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miércoles, septiembre 19, 2007

Rimbaud: poeta maldito, poesía sublime



La obra del poeta francés Arthur Rimbaud es tan trascendente como breve: prácticamente son dos libros, "Una Temporada en el Infierno" e "Iluminaciones", los que fundamentan la fama de un autor cuya vida fue casi tan singular y cautivante como su obra poética.
Pero en Rimbaud, éste casi abarca una distancia inmensa, la diferencia entre un creador talentoso y un artista verdaderamente genial. La importancia de su obra opaca de forma definitiva cualquier anécdota biográfica por colorida que ésta sea, y su influencia es claramente perceptible en una pléyade de artistas posteriores, no sólo en la literatura, sino en otras disciplinas como la música, el teatro y la pintura.
Jean Nicholas Arthur Rimbaud nace el 20 de octubre de 1854 en Charleville, al noreste de Francia. A media semana se cumplieron 150 años de su nacimiento. Su padre, un oficial del ejército que había estado comisionado en Argelia, domina el idioma árabe a tal grado que hace una traducción al francés del Corán, misma que será estudiada por su hijo tiempo después.
La madre de Rimbaud es una mujer rígida y autoritaria, lo que influye en el espíritu rebelde del joven poeta, que escribe sus primeros textos a los 10 años. En 1869 obtiene un premio y compone su primer poema: "Les étrennes des Orphelins", que aparecerá publicado en Revue pour Tous en enero del año siguiente. En esta época conoce a Georges Izambard, un maestro idealista que lo anima a leer a Hugo y Rabelais. Es una época llena de actividad literaria, durante la cual Rimbaud escapa de su hogar en un par de ocasiones para trasladarse a París, donde comienza a publicar sus poemas en algunos diarios y revistas literarias.
No obstante, su precaria situación lo obliga a regresar a Charleville, en donde pasa el tiempo en la biblioteca local leyendo libros sobre socialismo, alquimia, esoterismo y novelas licenciosas, para gran escándalo de los bibliotecarios. Tiempo después decide enviar al poeta Paul Verlaine una carta y algunos de sus poemas, lo que le vale una invitación para trasladarse a la casa de Verlaine en París (quien estaba casado).
Poco a poco surgirá una tormentosa relación entre ambos, matizada por los excesos y extravagancias de Rimbaud. Verlaine abandona a su esposa y ambos se trasladan a Londres; el hachís y el opio ahora se suman al ajenjo que impregna la poesía escrita durante este periodo. La madre de Verlaine acusa a Rimbaud de corromper a su hijo -a pesar de que Verlaine era 10 años mayor- y de ser el causante del fin de su matrimonio. Rimbaud abandona a Verlaine un par de veces, pero acaba regresando a su lado.
Finalmente, en 1873 durante una estancia en Bruselas, ocurre una violenta disputa en la que Verlaine dispara a Rimbaud, hiriéndolo en la mano y terminando definitivamente con su relación. Como colofón de la historia, Verlaine es enviado a prisión por dos años, mientras que Rimbaud regresa a la granja de su madre en Roche, Francia, en donde terminará de escribir "Una Temporada en el Infierno" (ambos volverían a verse años después, en un fugaz encuentro en Alemania, en el que Verlaine intentó infructuosamente convertir a su antiguo compañero al catolicismo).
El público cinéfilo recordará que hace un par de años se exhibió en Monterrey la película "Eclipse Total", dirigida por Agnieszka Holland, y protagonizada por Leonardo Di Caprio como Rimbaud y David Thewliss como Verlaine. La mayoría de los críticos coincide en calificarla como una cinta mediana, aunque para los interesados en la vida del poeta francés quizá valga la pena como complemento a una buena biografía, como la de Graham Robb.
Para 1874 Rimbaud ya ha renunciado a la literatura para dedicarse a una vida de viajes y aventuras: viaja por Europa, se vuelve explorador y emprende distintas expediciones por África; es, sucesivamente, capataz, comerciante, traficante de armas y de esclavos, y otras cosas más, en un periodo que concluirá en 1891, cuando al descubrírsele un tumor en la rodilla derecha sufre la amputación de la pierna. Poco después es internado en el Hospital de la Concepción en Marsella, en donde muere el 10 de noviembre a la edad de 37 años.
La influencia de Rimbaud en generaciones de artistas posteriores ha sido decisiva y evidente, desde Dylan Thomas hasta Jim Morrison. Este influjo se debe a su vida, en buena medida, pero es especialmente su poesía visionaria y exaltada la que justifica en forma plena la persistencia de su nombre. Pues como poeta, la importancia de Rimbaud es equiparable a la de Mallarmé y muy probablemente a la de Baudelaire. Su poesía posee una vitalidad salvaje y desbordada, una originalidad inusual y, sobre todo, una riqueza que parece inagotable. Nada hace pensar que semejante caudal de alucinaciones, invocaciones y cantos pueda agotarse, aunque numerosos críticos han leído en algunos fragmentos específicos de ambos libros un adiós a la literatura escrito entre líneas.
A la hora de hablar o escribir sobre Rimbaud, es casi inevitable que en algún momento surgirá la palabra "precocidad". Se trata ciertamente de un artista precoz, pero esto no es evidente en su obra. Al contrario, el poeta Arthur Rimbaud no tuvo infancia ni adolescencia: su obra aparece desde sus inicios marcada por una sólida madurez. Un claro ejemplo de ello es el siguiente fragmento del poema "El Barco Ebrio", escrito en 1871: Vi estallar en los cielos el relámpago, el nombreque divide la tarde, las resacas airadas; el alba como pueblo de palomas borradasy acaso vi en todo esto lo que cree ver el hombre. Contemplé el sol cubierto de místicos horroresiluminar extensos sedimentos violetas; tiñendo así la huida de las olas secretascomo en el drama antiguo se movían los actores.
Sueño, en la verde noche, con la nieve incesante. En los ojos del mar lentos besos ascienden,circulan, inauditas, las savias que se prendenal despertar dorado el fósforo cantante.

