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martes, agosto 19, 2008

Juan Carlos Gómez: El mudo y la crítica literaria



Sacar consecuencias de la correlación que pueda existir entre sucesos de dos series diferentes es una manía que tienen los que hacen estadísticas, una manía que nos puede deparar sorpresas increíblemente paradójicas, como aquella que nos depara el saber que las pulgas se quedan sordas cuando les cortan las patas.
Este reparo me vino a la cabeza cuando me puse a pensar en el Mudo, un connotado hombre de letras nacional especializado en la crítica literaria, y también en la mismísima crítica literaria. Como ni el desempeño de los críticos ni el de la crítica literaria son asuntos de mi cuerda vamos a ver entonces qué pensaba Gombrowicz sobre todo esto.
Gombrowicz llegó muy temprano a la conclusión de que los dos grandes enemigos de la literatura son los escritores y la crítica literaria.
La literatura sólo puede sobrevivir si se le escurre entre las manos a los escritores y a los críticos, un pensamiento que Gombrowicz saca a la superficie cuando se pronuncia sobre la sinceridad y la probidad, concluyendo que la sinceridad en la literatura no conduce a nada, que el camino por el cual se llega a la franqueza es el artificio, y le sirve de muy poco la probidad a un escritor si es que vive en el medio de la niebla.
Cuando aparece "Cosmos" Gombrowicz da muestras acabadas de la enorme desconfianza que le tiene a la crítica literaria. En algunas ocasiones cuando los críticos, o los escritores puestos en actitud de críticos, discutían sobre el significado de una obra les recomendaba que le preguntaran al autor, quién mejor que el autor podía conocerlo, y si el autor no estaba presente les ofrecía el número de teléfono para que lo consultaran.
Un episodio ilustrativo sobre cuánto los demás entienden lo que uno escribe, es decir, sobre la crítica literaria, es el de Lucien Goldmann. Este eximio profesor asistió al estreno de "El casamiento". En la discusión que tuvo lugar al finalizar la representación y en un artículo publicado en France Observateur titulado "La crítica no ha entendido nada" se despachó sobre el que, a su juicio, era el secreto de la obra.
"El casamiento" era para Goldmann una narración traspuesta de los trágicos cataclismos históricos de nuestro tiempo, la crónica de una historia tomada por la locura, una parodia grotesca de acontecimientos reales.
Hasta aquí el profesor va más o menos bien, pero de repente empieza a desvariar con sus representaciones mentales.
El Borracho viene a ser el pueblo rebelde, la novia de Henryk es la nación, el Padre es el Estado, y Gombrowicz mismo es un noble polaco que había encerrado en estos símbolos un drama histórico.
"Intenté protestar tímidamente, de acuerdo, no lo niego. "El casamiento" es una versión loca de una historia loca; en el desarrollo onírico o etílico de su acción se refleja lo fantástico del proceso histórico, pero ¿qué Mania sea la nación y el Padre el Estado...? ¡Todo en vano! ¡Goldmann, profesor, crítico, marxista, cargado de espaldas, sentenció que yo no sabía y él sí sabía! ¡El imperialismo rabioso del marxismo! ¡Esa doctrina les sirve para agredir a la gente! Goldmann, armado de marxismo, era el sujeto, yo, desprovisto de marxismo, era el objeto; unas cuantas personas que escucharon nuestra discusión no mostraron ninguna sorpresa de que Goldmann me interpretara a mí y no yo a él"
Goldmann insistió, con posterioridad escribió dos estudios sobre el teatro de Gombrowicz, "Estructuras mentales y Creación cultural", pero el pobre profesor, después de esta experiencia gombrowiczida, nunca recuperó del todo la cordura.
El ataque a la actividad de la crítica literaria ocupa buena parte de las páginas de su Diario. La naturaleza de la facilidad con la que el periodismo literario le ajusta las cuentas a la literatura lo induce a oponerle resistencia. La obra de un escritor no puede ser inocente respecto de la crítica, pues corre el riesgo de ser destruida por el juicio de un idiota. El autor debe procurarse una ventaja de partida contra los críticos, pues un estilo que no sabe defenderse a sí mismo de un comentario humano no cumple con su cometido más importante.
Esos juicios son decisivos para el escritor, incluso cuando procedan de un cretino; la actitud orgullosa de ponerse por encima de ellos es una ficción absurda que produce consecuencias prácticas y de importancia vital. El crítico es por lo general un literato de segunda clase con una relación frágil, casi siempre de carácter social, con el mundo del espíritu. ¿Cómo un hombre así, inferior, puede valorar el trabajo de otro superior? Los efectos que causan estos parásitos son catastróficos, pero Gombrowicz es un hombre de buen corazón y les arma un programa universal y expiatorio a los parásitos: les pide que no juzguen, que describan únicamente sus propias reacciones, que no escriban ni sobre el autor ni sobre su obra sino sobre ellos mismos en confrontación con la obra o con el autor, que no escriban como pseudo científicos sino como artistas.
"La crítica debe ser tan intensa y vibrante como lo que toca, de lo contrario no será más que el escape del gas de un globo, el degollamiento con un cuchillo embotado, la descomposición, la anatomía, la tumba"
El Mudo, connotado hombre de letras nacional especializado en la crítica literaria, es también gombrowiczida, sin embargo, ha tenido conmigo una conducta aún más silenciosa que la de la Muda polonesa pues con ella tuve por lo menos un intercambio de palabras.
"Cuando apareció "Gombrowicz, este hombre me causa problemas" tu alumna Julia Hacker de Interzona me dijo que lo habías leído y que te había parecido bueno.
Acabo de ponerle punto final a "Gombrowicz, y todo lo demás", me gustaría que le echaras un vistazo, pero claro, lo que más me gustaría, te digo la verdad, es que también me dieras tu opinión"
A pesar de que el Mudo es un miembro muy distinguido de nuestro club de gombrowiczidas nunca me respondió, no me escribió siquiera una línea, asunto que me ha sumido en cavilaciones sombrías sobre la naturaleza de esta ausencia.
Estos baños de silencio que se da el Mudo conmigo me llamaron la atención pues es el primer y único caso de un hombre de letras que no se pone en contacto conmigo para ver por lo menos qué clase de Gombrowicz llevo yo en la valija.
Sin embargo, de la observación atenta que podemos hacer de la foto que forma parte de este gombrowiczidas podemos deducir el carácter avinagrado del Mudo y la complacencia que tiene de mostrar su desagrado al mundo entero.
Lucien Goldmann, un crítico literario de marca mayor como lo es el Mudo, muestra en cambio todo lo contrario, un rostro amable y complacido de sí mismo dispuesto a dar cuenta de todo lo que existe.

1 comentario:

jaimeva dijo...

Muy buena ojeada al tema, pero el origen de la crítica literaria es la conversación entre amigos y por ello no podemos creer que haya niveles, uno abajo otro arriba, sino diferencias. Mando una nota que estaba escribiendo sobre Philip Roth, autor que también termina su carrera disgustado con los críticos. A mí me caen bien. Me gustaría ser uno de ellos.

Jaime Velázquez