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jueves, enero 11, 2007

Juan Joaquín Pérez-Tejada: Poemas


Juan Joaquín Pérez-Tejada



TRES POEMAS

(Tomados del libro Por la vereda tropical)



Dios

Lo diré de nuevo
Dios es un concepto
Por el cual medimos nuestro dolor

John Lennon

El poeta es un pequeño dios

Vicente Huidobro

Ir hasta los extremos del arte,
y, más aún, del ser, es la ley de todo aquel que se cree elegido


E.M. Cioran

Yo soy un dios sin adjetivos
Paseo por el jardín de la poesía
Me recuesto sobre la hierba
Y siento el sol
Siento el aire fresco al respirar
Con este aliento creo al hombre donde habito

Este hombre es Dios
Pasea por el sendero del poema
Sus palabras nombran su mirada
Escribe hierba sol aire fresco
Con esa frescura crea al dios
Al habitante de su corazón
Sin adjetivos

Un dios es un dios
como quiera que sea
como quiera que vaya
Donde quiera que fuese

Yo soy esto
Aquí están mi cuerpo y mi sangre


En este paraíso no hay serpiente


El poeta no sólo no es un pequeño Dios
Sino es más grande que Dios
Porque el poeta creó a Dios
Y le otorgó sus cualidades
El poeta es el verbo
Y las palabras se inclinan ante él

Cada día hago la luz en el poema
Porque soy la luz
Estoy en todo lugar
Soy contundente e infinitamente misericordioso
Y nado de dorso sobre las aguas

Aquí tengo el poema
Para compartir y acompañarte
En la distancia de la diferencia y semejanza
Somos dioses desde el principio y al fin


En el mar la vida es más sabrosa


Si la vida fuera justa viviríamos en el mar

Ricardo Yañez


Nosotros vivíamos en el mar

Marisol Robles

No en el mar sino junto al mar
La vida es justa porque escribo en ese cuaderno
(libreta hojita suelta servilleta)

Ese cuaderno es el mar donde habito
Estas palabras mis movimientos
Estas palabras son mi movimiento más audaz
Yo soy el dios de la palabra, del tiempo y el mar

En verdad les digo
Nadie va a ningún reino si no es a través del jardín
Yo soy el poeta la aproximación y la vereda tropical
Quien tenga oído que cante

miércoles, enero 10, 2007

Crónica de Viaje


CRONICA DE VIAJE
Sociedades Belgas
Por Nancy Alejandra Ortiz Ochoa


“La felicidad, sépalo el lector, tiene muchos rostros. Viajar es, probablemente, uno de ellos.”
José Saramago

Bélgica es un país con 30 158 km² que se pueden recorrer de Norte a Sur en poco más de dos horas. A pesar de ser un país tan pequeño es curioso observar cómo el país se encuentra perfectamente diferenciado por sus distritos. Curiosamente, como en casi todos los países y regiones del mundo, en el norte viven los que parecen ser más ricos y concentrar el poder del país con las mujeres más bellas, sin embargo los del sur dicen ser los más cultos y refinados.
Llama la atención que Bélgica sea un país tan pequeño y no sean capaces de ponerse de acuerdo en el idioma que utilizan. Al norte del país hablan neerlandés, también llamado en español “flamenco”, al sur hablan francés y en algunos distritos del Este hablan alemán.


Pese a ser un país pequeño Bélgica tiene muchas cosas, como el record de mayor tipos de cervezas en sus bares, las hay oscuras, claras, rubias, de diferentes nacionalidades, con especias, hiervas, de frutas y sabores, las cuales son las preferidas de las mujeres y los gay (dicho por los propios belgas). También se jactan de tener la mayor variedad de chocolate, los cuales son tan exquistos y deliciosos que uno siempre quiere más. Bélgica tiene de las mejores autopistas en Europa, están completamente iluminadas, muy bien señaladas y lo más importante, son gratis.
Lo mejor de los belgas es lo civilizados que parecen ser, todo es con mucho orden y precisión. Los belgas culturalmente son muy diferentes a nosotros los mexicanos, lo que en México pueden ser practicas sociales aceptadas, en Bélgica son reprobables y viceversa. Por ejemplo, allá la gente no conduce sin licencia, cinturón de seguridad, ni mucho menos ebrios, son situaciones que ni siquiera se cuestionan si las tienen o no que hacer, simplemente siguen las reglas. En Bélgica la gente tiene una cultura de cuidado del medio ambiente, la basura la clasifican por varios tipos y es socialmente reprobable quién no lo hace. También reprueban que los habitantes de la ciudad recurran a servicios de prostitutas y table dances, piensan que la gente que realiza esas prácticas es gente desdichada que tiene que pagar para obtener sexo; es por ello que las relaciones sexuales extramaritales y la unión libre son bien aceptadas. Fumar marihuana es socialmente aceptado y casi todos los jóvenes belgas la han probado, aunque no es una práctica legal es muy recurrente en algunas fiestas, para los belgas es sencillo viajar a Holanda y conseguir con facilidad en los coffes shops marihuana de muchos estilos y variaciones. Aunque en el país hay racistas, parece que la diversidad es característica de Bélgica, pues convive gente de muchos países y regiones del mundo.

Bruselas es la capital de Bélgica y de la Unión Europea, es una ciudad muy cosmopolita y moderna, hay habitantes de todo el mundo y sus culturas se entrelazan para convivir en Bruselas.
El centro de la ciudad está lleno de restaurantes de muchas partes de mundo, curiosamente lo que menos se observa son restaurantes de comida Belga, lo que si abundan son cadenas de papas fritas y recuerdos del Manneken Pis (niño orinando). La fotografía con el Manneken Pis es obligada para los turistas, es una pequeña estatua de un niño orinando situada en una pequeña fuente, la imagen es prácticamente el emblema de Bélgica, al niño lo visten de muchas maneras y su figura está en muchos souvenirs.


La fe parece haber abandonado a Bruselas, las iglesias son más de ornamento que santuarios para curar el alma, algunas son utilizadas como bares, museos, salones o simple y sencillamente están abandonadas, algunas de ellas tienen un estilo gótico muy bonito.
En Bruselas todas las calles tienen dos leyendas, una en francés y la otra en flamenco, lo mismo sucede con los letreros, avisos, vaya hasta los subtítulos de las películas deben estar en ambos idioma, pero en algunos trabajos la gente utiliza el idioma inglés.

Bélgica tienen muchas pequeñas ciudades con personalidades bien definidas. Las más bellas son: Brujas (Brugge) y Gent o Gante en castellano que se caracterizan por sus iglesias, monumentos y canales de estilo gótico. En verano en Gent se hace un festival musical que dura 10 días, la ciudad se llena de escenarios para escuchar grupos y música con diferentes ritmos, ese festival congrega muchos turistas y gente de todo el mundo, en la noche parece ser la locura, la ciudad se llena de gente, color, cantos y bailes de muchas regiones e idiomas.

Otra ciudad famosa de Bélgica es Amberes (Antwerpen en neerlandés, Anvers en francés) El nombre de esta ciudad proviene de una leyenda donde un gigante habitaba el río Escalda, cobrando peaje a los barcos que quisieran pasar, si un barco no pagaba, el gigante cortaba la mano del capitán y la arrojaba al río; un día, un Centurión Romano, cansado del abuso, cortó la mano del gigante y también la lanzó. La leyenda es representada por una estatua (un poco sangrienta para mi gusto) en la plaza principal de la ciudad. En Amberes hay un túnel subterráneo que atraviesa el río, para entrar al túnel se utilizan escaleras eléctricas y se atraviesa el túnel caminando o en bicicleta. El túnel es una muestra de la planificación e ingeniería belga.

Hay una pequeña pero bella ciudad llamada Spa, famosa por su agua, llamada de la misma manera que el lugar. Ahí está situado el spa (balneario) más bonito de Bélgica, dicho por los propios belgas. En Spa el clima es extremo, en invierno hay tanta nieve que la gente va a esquiar y en verano tanto calor que la gente visita el spa, el cual tiene albercas, sobra decir que de lujo, camas de bronceado (pues los belgas están locos por tratar de ser un poco morenos, por ello lo latino tiene mucho pegue allá), jacuzzis, dispositivos de hidromasaje, instalaciones y servicios de primera. En esa pequeña ciudad cada año en verano se hace un festival (Francofolies) que reúne bandas de lengua francesa, el festival congrega muchos visitantes, principalmente belgas. El ambiente se pone muy bien, la gente se muestra muy alegre, divertida y hospitalaria.

Sin lugar a duda Bélgica es un país envidiable para cualquier país de Latinoamérica, pues tienen un alto nivel de vida, buena educación, empleos bien remunerados, servicios de primera y un gobierno eficaz que ve por el bienestar social.

martes, enero 09, 2007

Ciencia: Voces y recuerdos

Foto: L'Amour Fou, José Luis Cuevas

Voces en nuestra cabeza

Psicólogos de la Universidad de Manchester han realizado un estudio donde descubren porqué alguna gente que oye voces en su cabeza puede considerarla una experiencia positiva mientras que otras lo encuentran un grave problema.
Aunque oír voces se ha visto tradicionalmente como algo "anormal" y síntoma de enfermedad mental, los resultados sugieren que es un síntoma más extenso que lo se pensaba previamente, estimando este fenómeno en cerca del 4% de la población mundial.


El investigador Aylish Campbell dijo: "Sabemos que muchos miembros de una población oyen voces, por ejemplo en Holanda, pero nunca han sentido la necesidad de asistir a un médico especialista; incluso hay más gente que oye voces y no busca ayuda psiquiátrica que los que lo hacen. De hecho, muchos de ésos afectados describen sus voces como una influencia positiva en sus vidas".


El equipo cree que factores externos tales como experiencias de la vida de una persona y la creencia pueden ser la llave a estas diferencias: por ejemplo, la presencia del trauma de la niñez o la creencia negativa sobre uno mismo podrían afectar.