El otro punto que siempre aparecerá intrínsecamente ligado al nombre de Rimbaud será el de lo reducido de su obra, pues en sólo dos libros se cifra su legado como poeta. Que la fama de un escritor se encuentre cimentada tan sólidamente en una obra literaria tan escueta no es tan extraño; autores canónicos como Juan Rulfo o J.D. Salinger también deben su fama a sólo un puñado de libros excepcionales. (Por cierto, Rimbaud, Salinger, Rulfo... el caso del escritor vuelto ágrafo es el tema de un excelente libro del autor catalán Enrique Vila-Matas titulado "Bartleby y Compañía", una obra que vale la pena leer).

Lo que sí resulta verdaderamente extraordinario es que la totalidad de esta producción literaria haya sido compuesta a una edad tan temprana: antes de cumplir los 20 años, Rimbaud ya había escrito toda su obra -la anteriormente citada "precocidad", desmentida en cada palabra, en cada línea de cada uno de sus poemas.
A una edad en que incluso muchos otros grandes artistas inician su vida creativa, produciendo tímidos esbozos que apenas permiten vislumbrar el futuro esplendor, Rimbaud ya había alcanzado una plenitud tal que agotó cualquier posibilidad de seguir avanzando en el terreno literario. Había llegado al final de su camino a la misma edad en que tantos otros apenas iniciaban el suyo.
La única alternativa posible era emprender una nueva búsqueda, una nueva aventura alejada de las letras. Abandonó la poesía porque no había nada más que valiera la pena decir.
"Es preciso ser absolutamente moderno. Ni un solo cántico: mantener el paso ganado", escribió en "Adieu", al final de "Una Temporada en el Infierno" y actuó consecuentemente, marcando profundamente a un sinnúmero de artistas que habrían de venir después.
Muchas veces sería cuestionado al respecto -sobre todo cuando Verlaine publicó "Iluminaciones" de manera "póstuma", creyéndolo muerto en algún lugar de África-, pero nunca miraría atrás. El poeta Arthur Rimbaud yacía sepultado en el olvido. Un ciclo tan breve como brillante había concluido, extinguiéndose como las estrellas más brillantes en el firmamento, que después de brillar intensa pero fugazmente finalmente se consumen y se apagan para siempre.Desde las páginas de "Una Temporada en el Infierno" e "Iluminaciones" nos asaltan el fervor, la singularidad y la sensualidad; el lector sensible se conmueve y no puede evitar pensar que tal intensidad sólo puede provenir de un loco... o de un iluminado. Es el resplandor del genio que se aventura hasta donde pocos se atreven a llegar, y que después de haber descendido a las regiones infernales asciende entonando una canción que reverbera con fuerza y claridad hasta nuestros días.


