todo. Pero los organizadores de este "Mess de la Poesía" (1) emitieron hasta cuatro Programas para el evento y los distribuyeron masivamente a lo largo de la Internet; yo creo que el lector sí me cree: en ninguno de los programas aparecía yo. A cambio Pérez-tejada y Javier España (a quien lamento no volver a saludar de mano) aparecían con el privilegio de leer ¡dos veces! en mesas y horarios distintos. Para esto, claro, la “medianía” porteña ya estaba bien apuntalada y con fecha y lugar otorgado, además de su butaca VIP.
No protesté. No tenía yo porqué hacerlo ni lo acostumbro. Solamente envié un correo electrónico a los organizadores, haciéndoles esta observación; para por lo menos no estar cuatro días esperando a ver a qué hora me tocaba “pasar” a leer. Entre esto y que no contestaban y seguían enviando Programas, el número de éstos llegó a ¡tres!... seguía yo sin aparecer. Algo andaba mal con los organizadores; era como si Zaratustra hubiera descendido de su montaña para decirme siempre lo mismo y pulir así su teoría de "El eterno retorno".
Lo que a los organizadores no se les fue, es el haberme colocado en el CEVART para ofrecer un Taller de poesía. Esto sucedió desde el primer programa enviado. Pero para el tercer Programa, ya mi nombre había también desaparecido y a cambio, aparecía el del gran poeta cubano Waldo Leyva; por lo menos estaba yo excelentemente sustituido. Una vez más entré en duda y pregunté de qué se trataba todo esto: o Waldo y yo éramos la misma persona o estábamos violando las leyes de la física, pues por lógica dos cuerpos no pueden ocupar al mismo tiempo el mismo espacio.
Debo subrayar que en estos casos, sólo hice observaciones. No exigí absolutamente nada. No tenía yo derecho a que la institución, por fuerza, incluyera a alguien que tal vez no deseaba; o ¿por qué no?, mi lugar se le había cedido a otro. Ellos podían hacer lo que quisieran; máxime que al final del Programa se advertía que el Progra "...podría sufrir cambios sin aviso" . Lo único que hice muy decentemente, fue agradecer el haberme cosiderado, y decirles que, si esas eran las circunstancias, me retiraba con mucho gusto.
No obstante, se tuvo la amabilidad desde las oficinas del IVEC para llamarme por teléfono y decirme que todo se trataba de una “confusión” (en realidad ya iban tres). Hablamos y quedamos en paz. Incluso al otro día recibí un Programa “personal” en el que mi nombre ya aparecía en una mesa de lectura y mi Taller en una universidad aún no definida; ambos nombres míos venían marcados con rojo, por si las dudas.
…
Hoy, es jueves 8 de junio de 2010. El IVEC ha vuelto a enviar a todo el mundo vía Internet un ¡cuarto! Programa de actividades. No lo van a creer: Pérez-tejada y España siguen con el privilegio de leer el doble de los demás, y yo sigo sin aparecer en mesa de lectura alguna: volví a ser olímpicamente excluido.
Cualquiera pensaría que estoy furioso, retorciéndome de coraje por participar, haber perdido mi silla y estar fuera del grupo selecto de poetas que sí han sido incluidos (incluso a última hora). Nada de eso. Por ello quise comenzar este escrito con mi forma de pensar acerca de este tipo de eventos. Quienes me conocen saben que tomo esto sólo como un “entrenamiento” más dentro de mi vida literaria; que no por ello voy a dejar de escribir o a deprimirme porque mi nombre latino no aparece entre otros más distinguidos y respetados que yo.
Se me pidió comprensión por las equivocaciones cometidas. Y, sí, me puse en los zapatos de quien esto organizaba; esperé con paciencia. Lo malo es que un error no es cometer una equivocación una vez, sino ser indiferente y dejar que el equívoco siga corriendo ¡hasta por cuatro veces!
Seamos honestos. ¿Cuánto tardaría un usuario medio en insertar un nombre en
una hoja Excel y reparar así una “equivocación”? ¿Un día, 12 horas, seis, una, media, quince minutos…? Allí se la dejo al lector…
En medio de tanto trabajo, el IVEC no tuvo 30 segundos para todavía, el día 8 de junio hacer llegar su cuarto Programa “tentativo” ¡pero con el mismo error! Yo no aparecía en ninguna de las mesas de lectura. Miren ustedes que yo no dormía nomás de pensar si iba yo a estar 4 días de festival a la espera de que en uno de ellos se me dijera: “Ahora sí, te toca leer…”.
Punto aparte, los organizadores no supieron nunca lo que hubo detrás de un error que pudo haber sido reparado en los primeros 15 segundos de mi observación. Porque se me dice, en respuesta a uno de mis correos, que se les hace inverosímil que ahora renuncie yo a asistir al evento sólo porque el IVEC enviaba Programas no serios, sino sólo tentativos “únicamente para promover el evento”. La pregunta es ¿qué y a quién promovían? Me imagino que al Encuentro y a quienes sí aparecían programados… Pero si después de cuatro envíos se promueve con este desorden, pasando por la no-promoción de algunos participantes (somos personas, no fichas, no números ni estadísticas y menos “planes tentativos”), entonces parece no haberles importado promocionar más a su Institución que a las personas que le iban a dar realce a la misma. El poeta era lo de menos.
