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lunes, abril 07, 2008

Ignacio García: Amorous y El Perseguidor ¿objetos de culto?




Para ti, quien algún día he de llevar a oír juntos
y a la luz del otro día, este
Amorous: otro sol…

Un texto de Genaro Aguirre me hizo recordar una anécdota, contada ya en alguno de los tantos suplementos en los que hemos incursionado. La cosa fue así:

En una de esas tardes de suerte que uno tiene, fui objeto de un obsequio maravilloso: Las Obras Completas de Julio Cortázar, editado por el Círculo de Lectores. Lo que busqué enseguida en esas páginas (y creo por analogía) fueron los cuentos de Julio que habían sido yo convertidos en películas, y, dejé para el postre un texto de él que me habían recomendado ampliamente por mi afición al jazz: El perseguidor.
Este último cuento lo devoré con alegría, insensatez, altas y bajas de presión arterial, y una enorme copa de whisky Black&Label que hacía la suerte de cannabis que Charlie Parker se atiborra tres párrafos sí y uno no en la narración de Cortázar.

Las piezas que yo entonces conocía de Bird Parker (y me provocaban un hervidero de sangre y una tea de nostalgia a mitad de la noche), oscilaban entre Bird of Paradise, Blue Bird, Body & Soul, Summertime, My hearts tell me (una belleza que hacía abrir los ojos de uno y extasiarse al máximo del ronco sax). En esta pieza, no intervienen ni blues, ni viento, o el antiguo azul que alimenta la palabra hablada… Interviene este dolor, una comba sagrada que se balancea entre lenguaje y luz…O un ala de este silencio que, por insólito que parezca, es para uno esa primera vocal que con la inicia uno a amar la vida.
Total, que llegó el día de entrarle a El Perseguidor. Fue entonces que llegué a la parte del cuento donde Cortázar cita:
"Entre Marcel y yo tratamos de convencerlo [a Jhonny-Parker] de que descansara un rato, pero no hacía más que hablar de no sé qué campos con urnas que había encontrado, y dale con las urnas durante media hora. Al final empezó a sacar montones de hojas que había juntado en algún parque y guardado en los bolsillos. Resultado, que el piso del estudio parecía el jardín botánico, los empleados andaban de un lado a otro con cara de perros, y a todo esto sin grabar nada; fíjate que el ingeniero llevaba tres horas fumando en su cabina, y eso en Paris ya es mucho para un ingeniero. Al final Marcel convenció a Johnny de que lo mejor era probar, se pusieron a tocar los dos y nosotros los seguíamos de a poco, más bien para sacarnos el cansancio de no hacer nada. Hacía rato que me daba cuenta de que Johnny tenía una especie de contracción en el brazo derecho, y cuando empezó a tocar te aseguro que era terrible de ver. La cara gris, sabes, y de cuando en cuando como un escalofrío; yo no veía el momento de que se fuera al suelo. Y en una de esas pega un grito, nos mira a todos uno a uno, muy despacio, y nos pregunta qué estamos esperando para empezar con Amorous. Ya sabes, ese tema de Alamo. Bueno, Delaunay le hace una seña al técnico, salimos todos lo mejor posible, y Johnny abre las piernas, se planta como en un bote que cabecea, y se larga a tocar de una manera que te juro no había oído jamás. Esto durante tres minutos, hasta que de golpe suelta un soplido capaz de arruinar la misma armonía celestial, y se va a un rincón dejándonos a todos en plena marcha, que acabáramos lo mejor que nos fuera posible.
Pero ahora viene lo peor, y es que cuando acabamos, lo primero que dijo Johnny fue que todo había salido como el diablo, y que esa grabación no contaba para nada. Naturalmente, ni Delaunay ni nosotros le hicimos caso, porque a pesar de los defectos el solo de Johnny valía por mil de los que oyes todos los días. Una cosa distinta, que no te puedo explicar... Ya lo escucharás, te imaginas que ni Delaunay ni los técnicos piensan destruir la grabación. Pero Johnny insistía como un loco, amenazando romper los vidrios de la cabina si no le probaban que el disco había sido anulado. Por fin el ingeniero le mostró cualquier cosa y lo convenció, y entonces Johnny propuso que grabáramos Streptomicyne, que salió mucho mejor y a la vez mucho peor, quiero decirte que es un disco impecable y redondo, pero ya no tiene esa cosa increíble que Johnny había soplado en Amorous."

Ahí fue donde (serían las tres de la mañana o algo así), salté de mi camastro…hice unas llamadas madrugadoras a una amigas que tenían una discoteca (“Las Gypsis”) y, sin dar tiempo a protesta alguna por la hora en que llamaba, pregunté si tenían ese disco de Bird y con esa pieza musical, precisamente. Parece que les pregunté si tenían a Chico Ché cantando el “Barbero de Sevilla”…se quedaron de a seis: ni siquiera sabían de Charlie. ¿Dónde entonces, en qué álbum se encontraría esa pieza?"

Pasaron seis largos meses. Hablé a la librería Gandhi, a las disqueras más connotadas de México, a amigos que acostumbraban tianguis en La Lagunilla, Coyoacán y El Chopo: nada. Lo más que pude imaginar es que, siendo ficción, Cortázar haya inventado Amorous y algunas cosas más en su cuento.