La preocupación y su capacidad de crear falsos recuerdos

Interesantísimo artículo nos presenta Yaiza Martínez en Tendencias21 donde nos explica un reciente descubrimiento realmente sorprendente.


Científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison aseguran que no solamente los hechos que nos ocurren y hemos vivido quedan “impresos” en nuestra memoria, sino que la preocupación por lo que va a ocurrir en el futuro es capaz de “grabarse” en el cerebro con la misma intensidad que un recuerdo negativo real, a pesar de que no ocurra.


Incluso, los acontecimientos emocionalmente perturbadores, se imprimen en nuestra memoria de forma mucho más arraigada que los hechos cotidianos, ya que esa sensación angustiosa activa 2 regiones cerebrales relacionadas con la formación de recuerdos incluso antes de que la situación ocurra. Estas 2 regiones son la amígdala cerebral y el hipocampo. La primera asociada con la formación de los recuerdos emocionales y la segunda ayuda a nuestro cerebro con
los recuerdos de larga duración.


Se cree que estos resultados pueden tener importantes aplicaciones en el tratamiento de estrés post-traumático y ansiedad social encargados de activar “flashbacks” sobre hechos traumáticos en los pacientes.

Fuente: Tendencias21

El libro y la cultura escrita


Adiós a la profecía de McLuhan
El libro y la cultura escrita en la aldea global

Por Juan Domingo Argüelles

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Desde hace aproximadamente cuatro décadas, cuando el canadiense Marshall McLuhan publicó La galaxia Gutenberg (1962) y firmó apresuradamente el acta de defunción de la cultura escrita, no pasa un año en el que no se anuncie (y aun se festine) la inexorable desaparición del libro.
Sin embargo, año con año, asistimos no a la verificación de tan apocalíptica profecía, sino más bien a la comprobación de que el libro no sólo no desaparece sino que se revitaliza y, para hacer más absurda la ironía, surgen nuevos sellos editoriales, grandes y pequeños, que, a contracorriente, se entregan, a la heroica o disparatada tarea de publicar títulos que, según se afirma, casi nadie compra y, lo que es peor, casi nadie lee.
Luego, si publicar libros no es negocio (aseveración que amerita el beneficio de la duda), entonces es un vicio irremediable que tiene una buena cantidad de consumidores que no han permitido que la adicción se extinga.


Nunca como hoy la profecía catastrofista sobre el presente y el futuro del libro parece tan cumplida. Son muchos –y su nombre es legión– quienes nos aseguran que, ahora sí, sin la menor duda, el libro de formato convencional, es decir antiguo, pasará a mejor vida y, junto con él, todo lo que ha sido, ortodoxa y tradicionalmente, su función como vehículo de cultura. Y ahora sí, también, a darle la razón a McLuhan sobre la decadencia del "hombre tipográfico" y a vivir felices en ese estadio de civilización que el canadiense caracterizó en la imagen de su tan famosa "aldea global", de la que hizo anunciación en La galaxia Gutenberg y acerca de la cual insistiría, hace treinta años, en War and Peace in the Global Village (Guerra y paz en la aldea global).
A la era tipográfica sobrevino la era electrónica y, como un paso superior a ésta, ahí donde se detuvo McLuhan, o donde la muerte lo detuvo, en 1980, se nos abrieron los cielos ni más ni menos que del paraíso de la Era Digital.


Los entusiastas predicadores de la tecnología digital que, por lo general, suelen confundir la acumulación de datos con el conocimiento y la erudición con el saber, oponen al viejo concepto cultura, el "insurgente" término información y hablan de las muchísimas ventajas que significa el disponer de tantísima información, sin admitir que en cuestión de libros no todo se reduce a lo informativo.

En un alarde de obstinado desprecio, hay quienes insisten en la insistencia de McLuhan y, no obstante el fracaso de sus predicciones a lo largo de casi cuarenta años, nuevamente dan por muerto al libro (y por extensión a la escritura) como fundamento de la cultura, y nos aseguran que esta vieja pieza de los museos que son hoy las librerías y las bibliotecas, nada tiene que hacer frente a las computadoras personales y, más recientemente, frente a la Internet, en el mundo perfecto de la Aldea Global. Su fe ciega en la información y en la tecnología se ha convertido en el pilar de una nueva religión que, con frecuencia, se fundamenta en el dogma y rechaza todo cuestionamiento racional.

Una de las más pertinentes objeciones, en este ámbito, es que el concepto político de la aldea global olvida de pronto a las muchas aldeas periféricas, marginales y perdidas que no cuentan ya no digamos con computadoras, sino simple y sencillamente con energía eléctrica. "Jacques Attali –recuerda Carlos Fuentes en su libro Tres discursos para dos aldeas, 1993)– contrasta los ‘nómadas veloces’, que portan consigo sus señas de identidad (fax, computadora, jet) a los ‘nómadas lentos’ que caminan con sandalias y montan burros o camellos. Provenientes de las antiguas periferias del Occidente, estos excéntricos introducen no sólo un contraste sino, acaso, una contradicción diaria en el funcionamiento suave y eficaz de una maquinaria de integración que Robert Reich define como ‘la red global’, excluyente de particularidades nacionales."


En otras palabras, para creer en ese universo ideal y despersonalizado de la famosa aldea global y en aras de la vasta información –tan vasta, a veces, como inútil–, sus predicadores se olvidan ni más ni menos que de la cultura. Pero en virtud de que el santo profeta McLuhan lo dijo, debemos creerle y repetir con él, más aún en nuestros días, que "lo que comenzó como una ‘reacción romántica’ hacia la integración orgánica puede o no haber acelerado el descubrimiento de las ondas electromagnéticas. Pero es cierto que los descubrimientos electromagnéticos han hecho resucitar el ‘campo’ simultáneo en todos los asuntos humanos, de modo que la familia humana vive hoy en las condiciones de ‘aldea global’. Vivimos en un constreñido espacio único, en el que resuenan los tambores de la tribu. Por ello, la preocupación actual por lo ‘primitivo’ es tan banal como la preocupación del siglo XIX por el progreso, y tan ajena a nuestros problemas." ¡Sí, señor!

Libros y revistas sin páginas a través de las computadoras y talleres literarios por Internet. Esto es lo que ya hay, y mucho más lo que nos prometen para el futuro inmediato, tan inmediato que toda predicción sale sobrando, porque, para decirlo pronto, con el fin del milenio asistimos a la muerte del libro. Así, sin más. Los más anhelados sueños de la ciencia-ficción hechos verdad.
Todo esto tiene que ver, indudablemente, con el presente y el futuro de la literatura (incluida la poesía), y con el presente y el futuro de los modos de apreciar, compartir y difundir la experiencia literaria y poética. Pero contra lo que se dice, estamos muy lejos de la desaparición del libro convencional y del fin de la cultura escrita; ello, pese a la afirmación de que la era electrónica ha alcanzado su estadio superior con la civilización digital, cuya prueba más concreta es la lectura y la escritura de libros sin páginas, a través de la pantalla en la Internet. El libro convencional goza de perfecta salud, por más que los entusiastas de los medios digitales concluyan que, a partir de ahora, ha dejado de ser necesaria la interacción estrecha entre las personas y los libros, puesto que para eso están las pantallas de las computadoras personales y de los aparatos de televisión en la sucursal de la aldea global de cada casa y de cada oficina.
Precisamente, en un libro que, por añadidura de la ironía, lleva por título Los demasiados libros, Gabriel Zaid nos advirtió: "Nos quejamos de la confusión de lenguas, de la variedad de conversaciones, porque soñamos con la atención universal, inabarcable para nuestra finitud. Pero la cultura es una conversación cuyo centro no está en ninguna parte. La verdadera cultura universal no es la utópica Aldea Global, en torno a un micrófono; es la babélica multitud de aldeas, todas centros del mundo. La universalidad asequible es la finita, limitada, concreta, de las conversaciones diversas y dispersas."


Si han pasado casi cuarenta años desde que el profeta McLuhan sentenció la extinción del libro y el fin del tiempo y el espacio lineales, y el libro es un muerto saludable que todavía no termina de morir, ¿será precisamente el perfeccionamiento de los procesos digitales el que le dé el tiro de gracia? Y si, por cómica ironía, McLuhan no mató bien a sus muertos (el libro y la tipografía), a través precisamente de un par de libros (La galaxia Gutenberg y Guerra y paz en la aldea global), ¿por qué estar tan seguros de que, nuevamente, a través de un libro (Ser digital, 1995), un heredero de McLuhan, Nicholas Negroponte, acertará, ahora sí, ahí donde el primer profeta no las pudo?


No deja de ser gracioso el hecho de que los enterradores del libro usen a éste para decirnos que publicar libros no tienen ningún futuro ni ningún sentido. Si tan seguros están de que el libro no sirve como vehículo cultural, ¿por qué publican ellos un libro para decirnos que los libros están en vías de extinción?, ¿por qué no dejan esas palabras únicamente en la pantalla?
Para decirlo pronto, el optimismo recalcitrante de los profetas digitales que auguran la muerte del libro se funda en varias mentiras y en una serie de medias verdades que, en el momento de ser analizadas, revelan su inconsistencia. "Ni las computadoras más veloces dan la perspectiva de conjunto que puede dar el registro rápido de un libro, con la misma facilidad. Uno se impacienta, explorando los archivos de una computadora: no es tan fácil hojear el contenido."
La anterior y más que acertada observación es de Gabriel Zaid. Sin embargo, Nicholas Negroponte, fundador y director del Laboratorio de Medios del Massachusetts Institute of Technology (MIT), luego de confesar, sin más, que no le gusta leer ("Espero, mi estimado lector, que la lectura de este libro le interese y lo atrape. Y se lo está diciendo alguien a quien no le gusta leer"), asegura en Ser digital que no tenemos que esperar el futuro del libro sino celebrar su presente, el cual se halla en las pantallas de las computadoras y no en los estantes de las librerías. Festeja, con entusiasmo, lo que él llama, orgullosamente, los libros sin páginas, porque, según su experiencia y convicción, es más fácil, y mejor, leer y escribir en las pantallas, mientras que "en un libro impreso, las frases, los párrafos, las páginas y los capítulos se suceden en un orden específico, determinado no sólo por el autor, sino también por la construcción física y secuencias del libro mismo", y es por ello que "a pesar de que un libro puede ser aleatoriamente accesible y sus ojos (los del lector) pueden recorrerlo al azar, el mismo está siempre limitado por los confines de las tres dimensiones físicas".