SOL Y CARNE


¡Si volviera el tiempo, el tiempo que fue!
Porque el hombre ha terminado, el hombre
representó ya todos sus papeles.
En el gran día, fatigado de romper los ídolos,
resucitará, libre de todos sus dioses,
y, como es del cielo, escrutará los cielos.
El ideal, el pensamiento invencible, eterno,
todo el dios que vive bajo su arcilla carnal
se alzará, se alzará, arderá bajo su frente.
Y cuando le veas sondear el inmenso horizonte,
vencedor de los viejos yugos, libre de todo miedo,
te acercarás a darle la santa redención.
Espléndida, radiante, del seno de los mares,
tú surgirás, derramando sobre el Universo
con sonrisa infinita el amor infinito,
el mundo vibrará como una inmensa lira
bajo el estremecimiento de un beso inmenso...
El mundo tiene sed de amor: tú la apaciguarás,
¡oh esplendor de la carne! , ¡oh esplendor ideal
¡Oh renuevo de amor, triunfal aurora
en la que doblegando a sus pies los dioses y los héroes,
la blanca Calpigia y el pequeño Eros cubiertos con
nieve de las rosas
las mujeres y las flores su bellos pies cerrados!

UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO
(Fragmento)
Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín
Donde todos los corazones se abrían, donde corrían
Todos los vinos.

Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. -Y
La encontré amarga.- Y la injurié.
Tomé las armas contra la justicia.
Huí. ¡Oh brujas, oh miserias, oh rencor a vosotros
Fue confiado mi tesoro!

Logré que se desvaneciera de mi espíritu toda
esperanza humana. Salté sobre toda alegría, para
estrangularla, con el silencioso salto de la bestia feroz.
Llamé a los verdugos para morder, al morir, la
Culata de sus fusiles. Llamé a las plagas para ahogarme
Con arena, con sangre. La desgracia fue mi dios.
Me revolqué en el fango. Me sequé con el aire del
crimen. Y jugué unas cuantas veces a la demencia.
Y la primavera me trajo la horrible risa del idiota.

Pero, hallándome recientemente a punto de lanzar
el último gallo, se me ocurrió buscar la llave del
Antiguo festín, donde quizá recuperara el apetito.
La caridad es esa llave. -¡Esta inspiración demuestra
Que he soñado!
"Seguirás siendo hiena, etc....", exclama el
demonio que me coronó con tan amables amapolas.
"Gana la muerte con todos tus apetitos, y tu egoismo,
y todos los pecados capitales."

Ah, demasiado harto estoy de eso: -Pero, querido
Satán, te conjuro: ¡una pupila menos irritada!
Y, en espera de algunas pequeñas infamias que se
Demoran, para ti que prefieres en el escritor la ausencia
De facultades descriptivas o instructivas, desprendo
Estas horrendas hojas de mi cuaderno de condenado.

2 comentarios:

Poeta dijo...

el mas grande poeta de todos los tiepos,el rock con buena letra le debe demasiado

Poeta dijo...

cada palabra de los dos unicos libros que escribio estara marcada a fuego en mi cerebro y en mi corazon...su poesia desde el principio al fin no da respiro..