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lunes, julio 09, 2007



Esta boca es mía
Carolina Cruz

En El fin de las certidumbres, de Ilya Prigogine, se pone en el centro del análisis la incertidumbre que deviene cuando en el camino de la historia existen bifurcaciones sucesivas de las cuales es intrínsecamente imposible saber de antemano qué camino seguirá la flecha. Si existe una flecha en la historia –en el caso de que ésta sea lineal, lo cual rompería con la teoría del eterno retorno–, Sergio Villasana, el nuevo director del IVEC, debería preguntarse, ante el hecho de que ni nuestra vida ni la historia tienen certeza, “¿Qué flecha puedo lanzar para representar un papel digno, que no me empequeñezca ante predecesoras como Ida Rodríguez Prampolini y Esther Hernández Palacios?”


Actuar con humildad, señor abogado. Reconocer que tener la versatilidad de desempeñar los misceláneos cargos que forman su currículo, de los que saltó a ser un experto en radio y televisión, no lo vuelve un promotor cultural, más lejos aún un artista o un intelectual.
Yo le diré lo que la comunidad artística e intelectual de Xalapa y Veracruz, por primera vez hermanadas en la misma opinión, piensan: que es un operador político; que esta institución llegó a su fin; que el nombramiento fue un producto necesariamente inmediato ante el venidero proceso electoral. La famosa oreja de un periódico estatal lo primero que se preguntó es “¿lo pintará de rojo?” Y la comunidad artística e intelectual, por su parte, lo primero que se preguntó es “¿Y ése quién es?”


Pero, en principio, no se trata de la persona de Sergio Villasana. Lo lamentable es ver cómo el proyecto que dio origen al IVEC, que nació con elevadas y bien planeadas metas y objetivos por conservar y fomentar la cultura de los veracruzanos, rescatarla, estudiarla, promocionarla, enriquecerla, difundirla y darle el sitio y el valor que debe honrosamente ocupar en el país y en el mundo, ha venido deteriorándose, menospreciándose, deformándose, destruyéndose y, finalmente, corrompiendo su originalidad.


Aunque priva un ambiente deprimido y pesimista en la comunidad intelectual, habría que ver, a pesar de los juicios por todos expresados, cuál será el programa de trabajo del nuevo director del IVEC: obviamente su biografía no habla nada de quehaceres culturales, de ahí el descontento de esta comunidad, que no gremio. Hablando de gremios, de aquellos corporativos dentro del Estado, se comenta que Villasana tiene experiencia en dominio de sindicatos; esa fue la labor que realizó como colaborador de Maldonado Pereda, cuando éste ocupaba la Secretaría de Educación y Cultura. Otro de sus antecedentes laborales más inquietantes y que han llamado la atención.
Pero a todo mundo se le concede el beneficio de la duda. Tal vez a Villasana sí le permitan rodearse de un equipo propio (como ocurrió con Leticia Perlasca, apadrinada por el ya mencionado Maldonado Pereda), lo que se le negó desde un principio a Hernández Palacios; quizás a él sí le otorguen un incremento presupuestal, lo que se le obstaculizó sistemáticamente a Esther; a lo mejor sí le permitan libertad de acción y decisión, lo que Esther no tuvo, ni en ésta ni en su anterior administración. Si tiene todo esto a su favor, su papel deberá ser decoroso, y si teniéndolo no saca al IVEC del pozo en el que se encuentra… sabremos hacia donde apuntó la flecha.


Yo le recomendaría, licenciado Villasana, que estudie quiénes son los artistas porteños, qué han hecho, qué están haciendo. Que los cite, por grupos: los plásticos, los escritores, los escénicos. Empiece por el puerto de Veracruz, por que sabe, aquí los jarochos estamos hartos de que todo venga de Xalapa, de que no haya programas para las colonias, de que el proyecto de educación se esté viniendo abajo. Mire, según James Petras, los intelectuales son importantes porque pueden legitimizar (cosa que usted –con todo y su oficial nombramiento– necesita urgentemente en el sentir de la comunidad), pueden avalar o “hacer propaganda a favor de un régimen, liderazgo o movimiento político” (claro, en su caso político-cultural, ni duda cabe) y, sobre todo, pueden asesorarlo en la labor por la que los veracruzanos le estaremos pagando: la cultural. Por lo pronto ya se llevó la primera sorpresa al ver en que estado se encuentra el Teatro de la Reforma. Como ve, hay mucho por hacer. Ojalá esté en su ánimo rescatar la continuidad del proyecto cultural original del IVEC. Empiece por un foro, primero escuche, y luego diga: esta boca es mía.

2 comentarios:

Carlos Enrique dijo...

El coro ha hablado.
Gracias, Caro.

Clara Loyo dijo...

Felicidades Carolina, hablaste como toda una mujer, con los calzones bien amarrados, comentarios honestos que provienen de alguien culturalmente comprometida y que reclama lo mismo.