Así olvidé el asunto. Hasta que un día, una tía de allá del norte del país, vino de visita con un montón de maletas y cajas…Una semana y, para fortuna de muchos, la tía se despidió con un “Hijo, esa caja tiene unos discos, y ya no me los llevo…a ver si los vendes o alguno de ellos te gusta…” Imaginé la clase de música que me dejaba la tía norteña, y pensé que en cuanto saliera ella, la caja iba a dar a los terrenos baldíos de enfrente. La curiosidad me picó. Comencé a revisar aquí y allá las portadas de los acetatos de 33 rpm. Cuál va siendo mi sorpresa que entre una banda norteña de baja especie y un álbum de Consuelito Velásquez, se hallaba uno que decía “Charlie Bird Parker” Anthology. It contains the Amorous track. ¡No puede ser!

Para mala fortuna, mi estéreo se hallaba en reparación. No importó. Salí corriendo a la casa de un amigo aficionado a la música y que tenía una banda de rock, y le pedí su mega-aparato para ver si realmente esa pieza era el Amorous que yo ansiaba escuchar, tanto por la descripción de Cortázar como por mi hechizo por el jazz con saxofón. El álbum contenía sólo seis piezas: dos de ellas así: una con Parker en en compañía de Gillezpie, otra grabada totalmente en “vivo”, vivo, en el club "Three Deuces" de la Calle 52 en una sesión liderada por el guitarrista Tiny Grimes. Las otras 3 piezas son Au Privave, Ko Ko y Old Folks; y claro. Al final Amorous de unos 2:05 minutos de duración.
Amorous es, si no me equivoco, el “take” origina. Se escuchan unos diez segundos de mover de sillas, acomodamiento de micrófonos, susurros y una voz al fondo que grita: "Go!"
Es en es instante en que Parker se vuelve único. Si es esa la pieza que cita o inventa Julio Cortázar, Amorous es una melodía de esas que aligeran la carga del alma. Casi melodiosa sin el clásico sincopado de otras melodías…Pero tampoco plana sino saturada de nostalgia, de añoranza tardía, de una dulce venganza contra el mundo; como si estuviera Charlie Parker estuviera siguiendo el ritmo del mar, de la sangre que le avisa al músico un final temprano, y se apura a beber en un largo e insólito ahogo todo el oxígeno que resta al mundo.



Conservo el álbum que ha estás horas, tanto como El Perseguidor, deben ser ya motico de Culto.


En tardes y noches, cuando no existe más recurso que vencer al destino con el desprecio (Camus, dixit); me voy a la casa de un viejo pescador que aún conserva un viejo tocadiscos RCA. Le hago un movimiento de mano, levantando el disco, y él sólo hace los ojos para atrás, como diciendo: “Pasa”.

Estoy seguro que el viejo también goza con ese largo e inefable asfixio en el sax de Bird, porque al rato, ya lo tengo adentro de su propia casa, sentado en su sillón tlacotalpeño, una copa de ajenjo en la mano, y (cuando la pieza termina) el rotar de su dedo índice que ordena…”Toca, toca.”


Yo salgo a la puerta de su pequeña estancia. Aspiro el olor de río y de mar, cuajado y ensartado al aroma de algas y sal. En uno de los movimientos más conmovedores de Amorous, mi corazón exige ir por aquella mujer única, irrepetible, irremplazable: capaza de hacer durar el sol y escribir en él otro mañana para este poeta?

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Maravilloso texto, creo que tod@s los que sentimos una especie de ansia cortaziana estamos reconfortados, luego de decifrar esta lectura... saluditos Nachos, ah y somos much@s más que tres tus lectores

Anónimo dijo...

De acuerdo con el comentario anterior, somos más de tres a quienes deleitas con tus letras y causas envidia con tu pluma.

Anónimo dijo...

Ignacio:
Nuevamente literatura y música, ahora de culto.
Nuevamente brillante.
Nuevamente agradecido contigo, como lector y como amigo.
Abrazo afectuoso.
José Luis Cerdán

Anónimo dijo...

Querido Nacho:
Me hiciste recordar tantas imágenes, entre ellas cuando asistimos José Luis Cerdán, Arturo García, Eduardo Mendo y yo a la presentación de Julio Cortázar en la Casa de la Cultura de Coyocán allá por los años 80´s. Manolo.

Anónimo dijo...

Poeta:
Quisiera alegrarle el día, obsequiándole un cálido rayo de "el sol del otro día"; me enteré que ha estado sin escribir a causa de la molesta gripa. Espero que cuando se mejore vuelva a tomar tinta y papel. Somos muchos sus lectores.

VÍCTOR ALVARADO dijo...

Hola, he leído tu texto, me gustó, no sé si se trata de un cuento o quizá de una anécdota, la cuestión es que si no fuera cuento me encantaría saber más acerca de la canción y del mencionado albúm, ojalá que puedas dar más información. He admirado la literatura de Cortázar, y he trabajado también el cuento de El Perseguidor, yo tenía conocimiento de que la pieza de que se habla en el cuento, Amorous, hace referencia a la pieza real que es Loverman, y que, en efecto todo lo que se menciona en El Perseguidor es ficción. Muchas gracias.