"Éste no es el caso –concluye con alborozo– en el mundo digital. El espacio ocupado por la información no está, de ninguna manera, limitado a tres dimensiones. La expresión de una idea, o una secuencia de ideas, puede incluir una red multidimensional de indicadores que apuntan hacia futuras elaboraciones o exposiciones, que pueden ser llamadas o ignoradas. Hay que imaginarse la estructura del texto como un complejo modelo molecular. Se pueden reacomodar trozos de información, ampliar oraciones y dar al momento las definiciones de las palabras… Estas interconexiones pueden ser incluidas o bien por el autor en el momento de la ‘publicación’ o, más adelante, por el lector, cuando éste lo considere oportuno."


Lo que revela este alborozo de Nicholas Negroponte es que no tiene ni la más remota idea de lo que es un libro de literatura ni mucho menos de poesía, lo cual es previsible si él mismo se define como alguien a quien no le gusta leer. Por ignorancia o por incapacidad, confunde las cosas y cree que todo se reduce a información y tecnología cuando, en el caso de la literatura y en particular de la poesía, lo fundamental es la emoción que abre las puertas a verdades insospechadas por aquellos que desdeñan todo lo que no tenga el carácter de utilidad.
Al igual que Negroponte, son muchos los que con él creen que la cultura escrita, a partir de ahora, tiene que ser de otro modo (sin decirnos exactamente cómo) y que el libro cambiará tan radicalmente que su inmediato futuro será desaparecer.

En El último juglar, las Memorias de Juan José Arreola escritas por su hijo Orso, el autor de La feria hace la siguiente reflexión: "Hace poco en Bellas Artes, dije que Juan Rulfo es un escritor imposible, lo aseveré con la convicción de que la mayoría de los escritores de hoy son posibles, se repiten, escriben por oficio, participan con ganancias en el mercado editorial, que bien manejado se convierte en una industria próspera. ¿Para qué escribir algo inferior a lo que se escribió la semana pasada, el año pasado? En ese sentido se ha perdido el gusto literario por aproximar a la literatura con el arte, con la idea de creación. En mi caso, no escribo para no repetirme, ni para publicar textos inferiores a los que ya publiqué. ¿Qué caso tendría? Estamos llenos de libros que no hacen falta y faltan los autores y los libros capitales para que eso que entendemos como cultura occidental no se pierda en los estrechos laberintos de las computadoras, que en la mayoría de los casos han sido programadas por hombres falibles; tal es el caso de Deep Blue, la computadora campeona de ajedrez, y de Internet que, fuera de los usos científicos y académicos útiles para la humanidad, corre el riesgo de convertirse en el basurero de la estupidez humana."


A decir de Eco, no debemos confundir información con formación ni poner en un mismo plano el libro de lectura con las obras escritas de consulta (diccionarios, manuales, enciclopedias, etcétera), pero, sobre todo, no debemos confundir lectura y cultura con información y tecnología. A su juicio (un juicio, por lo demás, enteramente confiable), el libro que tiene fin y principio y que no se lee en un punto específico de consulta, tiene larga vida, aun en el próximo milenio.
Si todo este cúmulo de razones no bastara, habríamos de prestar atención a las razones pragmáticas que ofrece Gabriel Zaid: "La televisión y la prensa son tan caras que ni siquiera pueden vivir del público: viven de los anunciantes. El cine, la prensa, la televisión, requieren públicos de cientos de miles para ser costeables. Los libros, sin anuncios, se pagan con unos cuantos miles de lectores. No se ha inventado nada más barato para dirigirse a tan poca gente."
Es claro y evidente que los libros que pueden ser reemplazados por un CD y cuyo mejor futuro se encuentra en Internet no son precisamente las obras de creación literaria (llámese cuento, novela, poesía, ensayo, etcétera), sino, sobre todo, los libros donde la búsqueda temática (sintetizada por lo demás) resulta un acto mucho más cómodo que recorriendo la páginas de enormes volúmenes a los que a veces no se les encuentra sitio en donde ponerlos.
La literatura convencional, por más que se piense lo contrario, tiene su mejor vehículo en el libro convencional y quienes, en virtud de los avances digitales, auguran la muerte del libro, tal y como hoy lo conocemos, lo único que revelan es que, al igual que Nicholas Negroponte, jamás fueron afectos a leer y que, entre las opciones de ver una pantalla (sea la del cine, la de la televisión o la de la computadora) y abrir las páginas de un libro, digamos Los miserables, prefirieron siempre la primera.


La invención del libro, con las características básicas que le conocemos ahora, es decir el codex, en sustitución del rollo, data de los primeros siglos de nuestra era. Inclusive desde el siglo I, según cuenta Svend Dahl, en su Historia del libro, hay elementos para suponer que, junto con el rollo de papiro, comenzó a coexistir el códice de este mismo material que se perfeccionará hacia el siglo IV con la utilización del pergamino.


Aunque en la antigüedad era del todo normal y cotidiano el uso de los rollos, uno de sus inconvenientes fundamentales era que, si se quería consultar algún párrafo particular, se precisaba de ser desenrollado prácticamente en su totalidad, lo cual resultaba sumamente incómodo sobre todo si se trataba de uno que tuviera vastas dimensiones.


Vistas las cosas así, lo que el nuevo formato de los libros sin páginas plantea, a partir de las pantallas es, en gran medida, volver a los largos rollos de la antigüedad a través, oh preciosa ironía, de los avances tecnológicos. Por mucha rapidez que tengan las modernas máquinas para llevarnos al párrafo deseado, nunca igualarán, en un libro de lectura, la maravillosa facilidad y el precioso juego de hojear un libro y detenernos ahí, al capricho nuestro, y volver a la página anterior en cuestión de segundos, sin ningún otro tipo de energía que el de nuestras manos.
Si la evolución del libro nos ha llevado a suponer que ya no se precisará del arte de imprimir, sino tan solo del ejercicio de consultarlos en la pantalla, o copiarlos, fragmentariamente, en nuestra impresora personal, más que a una visión de conjunto de las cosas, a lo que hemos llegado es a una parcialidad reduccionista y pobre en la que jamás podría alcanzarse a apreciar una totalidad.
Si las grandes y pequeñas imprentas, las grandes y pequeñas librerías y las grandes y pequeñas bibliotecas hicieron del libro un elemento fundamental de la vida cotidiana en lo que se refiere a la transmisión de cultura, parecería que tanto imprentas como librerías y bibliotecas dejarían de tener sentido en un mundo digitalizado donde la información ya no precisaría ni de tirajes masivos ni de enormes espacios para acumular los ejemplares. Bastaría con una serie de computadoras personales para tener acceso a todo lo que pudiera desearse en materia de información. Se olvida, hemos de insistir, en que no todo en el libro es información, sino también sensibilidad, emoción, inteligencia, experiencia e incluso elocuencia de quien lee. Lo dijo recientemente Ricardo Garibay, con relación a sus libros: "Si mi interlocutor es limitado, mi vida va a ser sumamente limitada: Si mi interlocutor es un hombre dotado de genio, mi vida va a ser poco menos que genial."


Los que se alegran del supuesto futuro del libro que acabará, dicen, siendo sustituido por las pantallas y, en especial, por la Internet, son personas a las que jamás les hizo gracia leer, gente que siempre tuvo más inclinación por la televisión que por el libro y, en general, personas cuya imagen del paraíso son los videojuegos y la Internet.


Los más convencidos de los beneficios tecnológicos, por el simple hecho de ser tecnológicos, suelen pensar que todo cambio de este tipo significa un adelanto en el sentido de facilitarles las cosas y de ofrecerles mayor información, pero desestiman que, a lo largo de la historia, la dificultad conlleva en sí misma un necesidad de esfuerzo que sublima los sentidos, y que el exceso de información no equivale a inteligencia ni a mayor preparación frente a la vida.
En 1974, en Acapulco, durante el Encuentro Mundial de la Comunicación, el "ingenioso, petulante, autoritario y egocéntrico" Marshall McLuhan (calificativos consignados por sus biógrafos), además de contar varios chistes ilustrativos de la forma y el fondo, del medio y el mensaje, aseguró lo siguiente, con entero convencimiento: "Toda tecnología mejora algo. La tecnología de Gutenberg creó un público porque hizo posible que todo el mundo se convirtiera en lector; no había audiencias antes de él. Xerox lo dejó atrás y convierte a todo el mundo en editor. La tecnología Gutenberg hace de cualquier gente un lector, la tecnología Xerox lo vuelve editor, y pone en apuros al libro, como dicen."


Si hacemos un análisis objetivo de las cosas, no resulta extraño que en la actualidad los jóvenes estén más interesados en conocer el mundo a través de las pantallas que por medio de los libros. Y no resulta extraño porque, frente a otros elementos de juicio y de sensibilidad que sólo se subliman con años de formación y ensayos de experiencia, los medios de información, y los teóricos de la comunicación de masas, han despreciado siempre al libro, erigiendo un pedestal a la equívoca ley del menor esfuerzo, cuyos principios son la facilidad, la abundancia (o el exceso) y la rapidez.


