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lunes, diciembre 17, 2007

Carolina Cruz: Y en esta esquinaaaaaaa


Llegué a la Fototeca el pasado viernes, esperando encontrarme el ring y los luchadores que formaban parte del performance que acompañaba a la obra fotográfica de
Lourdes Grobet “Espectacular de lucha libre” quien se ha dedicado con meticulosa pasión a fotografiar ese divertimento tan mexicano que es la lucha libre y tan antiguo que existe constancia documental de que la primera que se celebró fue en el año 23 A.C., y del cual aún persiste en ciertos medios la polémica de si es deporte o espectáculo. Lo que si es verídico es que en la antigua Grecia, la lucha libre tuvo un lugar prominente en obras legendarias y literarias
Me voy encontrando con la sorpresa de que no había ring, luchadores y no habría por supuesto performance. ¿¡Pero cómo?! Pregunto con asombro si precisamente por eso vine, estaba anunciado que así sería, le digo a Pati Marín. Pequeña y aparentemente frágil, con su vocecita me va relatando la historia. Por supuesto que no lo podía creer. La lucha libre es un espectáculo en el que el teatro, las coreografías y la extravagancia de las vestimentas se mezclan con la tradición y el folklor nacional.
Mi azoro iba creciendo conforme escuchaba, porque una sentida decepción se iba formando en mi interior: No es posible que el abogado Villasana haya prohibido un performance, con el argumento de que es una actividad privativa del Instituto del deporte.
Dice Roland Barthes es su fundamental ensayo “El mundo del catch” que la lucha libre (Catch) “es el más inteligible de los espectáculos” y páginas antes la compara con los grandes espectáculos solares, el teatro griego y la corrida de toros. Aunque la lucha libre es un híbrido, Barthes afirma que “no es un deporte, es un espectáculo” y lo ubica en la tradición del teatro griego y en las luchas grecorromanas.
Ahora bien, esta exposición “Espectacular de lucha libre”, montada en España, Francia, Argentina y en México en el Museo del Chopo, en el Auditorio Nacional y en el Metro del DF, se hizo siempre con su complemento: el performance. Traer la exposición cuesta 200 mil pesos (derechos que cobra la editorial Trilce, depositaria de la obra de Grobet), Paty Marín logró traerla a Veracruz gratuitamente, con la única condición que pone la Grobet: que vaya acompañada del performance. Para esta inauguración, la directora de a Fototeca de la ciudad, gestionó el patrocinio de Editorial TRILCE, Difusión Cultural UNAM, Empresa EXOTIMEX y TENARIS-TAMSA, quienes entendidos de la cultura, no tenían reparo alguno en que se acompañara del performance de los luchadores, vaya, ni el PAN, que tan santificado es, puso reparos ya que otorgó el permiso para que el ring se instalara en los bajos del Ayuntamiento.
Pero una atención de Villasana echó todas las gestiones para abajo, desde su cuadrilátero, inició el combate contra el espectáculo y en una posición de agarre ordenado (clinch), derribó frontalmente a su oponente, una joven artista que estudió Artes Visuales en la UV y ha seguido cursos de perfeccionamiento artístico en la École Nationale Supérieure des Arts Décoratifs, en París, y de arte-terapia aplicada a grupos marginados en la Universidad Complutense de Madrid.
Ya no me extrañó la ausencia del ring ni del espectáculo, lo que me desconcertó fue la actitud del abogado, que no queriendo la lucha libre adoptó una postura de jugador, y desde su esquina, arremetió con una puesta a tierra a la directora de la Fototeca.
Abogado, por Dios, déselas de buenas que la prohibición no tuvo mayores alcances, nacionales, pues la Grobet, es todo un personaje y pudiera haberse desatado un escándalo a nivel nacional. Reconocemos la mesura de Paty, por no evidenciar a Veracruz.
En pláticas y conversaciones sostenidas con Sergio Villasana, ha quedado claro que si bien no es un experto en disciplinas artísticas y cultura en todas las acepciones de la palabra; si es un hombre prudente, negociador, juicioso y respetuoso de las expresiones artísticas, que evidentemente nunca supo que Carlos Monsiváis reafirmó que la lucha libre es la cultura "del teatro de la teología a topes". (Definición acuñada por la propia Lourdes Grobet y aceptada por el medio artístico nacional).
Una exposición similar, titulada “Quiero ver sangre”, se presentó hace poco en el primer piso de las salas de exposiciones del Exconvento del Carmen, en el DF., en donde el aforo fue de 700 personas entre niños, jóvenes y adultos, algunos portando la máscara de su luchador predilecto y al grito de ¡que vivan los rudos!, se divirtieron admirando más de cien obras de escultura, fotografía y cartel realizados por el colectivo ArtGotch, donde participaron artistas como Carlos Maldonado, Sergio Harat y Jors, acompañados de personajes como El Asesino Negro, América Salvaje, Luzbel, Relámpago tapatío y Águila Guerrera, entre otros.
Esta exposición de Grobet se presentó en la galería del Auditorio Nacional, y fue sumamente concurrida, a decir de la prensa “no cabía un alma en el lobby del auditorio donde se montó un ring para disfrutar de tres luchas de exhibición, con luchadores de La Comisión Mexicana de Lucha Libre (CMLL), como El Valiente, Nosferatu, Euforia, La sombra, Lady Apache, Blue Demon Jr., La Parca, El Matemático, El Rayo de Jalisco Jr. entre otros.
¿Estamos extrañados, por qué abogado Villasana cometió usted este acto en contra de la libertad expresiva artística y diversidad cultural? ¿Alguien lo mal asesoró? No hubo alguien que le dijera que la lucha libre “sustenta su originalidad en todos los excesos que la hacen un espectáculo y no un deporte”, como tal vez se lo hubiera susurrado al oído Barthes si se hubiera enterado del atropello que iba a cometer. ¿No sabe que la cultura no tiene límites en sus expresiones? Más que aquellos que les marcan precisamente los funcionarios no bien enterados.
Ahora, en el ring, tenemos en esta esquinaaaaaaaa al rudo identificado por aquel que no respeta las reglas: da golpes prohibidos, hace llaves que no se valen y los buenos o técnicos que a contrapartida en esta otra esquinaaaaaaa respetan las reglas establecidas, en este caso, por las personas que autorizaron que la exposición viajara a Veracruz y se presentara en su totalidad, con el performance incluido.
Por lo pronto, seguimos con la convicción, junto con Roland Barthes, de que “nadie le pide al catch más verdad que al teatro”. Y le recordamos: quizá para el público, el performance, lo hubiera divertido mas que una obra de Moliere, porque como espectáculo es más teatro que el mismo teatro y más auténtico pues no requiere ensayos. Y de ninguna manera es privativo del Instituto del Deporte. ¿En qué momento el Instituto del Deporte se adjudico tal prerrogativa?
Ojalá este combate sea solo a dos encuentros, sin descalificación, penalización o amonestación y sí una levantada, porque al fin de cuentas no hay que olvidar que en cualquier juego ambos contendientes no dejan de ser leales entre sí. Y Paty es una magnífica colaboradora, que le resuelve muy bien las actividades de un recinto que se ha distinguido por la calidad de las exposiciones presentadas, muchas de ellas procedentes de varios países, con performance o sin él… pero siempre con chelas y música por favor.




1 comentario:

Mitch Haase dijo...

If mMexican wrestlers didn't spend so much time playing the skin flute they might rise through the ranks like other wrestlers. The whole queer overtone of Mexican wrestling turns me off.