Lo otro fue peor.
No porque el IVEC organice un suceso, quiere decir que automáticamente los jefes van a dar permiso a uno para asistir a la fiesta. En mi caso, como maestro universitario, me rijo por ciertas normas y reglamentos en eso de los permisos. Uno de ellos dice que mi permiso debe hacerse con cinco días hábiles de antelación, y, en su caso, si se dan clases, existen cursos de nivelación, es época de exámenes o hay revisión de tesis, se debe buscar un sustituto que cubra los días que estará fuera el maestro: para mi desgracia tenía yo todo encima. Pero, al ver ya mi nombre en rojo y todo confiadote, me apalabré y hallé a quien diera mi clase de y vigilara a mis alumnos en un examen final; lo demás de la semana lo tendría libre. Para mi fortuna, la directora del Instituto donde laboro, se puso “muy suave” y dijo: “Para ti, con que traigas el programa donde aparecen días, fechas y tu nombre, basta… Para ti no hay más requisito que éste”. Ojalá y se me hubiera pedido una carta-permiso de Felipe Calderón…creo que hubiera sido más fácil el asunto.
El punto crucial llegó el martes 8 de junio. Ya para entonces alguien de la organización IVEC había hablado conmigo por teléfono, y el lunes mostrado mi nombre (vía mail) en color rojo y bien colocado en la mesa 8, y mi Taller en una universidad aún por definir. Como no se trata con mi directora de llevar copias que bien pueden estar alteradas, muy horondo bajé ese martes (con toda la confianza del mundo de los ajustes ya hechos) para mostrarle en mi Lap que, tanto la invitación y Programa provenía directamente del IVEC y estaba firmado por la encargada de dicho acto… Ya se imaginarán: quedé como todo un vil mentiroso delante de mi autoridad…Por más que le busqué, en negro y rojo, le eché la culpa a un virus llamado VIRUSVEC y le recordé la mamá a Bill Gates, mi nombre y mesa jamás aparecieron: los des-organizadores habían enviado el mismo Programa del “error”; aquél que indulgentemente fue dejado con la equivocación desde la primera vez. Cerré mi Lap, escondí la cara y salí sin más que (esta vez sí) un coraje inmenso por mi ingenuidad y creencia en la eficiencia de instituciones como el IVEC.
El coraje pronto se me bajó. Total, lo único que había perdido era la oportunidad de leer; lo que bien puedo hacer llegando a casa, salir al mar y ponerme como loco a recitar mis versos entre piedras y espuma. Todo estaba hecho, un desastre debido a que alguien no tuvo (vamos a darle chance) un minuto de su vida para enmendar una equivocación; un "error" que vivió hasta cumplir su cometido: echarme fuera del Encuentro.
El folleto-programa que hoy se muestradel Encuentro, es de lijo, a color y con mi nombre ya bien puesto; nombre del que se me dijo --ya cuando todo se había echado a perder: "allí aparece tu nombre, como te dije..."
Estoy conforme y la vida me sigue gustando igual. Si bien, ya tampoco sé (después de cuatro “errores”) si hay consigna contra mí. Si es así, sepan que el poeta es uno de los pocos que puede decir junto con Neruda: “La historia ha probado la capacidad demoledora de la poesía y a ella me acojo sin más ni más”.
Lo único que lamento es que aquellos diez poemas que envié, vayan a aparecer en la Antología. Se comprende que ya no es tiempo de decir al impresor “omite los poemas de Ignacio García”; pero tal vez si se podría indicarle que ponga una leyenda al inicio del primero de mis poemas; una nota que rece:
“El lector haría bien en saltarse la lectura de este poeta, pues habiendo no-aparecido en el Encuentro, vino a dar aquí, sepa Dios, cómo”
A fin de cuentas, tal vez le haga yo muy a lo "descobijado", pues ¿quién va a extrañar mi presencia? ¡Nadie! Ni modo que entre la asistencia se note el hueco que fulano dejó en la mesa "x" a las "y" horas. De eso creo que tanto el IVEC como yo, debemos desprecuparnos.
Para ello permanece en resto de los poetas: Margarita Villarreal, Jorge Brash, Javier España, José Luis Rivas, Jorge Lobillo, Waldo Leyva y el resto de la larga lista. Ellos sabrán cumplir con los propósitos del Encuentro: con su pluma inflamarán el cuerpo de la Poesía para impedir con su luz que este mundo desaparezca delante de nuestros ojos.
(1) Mess - un arreglo entre "mes" en español y el "mess" de lengua inglesa que significa "lìo", "desorden", "desastre"