En Ser digital, Nicholas Negroponte lo dice sin lugar a la duda: "El desafío para la próxima década (es decir para los diez primeros años del siglo XXI) no es sólo darle al usuario pantallas más grandes, mejor calidad de sonido y dispositivos de entrada gráfica de uso cada vez más sencillo. El verdadero reto será fabricar computadoras que conozcan al usuario, que aprendan a detectar sus necesidades y a comprender su lenguaje verbal y no verbal."
Según dice Negroponte, con obvia fascinación, a partir del año 2000, Intel venderá más de cien millones de computadoras al año, cifra reveladora si consideramos que en 1972 apenas había 150 mil en todo el mundo. Hace treinta años "utilizar una computadora al igual que pilotear una nave espacial y hacerla alunizar, estaba limitado a aquellos pocos privilegiados especialmente capacitados en la casi magia necesaria para conducir esas máquinas, que solían no tener lenguaje o utilizaban uno muy primitivo".


El escaso interés de los jóvenes por los libros tiene que ver, también, con una euforia tecnológica que no ha sido capaz de diferenciar, culturalmente, lo nuevo de lo necesario, lo novedoso de lo todavía útil y vivo. (Lo cual, sea dicho de paso, sorprende en el caso de un McLuhan, quien sí solía leer y tenía un amplio conocimiento de los autores clásicos.) Dicha euforia ha impedido comprender que lo que suele denominarse "el lenguaje del futuro" lo es tan solo para una parte de la vida que sólo ingenua o torpemente puede considerarse sustituto del libro y de la rica y actuante cultura escrita.


Hacia el final de su Historia del libro, Svend Dahl, quien fuera director de la Biblioteca Real de Copenhague, asevera: "De vez en cuando se oyen en nuestros días voces pesimistas que vaticinan que el libro, dentro de un futuro inmediato habrá terminado su función, derrotado por los diarios y semanarios, el cine, la radio y la televisión. (Entonces, Svend Dahl, en la primera mitad del siglo XX, ni siquiera imaginaba la masificación de los procesos digitales.) El que la lectura de muchas personas nunca va más allá de los periódicos o de la prensa ilustrada o quizá se limite a mirar las estampas, es un hecho tan innegable como que el cine, la radio y la televisión ocupan gran cantidad de tiempo libre. Con la elevación del nivel de vida, irá en aumento el ocio, pero nadie puede saber si ello resultará en beneficio del libro. Nuevos descubrimientos técnicos en el campo de la llamada ‘comunicación de masas’ podrían convertirse en sus competidores más peligrosos que los ya existentes, por lo que no puede buscarse ningún paralelo tranquilizador en las épocas anteriores. No obstante, hay razones para creer que la historia del libro no acabará con el fin del siglo XX… Habrá siempre una misión para este práctico medio de comunicación que posee la ventaja esencial sobre todos los demás de no ser pasajero como ellos, sino un perdurable depósito de pensamientos y saberes, acciones, sentimientos y fantasías de la humanidad, siempre dispuesto a abrirse de nuevo."


Si en la apreciación de McLuhan, dentro de la aldea global el libro sería venerado como delicada pieza de museo y el hombre tipográfico, en caso de ser recordado, lo sería bajo la condición de ser poco menos que un fósil, hay un alto grado de felicidad en saber que nada de esto, luego de casi cuatro décadas, se ha cumplido y muy por el contrario cuando la profecía parece más realizable, el libro no ha perdido su función incluso a pesar de los graves yerros y los grandes absurdos de los mismos que intervienen en el universo editorial y librero.


El fracaso de los denominados "audiolibros" constituye uno de los ejemplos fallidos más aleccionadores, en el intento de "adecuar" un objeto perfecto que, por su misma definición, no precisa de adecuación alguna: a los verdaderos lectores no les interesa oír un libro sino leerlo. Y los que no son lectores, ni lo oyen ni por supuesto lo leen. Otro caso de "adecuación" fallida es el que consiste en dar simple información encapsulada y esquemática, previamente digerida, para que la gente tenga la equívoca idea de que posee cultura; una cultura epidérmica, de la información, y no una de la formación; un libro para no-lectores cuya mayor trampa está en hacerle creer a la gente que sabe porque se le ha dado una concentración de datos sin espíritu, olvidando aquella famosa sentencia de Oscar Wilde que asegura que cultura es todo aquello que nos queda luego de haber olvidado todo cuanto hemos leído.


"Hoy por hoy –decía Alfonso Reyes– estamos tejidos en la sustancia de los libros mucho más de lo que a primera vista parece. Aun los rasgos más espontáneos de nuestra conducta y aun nuestras más humildes palabras tienen detrás, sepámoslo o no, una larga tradición literaria que viene empujándonos y gobernándonos. En verdad, la cultura misma en que vivimos, la cultura que disfrutamos y gracias a la cual existimos dentro de nuestra sociedad, es inaccesible, en su totalidad, a todos y cada uno de nosotros. Sólo está en los libros. En cuanto al paso de los caracteres manuscritos a la imprenta, representa la máxima comodidad y la difusión democrática."


El verdadero problema del libro en la actualidad es otro y no el de su desaparición por culpa de las nuevas tecnologías. Gabriel Zaid ha señalado esto de manera esclarecedora. Se habla, por ejemplo, de un marcado desinterés por la lectura, pero "si todos los que quieren ser leídos leyeran, habría un auge nunca visto, porque nunca jamás tantos millones de personas habían soñado con publicar un libro. Pero el narcisismo compartido del ‘si me lees, te leo’ degeneró en un narcisismo que ni siquiera es recíproco: no me pidas atención, dámela. No tengo tiempo, ni dinero, ni ganas de leer lo que publicas; quiero tu tiempo, tu dinero, tus ganas de leer. No me aburras con tus cosas, dedícate a las mías".


En este mismo sentido, "el problema del libro no está en los millones de pobres que apenas saben leer y escribir, sino en los millones de universitarios que no quieren leer, sino escribir… La gran barrera a la difusión del libro está en las masas de privilegiados que fueron a la universidad y no aprendieron a leer un libro…"


El verdadero problema del libro está en el mismo sistema educativo, donde son escasos los individuos que consiguen transformarse en lectores; un sistema, donde, para decirlo con el gran escritor húngaro contemporáneo Stephen Vizinczey, sólo los lectores de sensibilidad indestructible pueden sobrevivir a la educación sobre literatura. "Paul Goodman creía –cuenta Zaid– que los niños pueden aprender a leer espontáneamente; que el problema está en que la escuela les quita el apetito. Con su ironía socrática de maestro de primaria, decía que si los niños fueran a la escuela desde que nacen, para que les enseñaran a hablar, una buena parte de la población sería muda o tartamuda."

En conclusión, el verdadero problema del libro radica en los miles de personas que quieren ver publicados sus textos pero que no quieren leer nada que no sea lo que ellos mismos escriben. Lo cual queda ilustrado en la gigantesca multitud de colaboraciones y originales que reciben las revistas y las casas editoras y las poquísimas suscripciones y la muy poca demanda de ejemplares que reciben ambas a cambio.


Así, por ejemplo, una buena parte de los universitarios no piensa en la lectura como un placer, sino que de antemano considera que "leer es difícil, quita tiempo a la carrera y no permite ganar puntos más que en la bibliografía citable"; en cambio, publicar "sirve para hacer méritos".
En su libro La fiebre de los diplomas, Ronald Dore nos advierte sobre esta innegable verdad: que no toda la escolarización es educación, pues una gran parte de ella tiene que ver tan solo con la búsqueda de cualificaciones; tendencia que aumenta cada día hasta llegar a ser una búsqueda tediosa, aburrida, angustiosa, destructora de la curiosidad y la imaginación, en suma antieducativa y reñida con todo lo que signifique placer, incluido el de la lectura.


Todo lo cual conduce a un sector considerable de universitarios no a la preocupación por el saber sino a la búsqueda de que le certifiquen la sabiduría. En otras palabras, su propósito no es "el conocimiento en sí mismo, ni para su aplicación constante más tarde en una situación de la vida real, sino con el único fin de repetirlo de una vez por todas en un examen. Y el aprendizaje y la repetición son únicamente medios para un fin: el de conseguir un certificado que es un pasaporte para un empleo codiciado, una situación, una renta".


Privilegiar este tipo de "saber", en detrimento de lo placentero y extracurricular, se ha vuelto una costumbre que es otro de los graves problemas del libro. Jorge Ibargüengoitia lo dijo con perfecta claridad: la única razón lícita para leer obras literarias es el goce que producen, pues, por otra parte, "hay que tener en cuenta que los beneficios que produce la lectura de obras literarias son muy tenues; en lo moral, muy dudosos, y en cuanto al conocimiento que da de la vida, inaplicables. Nunca he oído a nadie decir: ‘Me salvé porque apliqué las enseñanzas contenidas en Fortunata y Jacinta.’"
Existe una pequeña multitud, una enorme minoría que, más allá de procesos digitales y de nuevas tecnologías, más allá de las profecías apocalípticas de los McLuhan y los Negroponte, más allá del mundo feliz de la facilidad, la abundancia y la rapidez de la comunicación de masas, y más allá del burdo concepto curricular de "utilidad" que conlleva un sistema educativo equivocado, le sigue dando sentido al libro y a la cultura escrita y puede, liberadoramente, decir, con Gabriel Zaid, lo que siempre, en las casas y en las escuelas, nos han repetido como una acusación y como una culpa, pero que jamás nos han reconocido como una virtud: que "leer no sirve para nada: es un vicio, una felicidad".

