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miércoles, diciembre 26, 2007

Lourdes Franyuti: De Sevillanas





A mis queridas amigas de siempre: Ana Isabel González, Vanessa Aguirre y Adriana Flores que conocen y gozan de este apasionante baile.

El comentario de la semana: la corrida de toros del 28 de septiembre. Lugar: La Plaza de la Concordia. Los protagonistas: Teodoro Márquez, Benjamín Ramos y el famoso rejoneador español Nicolás Lois.

Triana abre con gran interés la invitación alusiva a tan esperado evento. La Academia de Danza Española que dirige y lleva su nombre ha sido escogida para presentar la variedad y, con ello, divertir a la afición antes de iniciar el encuentro taurino. Era un hecho que Triana bailaría con sus alumnas estrellas: Ana Isabel, Vanessa, y Adriana. Dos parejas para bailar “Sevillanas” era la mejor opción para la apertura de la Fiesta Brava. A la vez que acomoda la invitación en el sobre, Triana recuerda lo vivido cinco meses atrás, en la Feria de Sevilla del mes de abril… Se veía con su vestido rojo a lunares blancos, su cuerpo sumamente estilizado, dos claveles rojos sobre su oreja izquierda, la peineta larga en su cabello recogido; siempre altiva, garbosa, sonriente, restándole atención, sin duda alguna, a la Reina de la Feria, con quien baila un número de Sevillanas.

Lanza un suspiro al escuchar, sólo en sus recuerdos, la voz inconfundible de Nicolás Lois:

“Por el puente Triana
Pasa la Reina
No lleva corona
Tampoco peina”…

Ya con unas copas encima, el rejoneador tomó la pandereta del cantaor y soltó coplas exclusivamente dedicadas a la bella Triana. Ésta, a su vez, se contoneaba al son de cuatro movimientos dentro de su baile: paseíllos, pasadas, careos y el remate final; ejecutando en la última copla, un romántico y provocativo desplante… Se habían convertido en los protagonistas de la romería.

“¡Cinco meses han pasado!”. Se dijo Triana a sí misma. Después de revivir la alegría de aquellos días se dirigió a la Academia para programar los ensayos. Sus alumnas bailaban sin parar, ejecutando los pasos en pareja por compases de tres tiempos.

El día tan esperado por Triana llegó. Los aficionados tomaban sus lugares. Las botas de vino pasaban de mano en mano por toda la plaza. El humo de puro Alférez se respiraba por doquier. Silbidos y más silbidos. Hombres y mujeres aclamaban la presencia de las Sevillanas. Las luces se apagaron y los reflectores apuntaron a las radiantes bailarinas. Se inició el toque de guitarra con palmas, siguiendo el cantaor. El baile había comenzado y. con ello, una bulla desordenada distrajo a los espectadores. Los rumores se escuchaban cada vez más y más fuerte:
“¿Dónde está Triana?, ¿Por qué no baila Triana? ¡Triana! ¡Triana!”.

La incertidumbre de la concurrencia era notable. La chica más talentosa en el arte de la danza folklórica y popular de España, la bella Triana, no aparecía por ningún lado. Las sevillanas bailaron dos números y fueron ovacionadas una vez terminada su actuación.

La corrida inició con Teodoro Márquez. Hizo su aparición con capote en mano y a la voz de ¡Ole!, ganaba los aplausos del público. Siguieron las intensas banderillas. Dio comienzo el tercer tercio, y culminó éste con una impecable estocada que le valió dos orejas al matador. Muy parecido fue el desempeño de Benjamín Ramos, si bien, a diferencia del torero anterior, éste tuvo que recurrir a la puntilla en su segundo astado. Para rematar la jornada, la presencia de Nicolás Lois, el famoso rejoneador español. Sus rasgos delataban a su natal Andalucía. La algarabía era precisa. Las botas de vino volvían a volar de mano en mano.
Nicolás apareció sin anunciarse, rápido, sin hacer aspaviento alguno, con un toque esquivo en su mirada: no era él, cabalgaba distraído, pálido, sin gallardía, sin reflejar en su rostro gesto alguno; ninguna emoción. Los aficionados silbaban y abucheaban. Se notaba el descontento… un ambiente tenso.
Los cuestionamientos, rumores y demás conversaciones tenían que ver con la actuación de Nicolás Lois. Absurda de principio a fin. Algunos pensaban que había enfermado, otros, que se trataba de estrés acumulado.

Sólo existía una explicación a la conducta de Nicolás… Tenía que ver directamente con Triana. Minutos antes de la corrida, Nicolás la había visto ataviada de sevillana; no obstante, ahora lucía diferente: un cuerpo nada estilizado, las caderas anchas y, asomando a escasos centímetros debajo de su cintura, una criatura de cinco meses de gestación. Definitivamente, el cruzar algunas palabras con la bella y maternal Triana, cambiaron en Nicolás su semblante. Si bien La Feria de Sevilla los unió como protagonistas de danza y cante, también los había convertido ahora en los gestores de una nueva vida: la que ahora crece en el vientre de la bella sevillana Triana.

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