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lunes, agosto 06, 2007

Génaro Aguirre: El extraño mundo de Lynch




No sé si sea para presumir o todo lo contrario, sea para asumir nuestra mea culpa, lo cierto es que -debemos confesarlo- hemos visto todas las películas de David Lynch, a excepción de la más reciente Inland Empire (2007) que –para no variar- ha vuelto dividir opiniones entre quienes mismo consagran o perdonan todas sus ocurrencias, como aquellos que se ríen y desquician con sus propuestas.
Y es que si existen directores de culto en el cine contemporáneo, uno de ellos sin duda es el originario de Missoula, Montana: David Lynch, quien por cierto sólo después de ganar una beca con uno de sus primeros cortos, decide dejar la pintura para incursionar en el cine, entrando al American Film Institute, a la postre una de las fuentes de financiamiento de su primer largometraje “Cabeza borrador” (1976), y en el que ya comienza a ser constante la mirada desquiciada de un creador que le gusta explorar en lo retorcido del ser, sumergiéndose en lo territorios más obscuros de la decadencia humana.


A partir de aquí, la trayectoria de un director que si algo tiene es no dar concesiones al espectador, todo lo contrario, ironiza o se burla de aquellos que una vez más nos enfrentamos a sus películas y, como siempre, tropezamos con una inquietante historia en donde la tranquilidad camina siempre asechada por cualquier meandro narrativo que termina por sorprender con una realidad inquietante, truculenta, siniestra, de la mano de una historia en la que sus personales son la versión caricaturesca del hombre. Incluso en la que sería la primera obra conocida en nuestro país: El hombre elefante (1980), cinta que narra la historia de John Merrick, un famoso freak que como personaje sirve para reflexionar en torno al reconocimiento del diferente. La perspectiva marginal que asume el relato, permite la entrega de una obra que conmueve pero igual inquieta.


A partir de allí, la carrera de un cineasta virtuoso por su particular visión para retratar a una sociedad norteamericana decadente, no obstante apostando por un discurso amoral que quizá en su siguiente obra Dunas (1984) (por cierto un fracaso en taquilla y como obra un tropiezo bastante serio) queda mas o menos oculto, si se compara con su siguiente obra, a la postre la primera de sus películas aclamada mundialmente tanto por el público como por los críticos de cine: Terciopelo azul (1986), en la que por primera vez la tranquilidad de la vida cotidiana de un poblado norteamericano, se ve interrumpida abruptamente con el hallazgo de una oreja humana. A partir de allí, lo clandestino se revela pavoroso para apresar las horas y los días de un aprendiz de detective que deviene en obseso joven, ante una misteriosa mujer.


Considerada como una obra maestra, terminaría por ser la cinta que abriría las puertas de Europa y de esta parte del Atlántico, incluso para entrar por la puerta grande a la televisión con una serie que para muchos es pionera por su forma de construir el relato y la estética en TV: Twin Peaks (1989). Ese mismo año, volvería a las andadas de la truculencia cinematográfica y con Corazón salvaje (1990) exploraría en las posibilidades de la fábula pesadillezca, al contar la historia de un amor out sider que se cuece a contrapelo de la bendición familiar; en el fondo un road picture hiperviolento con todo y hada madrina. En serio, nunca como antes, con esta cinta el truculento Lynch estuvo tan cerca del cine fantástico disneyliano, pues el perfil de cada personaje, pareciera resulta la versión oscura de las películas animadas. Tres años después, se mete en el proyecto para realizar la versión cinematográfica del serial televisivo, buscando sintetizar la historia alrededor del asesinato de Laura Palmer. Twin Peak: fuego camina conmigo (1992), seria una película que obtendría reconocimientos en festivales como el de Canes. Quizá como pocas, esta cinta reafirme la cualidad de un director habilidoso para meter la mano en las rutinas del diario vivir para revisar ese mundo de armonía y penetrar en las negras entrañas de los pequeños secretos comunitarios.


Encarrerado como estaba, David Lynch comienza a explorar más hasta llegar a desquiciar la estructura natural del discurso fílmico, apelando a un estilo cada vez más surrealista. Por ello, la indagación en torno a la identidad en tiempos posmodernos y retorcidos que muestra en Carretera perdida (1996), ya comienzan a inquietar. Si bien fracturando toda lógica primaria el espectador puede reconocer los alcances de la propuesta, lo cierto es que con sus siguientes obras los caminos se tornan inhóspitos, áridas, exquisitamente duros aún entre quienes hemos seguido su trayectoria, tanto como aquellos que ya no le perdonan sus tomaduras de pelo. De no ser por aquella pequeña obra maestra que –incluso- lo llevó ser nominada al Oscar, incluido al Mejor Guión y Actor principal, Una historia sencilla (1999), estaríamos ante un vanguardista sí, pero también ante un sobrado director, quizá cada vez más chocante. Y si no, basta ver Por el lado oscuro del camino (2001), tan inquietante por la tensión de un relato bien armado, pero desconcertante con el final, con un tour de force que exige para muchos una suerte de apostilla final para encontrarle sentido a la trama.


En fin, que esperamos su última película, para muchos una sarta de incoherencias por la ausencia de certeza narrativa durante la filmación, pues se hizo sin guión y sólo guiado por la inspiración de los instantes de producción; y si bien sabemos de los oficios que este rebuscado esteta tiene, esto no impide anticipar expectativas, aunque al final vengan mucho más decepciones.

1 comentario:

lobo estepario dijo...

la pelicula que realiza en el 2001 no es el lado oscuro del camino, sino mulholland drive, creo que hubo un error ahi...