Bibliografía

Arreola, Orso, El último juglar. Memorias de Juan José Arreola, México, Diana, 1998.
Dahl, Svend, Historia del libro, México, CNCA/Alianza Editorial, 1991.
Dore, Ronald, La fiebre de los diplomas, México, Fondo de Cultura Económica, 1983.
Fernández Collado, Carlos, y Roberto Hernández Sampieri, Marshal McLuhan: el explorador solitario, México, Grijalbo/ Universidad Iberoamericana, 1995.
Fuentes Carlos, Tres discursos para dos aldeas, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1993.
Ibargüengoitia, Jorge, Autopsias rápidas, México, Editorial Vuelta, 1988.
McLuhan, Marshall, La galaxia Gutenberg, Madrid, Aguilar, 1969.
McLuhan, Marshall y Quentin Fiore, Guerra y paz en la aldea global, Barcelona, Martínez Roca, 1971.
McLuhan, Marshall y Eric McLuhan, Leyes de los medios: la nueva ciencia, México, CNCA/Alianza Editorial, 1990.
Negroponte, Nicholas, Ser digital, México, Océano/Atlántida, 1996.
Vizinczey, Stephen, Verdad y mentiras en la literatura, México, Grijalbo, 1988.
Zaid, Gabriel, Los demasiados libros, México, Océano, 1996.
Juan Domingo Argüelles (Chetumal, Quintana Roo, 1958). Entre sus más recientes libros están: A la salud de los enfermos (1995), Premio Nacional de Poesía Aguascalientes; Animales sin fábula (1996); Las aguas del relámpago (1997) y La última balada de Francois Villon. También en 1998 publicó la antología El poeta y la crítica.

Kaisy Baker Fields: Hierogamia


HIEROGAMIA
Keisy Baker Fields


Maestro se casó con Tramontana, Fialto con Alba, Biarreo con Sirocco. Anteo con Rosa y los hermanos con Alizé y Bora. A Greco no lo quiso Mistral y, en buena medida, la enemistad que por un tiempo les separó del resto del cuadro, estuvo motivada por los matrimonios del desván.
El capitán Anteo besó a Rosa, que era la muñeca que más le gustaba, tras salir ileso del paso de la alimaña, cuyo rastro era más lejano en las sombras. La rata no regresa. Las espaldas del capitán se enderezaban y el traje cobraba sobre el cuerpo esquilmado, la holgura de la vestimenta de los espantapájaros. Era el traje de gala y a pesar de su caída harapienta, conservaba la finura del apresto originario, lo que llenaba de orgullo al sastre de Lumajo que lo había confeccionado. Rosa se hinca desnuda, con una manta a los hombros, ante la estufa de aserrín. Las lágrimas resbalan por su cara con la misma suavidad que se deslizaba la lluvia en los tejados. Llamadas voces bajan las escaleras del poniente.


Los matrimonios empezaron a fraguarse el tiempo de la infancia de los niños castigados, cuando Tramontana propuso que las infancias duraban poco, aunque el momento feliz tardaba más de la cuenta en el deshojar de las margaritas al cumplir la adolescencia. Desde entonces, instigó a los alfiles negros iniciar el combate circular. Alizé y Bora, quienes ya estaban aburridas que los niños no encontraran el aliciente de ningún juego, chocaron los cuerpos, encontrando un placer eléctrico como producen los guijarros.
Las muñecas permanecían en el ala derecha del desván y los soldados, devorados por la intemperie y la guerra, en los paredones del ala izquierda, dispersos como consecuencia de un estornudo y haciendo de cuando en cuando alguna arriesgada incursión en campo enemigo, bajo los muebles y cacharros que sepultan las telas de araña y el polvo.

Los mensajes de papel dulcemente doblado los traía y los llevaba Coriolis, el hermano pequeño de Maestro, que participaba en el juego exclusivamente por el placer mercenario, cobrando por viaje tres bolas de anís. Tramontana contaba la historia de los cinco sentidos. El silencio hacía que el abrazo de los fantasmas traviesos se estrechara en trance peripatético, mientras los dedos se clavaban en sus espaldas hasta hacerse daño. Se decía que Nosto era un paseante inocuo, de los que van y vienen en la vida sin cometido, casi igual que los papeles legales de una gran desgracia. Su canto favorito se acomodaba tan bien al escondite como el uso por primera vez de la quadratura.

Escribí un largo poema
por amor a las palabras
Robé el sueño a las hilanderas
para trincar hábil una trama

Lo leí completo de vuelta
por desperezar la garganta
pero nunca le di a mi amada
una cama o un arete de perla

Nosto tardó otros tres meses en derrotar a los tuberculosos, después de haberse recitado la última estrofa, cuando las muñecas habían dejado de serlo para hacerse novias, y Coriolis cobraba una bola de anís extra por guardar el secreto. Maestro escogió a Tramontana, Fialto a Alba, Biarreo a Sirocco. Anteo a Rosa y los hermanos resolvieron bailar su propia danza con Alizé y Bora. Poco a poco se fueron casando y el invierno del desván, cuya escarcha crea un nuevo misterio en las ventanas heladas, agrupaba el calor amoroso de las parejas, acostadas bajo el remanso de las horas que pide gemas, quiere prole, mientras permanecían inmóviles con las manos cogidas.
Fue Zaza, extrañada de aquel prolongado silencio, la que subió una tarde al desván y expulsó a escobazos a los matrimonios.

Enrique Patricio: Parque Zamora


Quien a propósito esto escribe, un firmante servidor, deseo expresar también mi modesta opinión –como otros ciudadanos ya lo han hecho— respecto de lo que se pretende comience a suceder (los anuncios oficiales así nos lo indican) en el mismísimo corazón del parque veracruzano a partir de este mes de enero. No quiero aquí entrar en detalles tales como, ¿quién sufragó, pese a decir la autoridad municipal que no destinaría un solo centavo en ello, los gastos de la excesiva publicidad para construir un estacionamiento subterráneo en dicho lugar? Presumiblemente existieron, o existen, ciertos convenios con algunos medios de comunicación masiva para esto. O sea, dejando de lado la pregunta clave de ¿bajo qué rubro quedaron asentadas en nómina, las hora-trabajo de algunos empleados que, al coordinar tales acciones (edición, fotografía, investigación de archivo, etc.), dejaron muy probablemente de ser productivos en el renglón administrativo u operativo al que están adscritos?, desviándose así de su auténtica labor.

Entonces, ¿el Ayuntamiento, sí o no ha gastado en publicitarlo abiertamente? Por cierto que, quien “proyectó la instalación de unas maquetas en los bajos del Palacio (propiedad éstas, seguramente, de los alumnos de la facultad de Arquitectura de una universidad privada, quienes la realizaron), a un costado de la oficina de Turismo, no previó el contrasentido que finalmente creó, al tapar ni más ni menos que la placa alusiva a que fue en Veracruz donde se instauró el primer Ayuntamiento de la América continental, dando fe y legalidad del acto nada menos que el escribano Diego de Godoy (el primer “notario” de estas tierras y sus aguas), no previó, decimos, que al poner la publicidad del “Proyecto de Rescate” (del parque), éste lleva un lema que dice así: “Esta es una acción más para la reactivación del Centro Histórico”.

Luego entonces, estaremos de acuerdo en que los estudiantes hayan hecho muy bien su trabajo, una maqueta de diseño arquitectónico, pero quienes coordinan las acciones desde el Ayuntamiento sí deben, o deberían saber, que nuestro patrimonio es algo más que sólo arquitectura (historia –con todo y placas en Palacio-, tradiciones, costumbres turismo, etc., igualmente forman parte). ¿Quién ordenaría tal aberración, que contradice tan tranquilamente lo que por otro lado se plantea???? Y más, sí, muchas más contradicciones existen en lo tocante a esta “reactivación” del Centro Histórico, sin embargo, sólo añadiré aquí de pasada una más que está en ese tenor, puesto que como ya decía, no entra realmente en el interés del presente escrito el desarrollar estos puntos, pues bien, se tarta de una edificación de varios pisos que se encuentra ubicada en la esquina noreste de la avenida Independencia, con la calle de Aquiles Serdán, la cual es señalada por todo el mundo, ya que rompe tajantemente con la armonía del conjunto arquitectónico del Centro.

lunes, enero 08, 2007

Ignacio García: Lennon, búsqueda espiritual(2)




La búsqueda espiritual de John Lennon
Por Ignacio García
(Segunda y última parte)
(Ver primera parte)

En nuestra entrega anterior, dejamos a Yoko Ono con su objetivo de alejar a Lennon de otras influencias que no fueran las suyas propias. Para estos tiempos, la vida del ex - Beatle estaba fuera de control; preocupado por su salud y vista, y otros asuntos como invertir bien su dinero, además de su seguridad personal.



La única solución (planteada por la Ono) fue pagar los servicios de gente que pretendía adivinar el futuro. Pero ¿en quiénes podría confiar Lennon? La situación empeoró pues las predicciones del astrólogo contradecían a la lectora del tarot y, a ésta los psíquicos y demás horda de embusteros. En vez de la libertad buscada al separarse del resto de los Beatles, ahora Lennon se hallaba realmente esclavizado. No iba a ningún lado sin ser aconsejado por algún gurú de utilería; no hacía nada sin conocer la señal de su estrella natal ni realizaba plan alguno sin antes acercarse al I Ching.

El colmo fue éste. En enero de 1979, influenciado por Yoko, viajaron a El Cairo donde se sabía de una excavación arqueológica ilegal que se estaba llevando a cabo. Yoko y John creían que algunos antiguos artefactos egipcios contenían poderes mágicos, y Yoko había dedicado una de sus habitaciones a esos objetos: “¡Amo los tesoros egipcios! –decía la supersticiosa mujer--, no por su valor como tales, sino por sus poderes mágicos. Cada pieza posee un cierto poder mágico”. Ellos permanecieron en el Nilo Hilton Hotel y viajaron a las pirámides…hasta que el gobierno egipcio supo de sus intenciones y les fue advertido que no volvieran a las excavaciones.

Por aquellos tiempos Frederic Seaman llegó a ser el asistente personal de John, cuyo mayor interés estaba centrado en leer libros sobre religión, fenómenos físicos, ocultismo, asuntos sobre la muerte, historia, arqueología y antropología. Libros específicos recordados por Seaman, son: Rebel in the Soul: An Ancient Egyptian Dialogue Between a Man and His Destiny, de Bika Reed; Drawing Down the Moon: Witches, Druids, Goddess Worshippers, and Other Pagans in America Today, de Margot Adler; y Practical Occultis de (Madame) H. P Blavatsky.


Lennon gastaba también grandes sumas de dinero en cintas con lecturas de un gurú occidental del budismo zen llamado Allan Wats.

De vacaciones en Florida, Lennon volvió a ver el Jesús de Nazareth de Zeffirelli por ser temporada de pascuas. La reacción de Lennon en aquella ocasión fue muy diferente a la anterior; se mofó e hizo chistes acerca de la crucifixion de Jesús, y a vociferar contra el cristianismo, diciendo que éste virtualmente destruyó la cultura y espiritualidad pagana de Europa, arrojando una périda irreparable. Fue entonces que dijo que se había “convertido de nuevo en pagano”.

Más tarde, en el año en que Bob Dylan grabó Slow Train Coming, (que habla de la aparente conversión de Dylan al cristianismo). El álbum va directo: no sólo es una alabanza a Jesús sino un ataque a sus opositores, sean éstos sincretistas, falsos profetas, o gente con falta de compromiso. Lennon lo tomó como una allusion directa a él. En la pieza llamada Precious Angel, Dylan dice: "O llegas a tener fe o eres un inconverso: no existen los terrenos neutrales” (1)
La conversion de Dylan tomó a Lennon por sorpresa; después de todo Dylan había sido un músico-colega famoso y de gran respeto para Los Beatles.

Cuando en 1980 se le preguntó a Lennon acerca de la conversión de Dylan, su respuesta no parece haber estado exenta de cierta mofa; contestó que le sorprendía que “el viejo-muchacho Bobby hubiera tomado ese camino...Pero, sí él lo necesita, déjenlo que lo haga”. Y agregó: “No existe respuesta para nada en este mundo”. En su respuesta transmitía Lennon su preferencia por el budismo, el cual no ejercita el proselitismo religioso. Y, en lo que parece ser una alusión a su período de conversión anterior, Lennon apuntó: “Pero entiendo. Entiendo perfectamente el porqué Bob ha tomado esa decisión; el cómo llegó allí, porque yo he estado lo suficientemente temeroso como para echarme a la búsqueda de 'algo' también".

Los sentimientos íntimos acerca de su conversión, fueron expresados por Lennon en la escritura de sus canciones; especialmente en Gotta Serve Somebody, la que supone una versión personal de que no existe una sola verdad en este mundo. La letra incide en la posición de que, cualquiera sea tu situación en la vida, estarás sirviendo ya sea a Dios, ya sea al Diablo: la elección es inevitable. John escribió también, a manera de auto respuesta, una canción de título Serve Yourself, con el argumento de que nadie puede salvarte de situación alguna.




Cierto. En diciembre de 1980, Mark Chapman daba la razón al músico genial y dejaba a los fans de Lennon sin conocer si por fin había éste hallado ese recoveco del alma al que William James reconoce como un despertar súbito.




(1) Como una alusión a la frase de Apocalipsis en donde se dice: "O eres frío o caliente, porque a los tibios los vomito"

Cerebro y alcohol: recuperación


Los cerebros pueden recuperarse del daño causado por el alcohol. Una nueva investigación revela la capacidad del cerebro de regenerarse cuando ha sido dañado por el alcohol.


Las investigaciones, publicadas en la edición on-line del journal Brain, utilizaron una tecnología para la exploración cerebral y un software muy avanzados. Con esta sofisticada técnica, observaron cómo el volumen y la forma del cerebro cambiaba a lo largo de seis semanas desde que los pacientes iniciaban la abstinencia de alcohol. Las pruebas se realizaron en 15 pacientes dependientes del alcohol (diez hombres y cinco mujeres), excepto en un paciente, el que había sido alcohólico por un tiempo más largo, a todos les aumentó el volumen de su cerebro.


El líder de la investigación, dr Andreas Bartsch de la Universidad de Wuerzburg, dijo: “El mensaje de la base de este estudio es que, la abstinencia permite al cerebro recuperar alguna sustancia y realizarse mejor. Sin embargo, nuestra investigación también proporciona la evidencia que cuanto más de largo es el periodo en el que se bebe excesivamente, mayor es el riesgo de perder esta capacidad de regeneración. Por lo tanto, los alcohólicos no deben esperar mucho tiempo en buscar ayuda para dejar de beber, cuanto más pronto lo hagan, mejor.”


La tecnología permitió a los investigadores sobreponer las imágenes de los cerebros analizados antes de dejar de beber y su evolución a medida que iban variando su forma y volumen, pudiendo observar de esta manera cualquier cambio morfológico.


El Dr. Bartsch dijo: “Después de sobriedad a corto plazo, en menos de dos meses, encontramos que el volumen del cerebro ha aumentado en un promedio de casi un dos por ciento (1.82%), con una variación dependiendo el paciente de entre -0.19 y 4.32%. Solamente un paciente con el historial más largo de dependencia alcohólica (25 años) tenía un volumen levemente reducido del cerebro (- 0.19%). De este estudio se extrae una lectura muy clara, lo importante es, querer cambiar tiempo.


Fuente: ScienceDialy

Historia de poesía


Historia de poesía porteña

Foto: Mujer Porteña de Manuel Salinas Arellano, de su exposición virtual Huellas de luz
En 1991 se llevó a cabo el II Encuentro de escritores del puerto. Para entonces, existía también el Taller de Poesía en la Casa Salvador Díaz Mirón, y a ella acudían gente como Mary Carmen Gerardo, Marisol Robles, Juan Joaquín Pérez-Tejada, Jesús Garrido y Jorge Utrera. Como resultado de aquel taller, las dos poetas primero mencionadas, armaron sendas plaquettes (que hoy son ya historia) bajo el sello de "los rollos de el malandrín".

Por su parte, Pérez-Tejada, si bien leyó en aquella ocasión sus poemas, esperó a que Conaculta lo publicara con "Los refranes del jaranero", y luego a ganar el premio de poesía en un certamen convocado con motivo del 50 aniversario de la Universidad Veracruzana.

Presentamos aquí dos poemas de cada uno de ellos, sólo para que la historia y la nostalgia no nos suelten de la mano.


MARISOL ROBLES

(de su libro Sombras de luna)


IV


Palpo el liso

de mis sábanas

Me asfixia

Escapo

cabalgando fantasías

Entre sueños

una virgen muere



XX


Despojada

de sueños

cavo

mi tumba

dejo

en vientre de tierra

eclipses de pieles

signos gastados

de luna


Nadie adivina a Hades

poseerme entre cenizas

A lo lejos

se oye

una canción

de cuna



MARY CARMEN GERARDO

(de su libro Vía sin vuelta)


Hablas

el movimiento de tu boca

paralelo al tráfico

me cimbra con su ruido

Ven...

aleja los escollos

reposa en mi vientre

tu miedo de niño


Muerde el hueco de mi piel

y olvida el mundo



Te escucho

Engullo cada sílaba

gestada en el dolor


Bajo la sombra de un café

del zumbido de otras conversaciones

desdoblo mis manos

aprieto tu incertidumbre


JUAN JOAQUIN PÉREZ-TEJADA

(de su libro La casa de la pereza)


La novia del mar


I


El velo transpartente permite entrever sus facciones

Gala de aire y sal

Un deseo escrito por acuarelas

maquilla su feminidad

mascarón de carabelas rimas

El mar ya pisa tierra firme

Un arpa de olas interpreta los himnos compuestos

por el airón real


II


El mar se enamora de ti

porque arder es su significado

cordillera sin trama

porque la montaña mira al océano

con los ojos de la asfixia

semejanza fluvial de valles y playas

tu altura al mar lo llena de equilibrio

Eres tierra adentro

lo imponderable


sábado, enero 06, 2007

Ignacio García: Lennon: búsqueda espiritual




La búsqueda espiritual de John Lennon
(Primera de 2 partes)

Por Ignacio García
Para Juan Joaquín Pérez-Tejada
Hypocrite lecteur, Mon frère, Mon ami

La entrega

Son las seis de la tarde, y a la puerta toca DHL. Espero hallarme con el desperdicio de Vicente Fox haciendo su numerito de “Entregas y te vas”, pero, para fortuna mía, esta vez se trata de un joven que me hace firmar la entrega de un libro de regalo de año nuevo que un amigo de Azusa Pacific University me envía desde allá. Devoro las páginas…

Uno
Para nadie es un secreto que cuando se publicó Sergeant Pepper`s Lonely Hearts Band (1967), ya la imagen de Los Beatles había cambiado totalmente en look, música y búsqueda espiritual. Acababan de regresar de su estancia con el Maharishi, y dos años después Harrison grababa su My Sweet Lord con fondos corales de un mantra hindú del Hare Krsna.

Ahora, el veterano periodista Steve Turner, se da a la tarea de seguir las huellas espirituales (como grupo e individuales) de los “melenudos” de Liverpool, en un libro titulado The Gospel According with The Beatles, dentro de un marco histórico-cultural, de religión comparada y deducción biocrítica. “El evangelio de Los Beatles se halla en conformidad a un credo ortodoxo, pero en su anhelo de trascendencia”, apunta Turner.

El periodista inicia su reportaje aludiendo al furor causado por aquellas “infamantes” declaraciones de 1966, vertidas por Lennon en el sentido de que “Los Beatles eran, en ese momento, más famosos que Jesucristo”, y entonces compara esto con la popularidad ganada por los Fab Four (1), quienes a través de historias de tipo chamánico han ganado gran popularidad entre un público inmerso en lo agitado de la política, la cultura, la filosofía y la religión.

Si bien Turner, de forma sutil, evita la tentación de encajonar los anhelos beatlemaníacos de paz y unidad como algo emblemático del evangelio cristiano, no deja de decir, por ejemplo: “Ellos fueron escépticos y aun ajenos a la iglesia; no obstante, muchos de sus cantos aluden a la creencia en el amor, la paz, la esperanza, la verdad, la honestidad, la libertad, la trascendencia, que no son sino formas secularizadas de las enseñanzas cristianas”.


En esta reseña, más que ponderar la vida de los otros tres Beatles, centraré la atención del lector en la búsqueda espiritual a la que se dedicó John Lennon antes de su muerte.

Dos

Las supersticiones no faltan. En su reportaje, Turner hace constar cómo Yoko Ono viajó, junto con John Green, a encontrarse con una bruja en Colombia para hacerse una suerte de “limpia” que incluyó el sacrificio de una paloma (cual debe de ser), y por cuya ceremonia a lo Catemaco pagó la suma de 60 mil dólares. A su regreso a Nueva York, Yoko insistió en volar primero a Los Angeles y de ahí a su ciudad, para evitar la mala fortuna si volaba en dirección noreste. No cabe duda, de que las hay, las hay…Y se muestran públicas.

Por otro lado, Turner apunta que John Lennon era un adicto a la TV, desde la cual percibía la realidad del mundo. Unos de sus programas favoritos era escuchar a los tele-evangelistas Pat Robertson, Billy Graham, Jim Bakker, y Oral Roberts (2). En 1972 Lennon había escrito una carta a Roberts confesándole su adicción a las drogas y su miedo a enfrentarse con los problemas cotidianos de la vida. Le expresó al reverendo su arrepentimiento por haber dicho (allá en 1966) que Los Beatles eran más famosos que Jesús, e incluyó en la misiva un donativo para la Oral Roberts University; no sin antes citar aquella frase de "money can't buy me love" (el dinero no me puede comprar el amor) de la canción del mismo nombre; y añadió el ex – beatle: "Es verdad. El punto es éste, yo deseo la felicidad. No quiero seguir consumiendo drogas. Una vez Paul (MCartney) me dijo: ‘Yo disfruto verte drogado, pero tú lo lamentarás al final’. Me explicó lo que el cristianismo podría hacer por mí. ¿Podría Jesús amarme? No quiero ir al infierno”.




Roberts le envió una copia de su libro Miracle of Seed Faith (El milagro de la semilla de mostaza) y algunas otras cartas explicándole a Lennon las bases de la creencia cristiana. En su segundo envío, Roberts le decía:

John, nosotros te vimos a ti y a Los Beatles en la TV la primera vez que vinieron a Estados Unidos. Tu talento musical era sorprendente y tu popularidad influyó en mucha gente. Tu influencia llegó a expandirse tanto y de forma tan ponderosa que tu declaración de que ustedes eran más famosos que Jesucristo, pudo haber sido verdad en esos momentos. Pero tú sabes: nuestro Señor dijo que El era eterno. Dice la Biblia que la gentes es como ovejas que no tienen pastor, unas veces siguiendo a uno, otros días a otro, y así. Hay algunos, no obstante, que han recibido a Jesús como su Salvador personal y han sido llenos con el Espíritu Santo. Esa gente ama a Jesús. Para ellos, Él es el hombre más maravilloso y popular que jamás haya existido, porque Él es el Hijo de Dios y su nombre permanece para siempre.

Agradezco a Dios que tú veas las cosas así John, y que finalmente lamentes el pensar que cualquier hombre o grupo pueda ser más famoso que Jesús. Jesucristo es la única realidad; es Él quien dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Así que, ya ves: lo que tratas de decir es que, debido a tus declaraciones no puedes enfrentar la realidad, lo que equivale a no poder enfrentar el amor de Jesús. Lo que he querido decirte en ésta y otras cartas anteriores, es que Jesús, la realidad verdadera, no es difícil de enfrentar. Él dice: “Venid a mí los que estéis cargados y trabajados y yo os haré descansar, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Me dices, John, que consumes drogas porque no puedes encarar la realidad, te asusta. Recuerda, cuando tú abres tu corazón a Jesús, Él echa fuera todo temor y te da una paz que sobrepasa todo entendimiento.

Esta correspondencia no parece haber tenido efecto alguno, hasta que Lennon confesó en 1977 a un amigo cercano, que se había convertido al cristianismo.
En los meses siguientes Lennon reunió a aquellos cercanos a él para hablarles del Señor, y escribir canciones con títulos como Talkin with Jesus (Hablando con Jesús) y Amen. Este cambio en su vida perturbaron a la Yoko (a quien la “limpia” pareció ser más de bolsillo que de espíritu) quien trató de hablar con John acerca de esto. Ono temía que estas nuevas creencias (y ante la vulnerabilidad de Lennon) lo alejaran del poder que ella ejercía sobre él; y temía que de un día para otro la prensa publicara la historia de John convertido a Jesucristo. El autor de Duoble Fantasy se volvió contra ella, señalando sus practices oscuras en la brujería y el haber puesto sus ojos en el mundo satánico de las tinieblas.

La verdadera razón (ya señalada) era que la Ono temía perder el control sobre la vida de Lennon; si éste llegaba a ser un seguidor de Jesús, muchas de las patrañas ocultistas de Yoko caerían al suelo. En una occasion John se encontró con dos misioneros noruegos a quienes Yoko cuestionó de manera feroz la divinidad de Jesucristo, sabiendo que esta era la doctrina que a muchos seguidores como John, les era más difícil aceptar. Al parecer, los visitantes no contestaron satisfactoriamente y la fe de Lennon comenzó de nuevo a naufragar.

En una de sus canciones inéditas titulada You Saved My Soul (Tú salvaste mi alma) Lennon se refiere a la “muy cercana caída” mientras se siente “solitario y temeroso” en un hotel de Tokio; en un viaje con Yoko en que las barreras del lenguaje y el encierro en el hotel le hacían padecer terribles pesadillas nocturnas. De acuerdo a John Green, John le habría dicho: "Yo permanecía en cama todo el día, no hablaba, no comía, y solo me retría. Sucedió una cosa curiosa: comencé a ver todas estas partes diferentes de mí. Miraba como un templo hundido lleno de muchos espíritus, cada uno pasando a través de mí; cada uno poseyéndome por algunos instantes, para luego ser reemplazado por otro de esos espíritus”.

La imagen es remarcadamente parecida a una narrada por Jesús en Lucas 11. Es difícil imaginar que John no estuviera familiarizado con el pasaje. Jesús le estaba adviertiendo el peligro de permanecer en Él, pues cuando se abandona la comunión con Jesús, un espíritu inmundo viene y habita el alma del creyente: no sólo eso, sino que ese espíritu encuentra la casa (alma) ya barrida, limpia y arreglada, y va por más de sus compinches para habitar esa “casa” del ser humano: la condición de quien se aleja llega a ser peor que antes de haberse unido a Jesucristo.

Sea lo que haya sucedido en Tokio, esto marcó el final del interés personal de John en Jesucristo; y decía: “Tú salvaste mi alma”, pero Yoko “me salvó del suicidio”. Es decir, la “salvación” a la que refiere el canto es una salvación “no por Dios”, sino una salvación “de Dios”.






Desde entonces Yoko volvió a tomar las riendas de la vida de Lennon y a convertirse en la ama se su destino. Lo que no significa que la vida de John haya mejorado un ápice. Se volvió a hundir en la depresión, con una creencia obsesiva de que su creatividad lo había abandonado, y que su vida no tenía un real propósito en este mundo. El único gozo real de John parecía ser la compañía de su hijo Sean.






Ver segunda parte

(1) Un grupo paródico, cuyos integrantes se parecen mucho físicamente a los integrantes de Los Beatles, y que, a través de apariciones de comedia y contando chistes, han causado cierta sensación morbosa entre el público de habla inglesa.
(2) (Hoy convertidos en mercenarios del Evangelio)

Diario antiguo a la Red

El diario más antiguo pasó
del papel a internet

El diario más antiguo del mundo dejó de editarse en papel para publicarse en exclusiva en internet. El Post Och Inrikes Tidningar, se retirará de la circulación y sólo será publicado en Internet en el futuro, dijo el diario en su página web.

El Post Och Inrikes Tidningar, publicación oficial sueca para anuncios de bancarrotas, compañías y gubernamentales, lleva publicándose a diario desde 1645. Según la Asociación Mundial de Periódicos, eso lo convierte en el más viejo del mundo.

A partir del 1 de enero de 2007, la información se publicará en la web de la Oficina de Registros de Compañías Suecas (SCRO, por sus siglas en inglés).Roland Hoglund, director de la SCRO, consideró positivo el paso."Es apasionante, pero es también una tarea importante ya que el periódico ha jugado un papel extremadamente importante en lo que se refiere a información legal", dijo Hoglund a la agencia de noticias sueca TT. "Será mucho más accesible", añadió.

Tres ejemplares del periódico se imprimirán y almacenarán en bibliotecas universitarias para mantener viva la tradición.

Gabriel Fuster: Cargo


CARGO
Por Gabriel Fuster


El baobab es mi sombrero.
Helo allí: extraño título. Sí, por fin recobro la lucidez del viaje entre los sueños de magia negra.
Yo pensé esto el primer día de mi regreso de Africa.
El día que salí del museo, lo recuerdo ahora. Caminaba sin rumbo fijo, de mirada asombrosa como encontrarse en la calle con uno mismo, y entré a una tienda de regalos a mitad de la avenida de los Campos Elíseos. Allí me atiende esta linda mujer de ojos que tú no conoces pero inmutan y obligan a ponerte serio, una de esas atractivas mujeres de color como la evidencia de la gran esfinge, y supuse que seria grato hacerle platica mientras pretendo comprar algo y le comento: ‘Acabo de regresar de un viaje por Africa”.
Ella: ¿Bonito lugar? Yo: Caluroso.
De todos modos, me siento a escribirlo en la notebook y todo se resuelve en mi memoria como la alegría de aceptar la tristeza. ¿Quién podía imaginar que el lugar tuviera teléfonos siquiera? Pero hay telégrafo hasta Kinshasa y un plato satelital. Yo puedo chatear con cualquier persona del mundo, la agencia paga. Nada parecido en el resto de Africa, sólo la radio y buena suerte con ello. Mierda, el territorio de la sabana es más caluroso que el infierno. Al caso, guardo un pack de cocas frías en el pequeño refrigerador oxidado. Tomo un descanso en el porche del bungalow. Los locales lo llaman sahel. Ciertamente, el Sahel, del arábigo sahil, frontera o costa del desierto del Sahara, es la región convergente del desierto y la zona fértil del sur del continente, conocida como el Sudan, no confundirla con el país del mismo nombre, sino que la palabra árabe refiere de este modo a la tierra de los negros. Entonces llega Dios, el manco de cien manos, y me abanica el rostro de sudor absolutamente irreal. ¿Qué voy a hacer ahora? Tengo ganas de ponerme a llorar, estoy llorando. De plano, quiero reunir mis cosas, algún libro, una caja de fósforos, cigarros, un pantalón, tal vez una camisa limpia. Quiero irme. No sé a donde ni para qué, pero quiero irme. Tengo miedo. No estoy a gusto. Vine buscando el documental premiado. Pensé que el éxito era el único refugio contra los bombardeos nocturnos. Y encontré que el éxito no podía salvarse. El éxito dura sólo un instante. Es corrompido por el tiempo, no soporta la competencia, apesta con las horas. Nadie hace la pregunta. Soolaimon, mi traductor y hermano del viento, sabe que el dolor de cabeza me impide sentir la hospitalidad de su gente y se apura. Yo no soy el autor de los nombres más queridos.


Soolaimon levanta el telón: Dos negros con lanzas llegan por mí y me conducen con el rey. Yo pregunto si estoy arrestado y los hombres ríen. No, su majestad tiene un repentino apetito. Él espera en este palanquín sostenido dos metros arriba, pero decide bajarse y recorre a pie un largo trecho entre los árboles del tamaño de castillos, para detenerse a bailar en un conjunto de rocas viejas que no pueden moverse a la sombra, piedras sin jugo ya. La enorme reunión de los animales salvajes la lleva a cabo el rey, los hombres con lanzas y un viejo tocando el tambor. Los hombres del palanquín hacen una fogata en una extensa piedra blanca, más dura que las otras, caliente. Parece una madriguera de rayos. El tambor djembe produce sonidos que parecen estar en todas partes, en un aguacero elemental, mientras el rey da un discurso o recita un poema, lento y aprisa. Tu ignorancia es un disparo al aire sobre la manada que pace con milenaria saliva. Yo lo observo, pero pasado un minuto siento que se derrite el fulgor del Kilimanjaro. Yo me digo que veo cosas, que estoy enfermando de kuru. Me recuerdo de ir a la misión la próxima vez que me sienta mal. Busco la sombra del baobab.


-¿No les importa si me siento a la sombra un momento? – digo a Soolaimon – ¡Se me fríe el cerebro con este sol insoportable!
El rey detiene su kakilambe y sonríe al comentario, sus dientes puntiagudos son reales. Él dice:
-El baobab es mi sombrero
Yo supongo que se refiere a la sombra que otorga el árbol, mismo que es referido coloquialmente como el árbol que crece volteado, aceptando esta leyenda árabe que asegura que en el día de la creación el diablo lo sacó de raíz y lo volvió a plantar al revés. Al momento de sentarme, el soberano arranca con una mordida la corteza y hala las tiras, entonces me enseña a tejerlas a modo de formar un sombrero burdo con la ciencia de la tierra y el pie desnudo. Cuando el rey termina el tricornio, lo porta como una corona.
Yo deseo saber más sobre artesanía local y pregunto a Soolaimon si es de buena suerte. El hombre niega con la cabeza. No malhoi, dice. Arranca otra tira del árbol. Este malhoi. Sin saber que significa malhoi, lo acepto. No estoy en posición de discutir. El baobab es mi sombrero y Soolaimon sacude el tronco invulnerable con este hachazo de puro júbilo. Por un momento, pienso que tiene un primitivo sentido del humor, pero existen cosas peores. Los botánicos están de acuerdo que el Baobab es apto para almacenar enormes cantidades de agua dentro de sus troncos huecos. Entonces la indolente gotera del corte desborda el nivel del río Níger. Es un sentimiento de agua espesa, de agua que quiere levantarse como la alegría eterna del hipopótamo. Así se estuvo y tenía los ojos mojados como la choza diminuta que lucha contra la inundación, porque esta soledad es peor que todo, es un cargamento en el ombligo, donde una voz y un canto quedan tensos como un arco que nunca se disparará.
Yo no podré quejarme si no encontré lo que buscaba. En el s. XIX son célebres los nombres de los exploradores ingleses Livingstone, Stanley, Speke, Claperton y Grant con una siempreviva en su diario. O los franceses Marchand, Foureau, Caillé y Binger. Sin faltar Barth, alemán. Africa ya no está. De un momento a otro dejó de cantar, se quedó quieta y dura como una máscara funeraria. El vuelo dura ocho horas. No hay hora más larga que cuando no duermes, mientras los cocodrilos en fila asesinan a nuestro Moisés casi en los juncos del cielo. Una turbina falla, les platico.
Hela allí: extraña pieza.
Burial mask, probably Bakuba, Belgian Congo, wood and metal, 13” high. AFRICA
Ella: ¿Desea una nota de regalo? Yo: Oui, la amanuense a cargo.
Africa se escribe con negritas

Keisy Baker Fields: Dos cuentos


Keisy Baker Field

EL LIBRO EN BLANCO

La bestia se sienta al teléfono. La bella nunca regresa sus llamadas.
En el jardín, un cuervo grazna como una mujer que se quema las manos. La bestia lee novelas de Corin Tellado, cuentos de hadas y algo de poesía entre tarjetas Hallmark, pues en cuanto respira una flor ya tiende a la obesidad. En esas historias ella siempre vuelve.
La bestia sabe que puede oír los discos más tristes esta noche. Por ejemplo, oír el canto que reniega otra vez del final feliz:
“Mira mi soledad,
mira mi soledad que no me sienta nada bien.
Ay, ay querida”.
La garra pasa la caricia a la cara del álbum. Y no advierte que sentimentalmente comete un acto de violencia. Ay , ay, ay la bella se piensa segura tras una puerta con tablas claveteadas.
Duro pesar, nos enamoramos todo el tiempo de la persona equivocada. Mi dedo cuenta 144 retoños en un palo de bugambilia que brinca la gruesa de una barda de doce por doce ladrillos: las flores caídas instauran los aplastados de Heliogabalus. Te veré en mis sueños esta noche, especialmente si ceno en exceso. La otra noche soñé que me comía un malvavisco y al despertar la almohada ya no estaba allí. El libro de estudio es un libro en negro y la gravedad me abandona. Ella piensa que soy Jesús.
Yo pienso que es inalcanzable.
Este libro pintado, sugerido, analizado, inventado, construido y vivido sobre ella, rodeado de espinos, donde la espada del amor abre un camino. Al borde de nuestra hora, entro al palacio y paso de largo a los guardias muertos. Entro al dormitorio real, los aposentos en silencio y beso al espejo. El beso es un círculo de condensación. El fantasma de una boca. El vidrio se trastorna en agua, hielo abolido que cae sobre mí. No puedo nadar, me ahogo bajo el vaivén de las olas.
La belleza me resucita
Te llamo Love.


XICO

Y éste es el regalo que ella le dio.
Desde el corredor de sus pasos en mareo que acaban por salir al patio de arcilla del mundo, ella precisó la sorpresa que siempre puede ocurrir: un lote baldío de nube y sol entrando por la frente de una mañana cítrica. Un patio trasero visto reducido a través del cóncavo hecho con dos manos y una lente superpuesta de nuevo testamento, que su alarde cortó y pulió con circunstancia secreta.
Las paredes en su vida estaban cuarteadas por todos los años de casuales encuentros y frágiles consentimientos. La autoestima cavada hasta los cimientos por el recio paleo de los hombres. Los adoquines de su vergüenza estaban limosos por las muchas lluvias del manoseo y en la gran herida debieron de quedar anegadas las mentiras a evaporarse la siguiente vez que pudiera mirarlas el colosal ojo del sol. Los escalones de sus sueños se apoyaban contra montones de basura. El portón de su pasado era sombrío y debía cerrarse despacio si quería dejarse bien cerrado, pues una corriente de aire acomete la garganta cada vez que uno debe decir algo que lo reprende a sí mismo.
Pero ella había rescatado el residuo de su orgullo, el paraíso al final del zaguán, el jardín secreto donde se ha levantado, se ha vuelto a caer y de nuevo levantar el santuario de su persona.
Ella procuró ese invernadero durante los años de maltrato, clausurándolo con la doble llave de brazos cruzados en su postura de control. Ahora lo ha conseguido del modo que la quería: ying y yang, luego cada flor y piedra y sueño es una contribución al todo. Toda embelesada, deja apoyada la mejilla contra el interruptor de la luz.
Y ella fue al mercado con el cuadro que aquí ves.
Y ella ofertó el lienzo en el sitio más transitado de la plaza.
Y ella esperó por él para llegar a adquirirlo, porque de entre todas las exóticas viandas y tesoros en ese mercado, el amor era el más singular de los artículos.
Ella espera todavía. Lleva un buen rato.
He aquí cinco pesos. El boleto del camión y el costo de una orquídea. Fíjate de tomar el marcado con tache, palo, luna y queso. Buena suerte.